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Piranha 3D

La bromita pasadita de vueltas del gran Alexandre Aja

Piranha 3d

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  • Título original: Piranha 3D
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Alexandre Aja
  • Guión: Pete Goldfinger
  • Intérpretes: Elisabeth Shue, Adam Scott, Ving Rhames
  • Argumento: Una pequeña población a orillas del lago Victoria se ve asediada por una horda de pirañas prehistóricas.

76 |100

Estrellas: 4

Piranha 3d

Pocas veces la campaña de promoción de una película me ha parecido tan honesta y tan comprometida con la realidad como la apetitosa presencia de despampanantes chicas embutidas en minúsculos bikinis danzando en la cubierta de un yate, o la ingente cantidad de extremidades humanas flotando sobre un mar de sangre con las que nos obsequiaron las diversas imágenes y trailers que acompañaron a Piranha 3D los días previos a su estreno en los USA.

De esta manera, el director francés Alexander Aja, al que muchos de nosotros conocimos gracias a su magnífica (y controvertida) Alta Tensión, prometía acometer su tercer remake con capital yankee - tras la irregular Mirrors y su gran obra maestra, Las colinas tienen ojos ofreciéndonos todo un despliegue de apretadas carnes femeninas, pececitos prehistóricos con muy malas pulgas, y multitud de excesos gore y cuerpos mutilados, en esta ocasión, sin distinción de sexo.

Tras unos inoportunos temblores de tierra, una supuestamente extinta raza de pirañas ansiosas por devorar todo aquello que se cruce por delante de sus enormes y afilados dientes, campa a sus anchas por las inmediaciones del lago Victoria, en Arizona. Casualmente en el lago Victoria se celebra el Spring Breaker, una fiesta en la que tipos adictos al gimnasio y muchachas candidatas a la portada del Playboy exhiben sin pudor alguno sus sinuosos cuerpos (un reclamo apetecible no sólo para las pirañas), sin sospechar que los mencionados animalitos prehistóricos les consideran el plato principal de un opíparo banquete.

Es complicado establecer algún tipo de nexo o unión, más allá de la presencia de las pirañas, entre este Piranha 3D y el Piraña original de 1978. Mientras que el Piraña del gran Joe Dante era una serie B modesta pero tremendamente efectiva - y divertida – que probablemente viera la luz al amparo del éxito del Tiburón de Spielberg; Piranha 3D es una enorme broma repleta de personajes vacíos, situaciones mil veces vistas, sexo chusco y toneladas de sangre y tripas. ¿Divertida la broma en cuestión? Pues depende. El que no sintonice con el humor gamberro, burdo y poco elaborado con el que nos ha sorprendido Aja, muy posiblemente acabe renegando de Piranha 3D por múltiples y muy comprensibles razones. Le falta tensión (a excepción de su última media hora), todos y cada uno de los protagonistas carecen de interés alguno (mención especial para el aborrecible personaje al que da vida Jerry O’Conell), su desarrollo no esconde ninguna sorpresa destacable e incluso los efectos especiales (sobre todo en lo que se refiere a las pirañas) no son para tirar cohetes. Defectos todos ellos evidentes, incuestionables.

¿Pero qué ocurre si todas las astracanadas y las múltiples y redundantes salidas de tono, tanto sexuales como en términos de gore, de las que hace gala Piranha 3D nos resultan graciosas? ¿O incluso tronchantes? De ser así la cosa cambia. No es que los defectos de Piranha 3D se evaporen, desaparezcan; pero si quedan, en cierta manera, minimizados. O al menos disimulados.

Aja no se esfuerza ni un ápice en construir una historia apasionante. No mueve un solo músculo en aras a lograr que uno solo de los personajes de su película tenga una mínima consistencia dramática. Hace gala de un humor soez y de baja estofa. Y pese a todo a ello Piranha 3D me pareció genial. Congenié con ese humor chusco al que hacía referencia, deleité mi vista con el despliegue de macizorras alérgicas a la ropa, me reí a carcajadas con la injustificable secuencia de sexo lésbico submarino, aguanté como buenamente pude las gilipolleces de Jerry O’Conell, disfruté la presencia de una carismática Elisabeth Sue, deseé que alguna piraña le mordiera el culo al soso de su hijo y, finalmente, me divertí, como hacía tiempo que no me divertía (quizás desde Braindead), con el festival de sangre, sudor y vísceras que supone la última media hora - demencial, brutal, espectacular – de Piranha 3D.

Afirmar que Piranha 3D es una buena película es complicado. Así que tan sólo me cabe señalar que Piranha 3D puede resultar un suntuoso entretenimiento para un buen número de aficionados (entre los que me cuento) que sabrán o podrán disfrutar de esta gamberrísima mezcla de sexo, humor y gore, en el que la materia gris del espectador no tiene porqué hacer acto de presencia.

Me encantó Piranha 3D. A pesar de sus nefastos personajes, su insulsa historia y lo mediocre de sus efectos especiales. Chicas, pirañas y gore. No hay nada más… ni falta que hace. ¡Bendito sea Aja!

