Categoria: Exploitation

Conan el Barbaro (2011)

Sobredosis de acero

Conan Poster

  • Título original: Conan the Barbarian
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2011
  • Director: Marcus Nispel
  • Guión: Thomas Dean Donnelly, Joshua Oppenheimer, Sean Hood
  • Intérpretes: Jason Momoa, Ron Perlman, Rose McGowan
  • Argumento:Conan, el cimmerio, parte de su aldea arrasada en busca de venganza contra el asesino de su padre

LA VALORACIÓN:

51 |100

Estrellas: 3

Conan Grande

Me gustaría dedicarle esta reseña a Roger Tapia, increíble persona y mejor amigo. Él compartió conmigo las andanzas del cimmerio.

Esta reseña parte de un placer culpable, dicho placer son las historias nacidas, hace poco menos de un siglo, de la mente de Robert E. Howard. Más en concreto las que refieren a cierto bárbaro que llegó a ser rey y cuyos sombríos ojos, enmarcados por una negra melena, contemplaron y protagonizaron el devenir de la Era Hiboria: Conan, él de Cimmeria. El género de Espada y Brujería (termino acuñado por uno de sus exponentes más perfeccionistas, Fritz Leiber) vendría a narrarnos historias fantásticas en un hipotético medievo o era pretérita, plagada de peligros en forma de monstruos primigenios, malvados hechiceros contrahechos y bellas mujeres más peligrosas aun… todo ello desprovisto de la épica de otras narraciones fantásticas al estilo de El Señor de los Anillos. Si algo diferencia a la Sword and Sorcery, también llamada por un servidor Dark Fantasy, de otros géneros hermanos, es lo despiadado de su entorno, lo crepuscular de sus héroes (en su mayoría ladrones y aventureros que venderían a su madre por un pieza de oro) y lo exótico de sus entornos que muestran un mundo hostil donde solo la magia y el acero permiten la existencia de ciudades y reinos.

Y refiriéndonos tan solo a los relatos de Conan: nos encontramos con los seres más peligrosos y despiadados, las damas más bellas y seductoras, los magos más poderosos y taimados y los héroes más brutales y honestos. No es de extrañar que el musculado norteño genere afición por donde pase e inspire desde comics hasta grupos de metal, pasando por, lo más importante dentro del contexto que nos ocupa, películas.

El citado placer culpable se prolonga en el tiempo hasta el año de nuestro señor 1982. Entonces se estrena la primera adaptación cinematográfica de nuestro guerrero favorito. Arnold Schwarzenegger interpretaba al bárbaro de pocas palabras en una cinta dirigida por John Milius, que se convertiría en obra de culto merced no al respeto hacia el mundo creado por Howard (del que solo se atisban retazos), si no al respeto hacia el espíritu de su obra. Así tenemos una banda sonora sensual y épica que ambienta un relato violento, simple y plagado de momentos que permanecen grabados en la retina del aficionado (¡quien podría olvidar esa decadente orgía en el palacio de Thulsa Doom!). Se continuarían, dos años después, las aventuras cinematográficas de Conan pero el resultado sería esta vez bastante inferior. Han de pasar la friolera de veintisiete años antes de que el cimmerio vuelva a cobrar vida dentro del celuloide.

Sirva este breve repaso para justificar de nuevo una reseña que se sale ligeramente de los cánones de Almas Oscuras, y para ubicarnos dentro del marco cultural donde nace la cinta que hoy nos ocupa. Conan, el Barbaro, de nombre homónimo a la citada película de Milius no es un remake al uso. Como está tan de moda, Marcus Nispel nos trae una reinterpretación “sui generis” de un producto simplemente comercial. A este paso, el director alemán va a ser recordado como el artífice de “remakes” más prolífico de la historia reciente del cine (dudoso honor que compartiría junto a Alexandre Aja aunque con muy distintos resultados). Cuatros son sus largometrajes y tres son “revisiones”: la infame Viernes 13 (2009), la aceptable La Matanza de Texas (2003) y, la que nos ocupa, Conan, el Bárbaro. Tanto la tosca huella de su director, también responsable de la aburrida Pathfinder (2007), como los problemas arrastrados desde la concepción inicial del guión son los que marcan las pautas para entender un nuevo producto comercial que se antoja insuficiente, amén de agotador, para la diversión del espectador generalista y justito para el aficionado irredento al personaje en cualquiera de sus versiones (comic, literatura, cine). Un servidor se adscribe al segundo grupo y os asegura que aprueba la película más por amor hacia una creación literaria única que al valor del propio largometraje, cuya extensión (casi dos horas) me resultó agónica en su último tercio.

Antes del comienzo de la Era Hiboria, la tierra de los hombres estaba dominada por los nigromantes de Acheron y el poder que les otorgaba la máscara construida con los huesos de los Dioses. Destruida y perdida durante las últimas batallas de los Señores de la Muerte contra las últimas tribus libres, ahora, el atormentado Khalar Zym planea recuperar los pedazos de la máscara y sojuzgar el mundo bajo su mano y la de su hija hechicera. Tras los rastros de destrucción que deja a su paso, entre las ruinas humeantes del último poblado cimmerio, se alza el pequeño Conan. Amantado por la sangre vertida desde el acero de la espada jura venganza contra Khalar Zym y parte hacia los reinos hiborios labrándose una reputación de salvaje y mujeriego ladrón.

Así en frío el argumento del que parte este Conan, el Bárbaro deja entrever una buena dosis de la mitología original creada por Howard. Batallas y mucha “pelusilla” entre reinos, un joven desposeído de todo lo que amaba, un guerrero cuya sed es solo de sangre. En definitiva, una primera aproximación a esta cinta, llena de ilusión a los amantes de la acción y las aventuras; incluso los primeros compases se abren potentes: Con una “voz en off” recitándonos, cual poesía en prosa, el nacimiento de la Era Hiboria, el salvaje “parto” del que será rey por derecho propio y cimentará su leyenda con los cadáveres de sus enemigos, la bárbara infancia del cimmerio de mirada azul y fría como el acero. El ritmo, la violencia gráfica – tremenda la escena donde un jovencísimo Conan acaba con cuatro enormes pictos – y la presencia de un siempre eficaz Ron Perlman como padre del bárbaro y jefe de la tribu, entretienen y no resultan ni acelerados ni forzados. Pero lo que muestra el arranque del metraje expone al espectador avispado los graves problemas sufridos en la dirección del guión: una vez Conan llega a su vida adulta, todo el metraje restante (casi hora y media) se convierte en una sucesión de luchas intercaladas por breves escenas (o panorámicas) que justifiquen el siguiente combate, así hasta su abrupto y desangelado final.

¿Y a qué se debe este molesto e increíble desequilibrio entre acción e historia? Muy sencillo, el primer esbozo del libreto fue redactado y aprobado para arrancar la producción. Ya sabéis que estos primeros borradores luego son completados con mayor detalle y cuidado. Pues bien, dicha tarea se la repartieron entre las dos lumbreras Thomas Dean Donnelly y Joshua Oppenheimer, cuyo currículo está plagado de obras comerciales, intrascendentes y con un gusto por lo evidente demasiado simplón (aunque no niego cierta efectividad como en su más reciente libreto: Dylan Dog). Tal debió ser el desaguisado, cometido por estos dos señores, que muchas de las escenas y partes “totalmente inrodables” fueron re-escritas (o escritas del todo) en el mismo set de rodaje por Sean Hood, cuyos mayores logros son Cube 2 y El cuervo 4 (otro figura, ¡vamos!). El resultado final se traduce en ese alocado ritmo donde el 70% del metraje muestra peleas más o menos afortunadas. Conan no necesita de muchos diálogos que supongan una excusa para matar o follar, pero la tremenda diferencia entre la plasmación de su infancia con respecto a su vida adulta es, cuando menos, curiosa. Además, la forma de resolver el final de la historia, amen de las sucesivas incoherencias y “desapariciones” de escena de algún personaje (¿dónde diablos se queda varado el buen pirata Ukafa?), se convierte en un calvario para el espectador… sinceramente, la última media hora pensé que estaba ante un mal capítulo de la serie Hercules más que ante una película completamente terminada. Lanzo un aviso para aquellos que esperéis un final espectacular: no, la cinta va de más a menos a pasos agigantados.

Pero entonces, ¿merece la pena darse un paseo por esta Era Hiboria? Bueno, se puede disfrutar sin muchas pretensiones y olvidándose del título de la cinta. Al menos encontraréis retazos del mundo que imaginó Howard enfundados en una banda sonora que no le llega ni a la suela de los zapatos a las composiciones de 1982 (Basil Poledouris); de hecho, me hizo mucha ilusión que mostrasen pictos, aunque no se nombre a su pueblo. El presupuesto, más limitado del que hacen gala otras producciones, está bien aprovechado en unos vestuarios, decorados y efectos especiales potables y (¡albricias!) los actores no lo hacen mal. Aquí es donde más sangre podría hacer el aficionado tradicional, pero realmente Jason Momoa (Juego de Tronos – TV) se divierte interpretando al bárbaro y esto se refleja en pantalla, pese a lo escasas y pobres que resultan las escenas de interpretación pura. Lo mismo podríamos extrapolar al resto de actores, destacando positivamente al tandem antagonista, que en la parte masculina encabeza un eficaz Stephen Lang (Avatar) y una sexy (de una forma algo bizarra) Rose McGowan (Grindhouse,Embrujadas).

Sin lugar a dudas, el problema de Conan, el Bárbaro no reside en su elenco ni en su planteamiento técnico – eso que la dirección es la más básica que podría ofrecer un cineasta, buena muestra de ello es la lucha con el morador de la mazmorra: mal planteada, pésimamente coreografiada y aun peor rodada –, el problema reside en que aun buscando en esta película acción y leches a raudales, llegan a carretillas, sin estilo, “cutres” en ocasiones y tan carentes de imaginación que uno llega a cansarse y mirar el reloj. Y eso, amigo Marcus Nispel, solo tiene un nombre: mediocridad.

Mención especial para la versión en 3D. Metido con calzador durante la post-producción, podemos decir que es una estafa en toda regla: apenas perceptible, incluso llega a molestar, distraer y emborronar las escenas de acción, resultando su presencia prescindible e incluso molesta. Por favor, evitad gastaros ese extra en una tecnología que aquí, solo aumentará vuestra decepción.

Conan, el bárbaro no es el proyecto que los aficionados estaban esperando, aun así al pertenecer a una franquicia es imposible no ver algo positivo en la resurrección del cimmerio. Sin embargo, dudo que otros espectadores sepan disfrutar este exceso de sangre y acero (sí, el nivel de violencia, sangre y hasta pechitos está garantizado) con cero gramos de historia detrás…

… y ahí dejo esto en el aire: ¿pero los puentes siempre se rompen en el momento oportuno?

Lo mejor: El acto donde Conan es un niño, el vestuario y algunos decorados

Lo peor: El guión casi inexistente, el exceso de luchas y un 3D llamado estafa

AUTOR: Bob Rock  |  PUBLICADO: 21/08/11  |  CATEGORIAS: ,

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Hobo with a shotgun

Hobo en la ciudad del pecado

Hobo with a shotgun

  • Título original: Hobo with a Shotgun
  • Nacionalidad: Canadá/USA | Año: 2011
  • Director: Jason Eisener
  • Guión: John Davies
  • Intérpretes: Rutger Hauer, Molly Dunsworth, Brian Downey
  • Argumento:Un viejo indigente decide impartir justicia en Scum Town con la única ayuda de su escopeta.

