VOD

Has filtrado por categoría: Página de inicio | Gore

Neighbor

Quiero ser torturado por America Olivo

Neighbor

Ver ficha completa

  • Título original: Neighbor
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Robert Angelo Masciantonio
  • Guión: Robert Angelo Masciantonio
  • Intérpretes: America Olivo, Christian Campbell, Joe Aniska
  • Argumento: Una joven misteriosa dedica todo su tiempo libre a invadir casas ajenas y someter a sus ocupantes a todo tipo de sádicas y dolorosas torturas.

52 |100

Estrellas: 3

Neighbor

Esta es una de esas ocasiones en las que uno se ve obligado a ejercitar duramente su capacidad de imaginación y creatividad para justificar, de la manera más digna posible, porqué demonios le ha podido gustar – o al menos entretener – una película como Neighbor.

Una joven misteriosa dedica todo su tiempo libre a invadir casas ajenas y someter a sus ocupantes a todo tipo de sádicas y dolorosas torturas.

Dos líneas para resumir el argumento de Neighbor. Creo que de habérmelo propuesto lo podría haber dejado en cuatro palabras (palabra arriba, palabra abajo). Lo cierto es que cuando tocamos el ya cansino género del torture-porn, lo más habitual es que sobren las palabras.

Así es, Neighbor, segunda película del director Robert A. Masciantoni tras All Along, se enmarca dentro del género de torturas y ofrece, como plato principal (casi único), a la sana y dicharachera (eufemismos varios y poco afortunados para acabar constatando que está de buena que cruje) America Olivo, haciendo nuevamente gala de su vena gamberra, su militancia al género terrorífico y sus escasas, pero muy bien aprovechadas, cualidades interpretativas.

Debo reconocerlo, me encanta la Olivo.
Sé perfectamente que hasta el momento, su minuto de gloria se lo debe al esplendor de sus pechos turgentes y siliconados en el prólogo del remake de Viernes 13. Que su presencia en Iron Man y en Transformers era poco menos que testimonial (en esta última aparece acreditada como “la chica del frisbee”), y que sus presuntas aptitudes como actriz son tan sólo eso: presuntas.

Pero su desparpajo y su falta de estúpidos escrúpulos a la hora de afrontar papeles tan disparatados como el de Camaro en mi adorada Bitch Slap, o secuencias tan comprometidas como aquella en la que juega, de manera traviesa, con el pene del protagonista de Neighbor, la película que hoy nos ocupa, despierta en mí todas las simpatías habidas y por haber hacia una actriz que bien podría considerarse al equivalente actual a las añoradas scream-queens de los 80.
Es exactamente la misma admiración que siento por otra actriz acostumbrada a sumergirse en el barrizal (sin pretender ser despectivo… todo lo contrario) de la serie B y la serie Z norteamericanas: Tiffany Shapes.

Está bien… se me ve el plumero. ¿Por qué demonios sigo hablando de la Shapes, la Olivo o de Amber Heard (ummm… de ésta todavía no había dicho nada, pero sólo por ver lo que se oculta tras el enlace creo que ha valido la pena mencionarla) cuando el verdadero motivo de esta reseña es Neighbor? En realidad creo que ya lo dije al principio, con Neighbor sobran las palabras.

El guión de la película es un auténtico desastre. Pude llegar a intuir que Robert A. Masciantoni pretendió construir algo similar a una historia de realidades paralelas, o de segundas oportunidades, o de vete a saber qué. Pero lejos de armar una trama interesante que arropara a las inevitables secuencias de violencia y tortura, lo que finalmente obtuvo fue un auténtico galimatías que un servidor fue incapaz de descifrar. Saltamos adelante y atrás en el tiempo sin saber muy bien cómo ni porqué. Y me temo que el mismísimo Robert A. Masciantoni tampoco lo debió tener muy claro cuando, en un momento dado, decide otorgarle algo de coherencia a toda la historia (o al menos intentarlo) con una excusa que suena a desesperación: setas alucinógenas.

Ni siquiera se molesta en darnos una pequeña pista, un leve indicio sobre cuáles son los motivos que empujan al personaje que interpreta America Olivo a cometer el abanico de barbaridades mostrado en Neighbor.

Quién sabe, quizás con una buena ración de dichas setas mi cerebro hubiera espabilado y le hubiera encontrado algún sentido a la trama de Neighbor.

Y pese a todo esto que acabo de contaros, Neighbor me gustó. Me pareció entretenida… mala, pero entretenida. Cierto que Robert A. Masciantoni fracasa a la hora de construir una historia mínimamente decente que dé sentido al posterior desfile de momentos gore que atesora Neighbor; pero es que precisamente esos instantes gore (al fin y al cabo principal sustento de todo buen torture-porn que se precie) me resultaron inusualmente amenos y divertidos. No estamos ante uno de esos típicos torture-porn que hacen del sufrimiento extremo y la vejación de sus protagonistas su principal argumento. Hay sangre, hay gore (sin exageraciones), hay humillación y sufrimiento, pero también existe en Neighbor una continua sensación de que nunca acaba de tomarse en serio a sí misma. Todas las secuencias de violencia desprenden una sana socarronería, una cierta ironía a la que no es ajena, en absoluto, la interpretación de America Olivo: las medias sonrisas, las miradas juguetonas a la cámara (me queda la duda de si dichas miradas furtivas a la cámara están en el guión o son un desliz de la Olivo), los chistes malos…

Neighbor no es una gran película, y quizás America Olivo no sea una gran actriz; pero en esta ocasión su presencia y su trabajo provocan que las secuencias de violencia sean más llevaderas y entretenidas de lo que suele ser habitual en este tipo de producciones. ¿Todo aquello que no sea ver a la Olivo maltratando con ensañamiento a sus compañeros de reparto? Pues puro desperdicio… quedáis avisados.
Así que, parafraseando a un estimado seguidor de este blog, tan sólo me queda añadir: God Bless “America”.

Lo mejor: America Olivo en un torture porn llevadero y entretenido.

Lo peor: Atención!!! No es una buena película. El guión es un desastre y si no se toma con algo de humor la experiencia puede ser desastrosa.

The Butcher

El arte de marear al espectador

The Butcher

Ver ficha completa

  • Título original: The Butcher
  • Nacionalidad: Corea del Sur | Año: 2008
  • Director: Kim Jin-won
  • Guión: Kim Jin-won
  • Intérpretes: Kim Sung, You Dong-hun, Ha Yoo-hee
  • Argumento: En una granja de cerdos cuatro personas con una cámara colocada encima de sus cabezas serán los protagonistas de una película snuff.