Lo mejor: Gore, chicas, humor y pirañas.

Lo peor: Quién busque algo remotamente más profundo que gore, chicas, humor y pirañas... se sentirá defraudado.

Rare Exports

¿Quién dijo que el gordito barbudo de traje rojo era un tipo de fiar?

Rare Exports

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  • Título original: Rare Exports. A Christmas Tale
  • Nacionalidad: Finlandia-Noruega | Año: 2010
  • Director: Jalmari Helander
  • Guión: Jalmari Helander
  • Intérpretes: Onni Tommila, Jorma Tommila, Per Christian Ellefsen
  • Argumento: Una compañía norteamericana lleva a cabo unas excavaciones en la montaña de Korvatunturi con el objetivo de localizar a un célebre personaje de la mitología finlandesa.

79 |100

Estrellas: 4

Rare Exports

La última vencedora del Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya (Festival de Sitges para los más profanos) se esfuerza en demostrarnos la existencia de un Santa Claus que nada tiene que ver con el simpático y orondo anciano de barba blanca, mejillas sonrojadas y traje rojo que nos vendió coca-cola a principios del s.XX (Habdon Sundblom, pintor norteamericano de orígen sueco, cambió para siempre la iconografía de la Navidad en una serie de retratos de Santa Claus que pintó entre 1931 y 1966 por encargo de la compañía de refrescos).

Rare Exports, dirigida por el joven Jalmari Helander, es fiel a la mitología finlandesa y cede buena parte del protagonismo de su trama a Joulupukki, nombre finés con el que se conoce popularmente a Santa Claus o Papa Noel y que, más allá de tratarse de un vocablo de difícil pronunciación para todos aquel que no esté acostumbrado a congelarse el bigote a orillas del Polo Norte; designa a una terrible criatura que vestía pieles y cuya testa estaba coronada por unos enormes cuernos de cabra (Joulupukki significa, literalmente, “cabra de Navidad”). Un auténtico monstruo que, lejos de sentir el menor aprecio o cariño por los niños, dedicaba gran parte de su tiempo a entrar en casas ajenas y exigir regalos (en lugar de repartirlos) durante la celebración del solsticio de invierno, amén de asustar y castigar severamente a todos aquellos chiquillos que no se comportaran correctamente. Vamos… una joya.

Bajo semejante panorama no es de extrañar que el joven Pietari, protagonista de Rare Exports, sienta pánico al sospechar que unas misteriosas excavaciones en la montaña de Korvatunturi, promovidas por una compañía norteamericana, puedan dejar libre a la bestia. Ni más ni menos que al mismísimo (y temido) Santa Claus. Las sospechas del pequeño parecen confirmarse cuando todos los componentes de un enorme rebaño de renos aparecen muertos y devorados por dentro, provocando la bancarrota de Rauno, su padre, cazador profesional de dichos animales.

El bueno de Rauno intenta resarcirse de sus pérdidas pidiendo una suculenta compensación económica a cambio del extraño anciano que ha aparecido, de repente y totalmente desnudo, en el interior de su granero. Rauno, a instancias de su hijo, acaba creyendo que puede tratarse realmente de Él… del mítico Santa Claus. Pero como en tantas otras ocasiones las cosas no son exactamente lo que parecen, de manera que Pietari y Rauno deberán enfrentarse a un horror superior al que presumían en primera instancia.

Siendo su principal protagonista un muchacho de unos diez años (más o menos), y el principal leitmotiv de su argumento un, a priori, entrañable barbudo encargado de transmitir, año tras año, la felicidad a millones de crios en todo el mundo; era lógico pensar que Rare Exports nos depararía una fantasía de tintes juveniles, llena de imaginación y de alcance familiar. Se citaban clásicos del calibre de Los Goonies o Regreso al Futuro, pero quizás su referente más cercano debamos buscarlo en los Gremlins de Joe Dante.

Rare Exports comparte con los bichos orejudos de Dante el ser un delicioso cuento macabro de corte navideño(aunque sólo sea por la presencia de Santa Claus) en el que no falta, por supuesto, la fantasía y la imaginación; pero que tampoco se olvida del horror, el cual toma forma en la siniestra presencia de una serie de personajes (no conviene desvelar demasiado) capaces, por sí solos, de traumatizar a un posible público infantil que, desde luego, no es el público idóneo para una película como Rare Exports.

La película de Helander combina con evidente acierto géneros tan dispares como el drama (presente en la sincera relación que se establece entre padre e hijo), la aventura, la comedia - negra – , y el terror; y todo ello arropando una historia, un guión, que si por algo destaca es por su originalidad y frescura. Rare Exports engancha. Su historia te mantiene en vilo y sus personajes se vuelven extraordinariamente familiares, cercanos y creíbles (pese a llevar una vida tan supuestamente distinta a la nuestra). La labor del joven director finlandés tras las cámaras es sencillamente magnífica. Una fotografía extraordinaria, un ritmo que va de menos a más hasta llegar a unos últimos treinta minutos en los que la acción finalmente toma el protagonismo, unos personajes muy bien construídos (excelente la mencionada relación entre padre e hijo, y excelente también la labor de todos los actores implicados, con una mención especial para el niño que interpreta a Pietari), y uno de esos villanos cuya sola presencia justifica buena parte de los alagos de los que se hace merecedora una película como Rare Exports.

