Thriller

Holy spider

Asesino y cómplices

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We are what we are

El banquete está servido

We are what we are

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4.5/5

We are what we are

Vaya por delante que nunca he tenido la oportunidad de ver Somos lo que hay, la película del mexicano Michel Grau en la que se ha basado Jim Mickle para llevar a cabo We are what we are. Supongo que no haber visto la película original me proporciona un par de situaciones ventajosas; la primera es llegar totalmente virgen a la película de Mickle. Apenas conocía algún detalle muy superficial de la historia que cuenta Somos lo que hay, y por lo tanto afrontaba We are what we are con la mochila de los prejuicios completamente vacía y con la capacidad de sorpresa totalmente intacta. La segunda ventaja quizás os importe todavía menos que la anterior: el hecho de no haber visto la película mexicana me evita tener que establecer odiosas y cansinas comparaciones entre el remake y el original, proceso que habitualmente me resulta aburrido y agotador.

La familia Parker vive momentos difíciles. El padre y sus tres hijos, soportan el dolor de la reciente desaparición de su esposa y madre, en trágicas circunstancias. Pero el dolor convive con la necesidad de la familia Parker de mantener vivas sus tradiciones y, sobre todo, su particular modo de vida. Las reiteradas desapariciones de personas en los últimos años y la oposición creciente de las dos hijas mayores, ponen en peligro el oscuro secreto que ha sido el pilar de la familia Parker durante varias generaciones.

Esta es una de esas ocasiones en las que tengo prisa por decir las cosas. Con We are what we are, Jim Mickle desciende a los infiernos del American Gothic con un espectacular drama que se sustenta en los lazos familiares, el tránsito a la madurez, la fuerza de las tradiciones, el fervor religioso y la necesidad de desafiar a la autoridad y al orden establecido.

Lo mejor: La historia, la fotografía, los actores, el final...

Lo peor: Que quizás alguien tenga prejuicios por tratarse de un remake.


Missionary

Con la palabra de Dios se va a todas partes

Missionary

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Missionary

Resulta interesante analizar la carrera de Anthony Diblasi, director de Missionary. Lo digo porque la misma partió con uno de los debuts más grotescos que recuerdo: Dread, basada en el relato del mismo título de los Books of Blood de Clive Barker, cuyos lectores no recibieron con mucha devoción ni especial alegría. La cuestión es que, hace un año, protagonizó un giro completamente radical con uno de los títulos más pretenciosos que recuerdo: Cassadaga, película que para mí resultó equiparable a un puñal directo al corazón. El rechazo, por mi parte, fue absoluto. La combinación perfecta entre un exceso de expectativa y un auténtico despropósito de ambiciosas intenciones; aunque visto con otra perspectiva supongo que lo que pretendía Diblasi era reescribir y compartir con el público su propia visión del mundo sobrenatural (actitud loable, pero que no evitó que la de Cassadaga fuera una visión horrenda). Y por último llega Missionary, obra con la que, en mi opinión, nuevamente Diblasi pretende recorrer el mismo camino que con Cassadaga: reescribir sus propias bases del subgénero telefilm psicópata-amante que con tanta profusión invade nuestros televisores todos los fines de semana.

El subgénero es dantesco, lo reconozco. Un sinónimo de siesta a la vista; quita las ganas a cualquiera de ver cine. Sin embargo nunca es tarde para echar la vista atrás y replantearse el porqué de tanta abundancia de este tipo de telefilmes y de paso recordar la película que le otorgó fama: la gran Atracción Fatal. No nos engañemos, Missionary no deja de ser una versión en clave masculina del personaje interpretado por Glenn Close en la famosa película de Adrian Lyne. No es una propuesta original, no tiene salidas inesperadas ni nada que se aparte de lo habitual – una característica ciertamente frustrante y desalentadora, lo sé… – ; pero aun así Missionary sabe encandilar y jugar muy bien sus cartas. Diblasi ha sabido hacer en esta ocasión lo que no supo con Cassadaga, y es realizar un estudio mucho más complejo e intimista del género a desarrollar. Y es por eso por lo que no puedo evitar preguntarme qué era lo que de verdad hacía de Atracción fatal la obra maestra que es hoy en día; y creo que Missionary ha solventado la cuestión con una respuesta que subyuga: el apego…, y la lección os aseguro que está muy bien aprendida.

Lo mejor: Es muy emotiva y entretenida. No hay pájaros en felpudos, ni mascotas en buzones... ¡ALELUYA!

Lo peor: No se puede esperar más que eso, una cinta correcta y cumplidora... lo que resulta de lo más frustrante.


Sólo Dios perdona

Entre el amor y el odio

Sólo Dios perdona

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Sólo Dios perdona

Del amor al odio. Un viaje que todos recorremos alguna vez en la vida real y que el cine, consciente de ello, no duda en recordarnos una vez más sus consecuencias. Inevitable muchas veces, sin embargo hay otras en las que, pese a poder evitar pagar el precio, un cineasta prefiere que su obra se inscriba en tal, digamos, definición. Pocos casos más claros he conocido que el Nicolas Winding Refn y Only God Forgives. O como la conoceremos aquí con (afortunadamente) el literal Sólo Dios perdona. Y es que Refn, admirado y despreciado a partes iguales, se siente cómodo en este terreno. Le gusta, y se nota, ser odiado. Claro, también tener uno seguidores bien definidos. Todo esto valía con sus películas anteriores, desde las interesantes Bronson (2008) y Valhalla Rising (2009) a la obra maestra Drive (2011) pasando por su notable opera prima Pusher: Un paseo por el abismo (1996). Difíciles, pero aún así accesibles sin exceder el aguante del espectador poco informado. Su nueva película es otra cosa: uno de esos experimentos en los que el autor busca incomodar a base del más grande todavía en cuanto a pretenciosidad por minuto. Pero como sucede con los genios, lo hace tan bien que te absorbe. Cuando termina la función, uno no sabe si ha visto una mierda o un prodigio. Hay que dejarla reposar, pues cualquier decisión inmediata sería precipitada.