30 |100

Estrellas: 2

The Butcher

Nuestro buen amigo Blanch nos trae la reseña de The Butcher. Bienvenido Blanch y a disfrutar…

Muchas veces nos quejamos de la falta de originalidad en las historias que nos quieren contar muchos cineastas en nuestro querido y amado género. También es cierto que una película gore en la cual se lea la palabra snuff no tiene mucho que aportar excepto la forma artística en la que se cortan manos, se muestran vejaciones insanas y demás depravaciones que no hayamos visto anteriormente.
¿Enfermo? Quizás…

Es por eso que Kim Jin-won (anteriormente había rodado los cortometrajes Man in the Box y Chainsaw High School Girl), debuta en un largometraje donde ha querido innovar lo visto hasta ahora. Para lograrlo da un paso más en el formato de la típica vista subjetiva que ofrece la cámara en mano y nos sumerge en un “shoot em up” en primera persona, como si de un videojuego se tratase, en el que sentir un poco más en nuestra carne el sufrimiento de esta historia de violencia, llantos y sangre. ¿Lo ha conseguido? Personalmente sentí ganas de echarme a llorar. La respuesta después de la sinopsis:

Un director de cine y su ayudante quieren crear arte (let’s make some art, como decía Lloyd Kauffman, aunque el creador de Troma lo hacia bastante mejor); y, según ellos, no hay mejor forma de hacerlo que a través de películas snuff. Para ello contarán con la inestimable ayuda de un hombretón cubierto con una máscara de cerdo, de pocas palabras y muy violento. En su nueva película la pareja elegida como protagonistas es un matrimonio donde bien pronto se pondrá a prueba su amor. El director, muy perspicaz, no quiere perderse detalle alguno de su obra y por ello equipa a las víctimas con un casco que lleva acoplada una vídeo-cámara de grabación.

La primera puesta en escena no podría ser más explícita: salpicaduras de sangre y gente atada, sollozando, ataviada con un casco-cámara en la cabeza mientras dos hombres hablan de cine y de pistolas caseras. Son unos primeros minutos de incertidumbre en los que la víctima y el espectador intentan meterse en el contexto de la situación. Sobre todo el espectador, teniendo en cuenta que en estos primeros minutos ya se nos pone la mosca tras la oreja con el incesante y mareante movimiento de cámara.

Una vez con los ojos adaptados al formato (ni Cloverfield ni REC se movían tan rápido) ya estamos preparados para lo que el director y muchas críticas habían prometido: escenas escabrosas de desmembramientos, violaciones y un sinfín de adjetivos meritorios dignos de ser escuchados, y que provocan que te pique ese gusanillo de la curiosidad que todos tenemos dentro… pero la realidad es muy distinta. O yo ya he perdido parte de sensibilidad, o la gente exagera. Tan hiperrealista ha querido ser esta cinta coreana en su manera de grabar, que por culpa, repito, de sus excesivos movimientos de cámara, acompañados de los chillidos ensordecedores de los torturados y unos primeros cuarenta minutos de mortal aburrimiento, hacen que cuando llegan las escenas impactantes ya no te acuerdes si estabas viendo una peli gore o un Gran Hermano.

¿Y el mal rollo cuando llega? Pues permaneced tranquilos, que yo todavía lo estoy esperando. En estos cuarenta primeros minutos lo único salvaje que vemos son los martillazos que pega el ayudante del director a las víctimas para que se callen y esperen su turno.
Después… un largo rato enfocando a un martillo tirado en el suelo…
La arquitectura en la construcción de las paredes…
El tejado de la granja…

Y por fin hace su aparición la megaestrella de la película: el cara de cerdo. Y con él, todas nuestras esperanzas se van al traste. Gore light, dramatismo insulso y lo peor de todo: un final muy vulgar y hecho con muchas prisas.

Hay una cosa que todavía me pregunto. Si el director - me refiero al real – quiso mostrar esta nueva perspectiva dotando a los torturados de cámaras, ¿por qué en el noventa por ciento del film sólo se muestra el contenido de sólo una, si tenemos en cuenta que por ahí pululan hasta un total de seis cámaras? ¿Se le habría olvidado introducir la cinta en el magnetoscopio o tal vez darle al rec?

Lo mejor: Su poca duración hace que por lo menos la veas hasta el final.

Lo peor: No hay tetas, a pesar de tener la sensación de estar viendo un vídeo del Torbe.

Vampire Girl vs Frankenstein Girl

Dos chicas empapadas de rojo

VGvsGF_Poster

Ver ficha completa

  • Título original: Vampire Girl vs Frankenstein Girl
  • Nacionalidad: Japón | Año: 2009
  • Director: Yoshihiro Nishimura, Naoyuki Tomomatsu
  • Guión: Naoyuki Tomomatsu
  • Intérpretes: Yukie Kawamura, Eri Otoguro, Eihi Shiina
  • Argumento: Monami es una chica vampiro que en el instituto se enamora de su compañero Mizushima, por desgracia, este también es el objetivo de los deseos de Keiko, la hija de un loco y malvado doctor.

65 |100

Estrellas: 3

Vamp_girl_vs_frank_girl_grande

De nuevo a la carga con esta reciente muestra del splatter japonés más bizarro, exagerado, cómico y sangriento. Vampire Girl vs Frankenstein Girl se une al muy activo género de japonesitas guerrilleras cubiertas de rojo y sin escrúpulos, para causar el mayor daño a sus enemigos sea disparando pechos-misiles, rebanando miembros con katanas, usando su propia sangre como arma ó con sencillos cyberimplantes que disparan afilados penes.

Esta clase de producciones están poco a poco ganándose un hueco propio en el cine fantástico japonés (donde este tipo de bizarradas tienen una rápida aceptación por las referencia clásicas a otros géneros muy amados por los orientales como todo lo relacionado con los “mechas”: lo que para occidente sería un cyborg) y siguen dejándonos a los occidentales perplejos, extrañados y, en ocasiones, encantados. Aparte de la película aquí reseñada, las últimas producciones que enarbolan la bandera del splatter japonés como su máximo exponente podríamos citar Samurai Princess, The Machine Girl ó Tokio Gore Police. Las cintas citadas tienen tantos puntos en común que casi se podría hacer la misma reseña para cada una de estas películas. De hecho, los responsables de efectos especiales, guionistas, directores y, hasta algún actor, suelen ser los mismos alternándose tareas, ya sabéis que los japoneses son una raza muy aplicada y organizada que consiguen sacar oro de las piedras. Para este análisis intentaré centrarme en los elementos diferenciadores de VG vs. FG con respecto a sus antecesoras, aunque ya adelanto en estos primeros párrafos que los que disfrutasteis con los anteriores trabajos de Yoshihiro Nishimura (responsable en efectos especiales de decenas de películas muy sangrientas y director de la destacada Tokio Gore Police), estáis obligado a visionar a estas dos atractivas jovencitas cometiendo unas atrocidades espectaculares que han sido muy bien representadas en pantalla.

