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Speak No Evil

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La mancha negra

La herencia envenenada

La mancha negra

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

La mancha negra

El crimen de Los Galindos o Puerto Hurraco, son ejemplos reales de la maldad e intereses tan ponzoñosos que se pueden condensar en los pequeños pueblos de nuestra península. Pero no hace falta tirar de hemeroteca, seguro que quien más y quien menos conoce familias que se han roto por culpa de intereses y rencores que se desatan cuando llegan las herencias… De esto nos habla de forma salvaje y sangrienta la meritoria, aunque también algo fallida, La mancha negra; nuevo trabajo en la dirección de Enrique García, del que hace unos años ya reseñamos su violento Resort Paraíso. Como en aquella, el cine de García no se amilana ante presupuestos ajustados y logra sacar adelante un thriller ambicioso, que revela un director con buen pulso en el encuadre y en la dirección de actores.

La acción nos sitúa en los primeros años de la década de los setenta; en un pueblo interior de Andalucía al que regresa Eugenio (Pablo Puyol) con su mujer (Cuca Escribano) para velar el cuerpo de su madre (María Alfonsa Rosso). Allí viven sus tres hermanas, Modesta (Natalia Roig), Manuela (Virginia de Morata) y Mercedes (Noemí Ruíz), amargadas por hechos del pasado, que tratan de sacar adelante las maltrechas propiedades de la anciana que ha muerto sin revelar, aparentemente a nadie, dónde ha escondido una pequeña fortuna. Atrapados en una tormenta de rencores, cuentas pendientes e intereses oscuros, los cuatro hermanos lucharan entre ellos y contra otras fuerzas del pueblo a lo largo de una jornada que puede terminar como el rosario de la Aurora.

Lo mejor: Pese a su presupuesto ajustado logra un film ambicioso.

Lo peor: Demasiado brusca y sin transición entre su presentación y nudo con su desenlace.


El callejón de las almas perdidas

mucho más largo que ancho

El callejón de las almas perdidas

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

El callejón de las almas perdidas

Pese a que esta no va a ser una reseña especialmente positiva, me gustaría que fuera por delante mi absoluta admiración por el trabajo de Guillermo del Toro. Si hay alguien brillante a la hora de crear atmósferas mágicas y evocadoras en el cine norteamericano actual, sin duda ese es el gordo querido. Es también uno de los creadores que mejor han entendido la fantasía como aderezo a dramas, westerns o cine romántico, sin renunciar de cuando en cuando a genuino cine de terror. Su último trabajo, El callejón de las almas perdidas, es un remake muy particular, que deconstruye la trama del clásico de 1947 y la engasta dentro de una pieza de orfebrería visual con el sello genuino del mejicano. Se vale de dos lenguajes: Uno como en La forma del agua, que mezcla realismo nostágico con magia (muy en la línea de la serie Carnivale) y el otro una reimaginación de cine negro, muy próxima al comic, que podríamos emparentar con las adaptaciones de Sin city. Dos mundos que para este que firma no sólo no terminan de casar, sino que parecen constantemente ponerse la zancadilla y competir en una batalla que tiene como principal víctima al resultado.

Bradley Cooper interpreta a un vagabundo que logra enrolarse en la troupe de un circo de fenómenos que, en el albor de la segunda guerra mundial, recorren la Norteamérica más deprimida. Este perdedor de manual poco a poco va transformándose en un personaje de peso dentro de la organización del circo y comienza a interesarse por los trucos que emplean, para sacarle los cuartos a los incautos pueblerinos, una pareja de mentalistas (David Strathairn y Toni Collette). Su ambición irá creciendo en paralelo con el deseo que siente por una compañera de espectáculo (Rooney Mara), con la que planea una vida más grande llena de triunfos. Cuando sus metas empiezan a materializarse, una bella psicóloga (Cate Blanchett) le planteará un peligroso atajo para lograr lo que siempre ha deseado.

