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Unspeakable

Cosas que no pueden expresarse con palabras

Unspeakable

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  • Título original: Unspeakable
  • Nacionalidad: USA | Año: 2000
  • Director: Chad Ferrin
  • Guión: Chad Ferrin
  • Intérpretes: Roger García, Tamera Noll, Leigh Silver
  • Argumento: Tras un accidente en el que su hija muere y su mujer queda en estado vegetativo, James se sumerge en una espiral de violencia en la que se confunden su sentimiento de culpabilidad con su necesidad de redención.

65 |100

Estrellas: 4

Unspeakable

“Unspeakable” es una película que da que pensar, y a muchos niveles. Primero, en qué hace que un director del montón consiga, poco a poco, ir haciendo películas hasta conseguir el nivel técnico –lo que se corresponde con un nivel equivalente de presupuesto, aunque siempre dentro de la serie B- de una obra como “Someone’s Knocking at the Door”. Y la respuesta es que Chad Ferrin no es un director del montón. Dentro de toda la serie Z directa a dvd – hace diez años, fecha de “Unspeakable”, probablemente hablábamos de video todavía -, algunas obras puede tener todas las carencias del mundo, pero también tienen un par de buenas ideas que sustentan, de mejor o peor manera, todo el visionado.

Y es que, nada más empezar, la cabecera de la Troma nos da bastantes pistas de lo que vamos a ver. Todo es muy barato en esta película, pero eso no es un obstáculo. Los interiores no están nada cuidados, por lo que imagino que seran las casas de algunos de los responsables. Los exteriores tampoco están bien elegidos, fruto, seguramente, de la cercanía al centro de producción más que de las necesidades del argumento. Y el reparto lo conforman un grupo de ilustres desconocidos que, eso sí, defienden bien su material.

La primera escena es un buen ejemplo de cómo se hacen las cosas en la casa de Lloyd y Kaufman: sin recursos pero con estilo, siempre que uno esté dispuesto a ello. James (Roger Garcia) conduce por un túnel mientras discute con su mujer Alice (Tamera Noll). En un momento álgido de la discusión, descubrimos que en el asiento trasero, intentando dormir, va su hija Heather (Leigh Silver). Acto seguido, sucede lo que te temías desde que empezó la escena: hay un accidente. El único que sobrevive al cien por cien es James; su hija Heather muere y su mujer Alice queda desfigurada y medio vegetal de por vida. Esta escena está contada en, básicamente, tres planos: uno frontal del coche, desde donde somos testigos de la discusión de James y Alice y de la aparición de Heather para revelar su presencia en el momento más inoportuno; un inserto de una luz cegadora sobre un primer plano de James, con el off de un choque; y un tercero en el que ya ha sucedido el accidente y el hombre sostiene a su hija en sus brazos. Se nota que es así por un tema presupuestario pero, también, que lo que vemos es lo que necesitamos ver, ni más ni menos. Nos basta con el sonido del choque y luego ser testigos de las consecuencias del mismo.

James percibe este suceso como una condena. Se llevaba mal con su mujer y adoraba a su hija por encima de todas las cosas, y la vida le castiga a perder a su ser querido y a “cargar” con la esposa. Así, contrata a Barry (Timothy Muskatell), un enfermero, para que cuide de ella, mientras él se dedica a deambular por la ciudad… Así, la noche en la que conoce a una prostituta, las cosas se disparatan. A la vez que nos enteramos de que Barry abusa sexualmente de la inválida Alice, James cree oír hablar a su hija Heather a través de la prostituta, y no pudiendo controlar su sentimiento de culpabilidad, la asesina cruelmente. Se convence, por tanto, de que si sigue matando chicas conseguirá comunicarse más a menudo con ella, y quién sabe si conseguir traerla de vuelta otra vez a este mundo.

