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Chocolate Strawberry Vanilla

Comedia negra en cucurucho o tarrina

chocolate strawberry vanilla

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  • Título original: Chocolate Strawberry Vanilla
  • Nacionalidad: Australia | Año: 2013
  • Director: Stuart Simpson
  • Guión: Addison Heath
  • Intérpretes: Glenn Maynard, Kiry Capri, Aston Elliot e
  • Argumento: Una comedia negra acerca de un inadaptado social, dedicado a su trabajo de vendedor de helados, y su obsesión por la joven actriz de una telenovela
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

chocolate strawberry vanilla

Llega un nuevo título directo de las antípodas, lo que generalmente suele traer asociadas sensaciones positivas. Es cierto que de vez en cuando te reparten un truño a la puerta (ahí está el hermano pobre de Cabin Fever, de nombre Primal, para dar fe) pero lo cierto es que del binomio Australia/Nueva Zelanda nos ha entregado un buen número de thrillers y películas de terror meritorias en la última década. Es más, en algunos casos, como son The Horseman o The Loved Ones, el listón se ha dejado muy alto.

Estrenada en 2013, Chocolate Strawberry Vanilla llega para presentarnos a Warren, un auténtico loner que da la vida por su puesto ambulante de helados en una zona lumpen de las afueras de Melbourne. Los días transcurren sin pena ni gloria para el pobre inadaptado social, hasta que un día atiende a una clienta muy inesperada; se trata de su ídolo televisivo, la joven actriz de una telenovela calcada a la exitosa Vecinos. La visita sacudirá su triste vida hasta el punto de confundir la realidad con la ficción. Seguir leyendo…

Lo mejor: Cine independiente honesto. Fotografía.

Lo peor: Final confuso. Ritmo demasiado pausado para ciertos paladares

Holy Motors

Bizarrada solo para paladares exquisitos

Holy Motors

“Holly Motors” narra 24 horas en la vida de un ser con múltiples caras: asesino, mendigo, ejecutivo, monstruo, padre de familia… El protagonista tiene una identidad completamente distinta en cada una de estas vidas. Encarna personajes como si se tratase de una película dentro de una película. ¿Pero dónde están las cámaras, el equipo de producción, el director de fotografía? ¿Y dónde está su casa, su refugio?

Leos Carax es un director de los que levantan ampollas. Sus películas siempre son extrañas, absurdas o como minimo difíciles de entender. Holy Motors no es una excepción, y se presenta en el Festival de Sitges con la etiqueta de película abucheada en Cannes.

De “extraña”, “horrible” o “tomadura de pelo” fue calificada por algunos periodistas, mientras que otros la consideraron “sublime”, “una obra maestra” o “inmensamente fascinante”.

Tomie Unlimited

Piel de alabastro que cubre la cúpula de mis pesadillas

Tomie Unlimited Poster

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  • Título original: Tomie Anrimiteddo
  • Nacionalidad: Japón | Año: 2011
  • Director: Noboru Iguchi
  • Guión: Jun Tsugita
  • Intérpretes: Miu Nakamura, Moe Arai, Maiko Kawakami
  • Argumento: La hermana de Tsukiko muere en un trágico accidente, pero Tomie regresa a casa el día de su cumpleaños. Aunque algo ha cambiado, Tomie es aun más perfecta y bella que antes; con su regreso se esparce la locura sobre la vida de Tsukiko.

82 |100

Estrellas: 4

Tomie Unlimited Grande

Quiero mandarle un entusiasta abrazo a Eddie Lamorgue (de LaMorgueCinema) por la traducción y montaje de esta nueva locura nipona. Sin gente sacrificada y altruista como él no podríamos ver obras que, por minoritarias, raramente llegan al público hispano parlante. ¡Gracias por vuestro trabajo!

Tsukiko está condenada a contemplar la muerte de su hermana… más de una vez. Tras el accidente que las separa de forma mortal, Tomie regresa a casa para sus cumpleaños. La familia no sale de su asombro ¡si la enterramos hará solo unos meses! Pero ese es el tiempo suficiente para que la “nueva” Tomie haya aprendido como destruir la mente de su hermana, como esparcir el mal, el odio y la envidia que su belleza en vida provocaron. Así, una riada de sangre cubrirá las suaves huellas que la perfecta Tomie deja sobre los corazones de sus semejantes, aunque esa sangre sea la suya propia.