Pese a todo creo que no será una película que convenza a todo el mundo por igual. Mezclar géneros siempre es complicado, y Rare Exports no es una excepción. Posiblemente habrá quien la encuentre demasiado blanda, y posiblemente también habrá quién eche de menos un mayor despliegue de aventura y fantasía. Habrá quiénes critiquen su ritmo en ocasiones algo lento, su falta de truculencia, o un final que tiende, definitivamente, hacia el humor más descarado (un final que, personalmente, me encantó).

Pero lo que creo que nadie podrá negar, guste más o menos la película, es que Rare Exports es una propuesta distinta, que su historia cautiva, atrapa, y que personajes como el del niño que acaba convertido en un auténtico “action hero”, o el siniestro anciano que irrumpe en la trama otorgándole a la película un halo de terror inesperado; logran que finalmente Rare Exports se erija como una de las pocas películas indispensables del pasado año.
Por cierto, de su estreno en salas de cine españolas, de momento, nada de nada. Supongo que tendremos que esperar a ver qué se les ocurre hacer a los norteamericanos con su inevitable remake de Rare Exports… al tiempo.

Lo mejor: Su historia.

Lo peor: Que las esperanzas de poder verla en pantalla grande sean escasas.

Woochi

Sitges, lluvia, incomodidades y un brujo coreano con mucha chispa

Woochi

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  • Título original: Woochi
  • Nacionalidad: Corea | Año: 2009
  • Director: Choi Dong-hoon
  • Guión: Choi Dong-hoon
  • Intérpretes: Gang Dong-won, Kim Yoon-suk, Lim Soo-jung
  • Argumento: Woochi abandona su cautiverio tras cinco siglos para enfrentarse a las fuerzas del mal.

57 |100

Estrellas: 3

Woochi

Nunca he sido un gran aficionado a la épica fantástica. Tampoco a la espada y brujería ni a los diversos especimenes que suelen poblarla: guerreros, magos, semidioses, goblins, hechiceros… Ni siquiera me han interesado las reliquias milenarias que esconden en su interior secretos y poderes ancestrales.
Y en contadísimas ocasiones me ha emocionado contemplar a dos tipos blandiendo sus resplandecientes espadas mientras se sostienen en el aire dando un par de piruetas imposibles sobre sí mismos.

Es un tipo de cine y de historias que jamás me resultaron atractivas.

Y sin embargo ahí estaba yo, en la última e incomodísima fila de la platea superior del cine El Retiro, en Sitges, con las rodillas incrustadas en el pecho (vale… exagero) y dispuesto a “disfrutar” de Woochi, un taquillazo coreano dirigido por Choi Dong-hoon en el que abundan todos aquellos elementos, anteriormente mencionados, que jamás lograron despertar mis bajos instintos cinéfagos.

El extenso y algo enrevesado prólogo de Woochi nos pone en antecedentes. A principios del s.XVI, bajo el mandato de la dinastía Joseon, duendes y semidioses pugnan por conseguir una flauta mágica que esconde increíbles poderes. Cuando tres semidioses logran vencer y encerrar a los malignos duendes, deciden romper la flauta en dos mitades y entregar una parte al maestro (y hechicero) Hwa-dam, y la otra al maestro Yun-shik Baek, mentor del joven brujo Jeon Woochi. Pero el maestro Yun-shik Baek muere, y Woochi, su discípulo, es acusado injustamente de su asesinato y recluido en un pergamino mágico.

Cinco siglos más tarde, Corea se encuentra asediada nuevamente por malignos duendes en búsqueda de la dichosa flauta mágica, y los tres semidioses abandonan su retiro para hacerles frente. Su mejor arma será el propio Woochi, al que despiertan de su largo sueño con la intención de que combata a los duendes. Pero Woochi no parece estar por la labor. Prefiere entregarse a los placeres terrenales que le depara la Corea actual… especialmente sus mujeres.

Basada en una antigua historia del folclore coreano, Woochi es una comedia fantástica, apta para toda la familia, y repleta de acción, humor y efectos especiales.

