Sobrenatural

Lamb

Padres paralelos

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Lamb

Padres paralelos

Lamb

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Lamb

El premio a la mejor película en el festival de Sitges de este año a Lamb puede que confunda a los espectadores que se zambullan en ella. Tal vez el galardón Una cierta mirada del festival de Cannes, que se asigna a propuestas singulares, se ajuste más a las intenciones autorales de su director: el debutante Valdimar Jóhannsson. Yorgos Lanthimos o Anticristo de Hanneke se me antojan como los inciertos cabos a los que atar este marciano film; películas de ritmo pausado, planteamiento febril y simbolismos ocultos en su metraje. Resumiendo, Lamb es, aparentemente, rara de cojones. Pero si sustituimos al cordero por un bebé humano, descubrimos que el resultado de esta ecuación es una historia muy convencional.

La acción nos sitúa en una remota granja de Islandia, en la que un matrimonio pasa los días centrado en las interminables labores de mantenimiento de la misma. Una rutina que nos llega a los espectadores con largos planos de estas agotadoras jornadas que evidencian, también, la falta de comunicación entre sus dos protagonistas (Noomi Rapace y Hilmir Snær Guðnason). Con el paso implacable de los minutos descubriremos que, esta dedicación, es la anestesia a la que se aferra la pareja para silenciar el aullido de dolor que ha supuesto, para ambos, la pérdida de su hija.

Lo mejor: Excelentes interpretaciones y elementos fantásticos para adornar una historia convencional.

Lo peor: Fantasía elevada más que cine de género purasangre, algo que lo convierte en un producto más de autor que de público masivo.


Última noche en el Soho

Sueños y pesadillas

Última noche en el Soho

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

Última noche en el Soho

Por fin ha llegado a las carteleras españolas el último film de Edgar Wright que, además, supone el regreso del realizador al cine fantástico tras coquetear con el cine de acción policial, con aromas de su amigo Tarantino, en Baby driver y también tras su extensísimo recorrido por la carrera del grupo Sparks con The Sparks brothers, primer documental del director que se presentó en España durante el pasado Festival de cine de Sitges junto con este film. Última noche en el Soho, título que, por cierto, tomó prestado junto a la canción de cierre al propio Tarantino, nos prepara todo un viaje por diferentes géneros y tonos dramáticos, cargado de magia, música, nostalgia y, como no, algunos escalofríos. Un coctel medido al milímetro para llenar salas de cine.

Su trama no es nada del otro mundo, pero con gran talento, Wright la ha emperifollado y sazonado, de tal forma, que parece totalmente original. Last night in the Soho nos presenta a una joven soñadora, que bien podría protagonizar una película adolescente de Disney Channel, que quiere ser diseñadora de modas y que se pasa el día entre vestidos de princesa y discos antiguos, fantaseando con vivir en la década de los sesenta. Eloise, que así se llama esta muchacha que encarna la actriz Thomasin McKenzie, se traslada a la capital inglesa para estudiar moda y, tras intentar encajar con sus sofisticadas compañeras sin demasiado éxito, se traslada de la residencia de estudiantes a una pequeña habitación en el corazón del Soho londinense. Será en este cuarto, cuando, en sueños, se convierta en espectadora de la vida de otra joven (magnífica y elegante actuación de Anya Taylor-Joy), que aspira a convertirse en la nueva estrella de la canción de comienzos de la década de los sesenta. Todo será idílico para ambos personajes hasta que la aspirante a cantante se vea arrastrada a la prostitución y el deseo que los hombres sienten por ella se materialice, en nuestra época, en forma de inquietantes espectros que acosen a la cándida Eloise.

Lo mejor: Es todo un viaje que enamotra tanto en sus momentos más luminosos como en sus opalinas pesadillas.

Lo peor: Su tramposo giro final


La abuela

Abuelita Abuelita. ¡Qué dientes tan largos tienes!

La abuela

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

La abuela

La carrera de Paco Plaza como director regresa al género sobrenatural tras juguetear con el thriller en la efectiva Quien a hierro mata. Una vuelta al redil que, los que le seguimos desde sus inicios, aplaudimos. Buena muestra del prestigio que tiene como realizador de género, ha sido la presencia de La abuela en la sección oficial del Festival de San Sebastián y la gran expectación de público que cosechó su cinta... también en Sitges: en ambos llenó en todos los pases. Se sumaba a esa expectativa, la presencia de Carlos Vermut en el guion. Tener a ambos en un mismo proyecto puede haber jugado a la contra del film, al anticipar la promesa de algo muy especial. Como veremos en este análisis, La abuela reúne tantos aciertos que la convierten en visita obligada para los aficionados al escalofrío, pese a que su terror sea más bien moderado y a que la crítica más ortodoxa se haya quedado algo insatisfecha con el resultado.

Tal vez uno de los mayores aciertos de este título esté en la elección de su actriz protagonista: Almudena Amor. Ha saltado del anonimato a convertirse en toda una promesa de nuestro cine por su papel aquí y en El buen patrón. Se mete en la piel de una modelo a punto de dar el salto a topmodel en Paris. Justo en el mismo momento en que su suerte le va a cambiar a mejor (y también en el instante previo a meterse una lonchita de cocaína) recibe la llamada desde Madrid que lo detiene todo. Su abuela, único familiar que le queda, ha sufrido un derrame cerebral. Sin pensarlo dos veces Susana (ese es el nombre del personaje) deja todo y regresa a la capital para encargarse de que a su segunda madre no le falte nada. Lo que no puede sospechar es que, el aparentemente frágil cuerpo de la anciana (que interpreta la ex modelo Vera Valdez), guarda en su interior una naturaleza letal que poco a poco irá asomando los colmillos. Un peligroso filo que correrá paralelo a inquietantes recuerdos de su más tierna infancia.

