drogas

El crimen de un misógino drogadicto

J. González (Chupasangre)

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Hush

Sólo cuando desees morir

Hush

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2.5/5

Hush

No hace falta ser muy avispado para darse cuenta de que Hush es sinónimo de mediocridad. Es como un aborto, no previsto ni anunciado. Y lo más curioso de todo es que ha funcionado; su premiere en el SXSW ha sido todo un éxito, cosechando muy buenas críticas, logrando su comercialización en la plataforma NetFlix y un estreno en VOD a nivel internacional. ¡Sorprendente!… para una producción tan cutre. Imagino que el plus “del director de Ouija 2” y de esa película que nadie sabe cómo c*** lo hizo pero se embolsó 27 millones de la nada, titulada Oculus, fueron motivos suficientes para que la suerte se le pusiera de cara.

Mike Flanagan, director de Hush, en varias entrevistas concedidas en el marco del SXSW a diversos medios, como la que leí en DC, admite que la película se rodó en un periodo de corto breve, con poco presupuesto y bajo mucha presión. Obviamente no parecen las mejores condiciones para afrontar ningún proyecto, pero siempre es de agradecer que los directores con cierto renombre, por mucho que tengan que meter el turbo, se esfuercen por ofrecer un mínimo de calidad. Puede que Hush tenga calidad suficiente como para mantenerte interesado durante 80 minutos de visionado, aunque su impacto sea de un calado similar al de un telefilm de antena 3. La primera frustración del viaje la encontramos en un inicio tan empático y potente como estúpido, sustentado en lo desconocido de una situación extraordinaria. Pero el verdadero problema de Hush se encuentra en que las intenciones y los esfuerzos de Flanagan y Kate Siegel por emular a la teniente Ripley, son tan disparatados y previsibles que arruinan el resto del filme. Vamos… un autoengaño.

Lo mejor: la consciencia de una muerte prematura dolorosa: terrorífico.

Lo peor: sería capaz de resumir la trama en 30 segundos. Patético.


Beyond the Bridge

Un mal viaje lo tiene cualquiera

Beyond the Bridge

Marla Singer quiere dejar atrás el pasado… Sus padres murieron en un accidente de coche y ella regresa del extranjero para gestionar la venta de la casa familiar. Un viejo amigo se ofrece para distraerla llevándola a una fiesta. Tras consumir una misteriosa droga, Marla se sumerge en una profunda pesadilla en mitad de un bosque. Tras abandonar la pesadilla atravesando un espeluznante puente, Marla despierta en el mundo real… aparentemente. Noche tras noche, las extrañas visiones se suceden en la casa abandonada, provocando que Marla llegue a cuestionarse su cordura.

Desde Suiza nos llega Beyond the Bridge, thriller sobrenatural de bajísimo presupuesto rodado en 2010 que insiste en el hecho, de sobras conocido, que las drogas y el cine de horror son muy malos compañeros de viaje —y nunca mejor dicho lo del “viaje“—. De hecho, hace escasas semanas, nuestro buen amigo Tito Jesús nos ponía en antecedentes de una entretenida película española, Summer Camp, que ya nos advertía de los peligros de consumir sustancias alucinógenas y de cómo éstas pueden sumergirnos en una pesadilla recurrente sin fin. Y este parece ser el destino que le espera a la sufrida Marla Singer, protagonista de Beyond the Bridge.

Inner Demons

El chute de Satán

Inner Demons

El programa se inicia y una joven de dieciséis años es el objetivo. Su adicción debe terminar y, para ello, contará con la ayuda del equipo del programa de televisión y sus familiares. ¿Pero y si esa drogadicción es solo la punta del iceberg de algo mucho más horrible?

¡Ah, las drogas! Como miembro de la generación “Trainspotting” no voy a negar nada; no obstante prefiero desviar vuestra atención hacia películas como “Someone’s knoking at the door”, “Psychotica”, “The Tripper”, “Prometeus”, “One Way Trip”… ¿qué tienen en común? Preguntemos a Sick Boy.

Mezclar drogas y conducción no es divertido, eso lo sabemos sin necesidad de la DGT, pero mezclar drogas y terror tiene su aquel y cumple adecuadamente en pantalla. Con todo, reconozcamos lo triste que es verse enganchado a cualquier sustancia ilegal, sobre todo si eres pobre.
Aunque ahora no toca hablar de “crocodile” u otras drogas increíbles que avocan a la humanidad a protagonizar una película de zombies demasiado real. Es el turno de hablar de la norteamericana “Inner Demons”, una película independiente que va a distribuir IFC (¡estos tíos no paran!): planteada como si fuese un programa de televisión del estilo intervención, nos presenta a una joven, con dejes siniestros, que hace tiempo decidió abandonar el mundo de los cuerdos en pro de la felicidad sintética de la heroína. Entre pico y pico, su familia ha decidido apuntarla a un programa de televisión donde, apelando a los instintos más básicos de su víctima, esperan redimirla. Todo muy poco terrorífico (o mucho, según se mire), pero que acabará siéndolo gracias a una vuelta de tuerca demoníaca.

Escaping the Dead

Apocalipsis zombi en Dinamarca

Escaping the Dead

David es el traficante de marihuana local. Es de ese tipo de distribuidores que fuma más de lo que vende. Mientras el país es golpeado por una nueva droga mortal, a David y su socio Ahmir les ofrecen un alijo de cocaína a un precio excepcionalmente bajo, un ofrecemiento que ven como una excelente oportunidad para ganar mucho dinero en el gran concierto tecno del próximo viernes. Pero la cocaína resulta que tiene un terrible efecto secundario que crea un brote zombie que se extiende a través de toda la ciudad de Copenhague.