La película se estructura en dos partes muy bien diferenciadas. Por un lado la gestación misma de la historia, localizada en el s.XVI, en un mundo en el que parecen convivir con total naturalidad duendes gigantescos con aspecto de conejo, poderosos hechiceros, monjes inmortales, animales de aspecto humano, trucos de magia y damiselas en apuros. Choi Dong-hoon es capaz de edificar, en pocos minutos, toda una mitología a la que resulta sencillo acceder gracias, sobre todo, al carisma y simpatía de todos los personajes que van apareciendo (el mismo Woochi, su acompañante perro/humano, los tres semidioses…) y a las secuencias de acción. Pero si el marco mitológico que nos aporta Woochi, la película, resulta de fácil digestión, no puede decirse lo mismo del planteamiento de su historia. Me perdí, debo reconocerlo. Quizás la incomodidad de la sala o el hecho de que minutos antes estaba haciendo cola bajo un manto de lluvia bastante espeso, fueran los causantes de que me costara muchísimo esfuerzo asimilar la historia que se nos estaba contando. Entre tanto goblin, maestro, hechicero y flauta mágica acabé hecho un verdadero lío.

Pero poco a poco fui recuperando el hilo, hasta llegar a la segunda parte de la película, mucho más asequible a nivel argumental. Whoochi despierta de su cautiverio en la Corea actual. Mientras los tres semidioses intentan convencerle de que debe luchar contra los duendes, Whoochi prefiere dedicar su tiempo a placeres mucho más mundanos.

Se intensifica la acción y los combates, se multiplican los efectos digitales (un apartado en el que destacar el estupendo diseño de los duendes), y, ante todo, se suceden, una tras otra y sin descanso, las situaciones cómicas. Porque más allá de que la acción de Woochi pueda engancharnos, o quedemos más o menos impresionados por el despliegue de efectos digitales; dónde realmente Woochi se la juega es el en tema de la comicidad.

Hay instantes en los que Woochi no es más que un torrente de chistes y chascarrillos con mayor o menor gracia, con mayor o menor acierto. Conviven situaciones realmente divertidas (muy divertidas) como aquella en la que Woochi invoca a un pequeño ejército de clones de sí mismo, cada uno con su propia personalidad, para hacer frente a los duendes; con otras mucho menos efectivas en las que el chascarrillo se alarga hasta la extenuación, perdiendo gran parte de su gracia. La mayor parte de estos gags sin excesiva fuerza (salvo excepciones) se refieren al impacto que el viaje en el tiempo provoca en Woochi, algo similar a lo que pudimos ver, por ejemplo, en la francesa Los Visitantes.

Y son precisamente estas muestras de humor algo chusco e infantil las de dificultan al espectador la labor de seguir creyendo en la historia que se nos cuenta. Permanecemos atentos a la posibilidad de que la próxima bufonada nos haga sonreir y dejamos de lado ese mundo de magos, hechiceros y demonios en el que tanto esfuerzo había invertido Choi Dong-hoon al inicio de su película.

Por otro lado, las secuencias de acción buscan siempre el concepto de “gran espectáculo” a través de combates perfectamente coreografiadas y envueltos en un auténtico festín de efectos digitales (ver la espectacular secuencia de la persecución de los duendes a través de una transitada calle coreana).

Pero pese a que dichas secuencias de acción resulten casi siempre efectivas y dignas de elogio, de nuevo quiero destacar que la balanza final en Woochi siempre se decanta del lado de la comicidad. Una comicidad que en ocasiones resulta ciertamente divertida, pero que en muchas otras dificultan enormemente el avance de la trama y tan sólo logran salvarse gracias a la frescura y atractivo del que gozan sus protagonistas, en especial Woochi, un antihéroe algo bohemio, sinvergüenza y pagado de sí mismo; y su fiel escudero, un perro con apariencia hombre que identifica a las hembras humanas oliéndoles el trasero.

Woochi es cine comercial sin más pretensiones que el de hacer pasar al espectador un rato ameno. En ocasiones lo logra, siendo un entretenimiento de primer orden, y en otras sus bufonadas se alargan en exceso distrayéndonos de lo que realmente importa.
Pero en cualquier caso recordad lo que es dije al principio: muy probablemente yo no sea la persona más idónea para valorar esta película.

Lo mejor: el carisma de sus personajes, los efectos, la acción y ciertos pasajes cómicos que funcionan a la perfección.

Lo peor: otros pasajes cómicos no funcionan y se alargan en exceso. Esto acaba provocando que Woochi tenga unas exageradas dos horas y pico de duración.

Higanjima

Terror en la isla de los monstruos

Higanjima

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  • Título original: Higanjima
  • Nacionalidad: Japón / Corea del Sur | Año: 2009
  • Director: Tae-gyun Kim
  • Guión: Kôji Matsumoto, Tetsuya Ôishi
  • Intérpretes: Dai Watanabe, Asami Mizukawa, Kôji Yamamoto
  • Argumento: Akira viaja junto a sus amigos a la isla maldita de Higanjima para recuperar a su hermano mayor.

58 |100

Estrellas: 3

Higanjima

Higanjima es la adaptación cinematográfica de un popular manga homónimo cuyo autor es el japonés Kôji Matsumoto.
Vaya por delante que desconozco el cómic al cual acabo de hacer referencia, así que me limitaré a dar mi opinión acerca de si Higanjima me ha parecido una buena o mala película, dejando de lado su grado de fidelidad a la fuente original.