LA VALORACIÓN:

85 |100

Estrellas: 5

Hobo with a shotgun

Con motivo del estreno del díptico Grindhouse de Quentin Tarantino (Death Proof) y Robert Rodríguez (Planet Terror), se organizó un concurso de fake trailers del que se alzó como triunfador el canadiense Jason Eisener con el trailer de una, por aquel entonces, inexistente película titulada Hobo with a shotgun.

Cuatro años más tarde y después de que el propio Robert Rodríguez llevase a cabo en 2010 la adaptación de Machete, otro de los falsos trailers que acompañaron a Grindhouse en su estreno, ha llegado la hora de que Hobo with a shotgun se vuelva purulenta, grotesca y jodidamente real.

Los cansados huesos de un viejo indigente que viaja en tren sin destino conocido, recalan en un infierno urbano conocido como Scum Town. Su intención no es otra que la de sobrevivir en las calles gracias a las limosnas que vaya logrando día a día y permanecer totalmente ajeno a los problemas que asolan la ciudad. Pero una prostituta en apuros despierta su instinto protector y acaba enfrentado a un mafioso local que controla con mano férrea cada uno de los rincones más oscuros de una ciudad que apesta a corrupción, perversión y podredumbre.

Armado con una simple escopeta, Hobo, que así se llaman el indigente, sembrará el caos en Scum Town y pondrá en pie de guerra a toda la escoria de la ciudad, incluidos un par de guerreros motorizados y ataviados con armaduras a los que se conoce con el nombre de La Plaga.

Tras los primeros instantes de Hobo, en los que vemos a su protagonista, un inconmensurable Rutger Hauer, viajar en un solitario vagón de tren recorriendo unos paisajes saturados de color (simpática la credencial de “Color by Technicolor”) al compás de una impresionante banda sonora (y os lo dice alguien cuyo oído musical es prácticamente nulo); podemos empezar a extraer las primeras conclusiones: Hobo with a shotgun rememora a la perfección los direct to VHS de principios de los 80. Y lo hace sin necesidad de llenar la pantalla de arañazos, quemaduras, variaciones de color y otros recursos de similiar catadura a los que han recurrido un buen número de subproductos en los últimos años para justificar su adhesión al, en ocasiones, mal llamado grindhouse.

De modo que en el plano formal Hobo with a shotgun que, efectivamente, esconde en su estudiada estética el homenaje a una determinada manera de hacer cine de finales de los 70 y principios de los 80, cumple sobradamente con sus objetivos, hasta el punto de presentarse como un producto mucho más auténtico, y mucho más grindhouse (sea lo que sea que quiera significar dicho término) que el díptico de Rodríguez/Tarantino al que hacia referencia en el inicio de esta reseña.

Pero una vez queda claro que visualmente Hobo with a shotgun es una auténtica gozada para nostálgicos empedernidos, queda dilucidar si la película de Eisener va más allá de un envoltorio atractivo y logra eregirse como lo que realmente pretende ser: un exploit provocativo, rabioso y tremendamente divertido.
Por mi parte no cabe ninguna duda. Hobo with a shotgun es todo esto y mucho más. A través de una historia sencilla que nos trae a un solo tipo enfrentado, con la única ayuda de su vieja escopeta, a la corrupción de toda una ciudad (un argumento que el propio Clint Eastwood hubiera hecho suyo para cualquiera de sus viejos westerns), Hobo with a shotgun es capaz de ofrecernos uno de los más delirantes, surrealista, degenerado e histriónico espectáculo cinematográfico que he tenido la oportunidad de disfrutar en los últimos tiempos.

Eisener lleva a sus personajes al límite, de manera que mientras Hobo es todo un compendio de valores humanos (justicia, caridad, compasión…) capaces de emerger de la marginalidad más absoluta y manchados por un reguero de sangre (no olvidemos que, a pesar de sus valores, Hobo no deja de ser un antihéroe que resuelve los conflictos tomándose la justicia por su mano… y de manera extraordinariamente violenta); todos los villanos de Scum Town son el paradigma de la locura, la maldad y la irracionalidad llevados a tales extremos que acaban rozando la parodia o la caricatura. Y no solo la variada fauna de excéntricos y excesivos personajes que pueblan Hobo with a shotgun son un rotundo acierto. Eisener también es capaz de modelar una caótica ciudad, Scum Town, en la que cada rincón es un agujero de corrupción e inmoralidad. Una moderna Sodoma y Gomorra que sucumbirá, no ya ante la ira de un Dios vengativo, sino ante el cabreo monumental de un homeless dispuesto a defender su ideal de justicia a tiro limpio. Prostitución, drogas, rapto de menores, violencia gratuita, corrupción de las instituciones públicas, violación, tortura, asesinato, incluso un Santa Claus pedófilo que ya aparecía en el trailer original… de todo cabe en Scum Town… y en grandes cantidades.

Y una vez sabemos quién es el bueno, quiénes son los malos, cual es el escenario, y cual el conflicto (no hay sorpresas al respecto)… es la hora del espectáculo. Violencia, gore, mucho humor negro y un puntito de surrealismo (genial el destino final de uno de los hijos del villano). Secuencias tan impactantes como la del autobús escolar al ritmo del Disco Inferno de los Trammps, la del desgraciado hombre-piñada vapuleado por un trio de putas en topless, o la memorable presencia de La Plaga (Dios… necesito ver a estos tipos nuevamente en acción… y pronto); son solamente algunos de los detalles que hacen de Hobo with a shotgun una de las experiencias más satisfactorias que he tenido la oportunidad de disfrutar en muchísimo tiempo.

A todo ello hay que sumarle unos deliciosos diálogos que muy probablemente hubiera firmado el mismísimo Tarantino y que, en aquellos instantes en los que el gore y la violencia no son los protagonistas principales, logran que la película mantenga un excelente nivel y que el espectáculo no decaiga en modo alguno.

Una película distinta. Extraña. Una auténtica rareza. Inmoral, excesiva, grotesca, esperpéntica… y muy, muy divertida. Y por si fuera poco Hobo with a shotgun supone el resurgimiento de sus cenizas del que para muchos es un artista de culto: Rutger Hauer (Blade Runner, Lady Halcón). La suya es una de esas actuaciones que te hacen pensar que la película no podría existir sin su participación, sin su mera presencia. Hauer es el único Hobo posible. Su interpretación derrocha fuerza y honestidad, y suyo es todo el mérito de lograr que su personaje siempre sea creíble, por más que el argumento de la película tienda peligrosamente hacia la insensatez o la paranoia.

Una paranoia perfectamente encarnada en el personaje de Drake, un mafioso con aires de grandeza que tiene atemorizada a la población de Scum Town y sobornado a todo el cuerpo de policia. La némesis perfecta de Hobo gracias en buena parte a la desmesurada interpretación de Brian Downey, capaz de ofrecernos un imposible abanico de gestos faciales tan solo al alcance de un Bruce Campbell (saga Evil Dead) en plena forma.

No me queda nada por añadir. Disfrutadla. Dadle una oportunidad. No es una película fácil, y muy probablemente no gustará a todo el mundo. Pero os aseguro que vale la pena correr el riesgo. Hobo with a shotgun está, como mínimo, a la altura de sus padres putativos, Planet Terror y Death Proof; y sin duda alguna le da sopa con ondas a su hermano bastardo, Machete. Altamente recomendable. ¡Larga vida a La Plaga!

Lo mejor: Humor, gore, fotografía, música, interpretaciones, diálogos... y por supuesto "La Plaga"

Lo peor: Lo de siempre... ¿se distribuirá de algún modo en nuestro país?

AUTOR: Joan Lafulla  |  PUBLICADO: 23/05/11  |  CATEGORIAS: ,

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I spit on your grave

La divertida corrupción del rape&revenge

I Spit on your Grave

  • Título original: I spit on your grave
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Steven R. Monroe
  • Guión: Stuart Morse
  • Intérpretes: Sarah Butler, Jeff Branson, Andrew Howard
  • Argumento:Una joven escritora se refugia en una apartada cabaña en mitad del bosque para buscar la inspiración de su nueva obra.

LA VALORACIÓN:

62 |100

Estrellas: 4

I Spit on your Grave

Hay películas que, al margen de poder discutir acerca de su calidad o incluso sobre su idoneidad, han pasado a la historia del cine por, prácticamente, definir todo un subgénero.

Este sería el caso de Day of the Woman, conocida posteriormente como I Spit on your grave, producción de 1978 que, junto a Last House on the Left, Thriller y, en menor medida, Straw Dogs (Perros de Paja… la durísima película del gran Sam Pekinpah siempre se ha identificado más con el drama que con el cine de horror), pusieron los cimientos de un subgénero exploit tan controvertido y, efectivamente, tan discutible como es el del Rape&Revenge (violación y venganza).

Siguiendo la estela marcada recientemente por Dennis Iliadis en el remake de Last House on the Left, la nueva versión de I Spit on your grave, dirigida por Steven R. Monroe se define por una máxima inequívoca: adaptar todo un clásico del exploit de los 70 a las demandas estéticas y de contenido del aficionado de principios del siglo XXI.

Una joven y hermosa escritora busca la tranquilidad de una solitaria cabaña a orillas de un lago para dar forma a su nueva novela. Por desgracia la mencionada cabaña resulta ser excesivamente solitaria, y la vida de la joven queda a expensas de un grupito de paletos salidos con instintos homicidas que se creen con el derecho de violar repetidamente a la chica y dejarla finalmente abandonada en mitad del bosque, dándola por muerta… craso error. La joven regresa, y su sed de venganza es infinita.

El nuevo “escupitajo sobre tu tumba” sigue fielmente el esquema de su antecesora (y por extensión de todo buen rape&revenge que se precie de serlo): una primera mitad de violación, en la que la protagonista femenina sufre todo tipo de abusos y vejaciones de carácter sexual; y una segunda mitad en la que la víctima, tras un breve periodo en el que cura sus heridas y toma consciencia del daño recibido, decide trasladar todo ese dolor, multiplicado por diez, hacia sus agresores. En definitiva: violación y venganza.

Pero partiendo de la premisa de que el esquema del original y el remake es muy similar, lo cierto es que el nuevo I Spit on your grave nos ofrece una drástica alteración en cuanto al tono; sobre todo de la segunda mitad, la venganza.

La parte de la violación ofrece pocos cambios. Únicamente destacar la participación de unos agresores con un perfil más criminal del que hacían gala en la película original. Si en el film original de Meir Zarchi podíamos hablar de unos auténticos paletos sureños con el cerebro abotargado a causa de la fiebre del heno y hartos de pasarse por la piedra a todas las ovejas del lugar; en el remake de Steven R. Monroe nos sitúamos ante un grupito de paletos sureños (hasta aquí las coincidencias) que deciden grabar sus fechorías con un cámara digital de vídeo y que buscan el amparo de un personaje clave, del que prefiero no arrojar más datos, para asegurar la total impunidad de su crimen. Parte de la “ingenuidad” (mal entendida… que nadie vaya a pensar que los defiendo o justifico en modo alguno) de los agresores del primer I Spit on your grave se pierde en el remake.