Monami es la chica nueva del instituto. Guapa pero callada apenas llama la atención hasta que el día de San Valentín, se atreve a regalarle bombones a Mizushima, el guaperas de la clase (Japón: El mundo al revés, las chicas regalan bombones a sus enamorados). Desgraciadamente Keiko, la lider del grupo de lolitas góticas, lleva mucho tiempo detrás de Mizushima y no va a dejar que la chica nueva se haga con su presa.

Por suerte para Monami, ella no es una chica normal. Es una vampira de cientos de años con una fuerza sobrehumana y un apetito voraz por la sangre humana. Usando sus poderes para seducir a Mizushima, así como su enigmática sonrisa, provoca un accidente en el que Keiko resulta muerta. Sin embargo, el padre de la joven muerte es un científico loco (vestido como los actores Kabuki) que con la ayuda de su sexy enfermera psicópata descubre el método para devolver a su hija a un estado de vida mecánica.

Es ahora cuando la chica vampiro y la chica Frankenstein comienzan una batalla despiadada en un instituto plagado de chicas adictas a cortarse las venas y pandillas obsesionadas con ser de raza negra (la más funky del planeta), usando cualquier parte de su cuerpo y cualquier sangrienta estrategia para conseguir el cariño de un confundido Mizushima.

Os aseguro que el argumento es el que os he contado (muy cercano a la sinopsis oficial). No me he tomado nada raro y la demencia senil todavía aguarda en el horizonte de mi vejez. De todos modos y pasado el interés inicial por los conceptos expuestos en el guión de VG vs FG, uno se da cuenta rápidamente del vacío argumental que se nos presenta en pantalla. La historia se presenta como tal en los primeros minutos de metraje, no existe desarrollo de ningún tipo más allá de que la muerte de Keiko y su resurrección desencadena la gran batalla final. Este punto negativo, así como otras virtudes, son el resultado evidente de la inspiración directa de este film en el manga homónimo de Shungiku Uchida.

Siempre me ha parecido que los mangas son muy estáticos, presentan bonitas escenas, agradables momentos, cómicas situaciones pero “a tirones”. Pues esto es lo que sucede con la línea narrativa de VG vs. FG, prácticamente es una sucesión de espectaculares viñetas pero sin tener una conexión profunda entre ellas. Todo es una excusa y está al servicio del espectáculo visual gore. En todo caso destacaría el pequeño giro final, predecible en cierto momento de la relación Monami y Mizushima, no muy original pero simpático y acorde con la personalidad desenfadada de la chica vampiro. También los personajes están bien caracterizados y perfilados dentro de su exageración (por momentos uno cree estar viendo una película de Troma, sobre todo las escenas protagonizadas por las chicas Ganguro, las aficionadas a parecerse a gente de color); no obstante una vez presentados estos personajes, solo la chica vampiro tiene algo de “tridimensionalidad”.

En resumen, el guión son cuatro hojas a una sola cara, algo en común con el resto de las muestras del splatter japonés. Lo siento por el señor Tomomatsu responsable del mismo, pero su trabajo ha sido mínimo (tampoco es que otros trabajos suyos como Zombie self defense force ó Stacy destacasen por un buen guión)

En este punto, me gustaría puntualizar que este camino de realizar películas con la estética de la nueva carne, muy moderna y colorida visualmente, pero con una historia tan vacía; llegaran a cansar muy pronto al espectador. Curiosamente (y me parece curioso por ser del mismo director) Tokio Gore Police, también basada en un manga, destaca por encima de sus hermanas debido a una mayor profundidad de conceptos y desarrollo de personajes. Creo que el camino a seguir para este tipo de cine, es el marcado por TGP, no por la chica chupasangres y la chica escupetornillos. Y es que una vez superada la sorpresa al visionar tú primera película de este estilo, el resto van impactando menos y olvidándose antes.

Afortunadamente, también contamos con los elementos positivos necesarios para que VG vs. FG sea una experiencia, cuando menos, destacable. Al fin y al cabo, no creo que nadie se ponga a ver esta producción esperando ser deslumbrado por el desarrollo argumental.
Todos los medios del film están destinados a ensalzar las sanguinolentas escenas que se reparten profusamente por todo el metraje. Observamos un buen presupuesto detrás, y es que a pesar de algunos efectos CGI que chirrían (vale, es obvio que sus autores los introducen de una forma cutre para generar una sensación humorística), Yoshihiro Nishimura se ha salido con los efectos, las desmembraciones y especialmente el uso de la cámara y luces para destacar los chorros de sangre que son omnipresentes y eternos por momentos. Es más, si tuviera que nombrar al mejor actor de la película diría sin dudarlo la hemoglobina. Es inevitable quedarse hipnotizado frente a la pantalla, como una polilla ante una luz, en según que escenas. Me encantó un momento nocturno (especialmente porque escasean, lo curioso es que la película transcurre en su mayor parte durante el día y bajo un sol de justicia) donde la estética de vídeo clip se conjuga con el goticismo tradicional a través de una lluvia de sangre que navega entre lo sensual y lo repugnante. Este esfuerzo en los efectos especiales lastra otros elementos de producción como los decorados, siendo poco variados (casi todo el metraje se desarrolla en el instituto, sus clases, patio y pasillos; llegando a cansar esta escasez de localizaciones). No así la banda sonora que aunque a mi no me acabó de convencer, quizá demasiadas canciones al uso acrecentando la sensación de ver una recopilatorio de video clips, reconozco que destacaba por su variedad, incluso atreviéndose con el flamenco. Tampoco afecta a una edición competente y a una fotografía, que de nuevo esclava de los excesos gore nipones, se encarga de destacar el color rojo con un disparo digital muy elegante. Una fotografía e iluminación que hubiese destacado escenas sexuales de haberlas habido. En el aspecto “picante”, que yo entiendo debería ser una seña de identidad del splatter oriental, VG vs FG es demasiado inocentona.