Higanjima, coproducción japonesa y coreana dirigida por el coreano Tae-gyun Kim, cuenta la historia de Akira, un joven con tendencia a meterse en problemas que un buen día recibe la visita de una misteriosa mujer informándole de que su hermano mayor, al que creía muerto, sobrevive en una remota isla haciendo frente a un opresor ejército de vampiros.
Decidido a recuperar a su hermano, Akira reúne a sus mejores amigos y juntos emprenden un largo viaje hacia la isla maldita de Higanjima.

La primera mención es para el género en el que cabría incluir una película como Higanjima, y este no es otro que el género de aventuras y/o acción. Cierto que elementos tales como los sanguinarios vampiros que pueblan la isla de Higanjima, o cierta predilección por las cabezas reventadas por el impacto de un enorme ariete con el que va armado uno de los principales protagonistas (junto a otras lindezas gore), emparientan Higanjima con el género terrorífico; pero en el fondo no deja de ser una aventura de aires juveniles y repleta de acción. Pura acción.

Se impone la épica de saldo, las batallas nocturnas, el cuerpo a cuerpo, las piruetas imposibles, las salpicaduras de sangre y las espadas resplandecientes. Secuencias de acción la mayoría de ellas rodadas con energía, un evidente sentido estético y gusto por lo expeditivo y lo sangriento (mucha atención a la magnífica secuencia que abre la película).

El problema es que detrás de todo este torrente de acción debe existir una historia. Y detrás de esta historia unos personajes que la empujen, que la ayuden a avanzar.
Sobre todo si tenemos en cuenta que Higanjima ostenta una duración, a todas luces excesiva, de más de dos horas; y es en este punto donde a la película de Tae-gyun Kim se le empiezan a notar las costuras, quizás no rotas, pero sí descosidas.

Al poco atractivo que ya de por si encierra la trama de Higanjima, se le une un ritmo, en ocasiones, excesivamente parsimonioso y la aportación nula de algunos personajes secundarios (hay un par de amigos del protagonista que en el supuesto de haber desaparecido del mapa durante los primeros minutos de la película, sin explicación de ningún tipo, nadie se hubiera percatado de ello), para acabar ofreciendo una conclusión dolorosa: cualquier atisbo de historia o drama que intente aportarnos Higanjima palidece, irremediablemente, ante la espectacularidad de sus secuencias de acción.

De esta manera llega un momento en el que te agotan los lloriqueos constantes del protagonista – cuyo tránsito y maduración de chico timorato a único héroe capaz de poner al villano de turno en su sitio, nos lo sabemos de memoria – , te desesperas ante la verborrea irrefrenable de algunos personajes, pasas olímpicamente de los conatos de romance absolutamente prescindibles y, finalmente, decides desconectar de la historia y esperar, pacientemente, a la siguiente secuencia de acción, al siguiente cuello rebanado o a la siguiente criatura monstruosa (perfectamente recreadas por unos efectos CGI más que honrosos) que vuelva a animar la fiesta.

Es evidente que a Higanjima le sobra metraje, mucho metraje (incluso algunas secuencias de acción se dilatan excesivamente en el tiempo y acaban aburriendo al personal), y le falta una mayor concreción en el guión y en la definición de algunos personajes.

Pero en cualquier caso, la vistosidad de la gran mayoría de su secuencias de acción, su gusto por la hemoblogina (sin exagerar), la presencia de unas criaturas con un acabado bastante convincente y algunas salpicaduras de humor negro, convierten a Higanjima en un producto afable, ameno y de fácil consumo… a pesar de alguna que otra mirada furtiva a nuestro reloj.

Lo mejor: La vistosidad de la acción, la puesta en escena y los efectos especiales.

Lo peor: Su excesiva duración va en decrimento del interés de la historia.

La Sentencia del Diablo

El asesino viaja en una silla eléctrica

La sentencia del diablo

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  • Título original: The Devil's Chair
  • Nacionalidad: Gran Bretaña | Año: 2006
  • Director: Adam Mason
  • Guión: Adam Mason, Simon Boyes
  • Intérpretes: Andrew Howard, Pollyanna Rose, Olivia Hill
  • Argumento: Nick West es testigo de cómo una vieja silla eléctrica acaba con la vida de su novia. Ahora deberá enfrentarse de nuevo a la silla para lograr la libertad.

62 |100

Estrellas: 4

The Devil's Chair

Que complicado resulta hablar bien de una película como La Sentencia del Diablo. Yo creí que Blood River, película de Adam Mason posterior a La Sentencia del Diablo, pasaba por ser una apuesta controvertida y arriesgada que sin duda despertaría sentimientos muy contradictorios entre el aficionado (… y sigo creyéndolo). Pero esa sensación de que una determinada película pueda convencer a un minúsculo porcentaje de aficionados al cine de terror se acrecienta, de manera exagerada, tras el visionado de La Sentencia del Diablo.