Tomie Unlimited se convierte en una entrega más de una saga que comenzó en 1999 con la adaptación de uno de los mangas del maestro nipón del horror Junji Ito (responsable, entre otras obras, de la genialmente retorcida Uzumaki). En concreto, estariamos hablando de la novena entrega. Claro que decir novena puede no ser lo correcto, puesto que cada cinta vive en su microcosmos particular: La idea original del comic sería narrar diferentes historias tan trágicas como macabras, con un fuerte componente de horror surrealista, donde el único nexo en común fuese la presencia de una joven sobrenaturalmente bella, cuyos rasgos de porcelana obsesionen lo suficientemente a los hombres como para llegar a enajenarlos, impeliéndoles a matar al objeto de sus desvelos. Algo, la ausencia de una coherencia entre las distintas historias, que considero vertido acertadamente en la falta de relación real entre los diferentes eslabones de la saga cinematográfica. Pero me falta destacar el punto realmente escalofriante, diferenciador y onírico de la obra original, y que por lo tanto caracteriza todo lo basado en ella: Tomie siempre vuelve de entre los muertos con abrumadora normalidad; más bella, más hipnótica si cabe. Con una sola gota de su sangre se pueden regenerar cientos de Tomies, cuya única meta en su no-vida es amar sonriendo, ser amada compulsivamente y volver a seguir su ciclo de odio tras el consabido asesinato y resurrección. Obviamente, el terror llega con la presencia de una hierática y siempre complaciente Tomie, pero sobre todo con los drásticos cambios que provoca a lo que la rodea, pervirtiendo la realidad y llevando la demencia a sus antiguos adoradores.

Podríamos decir que se trata de una reinterpretación moderna del clásico fantasma vengativo japonés u Onryo, pero con un enfoque mucho más morboso, y hasta lovecraftiano… muy propio de su autor.

Aunque la saga en sí cuenta con bastantes altibajos (de hecho, la única otra cinta de la serie que vi completa, y todo por mi veneración a su director Takashi Shimizu – Ju-on –, fue Tomie Rebirth, un chasco en toda regla), siempre ha procurado llevar a pantalla el complicado surrealismo de Junki Ito, un autor que no renuncia a lo explicito pero siempre envuelto en un aire imposible de pesadilla que llega a transformar sus historias en experiencias cercanas al consumo de psicotrópicos. Quizás por ello, no se trate de una saga que cuente con muchos adeptos dentro del mundo occidental – de hecho siempre se ha producido con esta saga, y la cinta que hoy nos ocupa no será diferente, la clásica relación amor/odio –. Resulta complicado abordarlas sin poner nada de nuestra parte como espectadores, frustran rápidamente al sentido común porque la lógica se pervierte con el objetivo de primar ese mal sueño que debemos recorrer de la mano de Tomie, tan deliciosamente bella – casi intemporal, al igual que su drama – como peligrosa para nuestra cordura.

Supongo que para los amantes de las densas explicaciones o los que no se puedan permitir soñar, todo lo relativo a esta saga será papel mojado. Si a ello añadimos los altibajos mencionados y una calidad aun más irregular, muchos temeréis lo que nos pueda deparar Tomie Unlimited. Sin embargo, incluso para mi sorpresa, estamos ante una película bizarra, oscura, sangrienta, decadente y macabra como pocas. Y a pesar de repetir los mismos pecados que sus ocho hermanas pequeñas, aunque en menor medida, estamos ante una poderosa revitalización del j-horror más intenso. Aquel que marca la diferencia con el cine occidental, bebe directamente de sus tradiciones más profundas y se hunde de lleno en la capacidad visual para provocar desasosiego, por mucho que implique dejar absolutamente a un lado lo racional durante hora y media.

Así pues, ha tenido que ser Noboru Iguchi quien haya resucitado una serie de películas, bastante tocada hasta en su país de origen – obviamente, la explotación sobre los mangas originales no daba para tantos enfoques diferentes –, mediante el desarrollo de un horror explicito, muy en la vena de las casetas del terror más clásicas, y olvidándose de cualquier resto del humor splatter que ha caracterizado sus largometrajes más conocidos hasta la fecha: Machine Girl, Sukeban Boy, Mutant Girls Squad y Robo Geisha. Con dichos títulos a sus espaldas (más la esperada Zombie Ass en el horizonte más cercano) cabía dentro de lo probable encontrar una de las Tomies más gore y salvaje jamás rodada; y así ha sido. Se nota que sus responsables están bregados en sacar petróleo de los presupuesto más ínfimos, porque cada vez consiguen unos resultados estéticos más depurados en pantalla. Hay mucha locura, mucha sangre cgi, mucho látex y, sobre todo, una concatenación de aberraciones antológicas (todas bajo el dictado de la obsesión que Junji Ito siente por las cabezas cercenadas y las posibilidades biológicas que la fusión de carne, vegetal e insecto ofrece).