Pero al margen de la naturaleza de los agresores y de esos matices en cuanto a su personalidad y sus motivaciones, el desarrollo de la secuencia de violación no varía excesivametne entre la película original y su remake. Y, pese a ello, en dicho campo de batalla, el remake de Steven R. Monroe sale claramente perdedor. En otras palabras: al día de hoy, más de 30 años después de estrenarse el primer I Spit on your grave, la secuencia de violación (o violaciones, para ser más exacto) de la película original sigue causando un mayor estupor y rechazo por parte del espectador que su remake de 2010. ¿Las razones? Pues similares a las ya apuntadas en la reseña de la nueva versión de Last House on the Left: la violación del I Spit in your grave original es más real, más cruda, más auténtica, menos moldeada por el tamiz “cinematográfico” y, como consecuencia de todo ello, mucho más difícil de digerir. A favor de la secuencia de violación del remake señalar un par de características que en realidad no deberían sorpender a nadie: su evidente mejora en el apartado visual (la larga secuencia está mejor rodada, mejor montada y mejor fotografiada), y quizás el hecho de que el remake sea incluso más explícito que su predecesora. Pero ninguna de estas caracterísiticas (ni siquiera el ser más explicita en el plano sexual y violento) implica que dicha secuencia sea más sobrecogedora que en la pieza original. En este sentido la “naturalidad” del I Spit on your grave original juega decididamente a favor de su mayor impacto.

Sin embargo, donde las distancias se alargan de manera considerable entre original y remake, es en todo el apartado de la venganza. En el I Spit on your grave original, tras recuperarse de sus heridas, la protagonista usaba sus dotes de seducción para engañar a quiénes fueron sus agresores, haciéndoles víctimas de sus instintos animales, de su fragilidad ante el erróneamente llamado “sexo débil”, y de su infinita estupidez. El sexo vuelve al hombre vulnerable, nubla su inteligencia y buen juicio, y le convierte en una víctima potencial. La mujer (antes vícitima) conoce perfectamente las debilidades de su oponente y las aprovecha para consumar su venganza. Todo un proceso que se resume perfectamente en el título con el que el I Spit on your grave se conoció en España: La Violencia del Sexo.

Un proceso, el de consumar la venganza utilizando el sexo como arma arrojadiza que se vuelve en contra de los agresores, que se pierde por completo en esta moderna relectura de I Spit on your Grave. Y es que es en el apartado de la venganza donde se hace más evidente la necesidad de Monroe de adaptar el clásico de los setenta a la mentalidad y a los gustos del publico de principios del siglo XXI. La protagonista femenina del nuevo I Spit on your grave olvida su papel de mantis religiosa que se acerca a sus víctimas con la promesa de sexo fácil para acabar deborando sus cabezas, y se convierte en una simple, pero muy efectiva, alumna aventajada del Jigsaw de la saga Saw. Se sustituye el papel del sexo como detonante de la violencia, por la violecia pura y dura adornada con fuegos artificiales. Cada acto de violencia, cada muerte, cada peldaño en la escalada de violencia, se convierte en una sádica y rocambolesca muestra de tortura y agonía en la que la credibilidad o la “naturalidad”, aspectos presentes en la obra original, desaparecen por completo. Violencia como espectáculo. Mutilación como dogma de fe. Regreso al grand guiñol en su versión más estética y contemporánea… rozando la escatología del torture porn.

Es más que evidente que se traiciona el espíritu e incluso el mensaje (la debilidad del hombre frente al poder sexual de la mujer) del I Spit on your grave original; lo cuál podría llevaros a pensar que un servidor estaría plenamente dispuesto a mandar al infierno el remake que hoy nos ocupa. Pero en este caso hay un factor que juega en contra de la lógica (o al menos de mi propia lógica). Una razón que me lleva a salvar el remake de I Spit on your grave de la quema a pesar de atreverse a equiparar un clásico del rape&revenge con la más vulgar de las secuelas de Saw: la venganza perpretada por la protagonista me acabó resultando terriblemente divertida. Cada uno de los asesinatos de la segunda mitad de la película, sádicos, retorcidos, sangrientos, exagerados, afines al torture-porn… fueron una auténtica gozada. Sin el poso ni las dobles lecturas que pueda proporcionar un exploit del calibre del I Spit on your grave original, pero absolutamente eficaz a la hora de alcanzar sus objetivos: un poderoso espectáculo de sadismo y violencia que conviene disfrutar intentando olvidar cuáles son sus orígenes (pese a lo que acabáis de leer en la presente reseña, os recomiendo no establecer demasiadas comparaciones entre la película original y su remake).

Os recomiendo gozar sin complejos del nuevo I Spit on your grave. Y para todos aquellos que todavía no hayais visto la original de 1978… os la recomiendo con mayor vehemencia si cabe.

Lo mejor: La venganza. Pese a traicionar el espíritu de la película original, resulta tremendamente divertida.

Lo peor: Sigue estando por debajo de la pieza original.

AUTOR: Joan Lafulla  |  PUBLICADO: 25/04/11  |  CATEGORIAS: ,

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Amer

Caleidoscópico despertar sexual

Amer Poster

  • Título original: Amer
  • Nacionalidad: Francia, Bélgica | Año: 2009
  • Director: Hélène Cattet, Bruno Forzani
  • Guión: Hélène Cattet, Bruno Forzani
  • Intérpretes: Cassandra Forêt, Charlotte Eugène Guibeaud, Marie Bos
  • Argumento:Tres momentos clave en la vida de Ana, tres despertares sexuales a diferente edad que navegan entre la violencia de la realidad y la alucinación cromática de los sueños

LA VALORACIÓN:

73 |100

Estrellas: 3

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La primera pregunta a la que uno se enfrenta cuando comienzan los títulos de crédito de Amer es: ¿estoy viendo una película del 2009 o este sofá tiene la capacidad de viajar hasta los años setenta cual Delorean tuneado? Uno capea tan estúpida cuestión como puede y se dispone a ver una secuencia de imágenes, sin apenas diálogos, con la mente lo más abierta posible. Al poco, llega la sorpresa ante la potencia visual de los cuidados planos, ante cada enfoque estratégicamente dispuesto y frente a una etérea fotografía, más propia de un mal sueño que de una película.
Continuamos nuestro visionado y nuevas preguntas nos acosan cuando nuestra mente racional acomete el intento de interpretar las diferentes escenas y las obsesiones que estas reflejan. ¿Intentará el director expresar alguna rara metáfora con los abundantes primeros planos de los ojos de los actores? ¿Esta despreocupación por hilar los fotogramas en una secuencia lógica, es un insulto a nuestro inteligencia, encomiable acicate por despertar nuestros sentidos dormidos, o solo una distracción para esconder el discurso vacío de Amer? Confuso, mejor dejarse llevar por la espectacular atmósfera malsana que empapa el metraje de este homenaje al giallo italiano de los setenta. Olvidémonos de tramas y diálogos que aclaren lo expresado en pantalla, nos abandonamos a la debilidad física impuesta por el mundo onírico y sensual que esta película franco-belga despliega sin dificultad, aunque con un estilo experimental que a ratos puede resultar tan molesto como pedante…

Hélène Cattet y Bruno Forzani cogen el toro por los cuernos, escribiendo y dirigiendo esta metáfora sobre el despertar sexual femenino, su plenitud y las diferentes obsesiones que componen la mente de un ser humano. Algo de frustración emana de los personajes pero no os puedo asegurar que mis interpretaciones sean validas en un contexto tan psicodélico.
En este discurso demasiado ambicioso, y que a mi entender se queda en el camino a la hora de trasladarnos las alegorías sexuales que insinúa, se utiliza un lenguaje visual críptico y exagerado, en puro y directo homenaje a las primeras cintas de Dario Argento. Pero no nos engañemos, no estamos tratando con un giallo al uso; digamos que utiliza toda la imaginaria del controvertido subgénero italiano, de fuertes connotaciones góticas y románticas, pero solo en el sentido de ejercicio de estilo. Desde el principio la confusión se hace reina de un desarrollo argumental que no existe. Circunstancia, que a pesar de mi escaso conocimiento sobre el giallo italiano de los setenta, nunca me ha parecido el único leitmotiv del mismo. En Amer falta una vuelta de tuerca más en el plano psicológico; sin lugar a dudas, antaño tenía más peso el desarrollo de personajes y del misterio, fuese cual fuese, en el que se basaba el guión. Sin embargo, Amer se presenta únicamente como un viaje alucinatorio de primer orden, un descenso al surrealismo más artístico. Un viaje, que aún sin trasfondo, recorremos en compañía de Ana, su protagonista, a través de tres momentos claves en su vida. Un periplo que nos descubre lo intenso de la sexualidad femenina y la floración de unos encantos que igual que una planta carnívora; atraen y asustan a partes iguales…

Pubertad

La pequeña Ana vive en el viejo caserón familiar con sus padres, una misteriosa ama de llaves y el cadáver de su abuelo. Entre el miedo inspirado por los oscuros pasillos de la casona y el olor dulzón proveniente de la habitación del abuelo, la laxa barrera que separa la realidad del sueño envuelve a Ana dominándola. Bajo este ambiente enrarecido, va descubriendo lo que significa ese calor naciendo desde el bajo vientre. Incluso intenta entender mejor a madre, su incontrolada agresividad y su mediterránea belleza. Aunque sola y poco dada a hablar, se hunde en un mundo mágico propio, de vividos colores y sedosas emociones, donde la única compañía proporcionada por las muñecas desconchadas del baúl no la protege de la macabra influencia del ama de llaves, siempre cubierta por un velo de encaje negro, en perpetuo luto…

Convenientemente dividida en tres partes de duración similar y que corresponden con tres edades de Ana bien diferenciadas, nos encontramos que Amer no esconde sus cartas en ningún momento: “esto son imágenes inconexas que bien puedan tener sentido o no”, parece estar diciendo orgullosa. A este respecto el primer fragmento podría ser incluso el que más historia tuviese de los tres. Y sin embargo, lo único rescatable y coherente está escrito en el párrafo anterior. Pero insisto, esta cinta expresa sensaciones, es un canto de sirena para nuestra vista, oído e incluso tacto. Un intento de simular la privación sensorial y su principal efecto: percepciones imaginarias.
Nos sumergimos en la delirante alucinación capaz de provocar fuerte excitación sexual y horror al mismo tiempo. Un deseo erótico provocado por la estimulación de las zonas erógenas ante el relajamiento de nuestra mitad racional y un terror que viene de la mano junto a la pérdida de control frente a lo que nos rodea. Los efectos de sustancias psicotrópicas químicas serían muy similares a las reacciones que buscan provocar Hélène Cattet y Bruno Forzani con su cinta. No obstante, siempre he pensado que una película no es una droga y esto no juega precisamente a favor de Amer, quedándose solo en un mero efectismo visual. Llega incluso a resultar molesto tener que estar continuamente “interpretando” el significado de lo que ves y no llegar a ninguna conclusión lógica pero claro, ¡es qué no existe ningún tipo de coherencia interna, dentro de esta película, más allá de la imaginada por el espectador! Si dejamos de buscar explicaciones para sumergirnos en la vorágine colorista que se nos propone, podremos disfrutar de un proyecto que, desde luego, es único dentro del cine fantástico actual…