Culpabilidad, depravación moral y conductual, y una constante búsqueda de la catarsis se unen de un modo magistral en esta película tan “sucia” como “limpia” a partes iguales. Y un mensaje contundente y demoledor surge de toda la mugre que impregna el metraje: lo fácil que es censurar a los demás, y lo difícil que es hacerlo para con los hábitos de uno mismo. Una idea puede que nada original, pero que sólo cuando está bien expuesta revela todo el potencial que posee. Así, por ejemplo, en “Unspeakable” tenemos la figura del narcotraficante, Hell (Wolf Dangler), que si bien suministra y vive de la venta de drogas, detesta a todos los seres marginales que van en busca de su dosis, y sueña, contradictoriamente, con una sociedad mejor sin la escoria de los vagabundos o los yonquis. También, al Sacerdote, el cura que oficia el entierro de Heather, cuyos vicios, lamentablemente, están de actualidad en todos los periódicos…

Está claro que al señor Ferrin le fascinan las conductas “pervertidas” (me niego a poner esta palabra sin comillas, lo siento). Y, como siempre, consigue ofrecer un par de escenas de bastante mal gusto, escandalizando al personal. Sin embargo, lo que en otras películas es el único mérito, aquí, tras lo señalado anteriormente, se convierten en un motor importante del mensaje de la película. A esto me refería cuando comenzaba diciendo que hay algo que diferencia a algunas películas del maremagnum de la serie Z; de hecho, me gusta pensar que existe esta categoría de películas, este mercado, para que se hagan este tipo de obras que, incluso dentro de la misma serie B, puede que no pudieran encontrar su lugar, dado que mientras mayor alcance tenga una película, mayor es la censura –autocensura, en muchas ocasiones.

Conforme vamos llegando al tramo final de “Unspeakable”, convencidos, además, de que su título se debe a la especie de conexión mental que se establece entre James y su difunta hija Heather, las distintas historias que se han ido desarrollando –algunas más torpemente que otras- se van cerrando y encajando, revelando e incidiendo en el que para mí es el mensaje principal de la película. Especialmente significativa, a este respecto, es la rebelión espontánea que tiene lugar entre los sin techo en el tramo final, defendiendo a uno de ellos de una agresión, en un arrebato de “dignidad de clase”. Y el final, por supuesto, como buena conclusión, se guarda un nuevo as en la manga. Es un final que, la mayoría de las veces que se ha hecho, ha desbaratado todo el trayecto. Y, sin embargo, aquí funciona muy bien. Cambia el punto de vista de varias cosas y, sobre todo, del título. Lo que no puede expresarse con palabras, no puede expresarse con palabras porque es demasiado atroz, y ahí lo dejo…

…aunque hay una especie de subtema, a este respecto, que me parece reseñable. Lo que no puede expresarse con palabras es algo que James no es capaz de reconocerse a sí mismo, y tiene una equivalencia en el personaje de Barry, el enfermero que abusa sexualmente de su mujer inválida. Este hombre tiene su cuarto de baño lleno de fotos de chicas desnudas y posters de películas plagadas de mujeres, entre ellos el de “Escupiré Sobre tu Tumba”. Puede querer decir, o interpretarse, como la necesidad de encontrar el rol social de uno en función de las cosas que le hacen disfrutar… así como poner de relevancia la torpeza de los seres humanos cuando nos guiamos por razonamientos tan básicos como “me gustan las pelis en las que violan a tías” por lo que “me dedico a abusar de tías”. Este sería el estadio más básico de este comportamiento; un cierto grado de evolución lo presenta James con su conflicto; el tercer nivel, el más sofisticado, no está presente en esta película, aunque se puede desprender de ella: y es el de aceptar con libertad y naturalidad los impulsos y encauzarlos de un modo saludable y “normalizado”.

En definitiva: a pesar de sus irregularidades y de sus carencias presupuestarias, creo que “Unspeakable” es una película a la que vale la pena acercarse de un modo desprejuiciado. Es mucho lo que se puede sacar de ella si se consigue hacer la vista gorda a, por un lado, sus obscenidades, y, por otro, sus tocas formas cinematográficas. En mi caso, desde luego, fue muy sencillo obviar todo esto.