Un despliegue de rarezas que nos sumergen, desde el prólogo, en un universo maldito que nada tiene que ver con la tierra que pisamos. Ahora, cierra los ojos y ya eres otro esclavo de Tomie. Insisto, no existe racionalidad en el desarrollo de la casi nula historia detrás de este largometraje, se establece un constante juego con el espectador (en la línea de la manipulación psicológica de los primeros Silent Hill) que éste acepta o tirará por la borda la psicodélica experiencia que Jun Tsugita, su guionista, ha preparado con cariño y rendido tributo a los mangas originales. El escritor/director, que ya había entrenado con unos cuantos títulos previos (Fashion Hell, Mutant Girla Squad, The Ancient Dogoo Girl – una especie de Wonder Woman nipona –), hace hincapié en cualquier detalle orgánico capaz de justificar deformes y obscenas escenas; así recalca la capacidad metamórfica de Tomie, pero sabiendo contener el humor exacerbado que salpicaba sus otros libretos. No por ellos dejaremos de presenciar momentos risibles, pero quizás se traten de risas de nerviosismo antes que de buen humor.

Si ya el comienzo muestra a las claras que estamos ante una película cuyo principal meta es epatar visualmente a costa de cualquier recurso siniestro – y la forma de presentar la muerte de Tomie es un ejercicio, propio de un videoclip, de cómo darle al público lo que quiere –, al poco se nos intenta introducir a otra perspectiva más artística si cabe: la reposada forma de presentar unos créditos adecuados para un romance de época – japonesa por supuesto – rodado en los setenta, nos asusta y nos obliga a saber que estamos ante una película de verdadero horror, por mucho que comparta algunas formas con sus compañeras más splatter (de sobras conocidas por los lectores y mentadas anteriormente). Eliminad los breves y típicos momentos “melosos” (los orientales tienen una forma de tratar el amor religiosamente cursi), obviad los diálogos algo vacíos (innecesarios en la mayoría de las ocasiones cuando dormimos una vívida pesadilla) y sobrepasad las actuaciones decididamente insustanciales; solo así, despejando la escasa paja, podréis disfrutar de una de las mejores muestras del estilo bizarro y extremo que ha definido y hecho especial el cine de horror japonés. Digamos que continúa la senda marcada por el lado oscuro de Takashi Miike, la saga de La Maldición o el intelectualismo de Kiyoshi Kurosawa.

Caben destacar los pasajes más morbosos de la obra de Junji Ito que se han tomado prestados para reflejar la enfermiza relación familiar que supera a Tsukiko, pero, sobre todo, los lazos entre ella y su hermana. Un duelo de poder, tristeza y deseo prohibido que pese a no estar profundizado (supongo que el lesbianismo explicito hubiese echado por tierra cualquier intención medianamente comercial de Tomie Unlimited – y es que llego a estrenarse en cines, amiguitos –), nunca llega a resultar aburrido. Al menos mientras Tsukiko continué siendo torturada mentalmente por la presencia sobrenatural de su “nueva y ubicua” hermana. Un duelo que también se refleja a nivel interpretativo, pero desgraciadamente los actores japoneses poco conocidos no ofrecen un buen rendimiento; la cantera no es todo lo buena que debería y todos parecen fuera de lugar (lo que por otro lado, y volviendo a la ambientación de pesadilla, no me parece mal del todo). Aunque Miu Nakamura, la interprete de Tomie, una verdadera encantadora, consigue hacernos olvidar las malas actuaciones de sus compañeros gracias a esa caída de ojos casi sobrenatural…

Puede que no sea la Tomie perfecta, a lo mejor le falta algo de delicadeza en los rasgos, pero su mirada, ¡ah, su mirada! Consigue atrapar la decadencia de su sufrimiento en esos iris cambiantes, la sujeta, la moldea y la lanza contra nosotros y pregunta: “entiendes la violencia de género”, y como hombre decir que he sabido ver lo que subyace tras la marmórea piel de Tomie y me ha dado miedo. Pero la pesadilla es más profunda, y la persistencia de ese amor en la forma de pedazos de carne, que medran cual hongos trayendo fragancia de amores inmortales y parasitan de las buenas intenciones que acabaron por crear un odio, una destrucción que se esparce en la forma de una bella estudiante por las calles de Tokio, Nueva York, Lima o Madrid.

Porque si la realidad fuese sueño, esta mórbida chica sería la que nos mirase con sus ojos de gata, desde el cielo; y los soles se cubrirían con un cabello negro que se agita como tentáculos de una deidad anciana y hambrienta. Un ser ancestral ansioso de colmar su infinita barriga con esencia de corazones, jugo rojo de amor que se convertirá en la pesadilla que transmite tan acertadamente Tomie Unlimited. Sueños inquietos que serán ley para llevarnos hasta un final tan absurdo como la propia existencia… una ley para todos…

Lo mejor: La atmósfera de pesadilla, sensacional vuelta a lo que siempre ha representado el j-horror: algo completamente diferente a lo que espera un occidental.

Lo peor: Las actuaciones a nivel general, un desastre a excepción de Miu Nakamura (Tomie)