romántico

El callejón de las almas perdidas

mucho más largo que ancho

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Some Guy Who Kills People

La venganza fría como un helado

Some Guy Who Kills People

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Some Guy Who Kills People

Ken Boyd es un tipo atribulado de treinta y cuatro que vive con su madre, dibuja comics para él mismo y trabaja en una heladería. Sin futuro claro, con un pasado turbulento vivido en una institución mental, pasa las horas muertas planeando su venganza contra los compañeros del instituto que le amargaron la vida. Cuando los asesinatos que imagina empiezan a suceder realmente todo cobra sentido para él… hasta que la aparición de una hija que no conocía, un posible nuevo amor e, incluso, un nuevo padre sheriff vuelven a poner su patético mundo del revés. ¡Ni siquiera los sociópatas pueden llevar una vida “decente” en estos tiempos que corren!

Al frente de esta película tenemos a Jack Pérez, conocido mundialmente por ser el director contratado por The Asylum para filmar Mega Shark vs Giant Octopus, una película basura de dimensiones épicas, cuyo trasfondo poco serio se ocupa de finiquitar con esta Some guy Who Kills People.

Vendida como una comedia de horror, creo que Some Guy Who Kills People va bastante más allá, dentro de las posibilidades de su manufactura independiente. A saber, existe comedia ácida, tenemos horror encarnado en una interpretación muy “sui generis” del subgénero slasher, también existen unas gotitas de romance subdesarrollado y, como colofón, una buena medida de drama familiar post siglo XX.

Lo mejor: Cine independiente de amplio espectro que satisfará a los exigentes.

Lo peor: Nada.


Smiley (2)

¡Sonríe!

Smiley (2)

Después de descubrir una leyenda urbana, según la cuál un asesino en serie demente – llamado “Smiley” – puede ser invocado a través de Internet, la mentalmente frágil Ashley deberá decidir si está perdiendo la cabeza o convirtiéndose en la siguiente victima del misterioso asesino.

Como bien comentaba hace un tiempo el gran Bob, Smiley se caracteriza por el carisma que necesita un slasher. Nos encontramos ante un género sobre-explotado hasta reventarnos los sesos, por lo tanto los creadores se ven en la obligación de innovar. ¿Cual es la mejor manera de hacer esto? “Fácil”, básicamente buscando asesinos nuevos y que puedan interesar, sorprender o asustar al espectador (sobre todo esto último). Véase: el muñeco Chucky que tantas pesadillas causó a un servidor hace unos cuantos años ya, el mítico Michael Myers de Halloween o el rocambolesco Gingerdead Man de Charles Band. Los ingredientes necesarios son: un aspecto “especial”, una “creación” terrorífica – ya sea por un pasado espeluznante, por pura posesión de espíritus o por un accidente radioactivo – y, por supuesto, un historial muy extenso de asesinatos perpetrados. La verdad es que así suena muy sencillo todo, pero en la práctica todo se complica, sobre todo si la idea es hacer una película completa en torno a dicho personaje.

Art House Massacre

En nombre del Arte

Art House Massacre

Ben y Liz forman un joven matrimonio que se encuentra en fase de superar el reciente aborto de Liz. Todavía consternada, Liz decide abandonar su trabajo de enfermera, mientras Ben intenta aferrarse como puede a su trabajo de contable tras una serie de despidos en su empresa.

Con el objetivo de contribuir a la maltrecha economía familiar, Liz acepta un trabajo como modelo para un fotógrafo llamado Phillip, que trabaja en una casa en mitad de la nada. Ahora Liz se encuentra atrapada en un sótano, a merced de un psicópata asesino con pretensiones artísticas. Su única esperanza de salir con vida es Ben, el único que cree que Liz está en peligro. Ben iniciará una carrera contrareloj para salvar la vida de su esposa.

Desde Gran Bretaña, y tras su paso por el market del reciente Festival de Cannes, nos llega Art House Massacre, un tenso thriller independiente dirigido por Steve Laurence del que realmente muy poquito se sabe a excepción de su terrible poster, un trailer demasiado explícito y un par de fotografías más sangrientas - y esperanzadoras – de lo que cabría esperar.