Lo mejor: Que con 20.000 dólares se puede hacer una película profunda.

Lo peor: Que no tuvieran mucho más dinero y mucho más tiempo.

Momo

Profundamente estadounidense

El cine de terror y corte fantástico, a menudo, nos trae propuestas descacharrantes, psicodélicas e, incluso, de mal gusto. Lo que podríamos llamar comúnmente como serie Z. Aunque en mi ignorante opinión, las “A“s, las “B“s, etc; mejor dejarlas en el abecedario.
En mi caso, prefiero alejarme de las categorías y dedicarme a disfrutar de una película por sus propios meritos y/ó fallos. Si comento esto, es porque la película que os adelanto parece la típica cinta amateur mezclando sangre, humor y paletos. No en vano esta basada en ciertas historias de la prensa amarilla estadounidense más barriobajera.

Imagino que todos conoceréis a Bigfoot (no en persona, espero). Pues según “noticias” locales de Missouri, en las zonas pantanosas de este estado se realizaron, en los setenta, avistamientos de un sasquach…con cabeza de calabaza de Halloween. Incomprensiblemente, a esta criatura decidieron llamarla “Momo”, nombre que toma este film de ínfimo presupuesto (Con los buenos recuerdos que me trae este nombre).

Es imposible, después de leer el párrafo anterior, no darse cuenta de porque EEUU es la principal potencia económica del mundo. Pero obviemos estas cuestiones para dejar paso a la sinopsis y al teaser de “Momo”, película de un tal Count Zee, que a pesar de su dudosa calidad esperemos que algún día llegue a nuestras manos para carcajearnos con esta extremadamente cutre-producción, que de todo tiene que haber en esta vida.
Según tengo entendido Momo está en su primer tercio de producción; así que no os sorprendáis si nunca llegáis a verla.

PD: No creaís que este es el único engendro perpetrado por estos muchachos. Os remito a la poco original Redneck Carnage por si teneís más ganas de terror amateur de la mano de Count Zee.

Sinopsis:

En los pantanos de Louisiana, Missouri, corre el año 1971 cuando unos paletos locales y unos jóvenes de acampada son atacados por lo que parece un bigfoot. ¡Pero la cabeza de este monstruo es una calabaza de Halloween! Afortunadamente, un criptozoologo, que podría ser el mismísimo Elvis, está de estudio por la zona; y no le importaría extraer unas muestras del nuevo espécimen con su recortada.

Teaser:

Black Devil Doll

Cuatro putas y un muñeco roto

Black Devil Doll

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  • Título original: Black Devil Doll
  • Nacionalidad: USA | Año: 2007
  • Director: Jonathan Lewis
  • Guión: Shawn Lewis, Mitch Mayes
  • Intérpretes: Heather Murphy, Natasha Talonz, Christine Svendsen
  • Argumento: Un activista negro culpable del asesinato de 15 mujeres caucásicas y a punto de ser ejecutado en la silla eléctrica, se reencarna en un viejo muñeco de madera.

69 |100

Estrellas: 4

Black Devil Doll

Desde el primer instante en que supe de la existencia de una película titulada Black Devil Doll cuyo argumento giraba en torno a un muñeco negro de madera dispuesto a follarse a cualquier rubia siliconada de encefalograma plano que se le pusiese por delante, supe perfectamente cuál sería la escena que acabaría representándose en el salón de mi casa.

Un par de sospechosos habituales (los de siempre), la nevera surtida de una cantidad de cerveza suficiente para nublar nuestros sentidos (incluido el sentido común), toneladas de predisposición a pasar un buen rato y, por supuesto, cruzar los dedos para que, finalmente, Black Devil Doll nos ofreciera una pequeña parte de lo que prometía y la cosa no resultara tan tremendamente horripilante (e insoportable) que ni siquiera hiciera gracia.

