Zombeavers
Dientes sanos... felpudos zombis

- Título original: Zombeavers
- Nacionalidad: USA | Año: 2014
- Director: Jordan Rubin
- Guión: Al Kaplan, Jon Kaplan
- Intérpretes: Chad Anderson, Lexi Atkins, Brent Briscoe
- Argumento: Un grupo de jóvenes universitarios en celo deberán enfrentarse a una plaga de zombis castores.
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| TERROR: | |
| ORIGINALIDAD: | |
| GORE: |
- 3/5

Sí… sé que muchos de vosotros pensasteis lo mismo que yo cuando oísteis hablar por primera vez de Zombeavers: “¿En serio?”, “¿Zombis castores?”, “¿Era necesario?”, “¿Puede caer más bajo la figura del zombi?”, “¿Se estará revolviendo George A. Romero en su tumba?”. Al día de hoy sigo sin tener ni puñetera idea si una película como Zombeavers era o no necesaria; y desde luego el bueno de Romero no se está revolviendo en su tumba porque, que yo sepa, todavía no está fiambre (cualquier día nos sorprende con una nueva entrega de su mítica saga de muertos vivientes e intenta endosarle un poquito de cordura al subgénero). Pero sea como sea Zombeavers existe. Va en serio (no la película, sino el hecho de que exista). Es una realidad. Además se coló en la sección oficial - aunque fuera de concurso – del Festival de Sitges (algo que ha levantado ampollas entre ciertos sectores de la prensa) y ha encontrado distribución en España gracias a la gente de A contracorriente Films. De manera que las cartas están sobre la mesa. Aquel que quiera aceptar el juego que propone Zombeavers debe tener muy claras las reglas: una camada de castores zombis afilando sus enormes dientes con las costillas de unos desdichados universitarios en celo. ¡A divertirse!
Un grupo de universitarios decide pasar un largo fin de semana en una típica cabaña de bosque situada junto a un río y entregándose a los placeres de la carne. Pero poco podían imaginar que su prometedor fin de semana de mete-saca acabaría convirtiéndose en una auténtica orgía de sangre gracias a la inestimable colaboración de unos castores convertidos en zombis.
Lo mejor: Me reí.
Lo peor: La ves... con un poco de suerte te ríes... y la olvidas para siempre.