Bien, si no tenemos diálogos, tampoco profundidad en los personajes y ni siquiera una historia lineal que narrar… ¿qué narices nos queda en Amer? Pues algo ahí, resulta difícil de explicar pero si alguna vez habéis estado un buen rato mirando embobados por un calidoscopio sabréis disfrutar de esta cinta. Os hablo ni más ni menos de la magia hipnótica de las imágenes. El trabajo de fotografía busca atraparnos dentro de un cuadro en movimiento, intentando jugar con el morbo de lo prohibido, ya sea por tabúes morales o religiosos, y con la atracción e influjo de la inocencia infantil que todo lo ve sin prejuicios.
Interesante a este último respecto es la presencia del abuelo muerto, más como una puerta al pasado que como una presencia terrorífica, y justamente recayendo el peso del horror, de lo “amenazante”, en la figura eternamente cubierta de negro del ama de llaves. Es justamente en el último tramo de esta sección donde encontramos la mayor explosión de colores y por ende el mayor tributo a Suspiria. Resulta muy interesante ver a Ana cubierta de agua bajo un intenso filtro rojo que nos hace preguntarnos si estamos ante su primera noche menstrual, o visionar la imaginaria resurrección del abuelo muerto bajo el filtro verde de lo vegetal, lo eterno. Tampoco quedan atrás, en cuanto a potencia gráfica, los encuentros sexuales entre los progenitores de Ana, que le desvelan el sexo como algo extremo donde el dolor y el placer se conjugan en un éxtasis profano.

Adolescencia

Ana da un paseo con su madre hasta la tienda del pueblo, es plena primavera y las mejillas de las dos mujeres están sonrosadas por la vida, la energía y la sangre. Hacía tiempo que no bajaban y los ocultos ojos en las viejas y solitarias calles del pueblo observan lascivos las lozanas curvas del cuerpo en ebullición de Ana, enfundada en un corto vestido que ya no puede disfrazar de niña a la mujer que lo viste…

Este segmento quizás sea el de menos contenido y por ende el menos interesante. Se trata tan solo de un sencillo paseo por el pueblo, en el que Ana va luciendo su cuerpo recién “florecido”, exudando sexo y provocando diversas reacciones en los hoscos habitantes del pueblo. Digamos que frente al enfoque del sexo claramente tétrico en el primer capítulo, aquí encontramos una aproximación primaveral y optimista aunque no exenta de un halo de inquietud provocado por el aparentemente hostil villorrio. ¿Se puede mezclar una ambientación lovecraftiana con cierto erotismo perverso y envolverlo todo en aires claros y mediterráneos? Bueno, pues parece que sí, porque dentro de lo naif de este retazo de veinte minutos encontramos muchos pasajes sugestivos y de, una vez más, fuerte atractivo estético.
Tal vez lo más destacable de esta sub-historia sea su tema sonoro central, una pieza pícara que acentúa soberbiamente el morbo que exuda por los cuatro costados la bella Ana, interpretada por una primeriza Charlotte Eugène Guibeaud que me recordó, con su continuo mordisqueo de pelo, aquellas clases de francés en el instituto… ¡Ah! ¡Juventud divino tesoro!

Madurez

Ana, ya toda una mujer, vuelve a la mansión de sus padres. Puede que tenga una cita allí con alguien o solo quiera reencontrarse con los fantasmas de su sexualidad. Independientemente de sus intenciones, alguien la espera. Las velas están dispuestas y las manos enguantadas juguetean con el filo de una navaja a la espera de enseñar los dictados de la carne y la sangre

Llegamos al capítulo final con la esperanza de comprender la relación de Ana con su madre y con ansias por saber que fue de la tenebrosa ama de llaves que bien pudiera ser una bruja. También guardamos en secreto la esperanza de ver detonar toda la tensión que la hora anterior se ha encargado de generar a base de atmósfera, atmósfera y atmósfera. Al menos, en esto último si que tendremos lo que deseamos, un “impersonator” de Dario Argento toma finalmente la batuta y nos muestra que el terror más eficaz es el no descrito; tan solo dos manos, una navaja y el continuo acoso sobre Ana.*
Ésta es por fin una mujer y una mujer de bandera, cuya belleza ilumina los pasillos polvorientos y abandonados del enorme caserón. Sin una progresión lógica, tanto de su ubicación física como de sus reacciones ante “eso” que vagabundea ávido de sangre por las estancias desangeladas de la casa, acompañamos a Ana en sus momentos postreros. Siendo el segmento más complicado de seguir y donde los extremos primeros planos nos impiden saber que diablos está pasando realmente, se me hizo curiosamente el más siniestro y encomiable de todos. No solo por su extraño y abierto final, no solo por alcanzar los efectos sonoros su cenit en cuanto a la generación de agobio, si no también por la esplendora masturbación que Ana, esta vez interpretada por Marie Bos, se concede en la bañera mientras su muerte acecha cerca, muy cerca. Un momento exquisito donde se conjuga lo imposible con lo extraordinario, como si estuviéramos viviendo una pesadilla húmeda junto a la protagonista. En el aspecto de inmersión, este segmento (y si seguimos suspendiendo por veinte minutos más nuestra capacidad de razonamiento) se lleva la palma y, aunque tendrá sus detractores, las preguntas que deja en el aire me parecen más interesantes que cualquier guión ideado por Christopher Nolan

Conclusión: La Muerte

Desconozco si mis alteradas percepciones os ayudaran a la hora de decidiros por Amer o no. Ni siquiera sabría si recomendársela a mis amigos o a mis enemigos. Resulta complicado sacar conclusiones claras y definitivas sobre este proyecto, insisto, experimental. He sido conscientemente moroso a la hora de dar detalles técnicos, y os aseguro que sus valores de producción están a muy alto nivel. Tampoco he querido dar impresiones basadas en cánones asociados comúnmente al séptimo arte, ya que no estamos hablando de una cinta “comercial” precisamente. Me parece correcto acercarse a Amer con una perspectiva más fotográfica o incluso pictórica, pero desgranar los aspectos de actuaciones, montaje o dirección en esta especie de ente vivo… bueno, es que ni siquiera me atrevo ante tamaño cacao que ha generado en mi pobre cerebro.

Tomaros la nota con calma, mirar el trailer, contemplad cuatro ojos insomnes de distintos colores, dejad reposar la absenta en la copa de cristal y luego, solo si vuestro corazón os lo pide, experimentar. ¿Cómo? Visionando Amer.
Yo solo espero encontrarme con Ana en mis sueños esta noche, y desconozco si esa posibilidad me excita o me aterra…

Lo mejor: El innegable tributo a un cine, el giallo, totalmente conseguido. Un desarrollo visual hipnótico, malsano, sensual y acompañando a esta explosión de imágenes, una ambientación sonora de pesadilla... solo hay que dejarse llevar

Lo peor: Más allá de interpretaciones personales, es innegable una falta de discurso, una ausencia de contenido argumental alarmante, que vestida de colores y bonito artificio puede resultar a ratos pretenciosa y pedante

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Amer” en VOSE.

AUTOR: Bob Rock  |  PUBLICADO: 06/12/10  |  CATEGORIAS: ,

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Holocausto Canibal

Los controvertidos antropófagos de Ruggero Deodato

Holocausto Canibal

  • Título original: Cannibal Holocaust
  • Nacionalidad: Italia | Año: 1980
  • Director: Ruggero Deodato
  • Guión: Gianfranco Clerici, Giorgio Stegani
  • Intérpretes: Robert Kerman, Francesca Ciardi, Perry Pirkanen
  • Argumento:Un antropólogo viaja hasta el corazón del Amazonas para recuperar unas cintas de video que desvelarán el paradero de unos periodistas desaparecidos.

LA VALORACIÓN:

69 |100

Estrellas: 4

Holocausto Canibal

Hoy recuperamos la olvidada sección “Horror Revival” con Holocausto Caníbal. Esta reseña fue publicada originalmente en el blog amigo Dioses y Monstruos, dentro de un fabuloso especial sobre falsos documentales.

Si en alguna ocasión topais de frente con una de esas listas prefabricadas que establecen el top ten de las películas más controvertidas de la historia del cine, es más que probable que entre las cinco primeras figure el título de Holocausto Caníbal.

En 1979, el director italiano Ruggero Deodato rodó Holocausto Canibal (Cannibal Holocaust), su segunda incursión en el género canibal tras Mundo Caníbal, Mundo Salvaje en 1976.

Holocausto Canibal cuenta la historia de Monroe, un antropólogo que viaja al corazón del Amazonas en búsqueda de cuatro reporteros desaparecidos meses antes tras desplazarse hasta el denominado “Infierno Verde”, dispuestos a rodar un reportaje sobre los supuestos comportamientos antropófagos de las tribus locales.
Monroe se gana la confianza de la tribu de los Yanomani y logra que le entreguen las grabaciones de video que el grupo de reporteros llevó a cabo durante su estancia en la selva.
Tras analizar cuidadosamente las grabaciones, Monroe recomienda a los ejecutivos del canal de televisión que pretende emitirlas, que cesen en su empeño. Monroe califica las imágenes de obscenas, inhumanas y no aptas para presentarlas al gran público. Sin embargo no consigue convencer a los ejecutivos, quiénes deciden, finalmente, contemplar por sí mismos el contenido de las grabaciones.

La reacción de la sociedad italiana y de sus poderes fácticos tras el estreno de Holocausto Canibal fue, prácticamente, inmediata. Famosa es la anécdota de la carta que el gran Sergio Leone (La muerte tenía un Precio, Por un puñado de dólares) le remitió a Deodato tras el visionado de la película, en la que, entre otras cosas le decía: “Querido Ruggero, ¡qué película! La segunda parte es un obra maestra del realismo cinematográfico, pero todo parece tan real que creo que te meterás en varios problemas”. Y así fue. Los problemas no tardarón en llegar, y Holocausto Caníbal fue retirada de las salas de cine diez días después de su estreno en Milán el 7 de Febrero de 1980. La polémica estaba servida…

Sobre la obra de Deodato recayó la sospecha de tratarse de una auténtica snuff movie, en la que los cuatro reporteros perdieron realmente la vida en la selva amazónica. Deodato, sin duda alguna, no era ajeno a dicha polémica. Más bien todo lo contrario. Su intención al rodar una película como Holocausto Canibal (más allá de posibles dobles lecturas) siempre fue conseguir que el público creyera que todo el horror que estaba contemplando en la pantalla era real. Que todo lo que cuenta Holocausto Caníbal ocurrió realmente. A ello contribuía el estilo de falso documental (heredado de las mondo movies de principios de los 70) y unos efectos gore que, si bien no son tan extremadamente realistas como se ha afirmado en algunas ocasiones, si resultaron absolutamente efectivos en su época (en España, la revista Interviú publicó un extenso reportaje en el que se presentaba la película como si fuera un documental real).
La prueba definitiva de que Deodato era plenamente consciente del brutal impacto que su película podía tener en la sociedad italiana de la época, la encontramos en el contrato que hizo firmar a los cuatro actores que interpretaban a los reporteros, en el que estos se comprometían a no aparecer en ningún medio público durante el año posterior al estreno de Holocausto Canibal.