Lo mejor: Almudena Amor demuestra ser una actriz a tener en cuenta. Pese a su previsible desarrollo se disfruta con mucho agrado.

Lo peor: Que veamos claramente lo que va a pasar quita potencia a sus escalofríos.


Maligno

...pero simpático.

Maligno

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Maligno

Tras afirmar que se tomaba un respiro del cine de terror para hacer otras cosas, James Wan hace un ejercicio de intentar volver a sus raíces con Maligno, dirigiendo y coescribiendo (el guión está escrito por Wan y Akela Cooper, quien también está detrás del guión de La Monja 2) esta historia de terror psicológico inspirada en el giallo, las películas Mario Bava o de Brian De Palma, y hasta en el cine de la nueva carne de Cronenberg.

Maligno nos cuenta la historia de Madison Mitchell (una Annabelle Wallis que se entrega a su papel con brío, pero que en mi opinión no consigue que el viaje emocional de Madison nos toque la patata del todo), una mujer que es testigo de terribles visiones dignas de las peores pesadillas. Las cosas no mejoran cuando se da cuenta de que estas visiones no están solo en su cabeza sino que realmente están teniendo lugar en nuestro mundo y que están relacionadas con su tormentoso pasado familiar.
Maligno tiene, como cualquier giallo destilado de la herencia hitchcockiana, un macguffin (o dos), que en este caso es del don de la videncia de Madison, antiheroína conectada con un misterioso ser sediento de sangre
.

Lo mejor: Sus coreografías de acción, y el nivel de locura al que llega en su delirante final. Los que sabemos disfrutar del delirio cuando se hace bien gozaremos de una obra muy interesante.

Lo peor: Los momentos ridículos, los diálogos vacíos y las concesiones que hay que hacer para que la historia encaje .


Candyman

Pecado blanco, castigo negro

Candyman

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Candyman

Desde los primeros fotogramas de este nuevo Candyman se notan las ganas del producto de gustar; de enganchar a una nueva generación en la espesa pesadilla que proponía Bernard Rose en 1992 con Candyman, el dominio de la mente. Comenzar con las cartelas de las productoras implicadas en este film invertidas, como si las viéramos reflejadas en un espejo y sonando de fondo el tema de “The Candyman” de la versión de 1972 de Willy Wonka and the Chocolate Factory, son una excelente forma de atraparnos; aunque transmiten un aire desenfadado que contrasta con el espíritu de terror elevado, entiéndase por ese terror de marcado carácter autoral que utiliza el escalofrío para denunciar un tema o lubricar un drama, que predomina en el resultado. Puede que ahí radique el mayor acierto de esta actualización, pero también la mayor objeción: el jugar al despiste en sus intenciones durante casi todo su metraje. Pero como lo que le gusta al espectador del cine de terror es ser zarandeado, podemos decir que lo nuevo de Jordan Peele (en este caso como productor y guionista) logra un resultado notable; pese a que su trazo grueso en su denuncia social, a punto está de lastrar todo el conjunto.

Treinta años después de los acontecimientos de Candyman, el dominio de la mente, las desventuras de la socióloga que investigaba la leyenda urbana de Candyman se han transformado también en un mito. Cuando el artista plástico Anthony McCoy conozca la historia verá en ella la base sobre la que construir todo un discurso creativo. Sin saberlo ha conectado con una fuerza sobrenatural implacable, que pondrá patas arriba todo su mundo. El hombre del garfio regresará al barrio de Cabrini Green en Chicago convertido, gracias a la gentrificación, en un punto de reunión de artistas, intelectuales y emprendedores con buena estrella.

Lo mejor: Muy buena factura y un guion que sabe conectar con la original siendo una secuela y no un remake.

Lo peor: Puede que uno solo quiera ver una cinta de terror y no una arenga política sobre los abusos policiales.


Caveat

No tengo el conejo para muchos ruidos

Caveat

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Caveat

Si hace una semanas hablábamos de The bloodhound como una osada adaptación de la obra de Poe a la narrativa cinematográfica moderna, también me pareció encontrar mucho de este autor en el guion de Caveat. Una trama de corte casi gótico, con su mazmorra, sus cadenas y sus muros secretos. Se trata de una película excelentemente fallida. De esas que al finalizar te dejan con la rabia de ver que no se ha terminado de explotar todo su potencial. No hay mal que por bien no venga y este título creo que supondrá el pistoletazo de salida de un buen director, Damian Mc Carthy que, como veremos en esta reseña, tiene un estilazo para crear atmósferas y preparar sustos.

Caveat tiene por protagonista a un personaje que ha conocido tiempos mejores. No sabemos claramente qué le ha sucedido, pero desde los primeros minutos nos damos cuenta de que no está muy afinado. Este sujeto, que interpreta el actor Jonathan French, acepta el trabajo de cuidar a una joven (Leila Sykes) mentalmente inestable que vive confinada en una pequeña isla. Nadie le ha explicado la letra pequeña: estarán prácticamente incomunicados y además, durante su estancia, llevará en todo momento un apretado arnés conectado a una larga cadena que el imposibilitará acceder a ciertos espacios de la vivienda. Cuando se quede a solas con la muchacha empezará a notar que en esa casa las cosas están lejos de ser normales.

Lo mejor: Tiene un estilo genuino, con momentos escalofriantes.

Lo peor: No termina de encajar sus piezas y opta por una historia de crimen destemplada y como coherente.