violencia

Gunpowder Milkshake

Hostias, tiros y estrógenos.

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Straw Dogs

El gran Sam Peckinpah tampoco se libra del remake de turno

Straw Dogs

Perros de Paja (Straw Dogs), película de 1971, está considerada una de las obras más polémicas y controvertidas de su director, el genial Sam Peckinpah (La Huída, Grupo Salvaje), autor que ha pasado a la historia por una serie de geniales títulos que retrataban la violencia con una belleza plástica y un sentido del ritmo cinematográfico que ha estado al alcance de muy pocos (¿se nota que soy un fanático del cine de este señor?… Pat Garret y Billy the Kid es, sin duda alguna, una de mis películas de cabecera).

A priori Perros de Paja (Straw Dogs) podría llegar a inscribirse dentro del subgénero del rape&revenge, con lo cual se vendría a cerrar el círculo vicioso de remakes de dicho género tras las recientes nuevas versiones de La última casa a la izquierda y I Spit on your grave. Sin embargo Perros de Paja (Straw Dogs) siempre ha disfrutado de un estatus sensiblemente superior al de simple muestra de cine exploit adscrita a un determinado subgénero. A ello seguramente contribuyó la excelente labor de un Sam Peckinpah cuyas prestaciones como cineasta están a años luz del Craven de Last House on the Left o el Stven R. Monroe de I Spit on your grave.
El Perros de Paja (Straw Dogs) original hace gala de una atmósfera viciada, malsana, tensa, que no únicamente atañe a la pandilla de paletos locales que acosan al personaje de Dustin Hoffman y a su mujer, sino que encuentra su orígen, precisamente, en la desintegración del núcleo familiar, la pérdida del respeto mútuo, y la violencia como única forma de responder a determinadas situaciones límite. El equívoco y muy controvertido rol que desempeña el personaje de la mujer del protagonista en la trama de la película le valío a Peckinpah una auténtico huracán de críticas que llegaron a tachar al director norteamericano de “profundamente misógino”.

In Their Sleep

La buena samaritana

In Their Sleep

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In Their Sleep

El porqué se confía de primeras en una persona es un asunto delicado. Quien más y quien menos, tiene un par de personas a su alrededor de las que se ha hecho amigo sin saber muy bien porqué en un primer momento. Sólo después, cuando pasa el tiempo, se es capaz de encarar con relativa sinceridad el motivo por el que uno se abrió al otro. El motivo real, me refiero: qué tipo de impresión o interés fue la que provocó el acercamiento.

Desde luego, no es un tema sencillo. Y montar una película en torno al mismo es complicado. Quizás, requería un poco más de profundidad o inspección psicológica que la que ofrece “In Their Sleep”.

Lo mejor: El prólogo.

Lo peor: Lo bien que podía haber estado.


Secuestrados

Marcado el camino a seguir

Secuestrados

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Secuestrados

Este es el camino. No cabe duda. Desde finales de los noventa, aunque sea con cuentagotas, una serie de talentos locales se están haciendo notar en el panorama del cine de género. No siempre los resultados artísticos y/o comerciales han ido de la mano, pero ya es un paso. Desde el éxito a todos los niveles de Juan Antonio Bayona, Alejandro Amenábar, Jaume Balagueró o Paco Plaza, hasta nombres, esperemos en próximo auge, como Eduardo Chapero Jackson o Paco Cabezas, pasando por oportunidades perdidas, aunque no sin falta de (agradecido) riesgo, como José Luis Alemán, la cantera de nuevos valores empieza a tener notoriedad. Otros han emigrado, como el cada vez más interesante Juan Carlos Fresnadillo o el más irregular Luis Berdejo. Y otros no han trabajado nunca en España, aunque no les va nada mal en Estados Unidos, como es el caso de Jaume Collet-Serra. A todos estos nombres, y algunos que faltan, unamos ahora con fuerza el de Miguel Ángel Vivas.

No cabe duda de que este cambio generacional, esta nueva mina de talentos relacionados con el cine fantástico y el terror, se debe a que los jóvenes directores actuales llevan consigo unas influencias, un recorrido como aficionado, muy diferente al de las llamadas viejas glorias (o, en todo caso, directores veteranos). Esta gente, al fin y al cabo, es como nosotros. No todos, aunque en su mayoría, se nota a la legua que eran y son fans y consumidores compulsivos del cine que nosotros, al menos el que esto suscribe, nos llevamos tragando desde la adolescencia. Ese cine de casas encantadas, de zombies, de psicópatas. Ese Giallo de hace unas décadas, o el Torture Porn actual. Y, en el caso de Miguel Ángel Vivas, casi puedo afirmar que se ha visto unas cuantas de la llamada Nouvelle Horreur Vague, y también de aquel movimiento de violencia hiperrealista y contenido social/auto-critico iniciado, o puesto de moda, por Funny Games (1997).

Lo mejor: Factura impecable, dirección y montaje arriesgados y, muchas veces, efectivos, violencia tanto física como psicológica y tensión constante durante ochenta minutos. Manuela Vellés promete.

Lo peor: Cierta reiteración en el uso de trucos de montaje, y algunos actores (el amigo de la hija, el secuestrador español) propensos a la sobreactuación.


Red Hill

La venganza de un aborígen maltratado

Red Hill

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Red Hill

Desde la lejana Australia nos llega un debut, el de Patrick Hughes (director, guionista y productor de Red Hill), que transpira aires de viejo western por todos sus poros.

Una pequeña población lejana al mundanal ruido, unos defensores de la ley corruptos, un presidiario fugado que clama venganza y un joven policia obligado por las circunstancias a ejercer de auténtico héroe de la función. Estos son, básicamente, los elementos que maneja Hugues para edificar un debut cinematográfico del que así, de buenas a primeras, sorprende por una razón: Red Hill es una película visualmente hermosa, digna de ser contemplada.

Lo mejor: Se trata de un interesantísimo neowestern con un acabado ciertamente destacable.

Lo peor: Transita demasiados lugares comunes reduciendo la capacidad de sorpresa al mínimo.


The Oregonian

¿Mande?

The Oregonian

“Existe un lugar. Un lugar en el que el cielo es ancho y los bosques espesos y extraños. Puedes perderte para siempre en dichos bosques. Encontrarás camioneros con problemas y mujeres viejas con extraños poderes. Incluso puedes hacer nuevos amigos… con aspecto de peluche. Tan solo asegúrate de permanecer en silencio. Acompañado de una mujer de Oregon perdida en mitad de la carretera y escapando de su pasado. Ahora ella tiene la oportunidad de experimentar todo lo grotesco que el noroeste tiene para ofrecerle, quiera ella o no.”

Tras esta surrealista sinopsis - pido disculpas por adelantado si mi traducción de la misma difiere excesivamente de la realidad – se encuentra The Oregonian, película escrita y dirigida por Calvin Lee Reeder, un tipo que, por lo visto, se ha labrado cierta reputacióm de cineasta de culto gracias a sus cortometrajes (en especial “The Rambler”), y que ahora supongo que estará disfrutando del hecho de que su debut en el largo ha sido escogido para el próximo Festival de Sundance. Ante bizarradas de este calibre es casi inevitable acordarse de David Lynch y sus obras menos “accesibles”: Cabeza Borradora, Mullholand Drive o Carretera Perdida.

Savage

Siembra tormentas y recogeremos tempestades...

Savage

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Savage

1.-dametodoloquellevasoterajocabrón:

Lo mejor: La (realista) crudeza de la historia y el protagonista.

Lo peor: Ciertos tropiezos que le restan la potencia necesaria