slasher

Terrifier 2

El GORE conquista las salas.

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Maniac Cop

El brazo desequilibrado de la ley

Maniac Cop

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Maniac Cop

Maniac Cop no va a ganar ningún premio. Pero es que tampoco lo ha intentado nunca. Lo que el director William Lustig se trajo bajo el brazo fue una mezcla gloriosa de acción y terror, con el suficiente éxito de conseguir dos entregas más, todas muy homogéneas en su corte serie B sin tapujos.

A finales de los ochenta el crimen era todavía un problema en Nueva York, y la leyenda de la serie B Larry Cohen (La sustancia maldita, La serpiente voladora) supo verlo. Su guión hace un gran uso de esta premisa, mediante la ejecución de las ideas acerca de la histeria que causarían las personas que abusan de su figura de autoridad y poder. Lo cortés no quita lo valiente, y aparte de la parte sátira, están también los boquetes en la trama, pero ¿quién no los espera con un nombre como Maniac Cop?

Rescatar esta cinta sucedió de un modo que viene siendo habitual últimamente: forzado por la amenaza de un remake. Aunque menos traumático que otras veces (ya que el responsable parece ser el talentoso Nicholas Windig Refn, experto en resucitar el espíritu de neón ochentero) sí es cierto que va a ser difícil que se supere la magia de la original.

Lo mejor: Actores con carisma. Giros argumentales.

Lo peor: Ciertas concesiones que le quitan verosimilitud


Wax

Sangre en el museo de cera

Wax

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

Wax

Mike es un periodista invitado, por una productora, a pasar una noche en el Museo de Cera de Barcelona, que se supone encantado (de conocerle). Presto se decide a participar en la especie de documental que le tendrá a él como protagonista mientras graba con varias cámaras su estancia. Allí descubre que la estrella de la función es la estatua del Dr. Knox, un asesino en serio, encerrado actualmente en prisión, cuyos crímenes caníbales escandalizaron a la opinión pública. Al tiempo de aburrirse viendo cintas de los asesinatos del doctor (pues este gustaba de grabarse para la posteridad), descubre que el asesino ha escapado de prisión. ¿Habrá acudido a visitar al pobre Mike? Pronto se iniciará un juego del gato y el ratón que nos sacará de dudas…

Durante las décadas de los sesenta y setenta proliferó en España la producción de terror fantástico, liderada por tipos la mar de simpáticos como Jess Franco o Amando de Ossorio, que acabó siendo denominada como “Fantaterror” (no confundir con un refresco aterrador), una época que un servidor no mitifica pero respeta tanto por algunos de sus títulos como por su importancia dentro del marco social que vivía la piel de toro. Sin embargo, amarga decepción la que representa “Wax”: donde algunos quisimos ver una reinvención de la citada época haciendo uso de nuevas narrativas, ahí queda como found footage más falso que la sonrisa de tu jefe, lo que tenemos es otro truño más que apostilla, tristemente, el mal estado del terror patrio, muy en línea de las trágicas sensaciones que dejaba “La Herencia Valdemar”. Un escalón por encima de ésta, el debut en el largometraje de Víctor Matellano (al cual todos los aficionados valoramos muy positivamente su “¡Zarpazos!”, tanto en versión escrita como documental) termina por ser una magnífica oportunidad perdida, ocasión para reivindicar una forma de realizar cine, barata pero elegante y llena de lo que gusta al aficionado base (atmósfera, sexo y gore), que se pierde entre los vericuetos de un guion insostenible y falto de gracia, al que se unen de forma negativa un buen número de elementos de la producción. Por otra parte, hecho que la emparenta con el cine del que intenta robar ideas, pues a excepción de cintas muy determinadas, el “Fantaterror” tampoco se caracterizó por su calidad intrínseca, si comparamos dicha producción con la de países como Inglaterra o Estados Unidos. Lo que no quita para se trate de un tipo de cine con sabor propio, sin ir más lejos ahí tenemos las gloriosas incursiones en el género que realizó el bueno de *Narciso Ibáñez Serrador.

Lo mejor: Volver a ver a Jack Taylor, entre otros clásicos del fantaterror.

Lo peor: Una historia desafortunada, rematada por un doblaje infecto.


Girl House

El Slasher clásico sigue vivo

Girl House

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Girl House

Kylie (Ali Cobrin) es una joven estudiante en apuros económicos. Por ello, decide empezar a trabajar en Girl House, una web erótica en la que durante 24 horas se retransmite la vida diaria de un grupo de chicas en una casa donde, antes o después, se desnudan ante las cámaras, a petición de los clientes. Entre ellos, hay uno que responde al nick de “Loverboy” (Slaine) y que, quizás, es algo más perverso de lo que ellas imaginan…

Ante Girl House había tantos motivos como para frotarse las manos como para llevárselas a la cabeza, atemorizado. Por un lado, hablamos de un slasher que tiene la excusa perfecta para regodearse en la anatomía femenina: una web porno de chicas. Podía ser un festín de sexo y asesinatos, el cóctel perfecto para muchos. Pero, por otra parte, la presencia de la tecnología, a un servidor, le hace sospechar por principio. Entendámonos: creo que internet, webcams y móviles pueden ser últiles para el terror, y el entorno “páginas web” ha dado películas interesantes, desde mi punto de vista, como “My Little Eye” (Marc Evans, 2002). Sin embargo, también ha generado “Halloween Resurrection” (Rick Rosenthal, 2002) o “Open Windows” (Nacho Vigalondo, 2014), demostrando que cuando la situación de asedio y asesinato está siendo vista por un gran colectivo… simplemente, se pierde la sensación de aislamiento y desesperanza de un crimen del que nadie es testigo. Además, internet, móviles y cámaras conllevan siempre demasiadas explicaciones: por qué hay, o no, cobertura en un lugar; o porqué en un momento no se puede localizar desde dónde se retransmite una señal y en otro sí… en fin, demasiadas aclaraciones, como decimos, para poder llegar a una situación a la que, en otras circunstancias, se llegaría con mayor facilidad: víctimas solas a las que nadie puede ayudar.

Lo mejor: La matanza final.

Lo peor: Podía haber sido una pasada.


All Through the House

¡Jo, jo, jo!... Por adelantado.

All Through the House

Hace quince años, un barrio tranquilo, en época navideña, fue engullido por el miedo cuando Jamie Garrett, un niño de cinco años, fue misteriosamente raptado de su dormitorio para no ser visto nunca más. En la actualidad, durante las vacaciones de Navidad, Rachel Kimmel regresa a casa, desde la universidad, para encontrarse con que su barrio ha sido golpeado de nuevo por una oleada de terror. Un asesino violento se esconde detrás de una espantosa máscara de Santa Claus, dejando un rastro sangriento de mujeres y hombres castrados, sacrificados y arrojados junto a las escaleras de la casa de Garrett. Rachel vivirá una pesadilla horrible cuando descubra el retorcido secreto que se esconde tras la máscara.

Ummm… supongo que resulta bastante sencillo imaginarse cuál es ese “retorcido secreto” que descubirá la protagonista de All Through the House. Pero dejemos los secretos a voces a un lado y centrémonos en la película: ¡Santa Claus ha regresado a la ciudad! Vale, lo ha hecho con al menos nueve meses de adelanto; pero el rechoncho barbudo siempre es bienvenido cuando lleva el saco repleto de regalos y los ojos inyectados en sangre. Y es que el Santa de All Through the House viene a sumarse a una larga lista de entrañables asesinos navideños que conforman títulos como Black Christmas (1974), Silent Night, Deadly Night (1984) o las más recientes Santa’s Slay (2005) o Rare Exports (2010).