slasher

Terrifier 2

El GORE conquista las salas.

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Ditch

Hachazo al sueño americano

Ditch

Jenny Bilson, es la estud¡ante perfecta de último curso de secundaria. La maravillosa hija de un veterano detective de policía, y la personificación del sueño americano. Pero el único error que ha cometido en el pasado está a punto de regresar y cobrar su factura en forma de cruel venganza.

Ditch es el debut en la dirección de un desconocido Joe Hendrick, quien para la ocasión ha sabido reclutar el talento de Daniel P Coughlin, guionista de Lake Dead y Farmhouse; y con la siempre inquietante presencia del actor Bill Oberst Jr (Nude nuns with big guns… buscad una fotogría suya en Google y muy probablemente le reconocereis al instante). Como no podía ser de otra manera Bill Oberst Jr. interpreta al extraño que pertenece al pasado de Jenny (Katy Foley) y pretende saldar la cuenta que ambos tienen pendiente… a golpe de hachazo.

El propio director, Joe Hendrick, comentaba recientemente en una entrevista que su debut iba más allá del típico slasher. Que se había atrevido a romper una regla fundamental del subgénero: “el público caerá rendido a los pies del villano”. O al menos esa comenta el director que es su meta. “Él es cruel y aterrador, pero vamos a sentir su dolor, vamos a saber por qué ha llegado a ser quién es… y quién sabe, quizás derramemos alguna lágrima en su honor.

The Factory

Thriller Vintage

The Factory

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2.5/5

The Factory

Seven, de David Fincher (1995), y El Silencio de los Corderos, de Jonathan Demme (1991), dos thrillers que no necesitan ningún tipo de presentación son, además, dos películas que redefinieron el género y, a su vez, lo perjudicaron. Suele pasar: cuando la sombra de algo es tan alargada, cuesta mucho salirse de ella. El Silencio de los Corderos ofreció, entre sus mil virtudes, al psicópata inteligente por antonomasia. Ante Hannibal Lecter no quedaba más remedio que cagarse en los pantalones. Seven, entre sus mil virtudes, demostró que el thriller podía poner los pelos tan de punta como la mejor de las pelis de posesiones o de muertos vivientes.

Y, por culpa de ambas, los noventa estuvieron plagados de thrillers con psicópatas: El Coleccionista de Huesos (The Bone Collector, 1999) de Phillip Noyce; El Coleccionista de Amantes (Kiss the Girls, 1997) de Gary Fleder; Resurreccion (1999) de Russell Mulcahy; Jaquel al Asesino (Knight Moves, 1992) de Carl Schenkel; Jennifer 8 (1992) de Bruce Robinson… y un largo etcétera.

Si en la enumeración anterior estuviera incluida The Factory no nos daríamos cuenta. La única diferencia con algunos de esos títulos es que hay entre ambos veinte años. Por lo demás, nada: lo protagoniza uno de los rostros más emblemáticos de los noventa, John Cusack (eso sí, con casi cincuenta años); es una producción de Dark Castle, que empezó sus andaduras por aquel entonces (House on Haunted Hill, William Malone, 1999), y cumple a rajatabla con todos los tópicos del género que Seven y El Silencio de los Corderos codificaron, para bien y para mal.

Lo mejor: No aburre.

Lo peor: Ya no tenía sentido volver a hacer lo mismo una y otra vez en los noventa; menos aún dos décadas después.


Comedown

Ser Okupa en una película de terror, no es una buena idea

Comedown

Seis amigos que se conocen desde la infancia, regresan al edificio en el que vivían cuando eran críos. Su objetivo es convertir el edificio, ahora en ruinas, en la sede de una radio pirata, además del lugar donde drogarse y beber sin nadie que les moleste. Cuando uno de ellos se pierde, sus amigos le buscan por cada rincón del edificio. Pronto se darán cuenta de que no están solos. Un psicópata se mueve entre las sombras…

Ayer mismo un buen compañero me comentaba la necesidad perentoria de montarse un especial “edificios asaltados y que esconden desagradables sorpresas en su interior” y que contaría con títulos tan recientes y destacados como The Raid: Redemption, Dredd 3D (si alguien conserva todavía alguna reticencia al nuevo acercamiento al personaje del Juez Dredd… que la olvide. La película de Pete Travis es espectacular) y Attack the Block. A estas tres cabría añadirle Tower Block, película que pudo verse en la pasada edición del Festival de Sitges y de la que un servidor tiene muy buenas referencias.

La matanza de Texas 3D

Leatherface trocea incautos desde el primer puesto

La matanza de Texas 3D

Desde que allá por 2003 a Michael Bay se le ocurrió, a través de su compañía Platinum Dunes, especializada en remakes de clásicos del cine de terror, hacer regresar a Leatherfeace y su tropa de lunáticos, la franquicia ha gozado de un revival de interés por parte de una audiencia masiva. El muy correcto remake sorprendió a propios y extraños con una recaudación de 80 millones de dólares en Estados Unidos, mientras que la entretenida (y muy sangrienta) precuela, estrenada en 2006, pese a no repetir el éxito se quedó en unos aceptables 39 millones (hablamos de un presupuesto no superior a los 15 millones). La serie se frenó en aquel momento, hasta que a la cartera de algún directivo le ha vuelto a picar la curiosidad por la rentabilidad de la familia psicópata por antonomasia. Así, diez años después de la última entrega, tenemos en los cines una nueva matanza texana con el añadido, como manda la moda, del 3D.

Y la cosa no ha ido mal, si nos ceñimos a la taquilla: en su primer fin de semana USA, La matanza de Texas 3D (que, según dicen, se puede entender como una secuela directa de la original de Tobe Hopper) ha recaudado 21 millones, lo cual no está nada mal a juzgar por las expectativas previas (bajas, por el desgaste de la franquicia y lo tardío del estreno respecto a las anteriores). Aún así, debemos tener en cuenta el factor 3D al igual como la inflación. Al mayor precio de la entrada respecto a 2003, sumemos el plus por entrada con gafitas y demás parafernalia para ver la pantalla más oscura. Vaya, que en cuanto a espectadores se queda por debajo que sus precedentes más cercanos.