La Profecía

Satanás a lomos de un triciclo

La Profecía

Robert Thorn recibe la noticia de que su primer hijo ha nacido muerto. Para evitar el dolor de su mujer, Katherine, acepta adoptar a otro niño nacido en la misma clínica, cuya madre ha fallecido durante el parto. Katherine, ignorante de la suplantación, se entrega con ternura al cuidado de su supuesto hijo Damien. Pero mientras el niño crece, también lo hace el terror que lo rodea. Accidentes fatales, suicidios y una violencia inexplicable parecen seguir a los Thorn adonde quiera que vayan, pero ¿por qué razón? ¿Y cómo es posible que el pequeño Damien tenga algo que ver con tan terribles sucesos? Es sólo un niño… Pero Damien Thorn no se parece a ningún otro niño. Damien lleva la marca de la bestia, y su momento se acerca.

The Final Girls

Comedia postmoderna de andar por casa

The Final Girls

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

The Final Girls

Pongan un póster con aire retro; véndanlo como una comedia postmoderna que transgrede las normas de algún subgénero, en este caso el pobrecito slasher; añadan como protagonistas a unos jóvenes atormentados por el siglo XXI, pero bien planos no sea que el espectador se maree; hagan claras referencias nada solapadas a clásicos del cine transgredido, en este caso “Viernes 13” (partes 4 en adelante), “The Burning” o “Sleepaway Camp”; y así ya tienen garantizado un importante premio en el festival de turno. Que además sea el premio al mejor guión tiene guasa – sí, estoy hablando de Sitges -, todo gracias a ese guiñó cómplice propio de pijos niuyorkinos que se inventan el meta-slasher en un giro abominable que atenta contra la ya cuestionable “El Último Gran Héroe”. Luego leo referencias a “Jacuzzi al pasado” o “Tucker & Dale vs. Evil” y me entran ganas de llorar, no se podía mencionar a películas más intrascendentes, no. Esto apostilla la terrible sensación que me embarga desde hace años: el terror está absolutamente banalizado. Peor aún, se ha malinterpretado absolutamente los entresijos, más rancios que frescos, de un cine que va perdiendo la sensación de peligrosidad o divertimento que nos regalaba antaño de cualquier guisa, ya fuese disfrazado de serie Z como “Slime City”, de serie B nostálgica como “Lecturas Diabólicas” o de clásico absoluto como “Halloween”.

Lo mejor: Destellos de originalidad genuina gracias a los clichés del slasher (sexo, persecuciones, flashbacks y rubias mediante).

Lo peor: Momentos empalagosos y faltos de gracia para dar y tomar, dirección artística mediocre y un final que argumentalmente floeja.


WTF!

¡Eso digo yo!

WTF!

Hace tres años, Rachel apenas sobrevivió a una brutal masacre que dejó a sus amigos hechos pedazos. El tiempo ha pasado, y Rachel ha crecido tierna y jugosa, pero por desgracia las malas historias tienden a repetirse. Sus amigos están pasando las vacaciones de primavera en una cabaña en el bosque. Una vez que Rachel y sus amigos se adentren entre los árboles, comenzará la fiesta, el sexo y el terror.

¿Pero qué coño he visto? Por momentos, tras ver el tráiler de “WTF!”, me pregunto si estamos ante un slasher de verdad u otra parodia involuntaria que desprestigia la categoría de “caspa movie”. Ya no sé si por las terribles interpretaciones que intuyo, por lo escaso de un argumento mil veces visto o por esa terrible tipografía que me hace replantearme la mala situación económica de mis muchos amigos diseñadores gráficos o, simplemente, por lo absurdo que se está volviendo el slasher moderno, pero me entran ganas de tomarme un año sabático y olvidarme de todo esto de comentar noticias y películas de género. Si ya me creía al límite gracias a los slashers editados este año por los cabroncetes del After Dark, últimamente van cayendo novedades que, si bien tienen interés por tratarse de obras circunscritas al género donde nos movemos, exhiben una mediocridad alarmante.

The Sublet

Cláusula paranormal en su hipoteca

The Sublet

Joanna, una nueva madre que lucha contra la depresión postparto, cuida de su bebé en un apartamento subarrendado. Sola mientras su marido de dedica por entero a su carrera, descubre que el apartamento posee un pasado violento y traumático. Tras esos descubrimientos intenta aferrarse a su cordura ante las sangrientas filtraciones hasta el presente de esos crímenes.

Os aseguro amigos que últimamente, en mi búsqueda de piso, estoy tentando de preguntarle a las promotoras si el edificio en cuestión guarda alguna muerte o historia macabra detrás: ¿cómo que los cimientos no se erigen sobre un cementerio indio? ¿No han sido violadas y asesinadas decenas de mujeres en estos 80 metros cuadrados que pretendo llamar hogar? ¿Cuántos rituales han concluido con éxito en el cuarto de calderas? ¿No, ninguno, nada? ¡Pues bájame el precio maldito mercader de ladrillos! Y es que con tanta película de casas encantadas como llevamos a las espaldas (gracias “Blumhouse” por la sobredosis) a uno le cuesta creer que un piso común no tenga por lo menos uno o dos espíritus traviesos escondidos en el armario.