Por supuesto, pese a que Deodato pudiera prever que su película estaba destinada al escándalo y la polémica, posiblemente la magnitud de las reacciones surgidas en contra de la película le acabara cogiendo por sorpresa. Cuando la justicia italiana tomó cartas en el asunto, Deodato no tuvo más remedio que acudir a un programa de televisión y mostrar al gran púlbico a sus cuatro protagonistas… vivos.
Peor lo tuvo cuando intentó demostrar ante las cámaras el trucaje que se escondía tras la famosa secuencia de la indígena empalada (mi primer recuerdo de Holocausto Caníbal es el de un VHS del video-club de barrio que, siendo un crío, jamás me atreví a llevarme a casa por culpa de su atroz carátula, en la que se mostraba a la mencionada chica empalada). Por más que lo intentó, Deodato no convenció a nadie a la hora de explicar el trucaje, lo cual, unido al hecho de que la chica en cuestión jamás apareció ante los medios, provocó que las dudas ante la veracidad de las imágenes de Holocausto Canibal persistieran en algunos sectores.

Una vez despejada la duda de la integridad de sus protagonistas, Holocausto Canibal tuvo la oportunidad de continuar su carrera comercial, con resultados más que aceptables.

Pero el paso del tiempo no hecho disminuir el carácter polémico de la propuesta cinematográfica de Deodato. Sus muchos detractores siguen considerándola basura fílmica. Un film que, agazapado tras un supuesto mensaje social, apela únicamente al asco y al morbo del espectador, ofreciendo un amplísimo abanico de abusos sexuales, violaciones, torturas, asesinatos, antropofagia y sacrificio real –esta vez sí- de animales (algo que Deodato jamás negó y que en ocasiones intentó justificar afirmando que después de matarlos, se los comían; o incluso afirmando que la inclusión de las escenas en las que se mataban animales –tortugas, monos, arañas… – respondía a la demanda del público asiático de dichas imágenes ¿?. Tras su estreno en Japón, Holocausto Caníbal se convirtió en la segunda película más taquillera en el país del sol naciente, tan sólo precedida por el E.T. de Spielberg).

Por otro lado, sus muchos defensores siguen considerando Holocausto Canibal como una inteligente denuncia de la opresión del hombre civilizado hacia el tercer mundo, y de la violencia y el morbo como fines perseguidos y alentados por los medios de comunicación. Incluso hay quiénes han querido ver en Holocausto Canibal un documento válido, desde un punto de vista antropológico, sobre el comportamiento de las tribus caníbales de determinadas zonas de la selva amazónica, algo que no se sostiene por ningún sitio.

Personalmente siempre he creído que Rugero Deodato demostró con Holocausto Canibal ser un tipo muy listo. Desde un punto de vista cinematográfico su obra siempre me ha parecido impecable. Si su objetivo era construir una gran controversia a través de unas imágenes de violencia extrema que muy probablemente provocarían dudas sobre su veracidad en el público de la época, es evidente que su habilidad y su sabiduría como cineasta puestas al servicio de Holocausto Canibal están fuera de toda duda. En este sentido, su decisión de hacer girar el guión de la película en torno a la recuperación de un material grabado en plena jungla (un material grabado cámara en mano y con un tono documental) siempre me ha parecido sencillamente magistral. Por mucho que hoy en día el tema de la cámara en mano y el falso documental nos parezca un recurso más (incluso sobreexplotado en los últimos tiempos), lo cierto es que la maniobra de Deodato, uniendo los principios sensacionalistas del mondo y el exceso y la náusea del gore, resultó totalmente innovadora y tremendamente eficaz en el momento en que se estrenó Holocausto Canibal (todo un precursor de La Maldición de la Bruja de Blair).

Si su intención era esconder un gore malsano e irresponsable bajo un manto de denuncia social que, de algún modo, mitigara el cúmulo de barbaridades que estaba a punto de mostrarle al mundo… objetivo más que cumplido. El mensaje de denuncia está ahí. Corresponde al espectador decidir si lo acepta como un mensaje apto, asumible; o si la crudeza e injustificación de sus imágenes (especialmente el maltrato a animales) invalidan cualquier tentativa de mensaje.

Y si únicamente quiso ofrecerle a los espectadores un gore radical, una película difícil de olvidar y una obra cuya capacidad de crear polémica sobreviviera, con fuerza, al paso del tiempo, no hay nada que reprocharle a Deodato.

Por mi lado tan sólo me queda recomendar la película… y después que cada uno decida.

Lo mejor: Su capacidad, todavía hoy vigente, para crear controversia

Lo peor: El sacrificio real de animales

AUTOR: Joan Lafulla  |  PUBLICADO: 21/10/10  |  CATEGORIAS: ,

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Run! Bitch Run!

A vueltas con el Rape&Revenge... otra vez

Run Bitch Run

  • Título original: Run! Bitch Run!
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Joseph Guzman
  • Guión: Robert James Hayes II
  • Intérpretes: Cheryl Lyone, Peter Tahoe, Peter Tahoe
  • Argumento:Dos jovencitas católicas venden biblias a lo largo y ancho de la América profunda. No tardarán mucho tiempo en llamar a la puerta equivocada.

LA VALORACIÓN:

57 |100

Estrellas: 3

Run Bitch Run

Dos guapas jovencitas de blusa blanca, minifalda plisada de cuadros escoceses y medias hasta las rodillas (fetiche de padre y muy señor mio), viajan por la america profunda arrastrando un carrito repleto de biblias y recaudando donativos para las monjas del orfanato en el que se han criado.
Es tan sólo cuestión de tiempo que llamen a la puerta equivocada…

Atentos al siguiente listado: masturbación, sexo lésbico, felaciones, putas, bailarinas de streaptease, drogas, culos y tetas, muchas tetas (dos por chica). Si no me equivoco, una anciana poco hospitalaria es la única integrante del elenco femenino que no se apunta al “destete” generalizado ofrecido por Run! Bitch Run!.

Pero que nadie se excite más de lo estrictamente necesario. Pese a que el sexo es uno de los ingredientes fundamentales de este homenaje al rape&revenge setentero, al sexploit y al grindhouse, no debemos olvidar que se trata de una película norteamericana (independiente, sí… pero norteamericana al fin y al cabo), lo que viene a significar que, en cuestiones sexuales, la sangre nunca llega al río (aunque Run! Bitch Run! se sitúa, en dichos menesteres, unos cuantos peldaños por encima de la mojigatería de Bitch Slip).

Run! Bitch Run! es el enésimo intento (ver No Moriré Sola, Chaos u Hora) de recuperar el sabor y el aroma del rape&revenge norteamericano que causó furor en los años 70. Los principales referentes son los de siempre, los dos pilares del subgénero: La última casa a la izquierda de Craven, y La Violencia del Sexo, de Meir Zarchi.

El desarrollo también es el habitual. En mitad de un bosque, y al grito de “corre, puta, corre” que da título a la película, la joven y devota Carolina es abandonada, cazada y brutalmente violada por un sádico proxeneta que responde al nombre de “lobo” y sus degenerados secuaces.

Los asaltantes, una vez más, cometen el funesto error de dar a Caroline por muerta antes de tiempo. Un error que les costará muy caro. Tras recuperarse de sus heridas físicas – al tiempo que se agravan las secuelas psíquicas -, nuestra protagonista emprenderá un largo y tortuoso camino por la senda de la venganza, que deberá igualar (y en la medida de los posible, superar) el umbral de crueldad y violencia al que ella misma se vio sometida con anterioridad.

Son, como podéis observar, las reglas sagradas del Rape&Revenge, y Run! Bitch Run! las cumple todas a rajatabla.

Desde un punto de vista formal, la labor del debutante Joseph Guzman (mucha atención al título de su próximo proyecto: “Nude Nuns with Big Guns”… algo así como “Monjas desnudas con enormes armas”) es impecable. La fotografía sucia y polvorienta, la tendencia jovial al sexploit, la violencia, la acertadísima selección musical… todo, absolutamente todo en Run! Bitch Run! nos transmite una sensación veraz de estar ante una auténtica muestra del Rape&Revenge setentero, y no ante un mero homenaje filmado 40 años más tarde.

Pero si el acercamiento formal de Run! Bitch Run! al rape&revenge de los 70 tan sólo puede catalogarse de acertadísimo, no puede decirse lo mismo de su contenido y su desarrollo. El rape&revenge tiene dos componentes fundamentales: el sexo y la violencia.
De sexo Run! Bitch Run! anda muy bien servida (aunque siempre teniendo en cuenta lo dicho al principio: no deja de ser una película norteamericana). Run Bitch Run nos sumerge en un universo hostil y feista poblado por putas, prostitutas, colegialas, monjas, enfermeras (segundo fetiche de padre y muy señor mío), psicópatas y violadores… y todos ellos parecen esperar su momento para mostrarse impúdicos y guarrotes ante las cámaras. Nada que objetar (al menos por mi parte).

Por desgracia, cuando atendemos al segundo elemento (quizás el más importante) del Rape&Revenge, la violencia, la fiesta decae, y Run! Bitch Run! acaba perdiendo a los puntos. Tan sólo es necesario observar la secuencia del bosque, en la que la protagonista es asaltada y violada por una pandilla de energúmenos, para darnos cuenta de que, en cuestión de violencia, y en capacidad para epatar e incomodar al espectador con la exposición de la misma, Run! Bitch Run! queda muy por debajo de sus hermanas mayores: La Última Casa a la Izquierda y La Violencia del Sexo.

Y lo mismo puede afirmarse de aquellas secuencias en las que la protagonista emprende su larga travesía de venganza. A causa de la falta de ritmo con las que Joseph Guzman rueda las secuencias de violencia, de la desconexión que existe con la mayoría de los personajes secundarios (cuya presencia tan sólo se justifica por el hecho de mostrar cuanta más carne mejor), y por la poca simpatía y el poco afecto que despierta el personaje principal de Carolina… el desarrollo de Run! Bitch Run! acaba volviéndose monótono, excesivamente rutinario, sin apenas sorpresas ni grandes momentos que sean dignos de mención. Todo deviene un mero “enseña tus tetas y muere” en el caso de las víctimas femeninas, y un “fóllate –o maltrata- a una puta… y muere” en el caso de las víctimas masculinas. Y al principio el asunto no resulta del todo desdeñable, pero la cosa va perdiendo muchísimo interés a medida que pasan los minutos.

Es una verdadera lástima. A tenor de su excelente factura estética Run! Bitch Run! tenía muchos números para ser considerado el revival definitivo del Rape&Revenge. Sin embargo, su desarrollo excesivamente previsible y, en ocasiones, complicado de soportar, provoca que Run! Bitch Run! llegue al final muy justita de fuerzas…, y lo mismo le ocurre al espectador (llega maltrecho y cansado al final de la historia), incluso a un fanático confeso del rape&revenge como lo es un servidor.

