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Cuaderno de bitácora Sitges 2021: 7 y 8 de octubre

reencuentros tras el apocalipsis

¡Aullando de felicidad nos encontraréis! Los mejores diez días del año han dado comienzo. Ya estamos en el festival de Sitges para dejar salir nuestra bestia interior y ponernos las botas a base de terror, ciencia ficción, thriller y fantástico en general. Tras un año complicado debido a la pandemia, parece ser que esta edición se disfrutará en un ambiente mucho más normalizado pese a algunas restricciones como son las mascarillas en las salas, que estarán al 70% de aforo o la ausencia de las clásicas maratones nocturnas que deberán esperar hasta, como mínimo, el año que viene.

Pero no nos enrollamos más y pasamos a la acción. ¡Empezamos!

Jueves 7 de octubre

El primer día de festival. Cuesta dormir la noche anterior y es posiblemente la única mañana en que el sueño no nos impide levantarnos de la cama. Emoción por reencontrarnos con los nuestros, por volver a visitar nuestras salas favoritas y por sumergirnos en la vorágine de cine y nada más que cine hasta que nuestras mentes dejen de funcionar (si es que alguna vez lo hicieron).

Hunter Hunter

Las buenas costumbres no hay que perderlas y Sitges se empieza a primera hora en el Retiro o el Prado. Este año lo hacíamos en el primero con una película que casi pudo haberse estrenado la pasada edición pero que nos alegramos de que no haya caído en el olvido.

Lo que aparentaba ser un survival de carácter habitual se convierte en algo más a partir de mucho menos: reducir su propuesta al puro realismo. Una familia de cazadores asediados por un lobo que amenaza su modo de vida. Este punto de partida se convertirá en toda una sorpresa mediante una cocción a fuego lento, pero paso seguro. La dirección de Shawn Linden aborda no solo un costumbrismo escabroso por su cercanía con la muerte, sino también una definición de los personajes que incluso le evita a la película volverse repetitiva cuando pasa por los lugares comunes que todos conocemos. Una película ideal para descorchar la edición, que ha despertado aplausos (y no precisamente tímidos) en su poderoso tramo final que, por cierto, es una delicia para los amantes de la víscera.

Mona Lisa and the Blood Moon

Otro pase clásico: la inauguración, pero a las 12 de la mañana para los amigos de la prensa. El primer Auditori del año que siempre se abarca con emoción (y carreras). En esta edición en que la presencia femenina y la luna llena tienen un papel tan omnipresente, la tercera película de Ana Lily Amirpour -que, por cierto, se ha traído a su perrete Benny al festival y nos tiene a todos enamorados- era perfecta para inaugurar la edición. Servidor no es precisamente fan de la filmografía de Amirpour, aún que sus películas siempre contienen destellos de brillantez. En este caso sucede algo parecido. Mona Lisa and the Blood Moon se inicia con un tramo de carácter ligero y despreocupado. Regodeándose en el fantástico sin necesidad de justificación y cercano a la comedia. Todo ello mostrando un Nueva Orleans decadente pero mágico a partir de grandes angulares que le vienen de fábula al tono campy de la película. Sin embargo, cuando el drama hace al fin acto de presencia el interés decae por cercanía de lo conocido y reconocible. Consigue remontar en su tramo final, pero el resultado se ve realmente mermado.

Sabor agridulce, pese haber disfrutado. Al final, la cercanía al slice of life, que tan irrelevante la hace, es lo que termina dándole un lugar.

Titane

Estaba llamada a ser una de las bombas del festival, pese a estrenarse justo el día después de ser proyectada en el Auditori. Y así ha sido, tremendo bombazo el que ha pegado Julia Ducournau con su segunda película. Ya nos alucinó con Crudo (2016), que desde luego es una película más redonda en el concepto más clásico de la palabra. Pero Titane es una obra tan salvaje, indomable, acaparadora y revolucionaria que no nos queda otra que rendirnos ante el caos.

Ducournau habla de tantas cosas y pincha tantos nervios que es muy difícil anteponerse a los bandazos que la película va a irnos pegando (de hecho, en la sala ha habido más de una risa nerviosa), incluyendo un cambio de tercio que a algunos les puede resultar tan salvaje como para sacarles de la narración cuando, tras su primera media hora, Titane se convierta en algo radicalmente distinto a lo que parecía ser hasta el momento. Pese a ello jamás abandona su discurso incendiario y su criticada segunda mitad no hace más que prender todavía más esa llama.

