Alienígenas

Turno de noche

Verde que te quiero verde

Has filtrado por categoría: Críticas

Mr. Jones

Demasiado barullo

Mr. Jones

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2.5/5

Mr. Jones

Penny y Scott descubren cuando se toman un respiro de la civilización que los bosques de alrededor de su refugio rural esconden unos siniestros espantapájaros. Dichas estatuas son el principio de una espiral de locura a la que sólo descifrar los sueños puede dar respuesta.

El surrealismo es un arma de doble filo.

Cuando se usa con elegancia y cuidado da lugar a experiencias plásticas llenas de fuerza que ayudan al espectador a romper las barreras de la realidad estimulando su imaginación. Sin entrar en disquisiciones técnicas y onanistas sobre el origen francés del término artístico, me acojo a la definición del vocablo como “absurdo, sin sentido” para reflejar el método de expresión artística donde las reglas preestablecidas se subvierten, por ejemplo la linealidad temporal, para potenciar el impacto visual o narrativo de una obra. Sin ir más lejos, y para entendernos, grandes maestros del surrealismo cinematográfico serían Buñuel, Terry Gilliam o David Lynch (con sus fallos y sus aciertos). Seguro que gente más sesuda puede aportar ejemplos más intelectuales, un servidor prefiere quedarse en lo superficial porque ahondar en los terrenos de la experimentación es también descubrir la gran mentira bajo la que se esconden auténticos maestros del aburrimiento (y os lo dice un señor que se ha tragado toda la discografía de Nurse with Wound, Current 93 o NON)

Sin embargo, cuando el surrealismo se usa sin ningún tipo de control, cuando un colgado decide ponerse a pintar un lienzo con mierda cual macaco frenético, nos encontramos con verdaderos peñazos imposibles de digerir. Se le supone al delirio una base sobre la que desbarrar, un sentido último cuya retorcida revelación resulta más satisfactoria por lo costoso de la misma, pues nos obliga a desarrollar procesos mentales no habituales con tal de encontrar la clave del jeroglífico. Entramos de lleno entonces en el farragoso terreno de las interpretaciones personales. He asistido a unas cuantas “performances” dadaístas y siempre he tenido que escuchar los clásicos “no lo has entendido” o “no lo has sentido” si le decía a sus autores que su interpretación no había tenido fundamento alguno. A veces ha sido peor, porque oír como justificación aquello de “la falta de sentido es el sentido último de mi obra” es poco menos que un declaración de la falta de perspectiva de su autor. Digo yo, que cuando te pones de frente al público quieres expresar algo, y no me vale dar saltos sin más a ver si el espectador siente la guindilla que tienes metida en el culo. Y cuando digo “algo” me refiero igualmente a una idea concreta que a la transmisión de emociones.

Lo mejor: El misterio que rodea a Mr. Jones y su historia

Lo peor: Una segunda parte infumable, donde el intento experimento no esconde la incapacidad narrativa de su autor.


Neon Maniacs

El terror de San Francisco

Neon Maniacs

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Neon Maniacs

¿Qué no conocéis Neon Maniacs, de Joseph Mangine? No os preocupéis, la mayoría de seguidores del terror tampoco, pero ello no quita que sea material casposo de primera. Yo mismo estaba bastante ducho en películas de la Troma y otros estandartes de la serie Z antes de descubrir por casualidad (gracias a las letras de una canción de un grupo español, paradójicamente) un filme entrañable, que periódicamente disfruto y que me alegré sobremanera que nadie hubiese mencionado jamás en Almas Oscuras, para tener el privilegio de hacer esta reseña.

El tramo final de la decada de los ochenta parecía tener su propio aeropuerto para subproductos cinematográficos, desde el que despegaban modestas avionetas de corto alcance que contaban con una autenticidad y aplomo de ideas que cautivaban. La productora Troma lanzó en el año de Neon Maniacs (1986) Nuk’em High (en España, Mutantes en la Universidad), con el que las similitudes son claras y en ciertos casos hasta pasmosas (comparad por favor la escena de las motos en los pasillos). En 1987 y 88 veían la luz Street Trash y Slime City, otros clásicos del género si bien ya con un barniz gore mucho más grueso.