La joven y voluptuosa (esto será una constante) Heather se encuentra aburrida en casa sin saber qué hacer. Gracias a Dios tiene al alcance de su mano una tabla guija con la que matar el tiempo. Lo que jamás sospecharía la buena de Heather es que la dichosa tabla provocaría que el espíritu de un militante activista negro llamado Mubia Abuj Jama, acusado de matar y violar a 15 mujeres caucásicas, y a punto de morir abrasado en la silla eléctrica, acabaría instalándose en su casa convertido en un muñeco negro de madera de ojos saltones y pelo afro.

El fogoso y apasionado romance que vivirán Heather y Mubia Abuj Jama tan sólo se verá amenazado por los celos del exnovio cafre de ella (un patético rapero blanco que habla, se viste y se mueve cómo un negro), y las ganas incontenibles del muñeco de madera por probar nuevos coños que no sean el de su novia.
Heather, novia servicial cómo las hay pocas, organiza una fiesta en la que reúne a sus mejores amigas con el objetivo de que el muñeco de madera de ébano calme su apetito sexual… y dé rienda a su instinto asesino.

Black Devil Doll es una gilipollez cómo un templo. Basura fílmica. El que intente tomarse en serio uno solo de los fotogramas de la película, está perdido.
Encuadrada dentro de los parámetros de la serie Z más letal y ponzoñosa, Black Devil Doll nos ofrece un interminable desfile de sexo guarro y mugriento, diálogos ofensivos, situaciones disparatadas y ordinarias, putas neumáticas que harían las delicias del viejo Russ Meyer (a no ser que a Russ Meyer le supusiera algún problema el exceso de silicona…), grandes tetas, enormes culos, excrementos, poca materia gris y considerables dosis de sangre y gore.

En otras palabras: Black Devil Doll ofrece, exactamente, todo aquello que promete.
Si a ello le sumamos unos extraordinarios títulos de crédito al más puro estilo James Bond, un aspecto visual no tan desastroso cómo cabría esperar en una producción de este calibre, unos efectos baratitos pero que cumplen perfectamente con su cometido, y unas actuaciones… está bien, las actuaciones son un desastre en toda regla. No hay quién se salve ( el más expresivo de los ¿actores? implicados en Black Devil Doll es, precisamente, el muñeco de madera); el resultado final será el siguiente: para muchos la excusa perfecta para reunir a los amigos y encabezar una doble o triple sesión de cine bizarro y hediondo. Para otros tantos una repugnante, apestosa e insufrible ofensa que jamás debió ver la luz del día.

Y cómo de lo que aquí se trata es de dar mi opinión personal, pues ahí va: me gustó Black Devil Doll. Puse mi encefalograma en números negativos y me reí de sus estupideces, de sus cochinadas, sus obscenidades, su gamberrismo, su pestilencia… Pero, aún así, no voy a recomendárosla. Me he esforzado en describiros de forma clara y concisa lo que una película como Black Devil Doll puede llegar a ofreceros. A partir de aquí la decisión es vuestra. Por supuesto todos aquellos que os consideréis fanáticos del cine más bizarro y cutre, de la serie Z más recalcitrante, tenéis una cita ineludible con esta pseudo-pornográfica y deforme mezcla de blaxploitation, muñeco diabólico, las chicas de Russ Meyer, y el cine de la Troma. Al resto, os toca decidir. Yo me lavo las manos.

En cualquier caso, si decidís darle una oportunidad a Black Devil Doll, os recomiendo hacerlo en buena compañía. Al menos para no tener la sensación de que sois los únicos enfermos capaces de tragaros tamaña ofensa al séptimo arte, y que encima os acabe gustando.

Para finalizar, una aclaración sobre la puntuación que acompaña a esta reseña. Si en alguna ocasión han tenido algún tipo de significado los dichosos numeritos y estrellitas que suelo darle a las películas… éste no sería el caso. Me parece absurdo intentar puntuar Black Devil Doll de una forma, más o menos, objetiva. Así que finalmente me he decidido por otorgarle una nota simbólica (y muy poco sutil) que creo que casa perfectamente con el espíritu de la película.