Lo mejor: Lo visual y las actuaciones son excelentes. Su cierre es escalofriante.

Lo peor: Demasiado confusa en su recorrido y poco verosímil.


Lamb

Padres paralelos

Lamb

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Lamb

El premio a la mejor película en el festival de Sitges de este año a Lamb puede que confunda a los espectadores que se zambullan en ella. Tal vez el galardón Una cierta mirada del festival de Cannes, que se asigna a propuestas singulares, se ajuste más a las intenciones autorales de su director: el debutante Valdimar Jóhannsson. Yorgos Lanthimos o Anticristo de Von Triers se me antojan como los inciertos cabos a los que atar este marciano film; películas de ritmo pausado, planteamiento febril y simbolismos ocultos en su metraje. Resumiendo, Lamb es, aparentemente, rara de cojones. Pero si sustituimos al cordero por un bebé humano, descubrimos que el resultado de esta ecuación es una historia muy convencional.

La acción nos sitúa en una remota granja de Islandia, en la que un matrimonio pasa los días centrado en las interminables labores de mantenimiento de la misma. Una rutina que nos llega a los espectadores con largos planos de estas agotadoras jornadas que evidencian, también, la falta de comunicación entre sus dos protagonistas (Noomi Rapace y Hilmir Snær Guðnason). Con el paso implacable de los minutos descubriremos que, esta dedicación, es la anestesia a la que se aferra la pareja para silenciar el aullido de dolor que ha supuesto, para ambos, la pérdida de su hija.

Lo mejor: Excelentes interpretaciones y elementos fantásticos para adornar una historia convencional.

Lo peor: Fantasía elevada más que cine de género purasangre, algo que lo convierte en un producto más de autor que de público masivo.


Última noche en el Soho

Sueños y pesadillas

Última noche en el Soho

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

Última noche en el Soho

Por fin ha llegado a las carteleras españolas el último film de Edgar Wright que, además, supone el regreso del realizador al cine fantástico tras coquetear con el cine de acción policial, con aromas de su amigo Tarantino, en Baby driver y también tras su extensísimo recorrido por la carrera del grupo Sparks con The Sparks brothers, primer documental del director que se presentó en España durante el pasado Festival de cine de Sitges junto con este film. Última noche en el Soho, título que, por cierto, tomó prestado junto a la canción de cierre al propio Tarantino, nos prepara todo un viaje por diferentes géneros y tonos dramáticos, cargado de magia, música, nostalgia y, como no, algunos escalofríos. Un coctel medido al milímetro para llenar salas de cine.

Su trama no es nada del otro mundo, pero con gran talento, Wright la ha emperifollado y sazonado, de tal forma, que parece totalmente original. Last night in the Soho nos presenta a una joven soñadora, que bien podría protagonizar una película adolescente de Disney Channel, que quiere ser diseñadora de modas y que se pasa el día entre vestidos de princesa y discos antiguos, fantaseando con vivir en la década de los sesenta. Eloise, que así se llama esta muchacha que encarna la actriz Thomasin McKenzie, se traslada a la capital inglesa para estudiar moda y, tras intentar encajar con sus sofisticadas compañeras sin demasiado éxito, se traslada de la residencia de estudiantes a una pequeña habitación en el corazón del Soho londinense. Será en este cuarto, cuando, en sueños, se convierta en espectadora de la vida de otra joven (magnífica y elegante actuación de Anya Taylor-Joy), que aspira a convertirse en la nueva estrella de la canción de comienzos de la década de los sesenta. Todo será idílico para ambos personajes hasta que la aspirante a cantante se vea arrastrada a la prostitución y el deseo que los hombres sienten por ella se materialice, en nuestra época, en forma de inquietantes espectros que acosen a la cándida Eloise.

Lo mejor: Es todo un viaje que enamotra tanto en sus momentos más luminosos como en sus opalinas pesadillas.

Lo peor: Su tramposo giro final