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Colin

Yo, Zombi

Colin

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Colin

Un presupuesto total de 70$ (me sigue costando mucho trabajo creerlo), un equipo humano derivado de la cuenta de amigos de Facebook de su director, y la campanada mediática en el último Festival de Cannes (2009), en el que muchos medios aseguraron que Colin, obra independiente/amateur dirigida por el novel Marc Price, fue la película más comentada del certamen.

Sé que semejantes antecedentes no dicen absolutamente nada acerca de la calidad (o la falta de ella) de Colin, pero creo que son datos necesario para comprender cómo demonios una película como la de Marc Price logró tener tantísima repercusión cuando tan sólo unos pocos afortunados habían tenido la oportunidad de verla.

Lo mejor: El punto de vista del zombi.

Lo peor: Cierta tufillo a pretenciosidad y algunas secuencias destinadas únicamente a contentar al aficionado al subgénero zombi.


La Casa Brown

La Matanza de Segovia

La Casa Brown

Isaac Berrokal es el director de La Casa Brown, un salvaje, sangriento y divertidísimo cortometraje que ya ha recibido un buen número de premios y menciones especiales en diversos festivales especializados y que ha sido seleccionado para participar en el I Festival de Cine fantástico y de terror Scifiworld y para formar parte de la Selección Oficial del Festival Internacional de Cortometrajes Filmets 2009, en su 35ª edición.

Bienvenidos a Zombieland

Tierra de zombis, acción y carcajadas.

Bienvenidos a Zombieland

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  • Título original: Zombieland
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Ruben Fleischer
  • Guión: Rhett Reese, Paul Wernick.
  • Intérpretes: Woody Harrelson, Jesse Eisenberg, Emma Stone.
  • Argumento: Columbus, un joven universitario que sigue vivo gracias a sus reglas para sobrevivir al apocalipsis zombi, se une al duro Tallahassee, a la guapísima Wichita y a la hermana menor de esta, Little Rock, en un viaje plagado de zombis, romance y mucho humor.


Bienvenidos a Zombieland

Tras una ardua lucha por evitar la tentación de echarle un vistazo a Bienvenidos a Zombieland antes de tiempo, finalmente me encontraba frente a la entrada de la sala de cine, acompañado de una horda de adolescentes dispuestos a dar buena cuenta de los enormes cubos de palomitas caramelizadas que habían pagado a un precio desorbitado, y predispuesto (un servidor) a disfrutar de una entrañable velada navideña rodeado de risas, órganos internos y muertos vivientes.

En lo primero en que me fijé, antes de iniciarse la proyección, es en el magnífico aspecto que presentaba el aforo. Algo más de media entrada vendida, lo cual teniendo en cuenta que se trataba de una película de zombis estrenada el mismo día en que muchísima gente celebra el nacimiento de Jesucristo, y que justo al lado se proyectaba el nuevo milagro destroza-taquillas de ese otro semidios que responde al nombre de James Cameron (Avatar), me pareció una excelente noticia para Bienvenidos a Zombieland.

Lo mejor: entretenimiento zombi de principio a fin.

Lo peor: el corto recorrido de la historia y ciertos mensajes que son prescindibles (amor juvenil, la importancia de la familia…).


I Sell the Dead

El fatídico negocio de los muertos

I Sell the Dead

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I Sell the Dead

Viendo la película es fácil imaginarse lo mucho que llegó a disfrutar el irlandés Glenn McQuaid escribiendo, en primer lugar, y dirigiendo finalmente la comedia I Sell The Dead.
Es más, no tengo el placer de conocer personalmente al bueno de Glenn McQuaid, pero tras disfrutar de su segunda película como director (la primera se tituló The Resurrection Apprentice, 2005) podría apostar mi cuello (algo que encaja perfectamente con el espíritu de la película), a que es un enorme aficionado a la serie B terrorífica, a los monstruos de la Universal, a las maravillas de la Hammer, a los comics de la EC… en definitiva, y tal y como gritarían los entrañables seres deformes de La Parada de los Monstruos (Freaks, 1931): “uno de los nuestros”.

Ambientada en la segunda mitad del siglo XIX, I Sell The Dead (algo así como “Vendo la Muerte”) cuenta la historia de un par de delincuentes de baja estofa cuyo principal medio de subsistencia es la profanación de tumbas. Por desgracia para ellos viven a expensas de un médico que experimenta con los cadáveres y al que se ven obligados a vendérselos a un precio irrisorio, bajo amenaza de aquel de ser denunciados a la policía por sus actividades delictivas.

Lo mejor: La acertada mezcla de subgéneros, monstruos y elementos sobrenaturales. Determinadas secuencias realmente graciosas.

Lo peor: Determinados momentos lastrados por el exceso de diálogos que no acaban de funcionar.


Portrait of a Zombie

Dublín bajo el ataque de los zombies.

Portrait of a Zombie

En Irlanda además de Guiness y praderas verdes, ahora por fin tienen…Zombies. Para este 2010 nos llega una nueva entrega de muertos viviente, con poca innovación en cuanto a argumento pero con un marco adecuado y “diferente”: Las calles de Dublín.

Mutants

Zombies sin corazón

Mutants

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Mutants

Mutants arranca con una joven pareja formada por Sonia (Helene de Fougerolles) y Marco (Francis Renaud), que viaja en una ambulancia en busca de la base militar Noé, una de las pocas zonas seguras para los humanos en un mundo víctima de un virus que nos convierte en mutantes sedientos de sangre. Pero la pareja tiene un altercado en una gasolinera y Marco resulta herido de bala. Su estado es grave y la ambulancia comienza a quedarse sin gasolina, así que Sonia se detiene en un gran edificio abandonado en la montaña, aparentemente un colegio o un hospital. Allí, descubrirá que puede ser que el virus haya infectado a Marco a través de su herida, pues no es necesario el contacto directo con un mutante para contraerlo.

A partir de este momento, la película cambia. Mutants empieza a centrarse en la historia de amor de esta pareja, y aquí nos topamos con el primer gran problema de la cinta: nos muestra una historia de amor, pero sin contarnos cómo es la relación entre ambos. Parece como si no se hubieran parado a pensar en ella. Simplemente, han decidido que Sonia y Marco se quieren, y punto, y el espectador se lo tiene que creer. Pero es un acto de fe: realmente, nunca sabemos por qué se quieren, qué les une, cómo son sus caracteres o en qué punto estaban de su relación cuando estalló la pandemia. Sonia y Marco se dicen “te quiero” muchas veces, pero nosotros nunca sentimos ese amor. Puede parecer una estupidez, pero este sentimiento, esta relación, es lo que vertebra toda la cinta, lo que motiva las decisiones de ambos personajes, y al no vérselo de ninguna manera, al no desprenderse de sus conversaciones o momentos conjuntos, deja bastante desestructurado el material. Lo que sucede entre ellos dos, las medidas que adoptan ante su situación… en resumen, cómo actúan, no se sitúan, por tanto, en el terreno de lo lógico o de lo comprensible porque falta una base sólida, así que acaba en el de lo caprichoso y arbitrario; o sea, en lo que les conviene que suceda al director y al guionista para que siga avanzando la trama.

Lo mejor: La cuidada fatura técnica.

Lo peor: El material desaprovechado.