Lo mejor: Amigos, cervezas y ganas de diversión...

Lo peor: Lo habitual en este tipo de producciones. Para muchos una excelente opción para una sesión de medianoche. Para otros una bazofia inmunda.

¿Dónde conseguirla?
GoreNation: "Black Devil Doll" en VOSE.

Plaga Zombie: Zona Mutante

Lucha a carcajadas contra los zombis multicolor

Plaga Zombie: Zona muntante

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  • Título original: Plaga Zombie, Zona Mutante
  • Nacionalidad: Argentina | Año: 2001
  • Director: Pablo Pares y Hernán Saez
  • Guión: Pablo Pares y Hernán Saez
  • Intérpretes: Pablo Pares, Hernán Saez, Paulo Soria, Walter Cornás
  • Argumento: El FBI prueba un virus alienígena en un pequeño pueblo. Pero lo que en un principio parecía un simple experimento termina por convertir a casi todos los habitantes en zombies asesinos. Tres únicos supervivientes intentarán escapar.

60 |100

Estrellas: 3

Plaga Zombie: Zona muntante

Soy el primero en defender la serie Z (películas de explotación de bajísimo presupuesto) como un vehículo totalmente válido, digno y reivindicable de disfrutar, sin complejos, del cine fantástico y de terror.

Películas realizadas con una carencia absoluta de medios pero, a menudo, con unas altísimas prestaciones en ilusión e imaginación por parte de cineastas en ciernes y soñadores que reúnen el valor necesario y deciden dar un paso adelante, abandonando su condición de simples espectadores y aficionados para ofrecernos su particular (y barata) visión del género.

Por supuesto siempre me gusta advertir que la serie Z no es un tipo de cine de fácil consumo. En la mayoría de casos se requiere un esfuerzo suplementario por parte del espectador. Es absolutamente imprescindible que seamos conscientes del tipo de película que estamos dispuestos a ver. Por lo general, argumentos ridículos o simplemente inexistentes, nulas cualidades técnicas, actores aficionados, efectos especiales que son una mezcla de hilaridad y vergüenza ajena... Cómo espectadores, las producciones de serie Z requieren que aceptemos –en la medida de lo posible- la degradación de una serie de aspectos que, en otro tipo de cine, considerariamos fundamentales. La serie Z tiene sus propias reglas, y para poder disfrutarla no nos queda otro remedio que acatarlas.

Sería conveniente valorar la serie Z terrorífica en base a una única razón: su capacidad para divertir (incluso a carcajadas) a un desacomplejado grupo de amigos que no esperan de este tipo de cine más de los que realmente puede ofrecerles (siempre es recomendable disfrutar, si se puede, de una buena serie Z en grata compañía).

Sin embargo, bajo este panorama, es necesario ser realistas, mantener los pies en el suelo, y advertir que el invento no siempre acaba funcionando. Supongo que todos, como buenos aficionados al cine de terror, nos hemos visto en alguna ocasión involucrados en ruinosas sesiones de serie Z que han puesto a prueba nuestra fidelidad y resistencia al género, y que casi dan al traste con alguna que otra amistad. No debemos excusar o encumbrar, sistemáticamente, todo el cine de terror de bajísimo presupuesto. Dentro del subgénero hay películas que cumplen su función a la perfección, pero también hay otras que, por bajas que esten situadas nuestras expectativas, acaban obligándonos a hacer uso del botón fast forward de nuestro mando a distancia (ver Bikini BloodBath).

Hoy tengo el gusto de traeros una serie Z de las aprovechables. De las plenamente disfrutables. Se trata de la producción argentina "Plaga Zombie: Zona Mutante", una producción de 2001 que supuso la continuación de Plaga Zombie (1997), una baratísima producción (300 $ para maquillaje, plastelina y sesos de vaca, y 300 $ más para arreglar los múltiples desperfectos que sufrío la cámara casera con la que se llevó a cabo el rodaje) que, con los años, se ha convertido en una pieza de culto para los muy aficionados a este tipo de cine.