Insisto, los efectos especiales son los protagonistas principales de VG vs FG, todo el equipo sabía muy bien el público que se acerca a sus películas y lo que quiere: Sangre, sangre y sangre. En este terreno me es imposible encontrar ninguna pega de bulto. Y sorprendentemente, las actuaciones de los actores (que en este caso serían todos comparsas de los efectos especiales) no están mal. Que nadie encoja los hombros. Decir que en una película nipona (especialmente de género y no comercial) los actores no son malos en general, es todo un piropo. Además, las chicas y mujeres que conforman el reparto son de una belleza aplastante, destacando la sexy enfermera ayudante del padre de Keiko. De hecho, tenemos todo un señor cameo protagonizado por esa diosa japonesa llamada Eihi Shiina y protagonista de TGP. Otro cameo muy divertido lo protagoniza Takashi shimizu, director de la saga Ju-on (La maldición), haciendo de profesor de chino sencillamente pasado de rosca.

Y este cameo me lleva al último punto destacable: el humor exagerado, bizarro, bruto y negro como pocas de las películas del estilo que he ido mencionando. Y curiosamente, funciona bastante bien (a excepción de en los momentos “apasionados” entre Monami y Mizushima en los que todo resulta infantil y empalagoso), llegando en algunas escenas a volver realmente loco al espectador. Preparaos para las chicas Ganguro con su obsesión por ser como Obama. Impagable y divertido, y también de un humor muy cercano al gusto occidental.

Como conclusión tenemos una película que no se hace larga (quizás esos momentos puntuales de romanticismo, así como escenas alargadas por alargar, véase el video musical que nos ofrecen el científico loco y la explosiva enfermera), ofrece lo que quiere a un aficionado a las exageraciones bizarras de los japoneses y todo envuelto con correctos adornos a todos los niveles. Los espectadores que lleguen de nuevas a este sub-género del splatter japonés se estarán restregando los ojos durante horas debido a la incredulidad, para los espectadores curtidos, Vampire Girl vs. Frankenstein Girl, será una hora y veinte minutos muy entretenida pero que se olvidará a los pocos días.

Lo mejor: Las escenas sangrientas, bien introducidas y de alto contenido "hemoglobinico". El humor loco, en general funciona.

Lo peor: La falta total y absoluta de una trama que justifique la película.

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Vampire Girl Vs. Frankenstein Girl” en VOSE.

Cabin Fever 2: Spring Fever

Siempre pasa algo malo en las fiestas de graduación

Cabin Fever 2

Ver ficha completa

  • Título original: Cabin Fever 2 Spring Fever
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Ti West
  • Guión: Joshua Malkin
  • Intérpretes: Larry Fessenden, Alexi Wasser, Rider Strong
  • Argumento: El último superviviente a la bacteria necrotising fasciitis, infectado, muere atropellado por el autobús de un colegio. Aunque parece que este es el fin de la epidemia, una empresa de agua mineral se abastece del lago contaminado...

75 |100

Estrellas: 4

¿Una secuela de “Cabin Fever”?

Los primeros rumores hacen saltar las alarmas. “Cabin Fever” tiene un problema, y es que el malo –la bacteria- mata sin miedo y sin asedio. Una vez que te ha pillado, no tienes escapatoria. Es un asesino letal pero sin garra, puesto que sus víctimas mueren, no se convierten en un peligro para los demás: llega un momento en que el miedo desaparece.

Nuevos rumores: a los mandos de la secuela se va a situar Ti West. Eso es bueno y es malo. A mí me gusta, creo que es un tío que tiene estilo dirigiendo, ritmo y no hace nada porque sí, sino siempre buscando algo. Por el contrario, suele imprimir a sus películas un ritmo demasiado lento… hasta casi rozar el coñazo.

Por tanto, y pese a ser un fan de la primera parte, me puse a ver “Cabin Fever 2: Spring Fever” con pocos ánimos y mucha manga ancha.

Una empresa de agua mineral embotellada se nutre del depósito cercano a la cabaña del bosque, de manera que su último envío de mercancía a un pueblo cercano provocará que el baile de fin de curso del instituto se convierta en un baño de sangre. El propio Ti West, junto con Randy Pearlstein (guionista de la primera parte), ideólogos de la historia, y Joshua Malkin, guionista ejecutor, despliegan todas las estrategias de una secuela. Cambiamos, por tanto, de escenario: la cabaña por un instituto. También, se aumenta la dimensión de la catástrofe: ya no son tres parejas, son muchísimas más las que pueden ser afectadas por la bacteria asesina. Y se añade un grupo del Gobierno (¿?) que busca acabar con la infección.

Así, antes de llegar al baño de sangre que imaginamos que va a ser el baile de fin de curso, tenemos (¡Ay, Ti West y los ochenta!) a Dane (Alexander Isaiah Thomas), pringado oficial del cole, y John (Noah Segan), un joven sensible y un poco friki –sus amigos, salvo Dane, pasarán la noche del baile de graduación viendo en casa la novena parte de una saga de terror (sic)- enamorado de Cassie (Alexi Wasser), amigos de la infancia pero, ahora, separados por Marc (Marc Senter), el malote del instituto y novio de la chica. Lo malo de este material tan tópico es que es demasiado reconocible, lamentablemente, para muchos –entro los que me incluyo, por supuesto- y, encima, está tratado con cariño, admiración y respeto por West –por lo que, me temo, él también formaba parte de esta ecuación universal de frustración adolescente. De manera que, conforme avanzan los minutos, no sabes de qué tienes más ganas: si de que estalle la infección en toda su magnitud, o de seguir viendo un buen capítulo, quizás de los mejores, de “Aquellos Maravillosos Años”. Pero, claro, las referencias no acaban ahí: están los profes de “Grease”, y las calles –casi calcadas- de “La Noche de Halloween”.

Quiero hacer hincapié en esto: quien no esté dispuesto a ver una versión gore de un episodio de “Dawson Crece”, debe alejarse de esta película como alma que lleva el diablo. Porque si el capítulo adolescente-emocional es muy completo, el sangriento tampoco está mal servido. Hay un par de explosiones de hemoglobina antes de que estalle el verdadero baño de sangre, el baile de graduación, y cuando esto sucede, hasta uno, como espectador tiene la sensación de estar pringado. Algo parecido me ocurrió con “Planet Terror”, de Robert Rodríguez: llega un momento en que todo es tan desfasado, cafre y divertido que se supera el asco y, simplemente, se empieza a disfrutar con la pringue. Aunque, personalmente, los dos momentos más destacables a este nivel, desde luego, suceden al margen de la fiesta. El primero es una felación en los baños del insitituto donde descubrimos que, probablemente, la chica encargada de hacerla esté contagiada… y el segundo, las consecuencias de este acto para el pene del muchacho.