¿Recordáis la historia de Ronald Poppo? Popps era un mendigo, un homeless que transitaba las calles de Miami y que un mal día fue atacado por un tipo desnudo que se encontraba bajo los efectos de una nueva droga llamada Krokodil (también conocida como “sales de baño”). El resultado de la agresión fue que aquel tipo prácticamente devoró la cara de Ronald Popps durante el salvaje ataque que duró alrededor de 18 minutos. El asaltante, finalmente, fue abatido a tiros por la policia. Muchos medios de comunicación se apresuraron a señalar aquel salvaje suceso como “el primer ataque zombi real y documentado”. Pues bien, por lo visto este terrible acontecimiento ha servido de inspiración al director danés Martin Sonntag para llevar a cabo Escaping the Dead, su particular visión de cómo la capital danesa sucumbe al apocalipsis zombie por obra y gracia de un par de patanes que trafican con una droga que desencadena la tragedia. Que yo sepa es la primera vez que veremos Dinamarca asolada por una horda de zombis hambrientos… o con el mono… o con lo que sea.

The Insomniac

Dormir con un ojo abierto...

The Insomniac

A pesar de que acaba de perder a su padre, John Figg parece tenerlo todo: una hermosa prometida, un perro cariñoso, un ascenso y amigos leales. Pero su vida se complica cuando la casa que acaba de heredar es brutalmente saqueada. Convencido de el robo se repetirá y por alguien que él conoce, John desarrolla un caso grave de insomnio. A partir de ese instante John atravesará una espiral descendente que no se detendrá hasta que encuentre a los culpables. ¿Son sus vecinos los autores del robo? Sus amigos? ¿Su novia? ¿Sus clientes? Tiene motivos para acusar a todos ellos, además de un montón de cuadernos de notas para escribir toda sus irracionales sospechas.

Este es el argumento de The Insomniac, thriller norteamericano independiente dirigido por Monty Miranda y escrito, protagonizado y producido por Eddie Salazar. Este último cuenta como su guión está basado en una traumática experiencia propia. Por lo visto un ladrón entró en su casa a una tarde mientras él, supuestamente, tenía que estar presente en una reunión de trabajo. Pero la reunión se canceló en el último momento, de manera que Eddie y el ladrón en cuestión se encontraron cara a cara. Tras unos segundos en los que ambos se mantuvieron la mirada, el ladrón salió corriendo de la casa y no volvió jamás. Pero por lo visto parte del daño ya estaba hecho. Eddie sufrió un largo episodio de insomnio en el que no paraba de preguntarse “¿Qué hubiera pasado si…?” Hasta que, finalmente, tuvo la feliz idea de convertir esa incipiente paranoia en el gérmen del guión que finalmente desembocaría en The Insomniac.

Trash 2: Las Tetas de Ana L

Después de la orgía...

Trash 2: Las Tetas de Ana L

Al día siguiente de meter a su hermano en el segundo peor problema de su vida, Ana Ele Bruselas escapa de sus mafiosos captores sin poder llevar consigo las tetas cercenadas en forma de pago por cierta caja de ilegal contenido no entregada a tiempo (estos hechos ocurrieron en Trash). Por desgracia para los demás, Ana Ele no va a descansar hasta recuperar sus preciados senos: la ciudad temblará mientras la bruta Bruselas avance en su cruda y aleatoria investigación mamaria, rompiendo huesos y pateando dientes camino al perverso señor Gatrachele, cerebro detrás de toda la turbia red de tráfico de órganos que impregna las calles.

Drogas, sexo y violencia en una sucesión de locura frenética que va desde taxistas desequilibrados a skinheads pasados de anabólicos, de abortistas inescrupulosos a catadores de esperma, de transas, putas y chupavergas a la consecución de la felicidad mediante medios químicos.

Vaya por delante que no he tenido la oportunidad de ver Trash (2010). De hecho, hasta hace apenas unos días, cuando los chicos de la productora argentina Sarna se pusieron en contacto conmigo para presentarme Trash 2: Las Tetas de Ana L., ni siquiera conocía de su existencia. Ahora sí… ahora ya me hago una ligera idea de lo que es Trash y de lo que es Trash 2: Las Tetas de Ana L. Y todo gracias a un demencial email que me enviaron los chicos de Sarna a modo de presentación de su nueva película y que incluía perlas como la siguiente: “Por cada pintada en la que se lee “el punk está muerto”, la SARNA tira una toma, se caga de risa, repite y se destapa una birra. Ahora, si creías que el resultado son los mismos cuatro acordes roñosos de siempre estás equivocado, no entendiste nada. El punk de la SARNA es el equivalente al ABBEY ROAD de los BEATLES (por mucho que ellos odien esa comparación): un laburo jodido, detallista, minucioso, pleno, cuidado… Si TRASH era un mambo epiléptico, TRASH DOS es un epiléptico dentro de la coctelera de un barman particularmente bestia: un trago único, de esos que te dejan en otro lado, de esos que te quiebran de movida, de esos de los que salís sólo de dos modos: o vomitando y prometiéndote no tomar más o con ansías de repetir. La decisión queda en vos.”