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El crimen de un misógino drogadicto

J. González (Chupasangre)

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Exorcismo en Georgia

El libro de reclamaciones

Exorcismo en Georgia

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 1/5

Exorcismo en Georgia

Prácticamente, no hay nada bueno en “The Haunting in Connecticut 2: Ghosts of Georgia” y, lamentablemente, no es una exageración. Cómo ha llegado hasta las pantallas españolas es un misterio: como bien se apuntó en estas páginas, casi no ha tenido distribución cinematográfica en Estados Unidos, y desde abril de este año circula por el mercado doméstico… Que nosotros tengamos el “privilegio” de poder verla en pantalla grande imagino que responde o al ojo avispado de un distribuidor que quiere aprovechar el tirón de The Conjuring, o a que forme parte de un lote; o sea, que se exija su exhibición a cambio de poder proyectar, dentro de unos meses, otra película de mucho más renombre y rentabilidad supuestamente garantizada.

Sea como fuere, ahí está. Cuenta la historia de Lisa y Andy Wiryck, una joven pareja que, junto con su hija Heidi, se mudan a una casa en Georgia que pronto descubrirán tiene más habitantes de los que les gustaría. Lisa comienza a ver a su difunta madre dándole mensajes desde las esquinas oscuras de la casa, y la pequeña Heidi resulta hacerse amiga de un espíritu, el señor Gordy, que parece tener intenciones poco claras… Y, sobre todo, estar relacionado con la misteriosa desaparición de una decena de esclavos en el pasado.

Lo mejor: El aire acondicionado de la sala.

Lo peor: La película no es para una sala de cine, y se nota.


Toad Road

Picnic en... ¿Toad Road?

Toad Road

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Toad Road

Han transcurrido, ni más ni menos, que 38 años desde que Peter Weir llevase a la gran pantalla, de manera fidedigna y excepcional, uno de los mayores enigmas de la literatura anglosajona que su creadora, la gran Joan Lindsay, aludió bajo la siguiente pregunta: ¿Qué fue de las jóvenes de Hanging Rock? Y tras 38 años de evolución (o involución, dependiendo de por dónde se mire) en la sociedad, donde los misterios van transformándose a modo de cuentos surrealistas que todo el mundo define como leyendas urbanas, llega Jason Barker con su filme indie bajo el brazo y nos propone prácticamente la misma pregunta: ¿Qué fue de la joven de Toad Road?

Es evidente que entre Toad Road y Picnic en Hanging Rock hay un abismo colosal, en todos los sentidos. Como podéis apreciar en el tráiler de Toad Road, estamos ante una cinta independiente y visualmente muy precaria, algo completamente opuesto a lo propuesto en Picnic en Hanging Rock, que es una autentica explosión visual de paisajes frondosos, rocosos, convulsos y mágicos de la Australia más rural y naciente. Un lugar donde todo parece de ensueño. Pero a pesar de ello Banker demuestra ser muy sagaz. Por supuesto que sabe que Toad Road no alcanzará ese estatus visual y tampoco pretende arriesgarse a generar un estropicio en dicho ámbito, por eso opta por el camino opuesto y, al mismi tiempo, económico: la realidad. Y que mejor manera de plasmar la realidad que los planos testigos (de ahí que los actores sean debutantes en su mayoría y conserven sus nombres reales). Los planos testigos de una experiencia lóbrega y confusa.

Lo mejor: Sarah Ann Jones, la verdadera luz de este Toad Road.

Lo peor: No tiene nada de especial, no deja huella. El guión es flojo, lacustre y vago; muchísimo que pulir, por muy innovadora que sea la mezcla.


K-11

¿Un exploit carcelario emparentado con la saga Crepúsculo?

K-11

Como Alicia en un País de las Maravillas brutalmente violento, el ejecutivo musical Ray Saxx Jr. se encuentra atrapado en K-11, una lugar muy especial del Sistema Penitenciario del Condado de Los Ángeles. Le ingresaron en prisión estando inconsciente y no tiene idea de cómo llegó hasta allí. Lo único que sabe es que tiene que salir pitando… vivo e intacto. Para lograrlo Ray deberá sobrevivir en un laberinto de drogadicción, travestis, criminales y políticos corruptos.

El K-11 es una prisión de Los Ángeles ocupada, en su totalidad, por reclusos gays y transexuales. Además la corrupción de los funcionarios, dirigentes y políticos, por lo visto todos ellos dispuestos a conceder beneficios a cambios de favores sexuales, campa a sus anchas tras los muros de la penitenciaría. Y en tan tremendo escenario aterriza un ejecutivo musical que no tiene ni puñetera idea de cómo ha llegado hasta allí. Sexo, drogas, violaciones, abusos, prostitución, violencia, corrupción… ¿Qué pensaríais si de pronto os digo que K-11 tiene más de un punto de conexión con la saga Crepúsculo? Cuesta creerlo ¿no?

El Apocalipsis Zombie ha llegado...

Se reclutan voluntarios

El Apocalipsis Zombie ha llegado...

Llevaba semanas preparando el “golpe”, así que nada podía fallar. Ya tenía elegido el sitio: un viejo solar abandonado el que agonizaban las viejas ruinas de un edificio que apodábamos con el simpático nombre de “el caserón” y que servía de refugio para pequeñas Almas Oscuras dedicadas a organizar timbas ilegales de cromos y canicas (eso sí eran juegos de verdad y no las pijadas de última generación devoradoras de tarjeta gráfica). Ahora sólo me faltaba la “mercancía”, pero corrían los años 80, una época mucho menos hipócrita y alarmista para este tema y por lo que uno siempre podía contar con la complicidad de algún kiosquero sin escrúpulos. Así que, me armé de una fingida confianza que no sentía en absoluto y con unas precarias diez pesetas de por aquél entonces, le dije al dependiente en tono muy serio: “un Fortuna suelto, por favor”. Acababa de comprarme mi primer cigarrillo.

Refugiado en mi escondite y provisto de un paquete de cerillas que había birlado a mi madre y que debía devolver antes de que se percatara de su extraña desaparición, procedí a encender el objeto de mi psicotrópica curiosidad. ¡Ah, el placer de saborear lo prohibido! ¡Estaba fumando! Aún no sabía cómo hacer para expulsar el humo por la nariz, pero con aspirar y expirar me bastaba. ¡Porque ya era un chico mayor! Saborearía eso a lo que todo el mundo estaba enganchado. Seguro que tenía algún tipo de facultad especial, que me daría más energía o algo igual de excitante.