Las notas más peliagudas de la película se alcanzan en el tramo final. “Cabin Fever 2” es una película coral: hay muchos personajes, y cada uno de ellos tiene su propia trama. Para el final, salvo una excepción, se ha optado por concluirlas por separado. Si uno, como fue mi caso, está imbuido y disfrutando con la película, todas y cada una de las conclusiones entran bien, cierran sus tramas y la sensación general es buena. Pero es cierto que, en frío, lo inconexo del último acto parece llevar a preguntarte si eran necesarias tantas historias o algunos elemento importantes, como la misma fiesta de graduación: si la infección anda por todo el pueblo, ¿para qué hacer tanto énfasis en la noche de graduación? En la trama principal, la que llevan sobre sus hombros John y Cassie, se intenta sustituir un final contundente con un par de escenas sangrientas para camuflar que ésta, en realidad, se queda inconclusa. Lo mismo que la del agente Winston –que reaparece en esta secuela- y su colega: ¡maldición!, esta sí que está mal resuelta, y se nota sobre la marcha.

Pero también quiero insistir en esto: a mí, por encima de todo, me pareció una película divertidísima. Empezando por los créditos de apertura, dibujos animados, y acabando por los de cierre, nuevas animaciones que enseñan qué es de algunos secundarios, todo parece estar cuidado, mimado y meditado para que luzca y entretenga. Ti West rueda como Dios y aquí, una vez más, lo confirma. Es capaz de darle personalidad y entidad a un material tópico y escasamente original. Se olvida de sus pretensiones grandilocuentes y artísticas, y se centra en algo mucho más básico pero, por qué no decirlo, más difícil: entretener durante una hora y media. Y lo consigue, vaya que sí, a pesar de que podía haberse perdido por vericuetos “profundos”: recordemos que “Cabin Fever” tenía una doble lectura. Su mecánica funcionaba bien tanto a nivel argumental como a nivel metafórico (la infección se propagaba en función del grado de intolerancia de los jóvenes). No hay rastro de eso en “Cabin Fever 2: Spring Fever”, aunque tampoco se lo echa en falta.

Lo mejor: Que abundan las cosas buenas en la película.

Lo peor: Lo fácil que lo tienen el agente Winston y su colega para escapar del pueblo.

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Cabin Fever 2: Spring Fever” en VOSE.

Samurai Princess

Katanas y móviles..

Samurai Princess

Ver ficha completa

  • Título original: Samurai Princess
  • Nacionalidad: Japón | Año: 2009
  • Director: Kengo Kaji
  • Guión: Sôtarô Hayashi
  • Intérpretes: Aino Kishi, Dai Mizuno, Mitsuru Karahashi
  • Argumento: En un Japón futuro e hipotético, once chicas son violadas y desmembradas, la única superviviente ahora convertida en un "mecha" (un cyborg armado hasta los dientes), vaga sin piedad en busca de su venganza.

50 |100

Estrellas: 3

Samurai Princess

El Bosque Infinito. El lugar donde van a parar todos los desechos de un futuro Japón, donde el feudalismo y la tecnología más bizarra comparten cama.
Once indefensas chiquillas son violadas y posteriormente asesinadas por una recua de maleantes cuyos líderes son dos especies de cyborgs. Estos seres son llamados mechas, humanoides creados a partir de restos vivos pero modificados para que ciertas partes corporales sean armas. Están trastornados, son viciosos e ilegales.

Una de las once niñas sobrevive y es encontrada por un científico loco, que se cree un artista de la carne, y una monja budista. Recomponen sus despojos con los miembros amputados de sus hermanas y fusionan las once almas de las muchachas muertas en una sola; creando así un mecha mortal y vengativo que parte en busca de los degenerados asesinos. En esta búsqueda la acompañará un antiguo cazador de mechas; compartiendo desmembramientos, sueños eróticos, dramas del pasado, peleas sangrientas y poco más…

Sí, poquito más porque en un párrafo esta contenido todo el argumento de este splatter japonés que nos trae el guionista de Tokio Gore Police (TGP), Kengo Kaji. El cual escribe esta historia de gore, samuráis y mechas, dirigiéndola él mismo.

Se trata de una nueva muestra de cierta vertiente del actual gore nipón. Una serie de películas cortadas por el mismo patrón: Una atractiva protagonista embarcada en una búsqueda griálica (bien sea este grial la venganza, el conocimiento ó pura supervivencia) y un mundo que fusiona la carne con metal, armas y sexo. Estoy hablando de las Chanbara Beauty, Machine Girl, TGP, etc…

Todos estos largometrajes acuden a los chorros de sangre, la exageración, amputaciones y la transformación del cuerpo en un arma viva; como principal atracción. Samurai Princess sigue estos pasos pero con un resultado un poco insustancial.
Aunque la ambientación intenta lograrse, los bosques y los almacenes abandonados donde esta rodada (digicutremente, por supuesto) no le dan ninguna vida a las imágenes. Tampoco el vestuario es deslumbrante, resultando un periodo Edo futurista bastante pobre.
¿Fotografía? Tampoco destaca. ¿Montaje? El apropiado para una serie de televisión barata. Quería evitar comentarlo pero no puedo resisitirlo. Su montaje parece el de un capítulo de los Power Rangers. Entiendo que es una comparación vil, pero es la cruda realidad.
Los actores son clásicos del cine japonés de serie B: muy blandos e inexpresivos. Y eso que uno de los grandes reclamos publicitarios de este film era (al menos en el imperio del Sol Naciente) la actriz Aino Kishi, encarnando a la princesa samurai. Esta guapa actriz es reconocida por su trabajo en el cine para adultos. Pero que ninguno se emocione, en Samurai Princess no tenemos más que un par de gotitas de sexo y muy ligero. Personalmente, estas tácticas de marketing dentro del cine de terror me producen bostezo. Véase, por ejemplo, Zombie Strippers.

