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Caveat

No tengo el conejo para muchos ruidos

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No tengo el conejo para muchos ruidos

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Caveat

Si hace una semanas hablábamos de The bloodhound como una osada adaptación de la obra de Poe a la narrativa cinematográfica moderna, también me pareció encontrar mucho de este autor en el guion de Caveat. Una trama de corte casi gótico, con su mazmorra, sus cadenas y sus muros secretos. Se trata de una película excelentemente fallida. De esas que al finalizar te dejan con la rabia de ver que no se ha terminado de explotar todo su potencial. No hay mal que por bien no venga y este título creo que supondrá el pistoletazo de salida de un buen director, Damian Mc Carthy que, como veremos en esta reseña, tiene un estilazo para crear atmósferas y preparar sustos.

Caveat tiene por protagonista a un personaje que ha conocido tiempos mejores. No sabemos claramente qué le ha sucedido, pero desde los primeros minutos nos damos cuenta de que no está muy afinado. Este sujeto, que interpreta el actor Jonathan French, acepta el trabajo de cuidar a una joven (Leila Sykes) mentalmente inestable que vive confinada en una pequeña isla. Nadie le ha explicado la letra pequeña: estarán prácticamente incomunicados y además, durante su estancia, llevará en todo momento un apretado arnés conectado a una larga cadena que el imposibilitará acceder a ciertos espacios de la vivienda. Cuando se quede a solas con la muchacha empezará a notar que en esa casa las cosas están lejos de ser normales.

Lo mejor: Tiene un estilo genuino, con momentos escalofriantes.

Lo peor: No termina de encajar sus piezas y opta por una historia de crimen destemplada y como coherente.


Egoismo maternal...

¿Una madre siempre quiere lo mejor para sus hijos?

Gabriela Schiaffino ha respondido a nuestra llamada (la que le hicimos su hermana Natalia y un servidor). Mientras le está dando los últimos retoques a un par de nuevos relatos, Grabriela, a modo de aperitivo, nos obsequia con dos estupendos microrelatos titulados Egoísmo maternal y La empleada del mes.

Ambos son muy buenos, pero especialmente me impresionó el primero de ellos, Egoísmo maternal. Buenísimo…
Gracias Gabriela, y feliz regreso a ésta que es tu casa.

Tu lindo pie

Tu lindo pie

En honor a Mariana y un comentario que le hice, prometiéndole una historia algo más ligera que la última que escribí, os traigo este divertimento de nada.

Sin entrar en mis gustos personales sobre la anatomía femenina, confesaros que los bonitos pies de una chica me causan cierta debilidad. Si combinamos a dicho gusto, la destacada presencia en Almas Oscuras de Femmes Fatales (Véase el cruel cuento Historia Mínima), no podía menos que escribir una sencilla historia que demuestra que no hay nada más bobo que un hombre enamorado.

Oso

Oso

¿Alguna vez os habéis puesto a ordenar viejos cajones y habéis encontrado recuerdos olvidados de vuestra infancia? Si los objetos pudiesen generar una conciencia propia tendrían mucho que decir en esos reencuentros. Y la mayoría de lo que nos dijesen sería bastante duro y, por otro lado, justo.
Los científicos aseguran que nuestra capacidad para olvidar es lo único que nos mantiene cuerdos y que por otro lado también es lo que nos permite, a los humanos, definir el tiempo (concepto este, que la física quántica se obstina en romper ó redefinir). Sin embargo, esta capacidad a mí siempre me ha parecido un ejemplo más de crueldad. Un ejemplo de cómo la vida es cruel, pero si no fuese cruel nadie seguiría adelante.

Estas reflexiones y algún otro triste pensamiento me invitaron a escribir un relato que sustituye el horror explicito por melancolía y la sangre por algodón. Agradezco a Joan de corazón, que me echase una mano a la hora de optar por un final violento u otro más comedido y triste.
Obviamente el cuento está dedicado al peluche favorito de mi infancia. Uno, que desgraciadamente ya no está conmigo.