Una cosa me queda clara: ni Adam Mason, ni su colaborador habitual en tareas de escritura Simon Boyes, son tipos que se decanten por el camino fácil. La Sentencia del Diablo no es el baño de sangre ni la monster-movie barata que algunas de sus imágenes pudieran hacernos presagiar. Es algo mucho más complejo que, nuevamente, tiene que ver con la naturaleza violenta del ser humano. Con la locura. Con el reino de lo irracional.

Nick West, tras consumir una pastilla de éxtasis, contempla, impotente, como su novia Sammy es salvajemente castigada por una vieja y macabra silla eléctrica abandonada en el interior de un destartalado sanatorio mental.
Sin recordar demasiados detalles sobre lo ocurrido, Nick West despierta con su ropa empapada en sangre. Sammy ha desaparecido, y por supuesto nadie cree la absurda historia de Nick sobre la silla eléctrica. Sospechoso del asesinato de Sammy, Nick es internado finalmente en una institución psiquiátrica en la que pasa varios años intentando recuperar su cordura.

La posibilidad de abandonar la institución le llega con la propuesta del Dr. Willard, prestigioso psiquiatra que acaricia el proyecto de escribir un libro basado en su propio caso. El citado doctor tan sólo le impone una condición de obligado cumplimento: Nick West deberá regresar al lugar de los hechos y enfrentarse nuevamente a la silla del diablo.

La voz en off del propio Nick West (excepcional Andrew Howard, actor fetiche de Mason al que resulta imprescindible escucharle en su potentísima voz original) nos sirve de guía en un viaje en el que nada es lo que parece y en el que todo acaba cobrando sentido (o en el que todo acabará siendo un rotundo sinsentido…) gracias a uno de esos giros argumentales destinados a cosechar adeptos convencidos y aguerridos detractores a partes iguales. Y es que este es el gran inconveniente al que uno debe enfrentarse cuando decide acometer una película tan especial como es La Sentencia del Diablo: la película de Mason se lo juega todo a una carta final. Si esa carta final logra seducirnos y sorprendernos al mismo tiempo, La Sentencia del Diablo tiene francas posibilidades de convertirse en una propuesta interesante, atractiva, distinta y de la que poder extraer un buen número de sensaciones positivas.

Si por el contrario esa carta final es un fiasco, La Sentencia del Diablo está condenada al fracaso más estrepitoso, hasta el punto de que el espectador pueda sentirse estafado y considere el juego propuesto por Mason como un enorme absurdo, sin sentido ni interés alguno.

Todo lo que acontece previamente a ese tramo final de La Sentencia del Diablo no es más que un cúmulo de trillados clichés que nos remiten a un centenar de películas de horror precedentes: el artilugio que nos transporta a una terrorífica dimensión (en la propia película se cita a Hellraiser), el demonio tentacular sediento de sangre (con un aspecto ochentero de lo más eficaz), el mad doctor que se ayuda de un viejo diario para abrir las puertas del infierno, la rubia gritona que encontrará el fin de sus días en sujetador… En definitiva un sinfín de caminos ya recorridos, gastados, con olor a rancio y que apenas podríamos salvar gracias a la actuación de Andrew Howard, a la buena labor de Mason tras las cámaras (nuevamente una película de bajísimo presupuesto da la impresión de ser “algo más” en manos del realizador británico), a una excelente labor de ambientación y/o al simpático diseño del monstruo. Poco más …

… hasta que llega el momento en que la propia voz en off del protagonista (esa misma voz en off que nos ha llegado a cansar en algún que otro instante) nos abofetea, nos devuelve a la realidad, y pone sobre la mesa una situación totalmente distinta a lo experimentado hasta el momento. El riesgo es descomunal. El espectador tiene que armarse de paciencia, digerir como buenamente pueda los dos primeros tercios de metraje – afortunadamente la labor de ambientación de Mason y unas cuantas secuencias que saben transmitir cierto desasosiego y turbación, logran que estos dos tercios iniciales sean, al menos, soportables -, y cruzar los dedos para que el giro final de los acontecimientos consiga sorprenderle y acabe siendo de su agrado.

Personalmente el final de La Sentencia del Diablo me sorprendió (de verdad que no me lo esperaba) y me convenció. Y lo que es más importante, acabó otorgándole sentido al cúmulo de banalidades al que había asistido hasta ese preciso instante. Cuando estaba a punto de sentenciar a pudrirse en el olvido a La Sentencia del Diablo me di cuenta de que director y guionista sabían perfectamente lo que se traían entre manos. Comprobé que la absurdidad de la propuesta respondía a una razón, a una realidad que no llegué a imaginar. Si la película, hasta llegar a su tercio final, era pueril y banal, Mason lo sabía. Si tenía muy poco que ofrecer más allá de su ambientación y un simpático monstruo/diablo, Mason era consciente de ello. Y es un auténtico alivio comprobar que finalmente el director está de tu lado, es tu cómplice, y que toda esa banalidad tiene una razón de ser.

Es cierto que, en el fondo, lo que nos explica La Sentencia del Diablo ya lo hemos visto en otras películas, no es estrictamente novedoso, pero lo que sí me pareció audaz, certero, y repito (no me cansaré de hacerlo) tremendamente arriesgado, fue la manera en la que Mason y Boyes lo cuentan.