Entonces, si no tenemos ni buenos actores ni decorados ni historia intensa ni fotografía; ¿qué nos queda?
Los efectos especiales de Yoshihiro Nishimura (director y responsable de fx también en TGP). El despliegue de barbaridades visualizadas es lo único que nos va despertando, un poco, del soporífero desarrollo: Intestinos-hoces, piernas-sierra, pechos-bomba y esos clásicos chorros de sangre que nos inundan salpicando nuestra pantalla. Las escenas sangrientas no alcanzan una alta cota de intensidad pero entretienen por lo esperpéntico de los personajes involucrados en ellas.
Pondría como pega que esta vez los efectos creados por ordenador están muy mal insertados, e incluso los efectos clásicos no están a la altura de lo esperado. Pero se ve claramente que el presupuesto ha estado más limitado que en otras producciones y todo no se arregla con dinero.

En conclusión: Una película un poco decepcionante (y eso que no esperaba nada de ella) puesto que un splatter debe ser más intenso y se llega a hacer larga incluso con su breve duración, pero que no deja de ser una propuesta gamberra apta para festivales de madrugada y quedadas de borrachos con los amigos. Esperemos que próximas producciones del estilo sean superiores. Estoy hablando de Vampire Girl Vs. Frankenstein Girl. Crucemos los muñones…

Lo mejor: Lo bizarro de las situaciones, los malos de telefilm y la sangre.

Lo peor: Una película de nivel demasiado bajo en lineas generales.

¿Dónde conseguirla?
La Morgue Cinema: “Samurai Princess” en VOSE (Danke Eddie!).

Grotesque

Bienvenidos al ultragore japonés

Grotesque

Ver ficha completa

  • Título original: Gurotesuku
  • Nacionalidad: Japón | Año: 2009
  • Director: Kôji Shiraishi
  • Guión: Kôji Shiraishi
  • Intérpretes: Tsugumi Nagasawa, Hiroaki Kawatsure, Shigeo Ôsako
  • Argumento: Una joven pareja, Aki y Kazuo, son secuestrados, cuando pasean por la calle, por un sádico demente que los encierra en un sótano y los somete a degradantes torturas, degradación y toda clase de mutilaciones.

60 |100

Estrellas: 3

Grotesque

Pornografía de la violencia. No se me ocurre en este instante un mejor término para describir Grotesque. Si la pornografía es el género artístico que muestra con detalle escenas de carácter sexual para excitación de quien las contempla; tan sólo debemos reemplazar “sexo” por "violencia extrema", y el resultado obtenido será algo muy cercano a Grotesque. Y si me apurais ni tan siquiera es necesario eliminar el sexo de la ecuación, porque Grotesque también tiene sexo… sexo putrefacto, doloroso, sucio y enfermo; en definitiva, sexo acorde con el resto de la propuesta.

Olvidaos del reciente torture-porn, una etiqueta cuyos límites de explicitud de la violencia quedan muy lejos de lo ofrecido por Grotesque. Si de encontrar referentes se trata, deberíamos buscarlos en rincones tan radicales y oscuros como la serie Guinea Pig o el ultragore alemán.

Grotesque, escrita y dirigida por el japonés Kôji Shiraishi, son setenta minutos de torturas, humillaciones, vejaciones, violaciones, mutilaciones, desmembramientos, sadismo, crueldad y, en definitiva, violencia extrema (tanto psíquica como, sobre todo, física).

El planteamiento es minimalista. Dos jóvenes que acaban de tener su primera cita son secuestrados y torturados por un mad doctor que se excita llevando a sus víctimas hacia los límites de la humillación, el dolor y el sufrimiento. La única posibilidad de supervivencia pasa por plantear el sacrificio personal cómo una vía para salvar la vida de un ser querido.

Es complicado afirmar que Grotesque me gustó (y lo hizo, aunque sin llegar a entusiasmarme), por la sencilla razón que si lo hago, me veo en la obligación de justificar mis palabras, y no es fácil.
Y me gustaría justificarlas más allá de los aciertos visuales de la película, de su excelente fotografía, sus impresionantes y realistas efectos gore, el magnífico uso de una banda sonora clásica que sirve de excelente contrapunto a las imágenes, la esforzada labor de los actores o su imaginativo (y liberador) final.

Antes he mencionado la pornografía como un arte (o un género artístico) que busca la excitación de quién lo contempla a través de explícitas escenas de sexo.
Es obvio que hubo algo en aquella sucesión de brutales estampas, que jugaban a descomponer en pedazos muy pequeños el alma y el cuerpo de un ser humano, que me atrajo. No me excitó en absoluto (al menos no en el sentido en que puede hacerlo la pornografía), pero me atrajo. Algo que me retuvo pegado a la pantalla y mantuvo férrea mi curiosidad por conocer dónde estaba dispuesta a establecer Grotesque sus propios límites (si es que estaba realmente dispuesta a ello).

Quizás sea hora de buscar una justificación como consumidores de este tipo de productos (o quizás no). Hay caminos fáciles para hacerlo. Desde que el hombre es hombre (y desde que el cine es cine) la violencia, en mayor o menor medida, nos ha fascinado. Forma parte de nuestra naturaleza humana, y por muy polémico y censurable que pueda resultar intentar otorgarle a una expresión manifiestamente brutal y atroz la categoría de arte, lo cierto es que, la mayoría, seguimos sintiéndonos atraídos por la exposición gráfica de la violencia (por supuesto con sus filtros, sus niveles y sus graduaciones… no estoy afirmando, en absoluto, que a todo el mundo deba gustarle una propuesta tan limítrofe como Grotesque).

Pero, por encima de cualquier explicación que apele a las debilidades o circunstancias de nuestra propia naturaleza a la hora de sentirnos atraídos por este tipo de experiencias, siempre nos sentiremos protegidos por el argumento que todo lo puede y todo lo justifica: Grotesque es ficción. Todo lo que ocurre en Grotesque es falso, irreal. Tras todo ese cúmulo de imágenes atroces y enfermizas hay un director, unos actores, unos iluminadores y un director de fotografía (que, por cierto, realiza espléndidamente su trabajo). Quizás este hecho no justifique, por sí solo, lo reprobable y censurables que resultan algunas de las imágenes de Grotesque; pero a nosotros, cómo espectadores afines a este tipo de propuestas (quiénes lo sean), debería bastarnos. Cómo espectadores potenciales de ficciones violentas y brutales, jamás deberíamos sentir la necesidad de justificarnos.

Soy aficionado al cine violento, incluso al cine extremadamente violento (aunque no devoto), al cine gore… pero le doy tanta importancia a los conceptos “violencia”, “extrema” y “gore” como al término cine (entendido como una manifestación artística que nos muestra unos hechos ficticios –aunque puedan estar basados en la realidad-, y sin querer entrar en el abominable fenómeno de las snuff-movies).

