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Across the river

Horror sin colorantes ni aditivos

Across the river

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Hacía mucho tiempo que no me enfrentaba a una película tan difícil de asimilar. Tan desconcertante. Una película capaz de transmitirsme sensaciones tan diversas y al mismo tiempo opuestas entre sí. Para que, de entrada, os hagáis una ligera idea de a qué me estoy refiriendo, puedo contaros que transcurridos los primeros 30 minutos de metraje estuve a punto de abandonar, de tirar la toalla. Sin embargo, durante la hora posterior me sorprendí a mí mismo escrutando con la mirada los rincones menos accesibles del salón de mi casa en un burdo intento por averiguar de dónde provenían los extraños ruidos que estaba escuchando. Maldecí los últimos diez minutos de película por mostrarse torpes e innecesarios; y finalmente, 72 horas después de haberme enfrentado a Across the river, me encuentro en la tesitura de explicar porqué me gustó una película en la que, durante la mayor parte del tiempo, da la impresión de que nada está ocurriendo, y que cuando finalmente ocurre algo lo hace de forma tan lánguida y exasperantemente lenta que pondrá a prueba la paciencia del espectador más curtido.

Un solitario etólogo se encuentra en un remoto bosque estudiando el comportamiento de la fauna salvaje. Coloca una micro cámara y un rastreador por satélite a un zorro. La señal recibida muestra al zorro internándose en un viejo edificio abandonado. De pronto le parece adivinar en la imágen unas extrañas sombras para las que no encuentra explicación. Decide seguir los pasos del zorro con la ayuda del rastreador por satélite. Sin embargo sufre un duro percance: la crecida súbita del río deja varada su camioneta con buena parte del equipo dentro. Además, el enorme caudal le impide dar marcha atrás. Se encuentra atrapado en una zona del bosque que desconoce y sin posibilidad de comunicación.

El director y guionista italiano Lorenzo Bianchini ha confeccionado una pieza de terror minimalista que, sin duda alguna, exigirá un durísimo esfuerzo para todos aquellos espectadores que decidan embarcarse en la ardua travesía que les propone Across the river. Durante buena parte de las casi dos horas que dura la película, acompañaremos a un etólogo ejecutando su trabajo de campo. Veremos cómo se pasea contínuamente por un bosque recopilando datos sobre animales a los que ha implantado, previamente, una serie de rastreadores. Al terminar la jornada se encierra en su camioneta y procesa dichos datos, utilizando una grabadora de voz para dejar constancia de algunas de sus conclusiones. Pues bien… durante los primeros 30 o 40 minutos iniciales de Across the river, dichas conclusiones, dirigidas a un aparato de grabación y siempre con frases escuetas y muy concisas, serán las únicas líneas de “diálogo” a las que tendremos acceso.

Un único personaje y sin apenas diálogos… Además todo transcurre de manera tremendamente lenta, hasta el punto de que en ocasiones tienes la sensación de estar viendo una bella fotografía…; de ahí mi impaciencia inicial y el hecho de que casi acabara desistiendo. Pero algo me ató a Across the river hasta el final. No se trata ni de la estupenda fotografía ni de la magnífica banda sonora que acompañan durante todo momento a la obra de Bianchini. Y desde luego tampoco se trata de la insustancial historia de fantasmas que subyace en la trama de la película y que se desborda, innecesariamente, en los minutos finales (algo a lo que Bianchini, coguionista de Across the river, tampoco parece prestarle más atención de la estrictamente debida).

La verdadera razón por la que quedé atrapado en Across the river la encuentro en el convencimiento de que, durante momentos muy puntuales de la película, logré ponerme en la mismísma piel del protagonista. Hubo instantes en los que me incomodaron los ruidos. En los que sufrí los silencios. En los que me asustaron las sombras. En los que me sentí solo. En los que sentí un miedo parecido al que experimenta este etólogo perdido en la espesura del bosque, enfrentado a fuerzas sobrenaturales que escapan a su comprensión. Across the river no es una típica película de fantasmas, a pesar de que su atropellado final pretenda vendérnosla como tal. Es una película que versa sobre un hombre solitario enfrentado a sus más oscuros miedos. Siempre que exista una mínima posibilidad de que experimentéis, desde vuestra cómoda posición de espectadores, una pequeña parte de esos miedos, la experiencia de Across the river habrá valido la pena. Pero que conste que estáis advertidos: si no lográis calzaros las botas, ni por un instante, de este etólogo enfrentado a lo desconocido, lo vais a pasar realmente mal. Across the river puede llevar a convertirse en algo insufrible. Un castigo en toda regla. Una penitencia infinita.

Evidentemente Across the river es una película arriesgada… muy arriesgada. Con algo de fortuna de vuestra parte (yo tuve esa fortuna) acabaréis exprimentando algo distinto; algo que os ha tocado por dentro, que os ha llegado… que os ha hecho “sentir”. Sin esa fortuna Across the river puede resultar esa gota de agua incesante que cada cierto tiempo golpea vuestra frente… una tortura cruel e insoportable. Como siempre la decisión es vuestra.

Lo mejor: Arriesgada, minimalista y capaz de transmitir horror en momentos puntuales.

Lo peor: Superar la primera media hora es complicado.


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