Run bitch run posters

Lo mejor: Sus imágenes respiran el ambiente del rape&revenge setentero.

Lo peor: Sus nivel de violencia no es el óptimo y el ritmo es algo cansino.

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Run! Bitch Run!” en VOSE.

AUTOR: Joan Lafulla  |  PUBLICADO: 30/04/10  |  CATEGORIAS: ,

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Black Dynamite

Dynamite! Dynamite! Dynamite!

Black_dynamite_review

  • Título original: Black Dynamite
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Scott Sanders
  • Guión: Michael Jai White, Scott Sanders, Byron Minns
  • Intérpretes: Michael Jai White, Salli Richardson, Byron Minns
  • Argumento:Black Dynamite ex-agente de la CIA vive en semi retiro dedicándose a sus labores. Lamentablemente, la muerte de su hermano, le hace partir en busca de venganza inundando de sangre el ghetto que el avieso "The Man" se ha empeñado en contaminar con su droga

LA VALORACIÓN:

75 |100

Estrellas: 4

Rebuscad en los armarios, tal vez alguno tenga pantalones de campana y camisas de Tony Manero. Chicas, acaparar todos los botes de laca que seáis capaces, esta noche toca pelo cardado y ponerse muy sexy. Deja que el funky mueva tus piernas, que el soul derrita tu corazón. Nena, hasta que salga el sol solo habrá baile, acción, plataformas, sexo, kung-fu y…¡¡Dynamite!!

Conste primero que esta reseña parte del cachondeo y buen rollo que inspira cada minuto de Black Dynamite Se trata una película que se toma muy poco en serio a ella misma y los temas que trata, por lo que es difícil evaluarla seriamente y en profundidad.

En los setenta, proliferó una corriente cinematográfica en EEUU, conocida como blaxplotation. Generalmente se trataba de películas rodadas por gente negra para gente negra. Habitualmente centradas en las zonas urbanas afro americanas y sus problemáticas. Alguno de los títulos que me vienen a la cabeza son Blacula y Dolemite Actualmente piezas de culto y, sobre todo, reivindicadas en la última década por Quentin Tarantino. Que nunca ha podido negar que le hubiese gustado rodar una de aquellas blaxplotation (Vease Jackie Brown y sus bostezantes resultados). Y aunque Mr. Tarantino ha demostrado con creces su sentido del humor, nunca hubiese podido hacer una parodia convincente de este género. Y es que con el tiempo y la perspectiva, los géneros de cine minoritarios invitan a verse con nostalgia y buen humor. Si no fijaos la serie de comedias que están surgiendo en los últimos tiempos, cuya premisa es echarse unas risas a costa de los tópicos de determinado cine. Unas más dignas que otras, comparase Bitch Slap con Epic Movie, por ejemplo.

Black Dynamite., es una parodia; una caricatura bien dibujada de Shaft. No tan extrema como lo pudiese ser Aterriza como puedas, pero una parodia al fin y al cabo de todos y cada uno de los tópicos del cine negro (y no habló de detectives privados) de los setenta. Partimos de un argumento típico de aquella época:

Black Dynamite (Michael Jai White) es un ex agente de la CIA retirado que ocupa su tiempo en arreglar los problemillas del barrio (Si un chulo no quiere pagar a sus muñecas, ¿a quien llamarás?), dar clases de kung-fu y satisfacer a los cientos de bellezas que pasan por su cama. Su vida transcurre en relativa calma hasta que su hermano muere acribillado a balazos. Black Dynamite juró ante su madre moribunda que siempre cuidaría de su hermano. Muy cabreado y con los músculos bien aceitados se dispone a inundar de sangre criminal el ghetto, en busca de aquel que mató a su brother.

Por si fuera poco para nuestro héroe, alguien ha inundado el barrio de heroína. Los niños en los orfanatos estás enganchados al “jaco”, la poli lo controla y un misterioso enemigo intenta acabar con el por todos los medios.

Forzado a unir sus fuerzas con proxenetas, luchadores por la liberación negra y lo más granado del barrio, se embarca en una cruzada repleta de conspiraciones, luchas a puño descubierto, tiroteos, pedales wah-wah, trafico de armas, prostitutas, nunchakus e incluso Richar Nixon. ¡¡Por qué si le tocas las narices a este negro ya las puedes dar por partidas!! ¡Dynamite!

Vale, el argumento es solo una excusa para hora y media de tontuna, disparos y golpes; pero quien se acerqué a esta película buscando algo más; quedará seriamente defraudado y puede que hasta trastornado. El guión que corre a cargo del propio actor protagonista, Byron Minns (un co-protagonista) y el director Scout Sanders, lejos de ser sencillo, se demuestra prodigo en el intento de arrancarnos carcajadas a base de gags, que incluyen desde momentos impagables que me recordaron a los Monty Python, la escena donde se descubre el complot que asola al ghetto es de un humor atemporal que trasciende incluso el marco y las restricciones del genero que parodia, hasta peleas de kung-fu absurdas aunque muy bien orquestadas (todo hay que decirlo). En definitiva, a pesar de que la línea argumental sea algo pobre, el guión está muy bien hilado y solo hace falta ver la cantidad ingente de personajes que salen (y todos con su frase ó momento de “gloria”) para darse cuenta del trabajo que hay detrás de…¡Dynamite!

Las dos primeras cosas que brillan con luz propia en esta producción son su protagonista y la recreación de todos los elementos que rodeaban a una producción de los primeros setentas.
Jai White está que se sale. Se come (casi literalmente) cada fotograma en el que aparece. Continuamente lo vemos cabreado, violento, cachondo, sarcástico y, por encima de todo, seductor. La faceta de amante de Black Dynamite es una de las que mas gracia me hicieron. Con el mismo toque misógino que las películas que parodia (y no lo entendamos nadie como un insulto, si no como una broma), nuestro protagonista es una autentica maquina de amar. Cada vez que una mujer esta en el mismo plano que el, sentimos una fuerza gravitacional que surge de su cuadrado cuerpo de ébano haciéndonos girar a su alrededor. Vale, estoy exagerando; pero por momentos hasta yo me sentí casi seducido.
Yo solo conocía a este actor por su papel protagonista en la deplorable Spawn y un secundario en, la reciente, El caballero oscuro. Que pena que el cine de acción no pase por su momento más divertido, porque este hombre junto a Jason Statham compondrían la Buddy Movie de acción más cachonda de esta nueva década.
Realmente sorprende la bis cómica que desarrolla Jai White. Resultando comedido, nos brinda unos diálogos, gestos y miradas que destilan sarcasmo e ironía; amen de credibilidad. Digamos que no interpreta realmente a Black Dynamite, si no al actor que toma el papel del personaje dentro de la grabación. Porque aquí es donde entra el otro elemento destacado por meritos propios: El homenaje puro y duro a las blaxplotations y las personas que filmaban estos subproductos.

¿Qué características visuales marcaron el cine afro americano de los setenta?

La estética: Pelos afros, vivos colores, plataformas y escotes generosos. En Black Dynamite tenemos en la estética, precisamente, el punto más fuerte. El vestuario es sencillamente perfecto. Digno de cuantos premios se puedan dar. No en vano corre a cargo de Ruth Carter, ganadora de dos Oscars por los vestuarios de Malcom X y Amistad. Atención que el trabajo de maquilladores y peluqueros no se queda atrás, siendo el maquillaje de la replica femenina de Dynamite, Gloria (Salli Richardson), el más destacado por su sencillez y eficacia.

La música: Una mezcolanza de Soul y Funky, apto tanto para bailar, para escenas de acción desenfrenada y, como no, para hacer el amor nena. Otro aspecto en el que esta producción da en la diana. Acompasada al ritmo de la narración (para bien y para mal), la BSO nos sumerge en un mundo descarado y divertido. Cuando le prestas un poco de atención a la música no puedes menos que sonreír y mover la cabeza como si estuvieras poseído. Reconozco que no es mi estilo de música pero es imposible resistirse al “groovy”, a la cadencia empalagosa de esas guitarras dándole al “waqua-waqua”. Destacar sonriente el tema central, parodia del de Shaft, y las decenas de veces que oyes extasiado esos…¡Dynamite!

Los gazapos: Micrófonos que se meten dentro de los planos, actores secundarios que no conocen bien sus líneas de guión, especialistas golpeados por error, fallos temporales. Cualquier blaxplotation (y películas de bajo presupuesto en general) que se precie, debe contar en su metraje con una buena dosis de estos errores. Aquí tendremos la cantidad justa, pero introducida en las escenas de la forma más cómica posible y como homenaje a su procedencia. Otro acertado punto. La verdad que son unos guiños simpáticos que lejos de desmerecer ó afear el resultado final, le dan su gracia a ciertos momentos. Sobre todo a los amantes de un tipo de cine que se hacía más con el corazón que con medios (¿Podría decir lo mismo Mr. Tarantino?).

La violencia: Igual es una opinión sesgada por lo que yo he visto, pero la blaxplotation siempre me ha parecido más que repleta de tiros, violencia, calles en llamas y justicia barriobajera. Obviamente no es lo mismo hablar de un Blacula que de un Dolemite, pero si las calles de un ghetto de los setenta no estaban “calientes” no eran nada. ¿Y qué hay de todo esto en Black Dynamite? Pues patadas, tiros, helicópteros explotando, shurikens e incluso una guillotina voladora (una de las armas preferidas de los ninjas en los ochentas); eso sí, todo desde la exageración más burda y cómica. La verdad que es impagable ver los movimientos de Jai White, una autentica maquina de repartir patadas al más puro estilo Bruce Lee. Y por si esto nos hubiera sabido a poco, también tenemos al típico profesor Shao-lin dispuesto a hacer morder el polvo a nuestro héroe…¡Dynamite!

El ritmo: Aquí es donde llegamos al gran pero de Black Dynamite. Incluso el film setentero más dinámico me ha parecido siempre falto de ritmo en comparación al cin e que se realizó después. Especialmente sangrante han sido siempre los espacios muertos entre pelea y pelea de las películas de vengadores callejeros. Si a esto le añadimos los paupérrimos presupuestos que manejaban las blaxplotations ya tenemos la típica cinta donde los cortes de edición son como un hachazo del medievo, los diálogos se eternizan, la linealidad se difumina (pero este sicario, ¿no estaba hace un microsegundo dentro del edificio?), etc, etc. Pues bien, Black Dynamite también parodia todo esto. Y con tanto acierto que las pegas de este ritmo extraño y saltarín, se copian igualmente. El tributo es agradable, pero durante todo el metraje se intercalan tantas escenas donde los actores simulan estar perdidos que al final llega a perderse algo de acción. Comprensible pero evitable, más dinámica y velocidad hubiese sido deseable para redondear el gran donut de chocolate que es…¡Dynamite!