Grotesque es violencia extrema. Gore extremo. Sin coartadas de ningún tipo. Quizás puro sensacionalismo de baja estofa. Y aún así me gustó (aunque dudo que vuelva a verla). Sus imágenes de desorbitada violencia me atraparon.

Quien sienta deseos de arrojar sobre Grotesque todo tipo de reproches morales tiene las puertas abiertas de par en par para hacerlo. Pero que nadie olvide que por muy abyecto, degradante, infame y censurable que a algunos les pueda parecer lo ofrecido por una película como Grotesque, deberíamos tener siempre la posibilidad de decidir qué es lo que queremos ver y lo que no (la distribución de Grotesque ha sido terminantemente prohibida en Gran Bretaña).

No es una película que pueda recomendaros (a riesgo de resultar su visión demasiado hiriente para algunas personas). He intentado dejar claro qué es lo que nos ofrece un producto como Grotesque. A partir de ahí… la decisión es vuestra.

Lo mejor: la radicalidad de la propuesta en general y el excelente giro de los acontecimientos a mitad de película.

Lo peor: la secuencia de vejación sexual casi pudo conmigo.

¿Dónde conseguirla?
GoreNation: "Grotesque" en VOSE.

Train

Un Hostel sobre raíles

Train

Ver ficha completa

  • Título original: Train
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Gideon Raff
  • Guión: Gideon Raff
  • Intérpretes: Thora Birch, Derek Magyar, Gloria Votsis
  • Argumento: Un equipo universitario de lucha libre se sube a un misterioso tren para llegar a tiempo a su próximo compromiso deportivo. El horror no tardará en cebarse sobre todos los componentes del equipo.

42 |100

Estrellas: 3

Train

Voy a iniciar la reseña de Train de una forma que jamás debería hacerse: destripando una de sus escenas. Quién crea que esta es la peor manera posible de encarar una reseña (… tendrá toda la razón) y desee abandonar el barco, este es el momento.

Para los que hayáis decidido darme una oportunidad, advertiros que la escena en cuestión no desvela grandes sorpresas de la trama ni os impedirá disfrutar (o no) de la película en toda su extensión. No se trata de una escena crucial, pero sí sintomática de lo que nos espera tras este Train con destino a ningún lugar.

Un par de jovencitas norteamericanas se suben a un extraño tren en el que los pasajes no se pueden adquirir en taquilla, y son acompañadas hasta sus estancias por un par de indeseables, libinidosos, sucios y apestosos europeos del este que ejercen de mozos de vagón (podrían pasar por primos hermanos del autoestopista de La Matanza de Texas, de Tobe Hooper). Una vez instaladas las chicas, los mozos les piden sus pasaportes; no para comprobar que estén en regla, sino para quedárselos, para apropiarse de ellos, con la excusa de que el tren está infestado de ladrones y los pasaportes estarán más seguros en sus manos.
Las chicas les entregan sus pasaportes… (sic).

Así es, execrables tipejos de la Europa del Este (para el cine de terror USA contemporáneo, viajar a la Europa del Este es algo similar a pasar las vacaciones en algún país Sudamericano… muerte agónica y dolorosa), y estúpidos jovenzuelos norteamericanos dispuestos siempre a facilitarles la tarea a sus asesinos cayendo en todas las trampas que encuentran a su paso y poniendo sus vidas en peligro con una facilidad pasmosa.

Eso es, en esencia, lo que nos depara Train, película escrita y dirigida por Gideon Raff, anunciada en principio como un remake de El Tren del Terror (Terror Train, 1980), popular slasher protagonizado por Jamie Lee Curtis, y con el que, finalmente, guarda muy poca relación (apenas el hecho de que la acción transcurra en el interior de un tren).

Por supuesto, los malos malísimos de Europa del Este, y los buenos pero idiotas de Norteamérica, interactúan. Se relacionan. ¿Cómo? Gideon Raff no tiene ningún reparo (en absoluto) en fabricar un ente clónico de Hostel (Eli Roth, 2006), situarlo en el interior de un tren para intentar disimular su procedencia (con muy poco éxito), y lanzarlo a toda velocidad por las vías del torture-porn con la esperanza de que no acabe descarrilando.

Train cuenta la historia de un equipo universitario de lucha libre que se encuentra de gira por Europa del Este y pierde el tren que les ha de llevar a su próxima competición. Otro misterioso tren, cuyos billetes no se compran en la taquilla, parece ser la respuesta a sus plegarias. El trayecto se convertirá en una pesadilla.

A grandes rasgos (y sin voluntad, por mi parte, de ir más allá en el tiempo y rescatar pretéritos referentes en los que, seguro, se basaron los actuales popes del subgénero), el torture-porn nació con Saw (2004), creció con Hostel (sí, me gustó Hostel), y se agotó con las sucesivas secuelas de ambas. A la espera de que algún título de los que está por llegar suponga una necesaria renovación en el subgénero (quizás la japonesa Grotesque), Train vuelve a ofrecernos, exactamente, más de lo mismo: una sucesión de secuencias de torturas, sadismo y crueldad practicadas sobre personas indefensas. No vayáis a pensar que el tema me produce ningún tipo de repulsa moral, ni nada por el estilo. El torture porn está ahí para saciar el hambre vouyerística de todos aquellos que lo deseen (yo lo sacié, en buena parte, con Hostel); y en este sentido, y siempre que siga disfrutando de un público fiel y adicto, bendito sea el torture porn.

Sin embargo no puedo evitar la tentación de creer que el subgénero está herido de muerte. Y Train no hace más que corroborar mis sospechas.
El ejercicio al que nos empuja la película de fulanito tiene un planteamiento muy sencillo: ¿si a Train le quitamos a todas las secuencias de torture porn, qué nos queda? Por supuesto el planteamiento tiene trampa. Arrebatarle a Train el torture porn sería, a todas luces, injusto. Algo así como despojar a Michael Myers de su cuchillo y su máscara en el nuevo Halloween de Rob Zombie.
Pero en el caso de que lleváramos a cabo tamaña injusticia ¿qué nos quedaría realmente? Una galería de personajes que vuelven a poner de manifiesto la detestable y panfletaria dicotomía por la que todo lo ajeno o foráneo a las barras y estrellas norteamericanas apesta a retraso, podredumbre y maldad; una inverosímil y ridícula trama a modo de coartada, un guión repleto de incongruencias (sobre todo en su parte final… ¿qué demonios hace ese mastodonte empujando el vagón?), la inofensiva elección de un tren como escenario de la acción (todo lo que vemos en Train podría haber sucedido perfectamente en un avión, en un barco, en mi comunidad de vecinos o, porqué no, en un hostal…), la apatía general de todos los actores (en especial una Tora Birch que parece estar maldiciendo su propia suerte por pasar de musa indie a protagonista de un “subproducto” de terror), y, lo peor de todo, la incapacidad por parte de Gideon Raff de crear un clima y una tensión lo suficientemente sórdidas y malsanas cómo para lograr que Train levantara definitivamente el vuelo más allá de sus explícitas secuencias de torture porn.

