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Fall

¿Qué tal vas de vértigo?

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Emelie

La revancha de la Babysitter

Emelie

La niñera habitual de los Thompson no puede cuidar a los niños esta noche. En su lugar contratan a su amiga Anna para que los cuide mientras los padres salen a celebrar su aniversario de boda. Al principio Anna parece un sueño hecho realidad para los niños, ya que les permite jugar con cosas que, habitualmente, están fuera de sus límites. Pero pronto serán los mismos niños los que se darán cuenta de que las intenciones de Anna son cada vez más oscuras y retorcidas.

No confundir nuestra Emelie con la dulce y algo pirada Amelie de Audrey Tautou (sí… ya sé que nadie lo ha hecho), ni siquiera hay que confundirla con la señora Botz, aquella babysitter criminal que se topó con la horma de su zapato —Bart— en el mítico episodio de la primera temporada de Los Simpson titulado en España “La Babysitter ataca de nuevo”. De hecho ni siquiera me esforzaré en recordar a la sensual y peligrosa Rebecca de Mornay —ya tenemos una edad…— en La mano que mece la cuna (The Hand That Rocks the Cradle, 1992). Nada de eso… Nuestra particular Emelie es una hermosa y sana jovencita que ha decidido tomarse la revancha por la cantidad de cabronadas que han sufrido las babysitters en tantas y tantas películas de terror. En esta ocasión el asesino no lleva máscara, no llama al teléfono en horas intempestivas, ni mira a través de ventanas y ventanales. Ahora el asesino está dentro de la casa, se gana la confianza de los críos y se convierte, de paso, en la peor pesadilla de aquellos padres que dejan entrar a un desconocido en sus casas para que “cuiden” de sus vástagos.

Landmine Goes Click

Pisando fuerte

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

Landmine Goes Click

La ganadora de festival de “La mano” de este año reúne todo lo que le gusta a cualquier aficionado de un buen thriller: tensión, giros sorprendentes y una contundente conclusión como broche final. Además es un producto con una factura excelente y buenas actuaciones: así que lo tiene todo.

Alicia y Daniel son una pareja norteamericana de excursión en Georgia (el país). Les acompaña Chris, que vive con el remordimiento de no haber confesado a su mejor amigo que ha tenido una aventura con su chica. En un ambiente cordial en apariencia, pero plagado de secretos, los acontecimientos se precipitarán cuando, haciendo una foto de grupo, Chris pise una mina abandonada. Sin posibilidad de separar su pie del funesto objeto contemplará impotente los amenazantes sucesos que se desencadenarán a su alrededor.

Decía Alfred Hitchcock que el suspense se generaba cuando el espectador era testigo de los acontecimientos pero los observaba hastiado al no poder intervenir en la escena y, aunque no se refería estrictamente a la situación que nos ocupa, las desventuras de Chris ganan en intensidad dada su nula capacidad de acción respecto a lo que le rodea. Como ya pasaba en cintas como Phone Booth o Grand Piano, el espacioso entorno en el que transcurre el film se transforma, con el paso de los minutos, en un claustrofóbico nicho del que, mucho nos tememos, no va a poder salir airoso nuestro protagonista.

Lo mejor: Perfectamente medida. Un villano de los que no se olvidan.

Lo peor: Sus 45 minutos finales son desoladores y muy duros.


Curve (La curva de la muerte)

Si no fuera por el puñetero asesino...

Curve (La curva de la muerte)

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2.5/5

Curve (La curva de la muerte)

Está todo inventado. O casi todo —dejaremos una puerta abierta a la esperanza—. Colocar a tu protagonista, una atractiva jovencita de ojos azules, atrapada en un reducido espacio de apenas dos metros cuadrados, no es una estrategia que, hoy por hoy, pueda considerarse original o novedosa. Al fin y al cabo el español Rodrigo Cortés ya tuvo el detalle de sepultar al bueno de Ryan Reynolds a dos metros bajo tierra en su genial Buried; mientras que James Franco tuvo la ocasión de experimentar en su propia piel la odisea (real) de un alpinista atrapado en las rocosas y obligado a prescindir de una estimable parte de su anatomía si quería salir con vida de aquel trance —127 horas—. Incluso Adrien Brody se pasó horas en el interior de un coche destrozado en la semidesconocida Wrecked.

Una joven que alberga algunas dudas acerca de su inminente boda viaja sola en coche recorriendo carreteras secundarias. Cuando el coche se avería en mitad de la nada, cuenta con la ayuda de un apuesto autoestopista que logra poner en marcha el automóvil. La joven se dispone a llevar a su rescatador hasta el pueblo más cercano. Pero cuando la verdadera naturaleza del extraño salga a la luz, la joven no dudará en tomar medidas extremas: un volantazo a tiempo y el coche se precipita hacia el fondo de un barranco. Con su pierna atrapada bajo el amasijo de hierros, la joven se convierte en un juguete en manos de un despiadado psicópata.

Lo mejor: Julianne Hough y la parte del survival.

Lo peor: El asesino.


Don't Speak

Horror mediterráneo a plena luz del día

Don't Speak

Un grupo de jóvenes celebran una fiesta en un barco. A lo lejos un pequeño pueblo les observa en silencio. Cuando uno de ellos resulta gravemente herido, deciden acercase al pueblo para buscar ayuda. La reducida población del pueblo no se la brindará. Pronto comenzarán a suceder cosas extrañas y los jóvenes encontrarán la muerte en terribles circunstancias. Los supervivientes deberán descubrir la razón de estos asesinatos en absoluto silencio, si quieren salir con vida del pueblo.

Este fin de semana tendremos la oportunidad de disfrutar, en el marco de la décima edición del Cardoterror (la película ya pudo verse en la pasada edición del Nocurna de Madrid), de Don’t Speak, que poco o nada —supongo…— tiene que ver con la célebre canción del grupo No Doubt y sí con una película indpendiente de horror española, rodada íntegramente en inglés, que supone el punto de partida de la productora Creandus Films y que está coescrita y dirigida por el catalán Amadeu Artasona. El propio Artasona se esfuerza en presentar Don’t Speak como un thriller sobrenatural en el que se intenta huir del susto fácil en favor de la creación de una atmósfera que sumerja al espectador en una incómoda sensación de nerviosismo y de sufrimiento por el destino —cantado— de los protagonistas. Curiosamente, y debido a limitaciones presupuestarias, Artasona y su equipo tuvieron que espabilarse de lo lindo a la hora de alcanzar esa atmósfera inquietante viéndose obligados a rodar todas las escenas de la película a plena luz del día.