Así, que en conclusión, tenemos una película que funciona como comedia a la perfección, con un actor que se sale, lo mires por donde lo mires. Decenas y decenas de detalles que hacen la experiencia todo un viaje en el tiempo sano y entrañable: la fotografía realista, los zooms desproporcionados, los trajes de colorines, el funky, las pelucas, el cameo de Arsenio Hall…
Multitud de guiños a un tipo determinado de cine, que cualquier cinéfilo aplaudirá a rabiar. Quizá peca de esa falta de ritmo que al principio se nos hace encantadora y finalmente, un poco pesada. Argumentalmente también se ve lastrada por su intención de homenaje: Por favor, las lectoras de Almas Oscuras no tengáis en cuenta el machismo propio de Black Dynamite, es el reflejo cómico de un pasado que afortunadamente no volverá. Pero los chistes funcionan casi en su mayoría y eso no es poco amigos.
¿Para qué ocasión sería ideal verla? Cualquiera con buenos amigos, buena cerveza, buen humor y sobre todo…¡Dynamite!

Lo mejor: Michael Jai White que esta superlativo y la estética general que nos traslada a un getto de los años setenta de forma realista y divertida.

Lo peor: El ritmo desastroso en algunos momentos. Donde por emular "glorias" pasadas se provoca la confusión y aburrimiento del espectador.

AUTOR: Bob Rock  |  PUBLICADO: 12/01/10  |  CATEGORIAS: ,

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Bitch Slap

Sangre, sudor y chicas de infarto

Bitch Slap

  • Título original: Bitch Slap
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Rick Jacobson
  • Guión: Eric Gruendemann, Rick Jacobson
  • Intérpretes: America Olivo, Julia Voth, Erin Cummings
  • Argumento:Tres despampanantes mujeres viajan hasta el desierto de Mojabe a la búsqueda de un botín valorado en dos millones de dólares.

LA VALORACIÓN:

78 |100

Estrellas: 4

Me gustaría dedicarle la reseña a nuestra queridísima amiga Mariana, que siempre ha sido mi voz de la conciencia en todo este asunto de Bitch Slap.

Llevo más de un año hablando de Bitch Slap. Fotografías de las chicas, portadas de revistas, videos promocionales, un teaser, dos trailers, más fotografías de las chicas, más fotografías de las chicas, más fotografías de las chicas…

Por fin he tenido la oportunidad de ver Bitch Slap y ya os puedo adelantar que he disfrutado como un niño (o mejor dicho, como un impúber adolescente con las hormonas revolucionadas) con este desvergonzado homenaje al sexploit norteamericano de los 70 cocido, a fuego lento, bajo el abrasador sol del desierto.

Tres chicas de infarto, Trixie, Hell y Camaro (sensacional America Olivo), se encuentran en mitad del desierto intentando sonsacarle a un pobre desgraciado al que tienen secuestrado, el lugar exacto en el que están enterrados unos diamantes por valor de dos millones de dólares.
La misión presenta sus dificultades. El mencionado tipo no parece muy dispuesto a colaborar, las chicas empiezan a desconfiar seriamente las unas de las otras, y un entrometido policia mete las narices dónde no le llaman.

El arranque de la película ya es toda una declaración de intenciones. Las tres chicas abandonan el coche que les ha traído hasta el desierto poniendo un especial énfasis en que sus generosos escotes, sus larguísimas piernas y sus ceñidísimos vestidos queden perfectamente visibles para el deleite de todos los espectadores (y me niego a distinguir entre espectadores masculinos y femeninos). Por supuesto, un exhaustivo recorrido por el cuerpo de las chicas, palmo a palmo, y a cámara lenta, nos ayudará a no perder detalle.

No hay necesidad de engañar a nadie. Bitch Slap ofrece, a grandes rasgos (y con un par de reproches que veremos más adelante) lo que prometía. Una historia justita de interés (aunque tampoco es una estupidez de las que te empujan a acordarte de la família del guionista) que se viene arriba gracias a tres imponentes chicas cuyos personajes responden a tres estereotipos sexuales carentes de toda sutileza: la bailarina de streap-tease frágil, delicada y de buen corazón; la fría y ambiciosa ejecutiva que antepone los negocios a los sentimientos; y la apasionada y aguerrida amazona que intentará ganarse el respeto a puñetazos.

Todas ellas llegan al dichoso desierto por caminos muy distintos.
A través de sendos flashbacks conoceremos los motivos que han llevado a cada una de las tres chicas a la delicada situación en la que se encuentran en la actualidad.
Son instantes en los que los colores saturados y los fondos generados por ordenador (gracias a sus compañeras de fechorías, las pantallas verdes) toman un absoluto protagonismo, ofreciéndonos una estética CGI no exenta de simpleza y cutrez pero que, lejos de perjudicar seriamente a la película, son un fiel reflejo del espíritu y el estilo del que hace gala Bitch Slap. Y por si su acertado acabado visual no fuera suficiente, estos flashbacks también nos deparan algunos de los momentos más desvergonzados y divertidos de la película, destacando un delirante homenaje a la saga de James Bond que tiene lugar en las montañas de los Alpes y la primorosa secuencia en el interior del convento. Impagables…

Pero regresemos al lugar dónde abandonamos a nuestras heroinas. El exploit cobra vida y se apodera de cada grano de arena del polvoriento desierto de Mojave. Sexo lésbico, violencia, armas, sangre, lenguaje impropio de un trio de ¿señoritas? y muchas curvas. Bitch Slap se sabe conocedora de su obligación de mantener muy alta la temperatura, y por si el sol abrasador del desierto no fuera suficiente para ello, se suceden secuencias tan demenciales como aquella en la que las tres chicas se entregan, en cuerpo y alma (sobre todo en cuerpo), a una sensual y lasciva batalla en la que no paran de arrojarse cubos de agua las unas a las otras (de nuevo a cámara lenta y sin perder detalle de cada centímetro de ropa empapada). El resultado… supongo que ya os hacéis una idea. ¿Una secuencia prescindible?¿Una secuencia que no aporta nada? No, en absoluto. Jamás dicha secuencia debería ser considerada prescindible o inútil en Bitch Slap, cuando en realidad forma parte de la propia idiosincrasia de la película. No entender esto significa darle escasas oportunidades de éxito a una película como Bitch Slap.

Para ser sincero Bitch Slap ni siquiera me parece una película sexista. ¿Por qué iba a ser sexista una película protagonizada por tres chicas de anatomía imponente que no tienen ningún reparo en golpear, disparar, engañar, escupir, usar su sexualidad, y patearle el culo a cualquier varón que ose hacerles frente? Las chicas de Bitch Slap son duras, violentas, sibilinas, mal habladas, sexys y terriblemente ambiciosas… ¿qué hay de malo en todo ello?

¿Sexista? No (aún así, quién quiera considerarla sexista tendrá a su disposición decenas de argumentos que un servidor no tiene intención de revatir). ¿Sexy? Sí. ¿Lo suficientemente sexy? Aquí es dónde llega el momento de los reproches. Siguiendo con mi insana costumbre de tirar piedras sobre mi propio tejado, inmediatamente después de afirmar que Bitch Slap no es una película sexista, paso a comentaros cual es uno de los principales defectos de la película: a la hora de mostrar a las chicas en todo su esplendor, Bitch Slap se queda corta. Demasiado timorata. Demasiado contenida.
Quien espere de Bitch Slap un festival de carne voluptuosa al mejor estilo de las “Super”, “Mega” o simplemente Vixens de Russ Meyer, se equivoca. Las chicas de Bitch Slap nunca enseñan más de lo estrictamente necesario, algo que se hace muy evidente en un par de recatadas secuencias de sexo lésbico montadas a ritmo de videoclip, cuyo contenido erótico sería susceptible de ser emitido por Disney Channel el mismo día en que a Hannah Montana se le ocurra ampliar sus horizontes sexuales experimentando con su compañera de habitación en la Facultad.
Queríamos más de las chicas. Queríamos toda la carne en el asador… (¿ha sido un párrafo lo suficientemente sexista?… en fin, os recuerdo que se trata de un homenaje al sexploit).

Pero, afortunadamente, Bitch Slap no son tan sólo Trixie, Hell y Camaro, y el total de centímetros de su piel que queda al descubierto. La historia, pese a su sencillez y su predecibilidad, logra mantener el interés (por los pelos). La acción es frenética y contínua, la sangre salpica la pantalla en más de una ocasión, las secuencias de lucha cuerpo a cuerpo son espectaculares (Zoe Bell, una de las protagonistas del Death Proof de Tarantino, conocida también por ser una de las mejores especialistas femeninas de Hollywood, participó en Bitch Slap como supervisora de las peleas), las explosiones se suceden, las armas de impresionantes dimensiones no dejan de escupir balas, los diálogos tienen su gracia y los engaños, mentiras y traiciones están a la orden del día.

Bitch Slap es una película visualmente atractiva; sexy (que no sexual), sangrienta y violenta en su desarrollo, y a la que hay que achacarle un exceso de metraje en su recta final (le sobran, fácilmente, unos 20 minutos), sobre todo teniendo en cuenta que su conclusión esconde una de esas fallidas sorpresas que acaba siendo más evidente que el escote de sus protagonistas.

Pese a ese par de reproches a los que hacía referencia… Bitch Slap me pareció una auténtica gozada.

Lo mejor: la acción, el humor, la violencia, su estética y, por supuesto, las chicas.

Lo peor: un par de escenas hacia el final que se alargan en exceso y que las tres chicas no sean más generosas a la hora de mostrarnos todas sus dotes físicas.

AUTOR: Joan Lafulla  |  PUBLICADO: 05/01/10  |  CATEGORIAS: ,

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Hanger

La penúltima perversión de Ryan Nicholson

Hanger

  • Título original: Hanger
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Ryan Nicholson
  • Guión: Ryan Nicholson
  • Intérpretes: Dan Ellis, Nathan Dashwood, Debbie Rochon
  • Argumento:Tras cumplir 18 años y en compañía de The John, su presunto padre, Hanger está dispuesto a vengarse del proxeneta que asesinó a su madre, obligándola a abortar con la ayuda de una afilada percha.

LA VALORACIÓN:

29 |100

Estrellas: 2

Me gustaría dedicarle la reseña al amigo Carde, que sé que estaba esperándola. Saludos Carde.

Hay algo que no acaba de funcionar entre Ryan Nicholson, director de Hanger, y un servidor. Estoy casi seguro de que no es problema del “guarrete” de Ryan (espero que no se moleste por llamarle “guarrete”. Está dicho desde el cariño. Y a fin de cuentas a un tipo que ha arrojado tanta inmundicia sobre la pantalla de mi televisor, el apelativo más suave que se me ocurre dedicarle es el de “guarrete”). Creo sinceramente que Ryan Nicholson es un muchacho honesto. Tiene muy clara su idea de lo que debe ser el cine (un enorme container de basura en el que verter cuanta más mierda mejor) y, sencillamente, la lleva a cabo hasta sus últimas consecuencias.

Hanger nace prematuramente cuando Leroy, un psicópata proxeneta, obliga a Rose, su madre, una desdichada prostituta a la que nadie quiere follarse a causa de su enorme barriga, a abortar de manera digamos “poco higiénica” y con una afilada percha de por medio.

Al cumplir 18 años y tras ser criado en las calles por un homeless que le recogió del vertedero siendo un bebé, Hanger es entregado a The John, un tipo realmente duro que antaño estuvo enamorado de su madre y que, presumiblemente, es su verdadero padre. Juntos iniciarán una escalada de violencia con el objetivo de vengarse de Leroy.