A Ducournau se la ha comparado continuamente con el Cronenberg de Crash por sus evidentes relaciones visuales y formales. Pero la cosa va mucho más allá. La directora francesa entiende el body horror -que nadie se piense que la película se va a limitar a eso o saldrá decepcionada, pese a que hay imágenes desagradables para cubrir todo el mes- de una forma parecida a como lo hacía el canadiense y a partir de ello narra los horrores de la psique mediante la carne. En este caso para hablarnos de un modo tan salvaje como magistral de la identidad de género. Será muy difícil que Titane no termine en dentro de mi personal TOP 5 al terminar el festival. Y solo estamos a día uno.

Censor

La propuesta de Censor es realmente única. El simple hecho de abordar la era de los video nasties y de una censura todavía más salvaje que el propio contenido a invisibilizar la convierte en un caramelo para los aficionados al género. Y, pese a que en esto se sustenta la película, la idea es llegar más allá. Y hablamos de idea, pues consigue trascender el concepto, pero nunca por completo. La trama emocional de su protagonista ejerce de vehículo para poder extrapolar el cuestionamiento de la restricción de la violencia, dentro y fuera de la pantalla. Y es que el temor a la perdida del control parece ser algo que carcome a su directora Prano Bailey-Bond, que desde un punto de vista femenino construye una historia de lazos familiares rotos y crea un universo sensorial absolutamente fascinante a su alrededor. El buen hacer de la directora ejerce de sustento de un guión que pierde fuelle en su segunda mitad e incluso llega a desdibujar el concepto en su tramo central. Pero Bond apuesta por el abordaje sensorial de las ideas y consigue una evolución de la narrativa que evoluciona desde el punto de vista más cerebral de su primer tramo, en el que se establecen las normas a romper.

Censor termina funcionando a las mil maravillas a nivel alegórico y consigue generar momentos muy poderosos en el terreno visual. Aún así, le falta un último empujón para alcanzar su propio zénit.

The Deep House

Julien Maury y Alexandre Bustillo llevan años sin dar pie con bola pese a entregar (casi) siempre productos resolutivos, pero poco memorables. Nadie les quitará a estas alturas el san Benito de no alcanzar la grandeza de A l’Interieur de nuevo, eso está claro. Pero tampoco les pedimos tanto.

Sin embargo, han demostrado que son especialmente buenos a la hora de elegir puntos de partida. El desarrollo es ya harina de otro costal, si, pero siempre nos echan el anzuelo. Y en este caso más literalmente que nunca, pues la premisa de una casa encantada bajo el agua no puede sonarnos más dulce. Y la verdad es que funciona de fábula. El dúo francés abandona cualquier intento de refinar su estilo y aborda directamente el found footage a base de distintas herramientas tecnológicas que apoyan la narración. El guion está a la altura de las circunstancias, es decir: es casi nulo. Tampoco es esto especialmente relevante, pues se trata de una película basada al cien por cien en una localización inmejorable. El 80% del trabajo está hecho con eso. Los directores nos contaban en la rueda de prensa de la película que habían conseguido rodar la película mediante la construcción de la casa en su totalidad y sumergiendo esta dentro de un tanque de seis metros de profundidad. Un trabajo mastodóntico cuyo resultado final costó menos de cinco millones de euros y se rodó en menos de un mes. Alucinante.

Por desgracia, eso si, los tópicos y vicios de la cámara en mano vuelven a salir a relucir de un modo absolutamente carente de elegancia y sutileza. Aún así, los directores elaboran la tensión para rematar las construcciones con jump scares que consiguen hacernos saltar en la butaca. Pero ojo, también hay imágenes que hielan la sangre escondidas entre mil y un burbujeantes planos agitados que impiden cualquier intento de intentar seguir la acción. Lo mejor y lo peor de cada casa, pero realmente efectivo. Efectivo como el dúo no ha sido en años.