Lo mejor: Escoger tu maníaco favorito

Lo peor: El ingeniero de sonido se cogió el día libre


Dimensiones Ocultas

Michael, un nuevo héroe

Dimensiones Ocultas

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Dimensiones Ocultas

A ver de qué va la película

Tenemos a Michael Smith, el del pelo ensortijado, con su pijamita de dinosaurios cumpliendo dieciocho años (¡ya puedes follar Michael!). Sus amigos, unos tremendos subnormales, llevan a la postparty de cumpleaños la nueva “niña” del instituto, un bellezón de los que hace época llamado Alejandra, y una tabla ouija (¿¡pero no os han enseñado en el insti lo peligrosa que es!?). El amor brota de forma espontanea, y las hormonas toman las riendas de Michael que se presta a jugar a la ouija aunque teme a una entidad llamada Virgil. ¿El demonio? Sí, un demonio sin oficio ni beneficio cuyo mayor deseo es robarle el “hit-parade” a Jason y Freddy.
Sometido a fuertes visiones, el pobrecito Michael tendrá que ser testigo, desde la cómoda distancia de su cama, de la muerte de todos y cada uno de los asistentes de la práctica de ouija. Pero el amor todo lo puede, y con la ayuda espiritual de los enviados del inframundo se enfrentará al demonio (que muchos poderes pero mata a sus víctimas a cuchilladas) para en una vibrante conclusión hacer el ridículo como sólo un adolescente podría hacerlo.

Resumiré “Dimensiones Ocultas” (editada como Don’t Panic, pese a su origen mexicano, y conocida también como “El Secreto de la Ouija”) en una sola frase: es como si un chaval de quince años hubiese metido todos los tópicos del slasher sobrenatural de moda, allá por 1988, y los hubiese vomitado sin pensar, sobre una trama narrada a trancas y barrancas entre personajes infantiles y horteras. Pero si rascamos la superficie nos encontramos con una obra maestra de la caspa. Una cinta tan llena de humor involuntario que acaba convirtiéndose en una comedia en toda regla con gags que funcionan casi tan bien como en cualquiera de las partes de “Agárralo como puedas”. Precisamente es esta cualidad delirante la que se presenta más complicada de resumir, estamos en toda regla ante un “ver para creer”.

Lo mejor: El pijama de Michael y las cejas de Alejandra.

Lo peor: Es babosa hasta decir basta.


Deadgirl

El oscuro drama de hacerse mayor

Deadgirl

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

Deadgirl

Reeditamos la reseña de Deadgirl, publicada originalmente el 24 de junio de 2009.

¿Es posible apuntarse un triunfo con una película cuyo éxito depende exclusivamente de una controversia que quizás al espectador no le interese lo más mínimo? La pregunta encierra su propia respuesta. Depende del espectador. Porque “Deadgirl”, drama juvenil con tintes de horror dirigido por Marcel Sarmiento y Gadi Harel, fundamenta toda su fuerza en un dilema (in)moral y deshumanizador en el que quizás a muchos no les interese entrar: ¿tú que harías en su misma situación?

Ricky y JT son dos amigos y compañeros de escuela a los que asedian los problemas propios de buena parte de su generación: la alienación, la incomunicación, el no sentirse cómodos con sus propias vidas, con sus familias, con el sexo… Un mal día deciden prescindir de sus clases y se dirigen a un manicomio abandonado con el reconfortante objetivo de beber cerveza y destrozar las instalaciones (o lo que queda de ellas). Al bajar al sótano del edificio descubren el cuerpo desnudo de una chica envuelta en plástico y atada de pies y manos con cadenas de hierro. La chica está viva (o al menos eso parece…). La respuesta de Ricky es inmediata, liberar a la chica y llevarla a la policía. Pero JT tiene otros planes reservados para su nuevo descubrimiento. Pretende convertir a una criatura supuestamente desvalida e indefensa en su esclava sexual.

Lo mejor: Expone lo peor de la naturaleza humana.

Lo peor: El excesivamente obvio giro final hacia un subgénero harto conocido por todos. Y también el ritmo algo lento de su inicio.