Train es torture porn. A imagen y semejanza de productos de similar factura. Víctimas indefensas, sangre, vísceras, y utensilios de toda clase utilizados a modo de material quirúrgico. No hay nada más… ni nada menos. Los amantes del torture porn y el gore quizás sabrán agradecer el esfuerzo. Personalmente tuve la impresión de que el trayecto de este Train no iba, en ningún momento, más allá de Hostel.

Lo mejor: el gore.

Lo peor: el guión y los actores.

The Machine Girl

Gore descerebrado made in Japan

The Machine Girl

Ver ficha completa

  • Título original: Kataude Mashin Gâru
  • Nacionalidad: Japón | Año: 2008
  • Director: Noboru Iguchi
  • Guión: Noboru Iguchi
  • Intérpretes: Asami Honoka, Ryôsuke Kawamura
  • Argumento: Ami está decida a vengar la muerte de su hermano a manos de una pandilla de mafiosos cuyo líder Shu es hijo de un famoso Yakuza.

69 |100

Estrellas: 4

The Machine Girl

Lo primero que hay que decir sobre The Machine Girl, splatter escrito y dirigido por el japonés Noboru Iguchi, es que la película no engaña absolutamente a nadie.

Todo lo que está dispuesta a ofrecernos una película cómo The Machine Girl queda expuesto, sin asomo de dudas, en la secuencia inicial que acompaña a los títulos de crédito: innumerables geisers de sangre, decapitaciones, desmembraciones, efectos digitales a mansalva, paupérrimas coreografías de lucha y, por supuesto, gore facilón, festivo, descerebrado y surrealista. Elementos todos ellos que para una buena parte de aficionados al género (aquellos que, precisamente, sienten debilidad por la sangre y las vísceras sin necesitar de demasiadas coartadas argumentales que las justifiquen) serán motivo más que suficiente de júbilo y celebración. Para muchos otros, estoy convencido de que The Machine Girl no será más que una salvajada sin sentido, bañada en hemoglobina, a la que no merece la pena prestar demasiada atención.

Ami es una joven y aplicada estudiante que, tras el suicidio de sus padres, causado por una injusta acusación de asesinato, queda al cuidado de Yu, su hermano menor.
Yu, y su mejor amigo Takeshi, son asesinados a manos de una pandilla de aprendices de mafiosos capitaneados por Shu, hijo de un temido Yakuza. La venganza, a manos de Ami y de la madre de Takeshi, será inminente.

Argumentalmente The Machine Girl es pobre, muy pobre. Una típica historia de venganzas que choca con la torpeza general de las interpretaciones de todos sus protagonistas, los numerosos agujeros en el guión y la ineptitud en su exposición.
Una historia, escondida bajo litros y litros de sangre, que no interesa. No atrae. ¿Se traduce esto, en el caso de The Machine Girl, en un defecto de fabricación? Ni hablar. En absoluto. Estoy convencido de que Noboru Iguchi es un tipo hábil, inteligente y perfectamente consciente de que los posibles fans entusiastas de The Machine Girl (que seguro los hay repartidos a lo ancho y alto del planeta), no llegarían a alcanzar dicho estatus gracias a la densidad argumental de su película.

La verdadera energía de The Machine Girl no hay que buscarla en una trama coherente y atractiva, o en unos personajes mínimamente trabajados, o en unos diálogos a los que tan siquiera valga la pena prestar atención. Quién desee afrontar una película cómo The Machine Girl deberá hacerlo con la mirada precisa: disfrutar de una concatenación de momentos gore que incluyen (cómo ya he señalado al inicio de la reseña) un amplísimo catálogo de decapitaciones, desmembraciones, empalamientos, cuchilladas, torturas, cuerpos desintegrados a balazos… y más, mucho más… hay momentos en los que el objetivo de la cámara queda, literalmente, empapado de sangre.

Por supuesto no todos los momentos splatter alcanzan un mismo nivel de disfrute.
Junto a secuencias deliciosamente delirantes, imaginativas y, sencillamente, divertidísimas (prácticamente todas aquellas en las que Ami hace uso de su nueva y metálica extremidad implantada – y que da título a la película), conviven otras que no acaban de funcionar, ya sea por lo descacharrante de los efectos digitales o por pura reiteración (el enésimo geiser de sangre).

Y cómo único aderezo a tamaño chapuzón gore, tan sólo destacar un humor cafre, macabro y, en ocasiones tremendamente infantil, que logrará desestresarnos en más de una ocasión y dibujarnos una sonrisa cómplice (genial la “Superpandilla de los lamentos” posando al estilo Power Rangers o la tronchante arma taladradora que luce la principal villana de la función).

En definitiva, The Machine Girl es un festival splatter únicamente apto para los amantes del gore más sinvergüenza y socarrón, al que no le importe en absoluto que todo aquello que no esté teñido de sangre resulte absolutamente intrascendente y carente de interés. Por suerte, el ritmo frenético que Noboru Iguchi imprime a su película es el responsable último de que no nos invada definitivamente el aburrimiento en todas aquellas secuencias que no son de explícito gore. No hay tiempo para que nos sintamos cansados o hastiados de la propuesta. El tiempo transcurrido entre cada nuevo tour de force es mínimo, de manera que estamos siempre pendientes de ver cómo demonios se supera The Machine Girl a sí misma en cada nueva secuencia gore.

Absolutamente aconsejable para todos aquellos que crean que una propuesta de este tipo pueda llegar a interesarles. Por mi parte, tras ver The Machine Girl, me apunto en la agenda títulos como Tokio Gore Police, Vampire Girl vs. Frankenstein Girl y, por supuesto, la anunciada The Machine Girl 2. He disfrutado de lo lindo con The Machine Girl...

Lo mejor: La icónica imagen de la colegiala nipona con un ruidoso y mortal apéndice metálico sustituyendo a su brazo y, por supuesto, el divertidísimo festival gore.

Lo peor: todo lo que hay antes y después de cada unas de las secuencias gore es totalmente prescindible.