Viernes 8 de octubre

Aprovechamos que el sueño aún no se ha acumulado para levantarnos pronto y empezar el día con alegría, o eso creíamos. Nos acercamos al Prado con la promesa de la risa, pero la cosa no ha terminado de salir como pensábamos. Suerte que, de ahí, el nivel de lo visto ha ido subiendo a lo largo del día.

Werewolves Within

Lo que prometía ser una divertida (y disparatada) comedia de hombres lobo se queda en la nadería más absoluta. Y el problema es que uno no se puede ni enfadar, por que la película, realmente, no está mal. Tampoco está bien. Pero, desde luego, la adaptación del juego VR, que a su vez está basado en el popular y divertidísimo juego de mesa ‘Los Hombres Lobos de Castronegro’ prometía (y daba) para más.

La mezcla entre horror, comedia y una trama a lo Cluedo les permitía a los guionistas dar rienda suelta a mil y una ideas a la hora de abordar la licantropía moderna. Sin embargo, Werewolves Withín cae en la monotonía con una facilidad abrumadora, y ni siquiera su poco sutil crítica a la era Trump la hace despegar. Aún que no hay duda de que es cuando ambos bandos entran en conflicto cuando la película sube. Una pena. Tediosa pena.

The Feast (Gwledd)

Familia de alta alcurnia prepara abundante y ostentosa cena para varios comensales: sale mal. En primera instancia su propuesta es tan conocida como apetecible. Esta propuesta galesa, que si nos dicen que viene de Noruega no dudamos ni un minuto en creérnoslo, cuenta con varios puntos a su favor y otros varios en su contra.

El Auditori presentaba una pinta bastante imponente en cuanto a público para tratarse de un viernes a las doce del mediodía. El estilo gélido y cerebral pero cargado de mala baba y humor subyacente -que en este caso muchos han comparado con el cine de Yorgos Lanthimos, aún que nosotros no lo vemos más allá de que la acción suceda en una enorme casa de estilos minimalistas- suele gustar en Sitges. Y de ello va bien servida The Feast. Dividida en cinco actos, los tres primeros son una prueba para los más apresurados. El ritmo es pausado y la dirección minuciosa. Esta se encarga de construir con tanta inquina a unos personajes mayoritariamente despreciables, que al final uno no puede más que sentirse decepcionado cuando su alocado tramo final no consigue estar a la altura de las circunstancias. Su director Lee Haven Jones nos da lo que queremos, pero su guionista Roger Williams no nos lo da en las cantidades que queremos.

Historias Para No Dormir: Freddy + El Asfalto

La serie que marcó las infancias no solo del público sino también de los creadores españoles de nuestra generación vuelve redefinida por cuatro directores que empezaron a educar su mirada con la narrativa episódica de Narciso Ibañez Serrador.

Nosotros pudimos disfrutar de dos de los episodios de esta reinvención acunada por Prime Video. Las otros dos los disfrutaríamos al día siguiente.

En primer lugar, y absolutamente centrado en el legado de la serie de TVE dibujada desde un punto de vista metalinguistico, Freddy, de Paco Plaza apelaba de nuevo a la nostalgia, como es habitual en el trabajo del Valenciano. Sin embargo, una nostalgia en absoluto vacía y siempre usada a modo de elemento narrativo implícito en el guión. En este caso, Plaza adapta elementos del relato original para después aportar nuevos conceptos e ideas. El tono aborda la comedia más castiza sin rubor alguno, de lo que Miki Esparbé consigue sacar buena tajada, pero también consigue estremecer en más de un momento. La Tramuntana se convirtió, por momentos, en una fiesta.

Sin embargo, más tibio fue el recibimiento a la revisión de “El Asfalto”, de Paula Ortiz. Una de los relatos más queridos de la serie original que, por desgracia, queda absolutamente desmerecida por un guión que abarca muchas y muy buenas ideas para luego no definir ninguna. Y es una lástima, pues el pulso narrativo de Ortiz y los conceptos visuales que integra a la hora de tratar la urbe como un ente construido entorno al horror de una monotonía casi ritualista es digno de mención. Sin embargo, lo que el espectador acaba percibiendo es una falta de rumbo presentada por un excelente Dani Rovira vagando aleatoriamente entre secuencias arbitrarias y líneas de dialogo inconexas.