Debería gustarme. Sé que debería gustarme. Si alguien me hablara de un tipo que se dedica a agarrar una cámara de cine con la única pretensión de poner en imágenes toda la mugre, la roña, la desviación, la perversión y la enfermedad que se esconde tras su mente, saltándose a la torera todos los límites morales, estéticos y de buen gusto que podamos imaginar; muy probablemente mi reacción sería del tipo: “Perfecto… quiero conocer a ese tipo. Quiero ver sus películas. Me gustaría saber hasta dónde es capaz de llegar…”.

Porque en realidad da la sensación de que Ryan Nicholson ha llegado a un punto en el que, lo único que parece motivarle, es superarse a sí mismo en cuanto a los niveles de putrefacción y pestilencia que desprende su cine. Y ahí es donde radica, precisamente, esa honestidad de la que os hablaba al principio. Para superarse a sí mismo Ryan no dudará en quemarte las pelotas, meterte un bolo por el culo, o adornar tu taza de té con un condimente muy especial (algo que podréis ver en Hanger y que resulta, sencillamente, repugnante).

Pero entonces, ¿por qué me ha resultado tan decepcionante una película como Hanger? Es sucia, depravada, enfermiza, de un rotundo mal gusto… Tiene un buen número de escenas de esas que es necesario ver un par de veces para acabar creyéndotelas (ver la secuencia del aborto). Y sin embargo mi sensación final fue muy similar a la que tuve tras el visionado de Gutterballs: aquí hay algo que no funciona.

Rodada con una acuciante escasez de medios y con una estética cercana al underground, Hanger se nutre de una cuadrilla de personajes indeseables (caracterizados con deformes máscaras de látex. A destacar la presencia de un chino consumidor compulsivo de cerveza, pornografía y fetichista de cierto complemento femenino que no pienso desvelaros), diálogos a cual más ofensivo, unas gotas de sexo guarro y, sobre todo, de esos tour de forces que son todo un homenaje a la decadencia y al mal gusto.

El gran problema de Hanger es que, vista como un todo, como un conjunto, resulta, en muchos momentos, tediosa y cansina. Es obvio que Ryan Nicholson empuja tanto a la historia, como a los personajes y los diálogos, hacia los límites de la estupidez más absoluta. La clave está en dilucidar si se trata de ese tipo de estupidez susceptible de resultar graciosa y entretenida (ver Black Devil Doll) o si, por el contrario, se trata de ese otro tipo de estupidez que no tiene ni puñetera gracia.
Por supuesto la respuesta será siempre subjetiva. Personalmente me decanto por la segunda opción: los excesos de Hanger, no me hicieron gracia.

El patetismo de todas y cada una de las situaciones que se describen en la película, unido a la escasa simpatía que despiertan todos sus protagonistas (desafortunadísimo el personaje de Hanger, que se limita a pasearse por la película con la capucha puesta y a enseñar su fea cara de vez en cuando), provocaron que la película no alcanzara en ningún momento ese puntito de interés o de atractivo que lograra engancharme a su trama.

Al contemplar la obra perpetrada por Ryan Nicholson no puedo evitar el recuerdo de las viejas producciones de la troma (atención, Lloyd Kaufman, principal cabeza visible de la Troma, tiene un pequeño cameo al inicio de Hanger), o de títulos del calibre de Street Trash o Slime City Massacre (Despedezator, 1988), películas todas ellas que, en muchas ocasiones, también constituían un auténtico tributo a la cutrez, el asco y el mal gusto, y con las que gocé buena parte de mi “extraña” adolescencia. Hanger consiguió rememorarme aquel tipo de cine que perseguía con ahínco en los rincones más oscuros y corrompidos del video-club…; el problema es que, con Hanger, la diversión experimentada con aquellas viejas películas desaparece sin dejar rastro, se esfuma (es muy probable que, en realidad, el que se está haciendo viejo sea un servidor).

Con todo esto supongo que ya habréis adivinado que Hanger no me gustó. No pude o no supe disfrutarla. Sin embargo, y tal como hice en su momento con Gutterballs, sí voy a recomendarla a todos aquellos aficionados que se sientan capaces de apreciar un producto grotesco y alejado de las normas convencionales del cine, cercano al underground, que hace de la degradación, la grima y la arcada sus principales señas de identidad. Ryan Nicholson intentará provocaros con su cine; si lo consigue y entráis en su juego, seguramente Ryan Nicholson será vuestro hombre.
Personalmente he visto dos de sus películas, y ninguna de ellas me ha convencido. Pero me conozco, y sé perfectamente que la próxima vez que lea “Ryan Nicholson se supera a sí mismo en su nueva película”, acabaré cayendo en la tentación (¿falta de buen juicio por mi parte? ¿o simple estupidez?).
Definitivamente hay algo que no acaba de funcionar entre Ryan Nicholson y un servidor, pero eso no significa que no siga intentando sacar a flote esta maravillosa/desastrosa relación de amor/odio que nos une.

Lo mejor: Lo de siempre, algunas escenas ni siquiera acabas de creértelas.

Lo peor: El conjunto de la película resulta aburrido y carente de interés.

AUTOR: Joan Lafulla  |  PUBLICADO: 18/12/09  |  CATEGORIAS: ,

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No morire sola

La versión argentina del rape & revenge

No moriré sola

  • Título original: No moriré sola
  • Nacionalidad: Argentina | Año: 2008
  • Director: Adrián García Bogliano
  • Guión: Adrián García Bogliano y Ramiro García Bogliano
  • Intérpretes: Marisol Tur, Gimena Besa, Andrea Duarte
  • Argumento:Cuatro chicas, de regreso a su pueblo natal, presencian en la un crimen que involucra a un grupo de lo que parecen ser cazadores furtivos. Tras ser sometidas y humilladas, clamarán venganza.

LA VALORACIÓN:

57 |100

Estrellas: 3

El argentino Adrián García Bogliano, tras sorprendernos gratamente a muchos con Habitaciones para Turistas, un sugerente retroslasher de ínfimo presupuesto pero excelentes maneras, vuelve a las andadas con su última película, No moriré sola, título plenamente adscrito al rape & revenge (violación y venganza), subgénero exploit que causó furor en la Norteamérica de los 70.

Cuatro jóvenes amigas emprenden una travesía por carreteras secundarias. Durante una aparentemente tranquila jornada de viaje encuentran tirada en la cuneta el cuerpo moribundo de una muchacha, con su vestido empapado en sangre.

Tras una breve deliberación, las cuatro amigas deciden subirla al auto y llevarla hasta la comisaría de policía más cercana. Una de las cuatro amigas identifica a lo que parece ser un grupo de cazadores furtivos muy cerca del lugar donde encontraron a la chica herida.

No Moriré Sola sigue, al pie de la letra, los esquemas más básicos y rígidos del rape & revenge, a través de un desarrollo que es un fiel reflejo de lo ofrecido por películas exponentes del subgénero como son La Última Casa a la Izquierda (Last House of the Left, 1972) o La Violencia del Sexo (I Spit on your Grave, 1978).

Degradación sexual, violencia, venganza y muerte en dos únicos actos.
Un primer acto que nos muestra la aniquilación de todo aquello que resulte bello, inocente, virginal, puro… En el caso que nos ocupa, cuatro inocentes jovencitas expuestas a una irascible combinación de sexo enfermizo y violencia gráfica.

Un segundo acto en el que los papeles se invierten. Cazadores cazados. Agresores que pasan a ser víctimas, y víctimas que emprenden una travesía de sangre y muerte empujadas por una irrefrenable sed de venganza.

Este vendría a ser el esquema básico de todo buen rape & revenge. Y esto es también todo lo que está dispuesta a ofrecernos una película como No Moriré Sola. Ni más, ni menos.

Llegados a este punto lo único que nos queda es analizar los méritos propios de la película de Adrián García Bogliano, más allá de la constatación de que cualquier aficionado que conozca mínimamente el subgénero sabrá perfectamente lo que le deparará No Moriré Sola incluso antes de que surjan en la pantalla los títulos de crédito iniciales.

Tras un arranque tituveante, lastrado por un ritmo lento y unos diálogos difíciles de percibir (las actrices, en determinados momentos, murmuran sus líneas de diálogos, complicando severamente su audición), No moriré sola se pone el mono de trabajo y nos muestra uno de los puntos álgidos de la función: cuatro chicas completamente desnudas en mitad de un bosque y a merced de una pandilla de desalmados y psicópatas dispuestos a ultrajarlas, humillarlas, golpearlas y, finalmente, violarlas. La secuencia es dura, salvaje. Me disponía a compararla con secuencias afines de películas que todos conocemos (p.ej La última casa a la izquierda), pero me parece una maniobra inncesaria (ya lo hice en su día con Chaos, de David DeFalco, y dudo mucho que fuera una decisión acertada por mi parte). Se mire por dónde se mire, y se compare con quien se la quiera comparar, se trata de una secuencia realmente incómoda, desagradable, dolorosa y explícita (aunque en un grado mucho menor que la mencionada Chaos… sic, finalmente lo he hecho). Al menos a un servidor siempre le han parecido más difíciles de sorportar este tipo de secuencias que contemplar por enésima vez al zombi de turno dándose un festín con los intestinos del pobre desgraciado que ha caído en sus manos (o en sus mandíbulas, para ser más exactos).

Tras el dolor, el sufrimiento y la deshonra, llega el turno de la rabia desatada y la necesidad vital de venganza. Y con ellas nos adentramos directamente en el segundo acto de No Moriré Sola. Un ajuste de cuentas que cumple, de nuevo, con las directrices del rape & revenge: la venganza llevada a cabo por las víctimas (o por sus familiares más cercanos) sobre sus agresores, superará (o al menos lo intentará) el nivel de brutalidad y violencia de las embestidas precedentes.

Como podéis observar no hay absolutamente nada remotamente nuevo en lo que nos cuenta No Moriré Sola. Es una revisitación casi académica del rape & revenge norteamericano. ¿Vale la pena, entonces, darle una oportunidad?
Dependerá en gran medida de vuestro interés en el subgénero en cuestión. Si os considerais unos buenos aficionados al rape & revenge (violación y venganza), la película de Adrián García Bogliano ofrece alicientes de sobras para darle una oportunidad. Unas actuaciones convincentes, una magnífica fotografía de texturas gastadas y tonalidades ocres que nos retrotrae al cine de horror USA de los 70, unas dosis más que suficientes de violencia gráfica (sin exagerar), algunas secuencias realmente salvajes (la violación) y, en definitiva, la oportunidad de recuperar un subgénero que durante el año todavía en curso parece haber recobrado nuevos bríos tras permanecer durante muchos años en el olvido.

¿Y qué ocurre con todos aquellos a los que el subgénero de violación y venganza no os resulta excesivamente atractivo?, probablemente vuestra mejor opción sea prescindir de No Moriré Sola.

Lo mejor: Es una muestra muy digna del subgénero rape & revenge.

Lo peor: no aporta absolutamente nada nuevo.

AUTOR: Joan Lafulla  |  PUBLICADO: 17/12/09  |  CATEGORIAS: ,

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