En Bangkok, Julian, un fugitivo de la justicia estadounidense, dirige un club de boxeo tailandés que actúa como tapadera para su tráfico de estupefacientes. Su madre, jefe de una amplia organización criminal, desembarca procedente de Estados Unidos para repatriar el cuerpo de su hijo favorito, Billy: el hermano de Julian ha sido asesinado tras haber masacrado salvajemente a una joven prostituta. Llena de odio y venganza, exige a Julian la cabeza de los asesinos. Julian deberán entonces enfrentarse a Chang, un extraño policía jubilado, adulado por los demás policías.

Lo mejor: Kristin Scott Thomas y Vithaya Pansringarm. La impresionante labor fotográfica. La hipnótica banda sonora. Que guste o no, es de esas películas incapaces de dejar indiferente.

Lo peor: Su ritmo extremadamente pausado ahuyentará un gran número de espectadores antes de llegar al desenlace.


Lesson of the Evil

Una auténtica lección de maestría

Lesson of the Evil

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

Lesson of the Evil

Hablar de Takashi Miike, equivale a referirse a una de las personalidades con más peso y renombre dentro de la industria cinematográfica a nivel internacional. Con más de veinte años de carrera a sus espaldas, y habiéndose ganado un renombre espectacular con films de la talla de Audition (Ôdishon, 1999), la cual generó una auténtica legión de fans en torno a su persona, Visitor Q (Bizita Q, 2001), una bizarrada de grado extremo que despertó dispares opiniones de crítica y público, o la formidable e intensa Ichi the Killer (Koroshika 1, 2001), considerada objeto de culto por los seguidores del director a la par que uno de los mayores logros en la carrera de Miike; el prolífico cineasta ha sabido, en igual medida, alejarse de los arriesgados parámetros de la industria V- Cinema japonesa para debutar con éxito en terrenos más claramente comerciales, con títulos de la talla de A big bang love, Juvenile (46-Okunen no koi, 2006), premiada en el festival de Sitges del mismo año en la sección de largometrajes a concurso, Sukiyaki Western Django (2007), remake de un western del director italiano Sergio Corbucci en el cual colaboró Quentin Tarantino o Thirteen asassins (Jusannin no Shikako, 2010), remake con el mismo título que el film dirigido en el año 63 por Eiichi Kudo y que recibió el premio del público en Sitges 2010, o la más reciente Shield of Straw (Wara no tate, 2013), un thriller bastante más moderado que otros títulos anteriores que ha sido presentado en Cannes en este mismo año. Miike tiene claro que no es su intención permanecer encasillado en un único género, cosa que ha demostrado con creces a lo largo de sus ya experimentados años de abultada y prolífica carrera, por ello ha alegado en unas declaraciones recientes: “Hago las películas que quiero hacer, no pienso en un público concreto…”, un ¡zás, en toda la boca!, para todos aquellos que le han tachado de haberse convertido en un cineasta más moderado y comercial a causa, sobre todo, de su última y, para muchos, “suavizada” incursión en Cannes.

Este pasado año 2012 fue, también, bastante productivo para el director, el cuál rodo tres filmes de diferente carácter: For love´s sake (Ai to makoto), basada en un manga japonés escrito por Ikki Kawijara con una carga bastante romántica, Phoenix Wright: Ace Attorney (Gyakuten Saiban), adaptación de una popular saga de videojuegos, que contó con la producción de la propia compañía creadora, Capcom, y Lesson of the evil (Aku no kyôten), la cual será presentada este mismo año en el festival de Sitges y que viene a ser objeto de la reseña en cuestión. En esta ocasión, Miike toma como base una novela editada en el año 2010 del escritor japonés Kishi Yûsuke con el mismo título, cuya adaptación en forma de guión ha sido llevada a cabo, de forma excepcional, por el propio cineasta:

Seiji Hasumi es un joven, atractivo y reputado profesor de inglés que se implica, de forma altruista, en los problemas personales de cada uno de sus alumnos. El centro de estudios, lejos de ser un espacio tranquilo plagado de pormenores de la menor importancia, se va transformando en un hervidero de buying, acoso sexual y otro tipo de corrupciones no menos abyectas, lo cual empieza a afectar el estado de ánimo del profesor de forma visible. Rodeado por toda esta espiral de envilecimiento, Hasumi decide mostrar su auténtica naturaleza e impartir una lección verdaderamente memorable…

Lo mejor: Excelente guión, actuaciones a la altura, apartado técnico impecable...

Lo peor: La desquiciante banda sonora, ciertos fallos argumentales y altibajos en el metraje que consiguen distraer la atención del espectador.