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El Más Allá

El legado zombi de un maestro del horror

El Más Allá

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

El Más Allá

L’Aldila (El Más Allá 1981, AKA: The Beyond, Seven Doors of Death) es, sin ningún lugar a dudas, la obra maestra de Lucio Fulci. El cineasta concibió este trabajo, en 1981, como un tributo personal a su ídolo de toda la vida, el poeta Antonin Artaud, una de las grandes figuras del movimiento surrealista del siglo XX. Originalmente el director había planificado El Más Allá como una trilogía titulada Gates of Hell que, sin embargo, nunca llegó a completar.

Antes de filmar El Mas Allá, Fulci había realizado la película Miedo en la Ciudad de los Muertos Vivientes (Paura Nella Città Dei Morti Viventi), que constituía el primer titulo de una serie de películas sobre las siete puertas del infierno. El Libro de Eibon tenía que ser la conexión entre los films, pero los problemas de salud de Fulci, unido al hecho de que tanto La Ciudad de los Muertos Vivientes como El Más Allá fueron un fiasco internacional (sobre todo al otro lado del Atlántico), acabarían dando al traste con el ambicioso proyecto.

Es interesante conocer un poco sobre el porqué Fulci utilizó El Libro de Eibon como estandarte sobre la cual debía basarse la trilogía de las puertas del infierno. Os contaré algunas cosas sobre dicho libro.

Lo mejor: La atmósfera que impregna la película. El gore es brutalmente explicito. Los zombis.

Lo peor: El argumento cogido con alfileres. Algunas interpretaciones básicas.


Sesion 9

En el herido y en el débil

Sesion 9

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

Sesion 9

Cuando se concibe una historia, conviene no perder de vista el hecho de que la ambigüedad es un arma de doble filo.

Reduzcamos por un momento el terror a una división caricaturesca: por un lado, tenemos ese cine que describe amenazas y plantea misterios, trufado de bestias infernales, asesinos que avanzan cuchillo en mano, zombis y chupasangres incontinentes, violadores armados con taladros, fantasmas que lloran por las esquinas porque nadie les hace caso… Esta concepción del género suele poner sobre la mesa un desafío – la citada amenaza – muy concreto, ya sea en forma de monstruo, asesino, maldición, catástrofe, o aquello que más nos seduzca. Por los mimbres con que están hechas, estas historias suelen admitir solamente dos soluciones: o disolvemos el peligro o él nos disuelve a nosotros: final feliz, final triste. Sea como fuere, el espectador sale de la sala con una idea muy clara de lo que le han contado: ha conseguido identificar el origen de aquello que le genera miedo; le ha sido expuesto su modus operandi, y ha descubierto el antídoto de ese mal, en caso de haberlo, ya que de no ser así, es el propio mal el que se sale con la suya.

Este es el tipo de terror que suele complacer al público generalista y a los aficionados al terror clásico – nostálgico, me atrevería a decir -.

Lo mejor: No me he enterado de nada.

Lo peor: No me he enterado de nada.


Drácula

Clavará sus colmillos en los televisores

Drácula

Para cargarse a Drácula hacen falta una buena estaca, valor, puntería y, sobre todo, mucha paciencia. Esto último lo digo porque el mítico chupasangre es uno de los personajes que más presentes han estado en la gran pantalla desde el comienzo del séptimo arte. Incluso ahora tenemos pendiente de estreno el Dracula 3D que se ha marcado Dario Argento y que, desgraciadamente, no tiene pinta de devolver a sus mejores tiempos ni al vampiro ni al director. Y no nos olvidemos de los rumores sobre una puesta al día, puede que a cargo de Eli Roth (en sustitución de Jaume Collet-Serra), en la que veríamos a Russel Crowe con colmillos, o que Neil Marshall podría traernos su visión con un tremendo reparto formado por Viggo Mortensen, Noomi Rapace y Ben Kingsley, entre otros.

Sea como fuere, la noticia de hoy se centra en una pantalla más pequeña. Y es que la cadena NBC está preparando una serie televisiva que nos llevará de viaje al Londres victoriano, concretamente a 1890. La historia es algo asi como que Dracula se hace pasar por un empresario norteamericano y pretende llevar a cabo un plan de venganza contra los descendientes de las personas que arruinaron su vida siglos atrás. En esto que entra en escena una mujer, que podría ser la reencarnación de su antigua esposa, y el plan empieza a tambalearse.

Paranormal Activity: Lo que de verdad asusta

Análisis de un fenómeno paranormal

Paranormal Activity: Lo que de verdad asusta

Aprovechando el estreno de Paranormal Activity 4 y la llegada del Día de los Muertos, me ha dado por elaborar un análisis, no sé si concienzudo pero seguro que entretenido y muy interesante (modesto que es uno), sobre una saga que, ames u odies, llena los cines de todo el mundo cada mes de octubre. De hecho, bajo mi punto de vista, resulta más interesante todo lo que hay alrededor (proceso de creación, marketing, datos comerciales, anécdotas) que las propias películas. Tranquilos fanáticos de la franquicia, no voy a meterme mucho con ella. Al menos intentaré ser lo más didáctico posible. Empecemos.

Erase una vez un tipo con un puñado de dólares

En 2007 una pequeña película amateur se daba a conocer en el Screamfest Horror Film Festival. Su director, el debutante Oren Peli, había conseguido juntar 15.000 dólares. Eso, su antigua casa, varias cámaras y tres o cuatro actores desconocidos. Peli y la agencia contratada, Creative Films, se encargaron de llevar el DVD por todas las empresas, buscando distribuidor. El primer interesado fue Miramax. Pese a ello, en el Festival de Sundance no aceptaron su pase y no había compañías que quisieran darle una amplia distribución en cines. Todo esto nos lleva a Dreamworks y a…Spielberg. ¿No conocéis la historia para no dormir? A estas alturas es bastante conocido, pero por si las moscas, ahí va: el Rey Midas de Hollywood recibió una copia de Paranormal Activity (a partir de ahora me referiré como PA) recomendada por otros peces gordos de la compañía, entre ellos Ashley Brooks y Adam Goodman. Spielberg se la llevó a casa para verla en privado. Según cuentan, volvió al día siguiente con la cinta metida en una bolsa de basura, advirtiendo que la película estaba maldita (¡!). Después de verla, las puertas del salón se cerraron y no se pudieron abrir hasta que llegó un cerrajero. En nosotros queda pensar si el director de Tiburón (1975) sabe cómo vender un producto o que simplemente está grillado.