In the Earth

Ben Wheatley es un regalo. Uno puede casar más o menos con sus propuestas, pero hasta el momento no ha entregado una sola película que hayamos visto previamente (mentar aquí el remake de Rebecca para Netflix es hacer trampa). Su estilo inclasificable le convierte siempre en una cita obligada, pero las circunstancias que rodean a su última In the Earth convertían la ocasión en más especial si cabe.

Rodada durante el confinamiento en el punto más álgido de la pandemia, Wheatley supo hacer de la falta de medios su mejor arma a la hora de definir una película absolutamente anárquica, pero a su vez tremendamente sesuda. Pues a partir del montaje (visual y sonoro), del cual también se encarga él mismo en solitario, consigue extraer el poder de la imagen en cantidades obscenas. El primer tramo de la película se gesta en cámara, mediante el habitual pulso del inglés y una desbordante capacidad para dibujar estampas que quitan el aliento con los menores elementos posibles. Pero en su segunda mitad, la película deriva violentamente hacia un terreno mental que, al interactuar con la narrativa redefine por completo el concepto base de la película. El uso del sonido es especialmente poderoso en aquí.

Wheatley viaja entre mil y un géneros sin abandonar nunca el horror (existencial o físico), pero In the Earth es especialmente potente cuando se define como una película de ciencia ficción introspectiva que, además, juega contra su propia definición al reimaginar nuestro presente real. Una película única.

The Trip (I Onde Dager)

Tommy Wirkola derribó en 2014 el Auditori con sus Zombis Nazis 2: Red VS Dead. El pase de The Trip en Tramuntana -con el que nosotros cerrábamos nuestro día- fue algo parecido, pero en una medida algo inferior. No tan solo por la capacidad de la sala, sino también por tratarse de una película que, pese a conservar muchísimos elementos gemelos con la mentada, es más irregular y mucho menos redonda.

La propuesta de la película, en que Noomie Rapace (presente además en el festival, confirmada su presencia como sorpresa de última hora) y su marido en la ficción Aksel Hennie pasarán un fin de semana en una apartada cabaña para intentar darle sentido a su rabioso matrimonio da pie a que Wirkola desarrolle la comedia a sus anchas. El problema, pero, reside en que tal vez el desarrollo no está a la altura de cada uno de los giros que propone, a cuál más descerebrado que el anterior. La película adolece, por culpa de esto, de un importante problema de ritmo que acelera y frena el desarrollo continuamente de forma extenuante. Es terriblemente irregular y pese a las risas, termina haciéndose tediosa en más de un momento. A Wirkola se le da mucho mejor el gag físico; a partir del cual la película alcanza la excelencia, especialmente en su tramo final; pero cuando aborda el dialogo la cosa se desinfla visiblemente. La película funciona, y es realmente divertida en sus momentos más potentes, pero está lejos de ser algo parecido a su ideal.

Además, en su tramo central se encuentra cierta secuencia cuya salida de tono alargada en sobremanera puede hacer que más de uno se baje del barco. Cuesta hacerse a la idea de que tamaño salto al vacío haya llegado hasta el corte final de esta forma.


Vuestros comentarios

1. 10 oct, 23:23 | Mountain

Excelente repaso Titu Bellés, esperando con muchas ganas la siguiente entrega.

2. 11 oct, 21:45 | game of trolls

de las que menciona titus recomiendo que vean "titane" (enroscada pelicula que los sorprenderà a como de lugar ademas de tener muchos desnudos femeninos de la prota y violencia sin sentido y mucha locura surrealista) y no se acerquen ni con un palo a "werewolwes within" (una mierda imbeciloide que no merece ni amerita minutos de tiempo de absolutamente nadie en este mundo) e "in the earth" que es una pelotudez magnanima sobre unos biologos con cara de estupidos caminando por un bosque que son secuestrados por un loquito ambientalista o que se yo... en fin, no tiene el mas puto minimo sentido de lo que mierda sea que quiere contar como todo el condenado y pretencioso cine de este realizador que seguramente debe ser un ingles estirado, maricon y que se cree inteligente por meter dialogos que parecen decir mucho pero no aclaran nada.

"the deep house" se podra ver en noviembre (creo que por el canal shudder o alguna plataforma similar) asi que esperen pacientes y tranquilos. esa debe estar bastante buena (creo).

CONCLUSION: titane esta buenisima y el resto veremos.

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