"Plaga Zombie: Zona Mutante" multiplicó por diez el presupuesto de su antecesora, lo que lo dejaba en unos exiguos 3.000 $.
La película parte de la misma premisa que el original. Tras constatar que el gobierno norteamericano pretende desentenderse del brote de infección zombi, los tres supervivientes de Plaga Zombi (Bill Johnson, estudiante de medicina; John West, famoso campeón de lucha libre, y Max Gibbs, un loco de los ordenadores) son abandonados nuevamente en mitad del pueblo afectado, acompañados en esta ocasión de una bolsa en cuyo interior, presumiblemente, viaja otra persona y que los protagonistas no se molestan en abrir hasta bien entrada la mitad de la película (eso sí, antes de abrirla la utilizan en multitud de ocasiones como arma arrojadiza contra los zombis).

"Plaga Zombie: Zona Mutante" no tarda más de cinco minutos en arrancar, de forma que muy pronto tomamos conciencia de la clase de espectáculo al que estamos a punto de asistir: tres tipos muy singulares haciendo frente a una horda de zombies multicolor que les acechan sin descanso.
Así de sencillo y así de jocoso. Las decenas de formas distintas en las que los protagonistas acaban con los zombis son hilarantes. Cualquier utensilio que tienen a su alcance (todos los cuchillos del pueblo han desaparecido de forma misteriosa) se convierte en una efectiva arma que termina introducida en los agujeros más insospechados de algún desdichado zombie.
Las coreografías de las luchas son divertidísimas; una mezcla de kárate trasnochado y de bofetones al estilo de Bud Spencer.
Y, por supuesto, sangre, vómitos, tripas y demás órganos internos acaban siendo los principales alicientes de esta gran celebración del fungore más gamberro y deshinibido.

Los personajes protagonistas son entrañables y sorprende la rapidez con la que se les coge cierto cariño. Sobre todo John West, ese campeón de lucha libre venido a menos que incluso tiene una tronchante canción dedicada a su leyenda (la canción no tiene precio...).

Por supuesto la película tiene defectos. Curiosamente esos defectos no están tanto en el plano técnico (los efectos gore son muy dignos, el maquillaje multicolor de los zombis es destartalado pero divertido, y la planficación de las luchas, deudora de lo que hizo Sam Raimi en Posesión Infernal, resulta muy convincente) como en algunos fallos en el ritmo a consecuencia de la excesiva dilatación de algunas escenas. Está claro que cuando la película no se centra en las inagotables luchas entre los supervivientes y los zombis, el invento decae en interés. Algunas secuencias, como la que tiene lugar en casa de John West, se alargan más de la cuenta. Y en el mismo sentido, la secuencia final también resulta excesiva en cuanto a su duración. En general a la película le sobran, fácilmente, unos quince/veinte minutos de metraje.

Pero son, en todo caso, males menores que, al fin y al cabo, constituyen un tributo lógico (y perfectamente soportable en este caso) que debemos pagar en este tipo de producciones.

No es para todos los gustos. Está claro que a algunos les parecerá un insulto al séptimo arte, un experimento amateur de mal gusto del que huir como si se tratase de la misma peste.

Pero para los amantes de este tipo de cine, el resultado final que nos brinda "Plaga Zombie: Zona Mutante" es una regocijante parodia zombi, repleta de adrenalíticas secuencias de lucha salpicadas de gore rústico y brutal, y que hace gala de un humor negro (y en ocasiones absurdo) que hará las delicias todo aquel que sea capaz de disfrutar de una película perfectamente representativa de lo que debe ser una buena serie Z.

Viernes noche. Un par de amigos de los de toda la vida. Cerveza fría y pizza caliente. Y, finalmente, unas risas liberadoras ante tanto zombi multicolor y gore gamberro y desenfrenado. Misión cumplida.

Lo mejor: Una serie Z que cumple, con creces, su objetivo: pasar un rato divertido en compañía de tus amigos.

Lo peor: ciertos altibajos en el ritmo que son muy evidentes.