El habitante del lago
Y otros indeseables vecinos

En el valle del Severn, imbricado en el más oscuro rincón de la británica región de Brichester, ocurren cosas extrañas por la noche. Ecos de una maldad extraterrestre se agazapan, al caer el sol, acechando a su siguiente presa. El escritor despistado, el bohemio descreído, el pintor en busca de la plasmación del horror definitivo; todos son potenciales receptáculos de la corrupta esencia que alimenta las raíces de aquel valle perdido. Y estas hojas, el manuscrito que sostienes entre unas manos temblorosas, son las crónicas de sus habitantes, algunos humanos otros ni mucho menos; recetario de leyendas que cobran vida cuando llega la crecida, arrastrando entre sus ponzoñosas aguas la verdad que vomita una tierra profanada antes de la llegada del hombre. 10 cuentos que atestiguan la demencia vestigial filtrada entre la umbría del bosque, la locura bebida a sorbos de un plácido lago que permanecerá inalterable hasta que los sueños de vosotros, los lectores, alineen las estrellas en correcta formación.
El Profeta
Vaya por delante que Ramsey Campbell (1946) nunca ha sido especial santo de mi devoción. Por supuesto, su larga trayectoria y su posición como uno de los maestros del terror moderno me producen total y absoluto respeto. Tampoco negaré que alguno de sus escritos, especialmente en formato encapsulado, puede catalogarse de “joya oscura”. Por ejemplo, a bote pronto, podría enumerar “Huella fría”, “El Tirón” (candidato al premio Nebula), “Potencial” y “La Chimenea” (premio World Fantasy). No obstante, siempre he pensado que Campbell peca de excesivos altibajos en su escritura: sabe crear escenas con mucho detalle descriptivo, poseedor de una visión retorcida muy personal, pero finalmente suele transformar sus cuentos en un tren narrativo sin destino aparente. Incluso se podría decir que es bastante perezoso para crear finales enérgicos, acudiendo a tópicos o giros que, cuando no son incomprensibles, resultan aburridos y predecibles.


