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Homicycle

Azucar en el motor

Homicycle

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 1.5/5

Homicycle

muy malas pulgas: violaciones, asesinatos, robos, incendios, drogadicción… un grupo de psicópatas a los que sólo se puede enfrentar el misterioso motorista que, sobre su moto de gran cilindrada, limpiará las calles con la sangre de los malvados.

Es muy difícil realizar un largometraje, por un lado tienes que lidiar con muchas personas – actores, técnicos, productores – y dirigirlas en la misma dirección, una que lleve a buen puerto una visión artística, un concepto que pueda gustar a diferentes tipos de personas. Aunque sólo sea por esa dificultad, el oficio de cineasta merece un respeto, tanto cuando es un medio de vida como cuando se trata de una afición productiva. Las complicaciones no son menores cuando cuentas con un presupuesto exiguo, desde luego puedes asumir una libertad que grandes cantidades económicas de terceros pueden perjudicar, pero trasladar tu visión a la gran pantalla requiere de medios y de compañeros de aventuras con experiencia. Así, una película de serie Z sigue mereciendo un mínimo de respeto, no basta tildarlos como “mierda”, de la forma que hace el público masivo, hay que intentar romper la barrera de lo meramente económico y bucear más allá, a la espera de una historia contada con maestría y solidez.

Lo mejor: Resucitar el cine desfasado de los justicieros ochenteros

Lo peor: ¿Por donde empezar?


The dude bro party massacre III

Aquel cine de los 80 que nos mataba de la risa

The dude bro party massacre III

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

The dude bro party massacre III

Si no has degustado los estúpidos films de terror de Charles Band, alucinado viendo cintas como Terrorvision o Frankenhooker (conocida en estos lares como “Frankenputa”) o la saga de El vengador tóxico, o Festín sangriento; si no te measte de risa con el delirio británico de Baño de sangre en la casa de la muerte, o no te has tragado de principio a fin bochornosas copias de los Gremlins como los Munchies o Ghoulies, es posible que no le encuentres el punto a este film… Pero aún así yo que tu le daba una oportunidad a The dude bro party massacre III, sobre todo si eres de risa fácil, pues nos encontramos ante una gamberrada, de tamañas dimensiones, cargada de humor grueso y gore casposo que hace honor a las cintas mencionadas y a todas aquellas producciones, de ínfimo presupuesto, que tenían como único y sano objetivo hacernos pasar un buen rato sin preocuparse demasiado de la coherencia argumental o del buen gusto.

Con el único fin de descubrir al asesino de su hermano gemelo, nuestro protagonista, Brent (Alec Owen), se infiltra en la hermandad universitaria del difunto y decide salir con ellos a una alocada excursión. Uno a uno, los miembros se irán enfrentado a “Motherface”, archienemigo de la hermandad, a la que creían muerta de las anteriores entregas de la saga. En esta ocasión “Motherface” parece conocer muy bien las flaquezas de cada una de sus víctimas y termina con ellos de la forma que más les amedrenta.

Lo mejor: Me recuerda a mis grabaciones antiguas y me hizo reír más de lo que me esperaba.

Lo peor: Tan payasa que en ocasiones da un poco de vergüenza y ciertos momentos de relleno.


Gutterballs 2: Balls Deep

BBK desencadenado

Gutterballs 2: Balls Deep

En Gutterballs 2: Balls Deep, transcurridos diez años de la masacre original en la bolera, Stacy, pariente de una de las víctimas, está terminando su turno en el local. Un grupito de jóvenes estúpidos aparecen con ganas de fiesta acompañados de una “bola 8” mágica e intentan contactar con BBK. Para su desgracia parece ser que alcanzarán su objetivo… Con la fuerza de un pleno, BBK irrumpirá en escena y empezará a correr la sangre.

Una sentida reverencia para el príncipe de la mugre. Para el rey de lo abyecto. Para el emperador de la repugnancia y la degradación. Regresa el gran BBK (“el asesino de la bolsa de bolos”) de la mano del no menos grande Ryan Nicholson, el director, guionista y especialista en efectos especiales canadiense que ha sido capaz de regurgitar salvajadas del calibre de Live Feed, Hanger, Famine o Collar. Nicholson es un pirado (con todo el cariño del mundo) que lleva el infracine tatuado a fuego en su piel. El tipo hace lo que le da la gana y cuando le da la gana… y quizás por esa razón ha decidido que, justo ahora, es el mejor momento para escupirnos a la cara la secuela de la que quizás sea su obra más “popular”: Gutterballs.

Cut and Run

Cierre de la trilogía caníbal

Cut and Run

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

Cut and Run

Como reza el epígrafe, este título cerró la trilogía caníbal/selvática del iconoclasta Ruggero Deodato, especialista en sacudir a la sociedad de los setenta y ochenta con su cine extremadamente sádico, gráfico y violento. Se me ocurrió verla después de conocer el homenaje descarado de Eli Roth en The Green Inferno; director, el norteamericano, que por cierto no oculta su veneración por el italiano, a quien otorgó un cameo en la segunda parte de Hostel.

Nunca estrenada en España (de ahí el título en ingles/italiano), esta cinta de 1985 supuso un cambio de registro frente a las brutalmente explícitas Mundo caníbal, mundo salvaje y la madre del cordero, Holocausto Caníbal, tan controvertidamente célebre. Cut and Run: Inferno in diretta se desmarca decididamente de las dos obras anteriormente mencionadas, no sólo porque no hay canibalismo por ningun parte, sino porque Ruggero decidió no cargar tanto las tintas y ofrecer algo que, aun siendo salavaje en términos generales, no levanta cejas para el espectador medio. Es más, su escena más cruenta fue censurada en casi todos los países en los que la película logró estrenarse, pero de eso ya hablaremos más adelante.

Lo mejor: Violencia sin paños calientes.

Lo peor: Historia muy endeble y poco creíble.