No espero grandes adhesiones a La Sentencia del Diablo. Estoy seguro de que amasará un buen plantel de detractores (y hasta cierto punto lo entiendo), pero para un servidor es la confirmación de que en la actualidad, y en el panorama del terror independiente, muy pocos realizadores dan tanto por tan poco. Los seguidores de Mason tenéis una cita obligada.

Lo mejor: El final, la presencia de Andrew Howard, el monstruo y la labor de Mason tras las cámaras.

Lo peor: Si el final no convence la experiencia puede resultar un auténtico desastre.

Especial Troll 2

Ración extra de pepperoni

Troll2_Imagen_ResumenAprestad vuestros botes de champú anticaspa, porque hoy en Almas Oscuras nos visita Troll 2, y va a dejarnos los hombros como la cumbre del Kilimanjaro.

Una producción italiana, rodada en Utah en 1989, que a día de hoy cuenta con miles de seguidores fanáticos y deseosos por esparcir las bondades de las cintas cutres de video-club. La verdad que la película tiene un estilo peculiar, capaz de encandilarnos durante todo su metraje. Uno no sabe si por lo mala que es ó por que la muy condenada, presenta escenas tan surrealistas que consigue evadirnos de los problemas cotidianos.

Sin más preámbulos, os invito a sumergiros en un delirio solo comparable a la ingesta de varias botellas de absenta…

The Human Centipede

Mi querido cienpiés

The Human Centipede

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  • Título original: The Human Centipede
  • Nacionalidad: Holanda/Reino Unido | Año: 2009
  • Director: Tom Six
  • Guión: Tom Six
  • Intérpretes: Dieter Laser, Ashley C. Williams, Ashlynn Yennie
  • Argumento: Dos jóvenes norteamericanas caen en manos del el Dr. Heiter, cirujano experto en separar gemelos siameses, que tiene unos planes muy especiales para las chicas: serán parte de un ciempiés humano.

79 |100

Estrellas: 4

The Human Centipede

Mucho hemos hablado de esta propuesta antes siquiera de poder verla, muchas eran las expectativas y sobre todo, mucha era la curiosidad.

Una vez vista, The Human Centipede puede resultar más perturbadora de lo que a priori prometía.
Por una parte tenemos una idea innovadora y muy muy atrevida, y por otra parte contamos con nuestra imaginación (que es la que juega la peor parte).

The Human Centipede arranca de una forma magnífica, nos presenta a uno de los “mad doctor” más desquiciados del cine y una situación vista mil veces que hace que se masque la tragedia.
La idea de proponer a un cirujano alemán, experto en la separación de siameses, como el nuevo icono del psicocitismo y a dos desvalidas turistas americanas de viaje por Europa como las víctimas perfectas, me parece algo muy trillado, pero funciona, ¡vaya si funciona!
Se parte de una idea básica en el género, pero se transforma en algo original, morboso y efectivo.

La escatológica idea central es ver cómo se “fabrica” un ciempiés humano o un triple siamés, cómo demonios sobrevivirá esta “criatura” humana y sobre todo, cómo afrontan los integrantes de ese triplete su nuevo destino.
Pues es en esta parte donde radica el éxito de The Human Centipede, en que, pese a lo que podíamos pensar inicialmente, no hay escenas desagradables, ni gore, por lo que todo queda a merced de nuestra imaginación, y os aseguro, que durante toda la película no dejas de imaginar, de darle vueltas, de revolverte tú mismo, y eso, a mi juicio es lo que convierte a una pequeña película en un clásico moderno, una obra que con el tiempo será juzgada de culto.

La labor de los actores es crucial para el buen desarrollo de la trama, y es este aspecto, Dieter Laser (Dr. Heiter), ejecuta una actuación sobresaliente caracterizando a un personaje escalofriante, armado sólo con su incisiva mirada. Laser es el protagonista absoluto, incluso por encima del ciempiés (el trío de actores que dan vida al ciempiés, no destacan por su buen hacer, la verdad).

La contradicción está constantemente presente en la película: por una parte, tenemos a un cirujano especializado en separar siameses, empeñado en unir a través del sistema gástrico a personas o animales; por otra, a unas víctimas que luchan y se rinden, luchan de nuevo y se vuelven a rendir. Por otra un sistema alimentario que no fue “diseñado” para tal fin, sino para todo lo contrario; por otra tenemos contradicción incluso en nombre del propio doctor – Dr.Heiter -que si lo leemos en inglés se asemeja mucho a Hater – aquel que odia -, pero que si lo traducimos del alemán significa alegre/contento; por otra un ambiente totalmente aséptico, frente a la orgía de mierda (y perdón por la expresión) que presagiaba el film y, lo más importante, un final que no deja clara la existencia de una segunda parte o full sequence, de la que hay constancia que ya empezará a rodar Tom Six el mes que viene.

Todo esto es lo que perturba de verdad, lo que presenta el verdadero horror de la película, lo que hace que no dejes de pensar en ella y lo que incomoda a niveles altísimos.

El ritmo de la película, por lo general, es lento, para acentuar la sensación de malestar de lo que está por venir. La operación es explicada con detalle a los “pacientes” y en ese momento, el espectador también se siente paciente. El terror en estado puro irrumpe a la hora de pensar en las posiciones del ciempiés: tenemos al líder (cabeza del ciempiés) que tiene que tirar de sus dos nuevas partes, tenemos la “cola” del ciempiés que tiene que expulsar el alimento de sus dos nuevas partes y tenemos la peor parte, para mí, que es la parte central (y con la que más disfruta el Dr. Heiter), que es la que ingiere alimento del líder y alimenta a su vez a la tercera parte del ciempiés, y que es la que más sufre el postoperatorio por tener desgarrada boca y ano. Chicos, chicas, esto es horror, y lo peor, como os dije antes, es que no se ve, se imagina, y ya sabemos que la imaginación es mucho más cruel que la realidad.
Una vez concluida la operación, el ritmo sigue siendo lento, incluso monótono, pero no se hace aburrido.

En The Human Centipede hay extracciones dentales y desgarros, pero apenas hay sangre; Tom Six, no se recrea en el sufrimiento físico (aunque también lo hay), sino que lo hace en el psicológico.
Tom Six transforma el mito del Dr. Frankenstein, jugando a ser Dios, en algo absolutamente depravado y enfermizo.

Las pegas de la película están en los tópicos de los que se sirve para comenzar el desarrollo, que son el “mad doctor” alemán, con su duro acento y su frialdad sin límites, las turistas norteamericanas de viaje por Alemania (a este paso los americanos van a tener pánico a venir a Europa de vacaciones “a tomar el Sol”…), la sobreactuación de Akihiro kitamura, las “casualidades” que se van sucediendo a lo largo de la trama y en el propio diseño del ciempiés (opino que la segunda y la tercera parte del triplete tenían que haber estado cosidas más abajo para poder desempañar bien su función- cuando la veáis me entenderéis…). Pero son pegas que yo perdono porque no empañan el resultado final.

Conclusión: película no recomendada para estómagos débiles, no por lo explícito, sino por lo implícito de las imágenes, que no te deja mal cuerpo, como lo hacen Martyrs, Eden Lake o A L´interieur, pero sí una sensación extraña y desagradable que perdura cada vez que piensas en la película.
Para los estómagos curtidos, recomendadísima y lo digo, entendiendo que mucha gente la considere una total aberración.

SPOILER
He dejado el spoiler para el final, para los que no la hayan visto, que ya no sigan leyendo… Mención especial para el final de la película, uno de los finales más crueles que he visto. No se me ocurre una tortura más cruel, que plantear que la parte central del ciempiés se quede sola, cosida a dos cadáveres, sin posibilidad de moverse y sin nadie que sepa de su ubicación. Terrible.
FIN SPOLIER

Lo mejor: La sensación de malestar producida por lo que imaginamos, más que por lo que vemos.

Lo peor: Los tópicos y el diseño del ciempiés.

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “The Human Centipede” en VOSE.

The Blackout

Ni Bioman nos libra de esta.

Blackout_poster

Ver ficha completa

  • Título original: Ni Bioman nos libra de esta.
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Robert David Sanders
  • Guión: Jim Beck
  • Intérpretes: Barbara Streifel Sanders, Ian Malcom, Joseph Dunn
  • Argumento: En víspera de Navidad unos apartamentos de Los Angeles son atacados por extraños monstruos surgidos del subsuelo.

35 |100

Estrellas: 2

Por si la decepción que me llevé con Legion no hubiera sido poca, decidí embarcarme recientemente en otro viaje cinematográfico con fuertes reminiscencias de Feast. Y es que esto de dejar a un grupo dispar de personas atrapadas en compañía de monstruos, demonios ó mutantes; siempre ha sido un plato de mi gusto.
Desgraciadamente me he vuelto a equivocar eligiendo la película. En cuanto se publicitaron los primeros carteles, imágenes y argumento de esta cinta independiente de serie B (y asignarle esta letra es darle punto inmerecidos a este telefilm); surgió la polémica, sobre todo por el parecido entre la portada de The Blackout, con Feast. Ojala se hubieran parecido en más aspectos. No deja de ser chocante que los creadores de The Blackout, se molestasen tanto en copiar carteles de otras producciones, cuando su película toma la base argumental de toda la vida, grupito de gente dispar contra bichos de origen desconocido, y se aleja todo lo que puede de Feast. Pero no os hagáis ilusiones, buscadores de originalidad, se aleja dando todo paso incorrecto habido y por haber. Entonces, ¿de qué trata el primer film del director Robert David Sanders?

Es la víspera de Navidad, en un edificio del centro de Los Angeles, un grupo de amigos y vecinos se dispone a celebrar la llegada de Papa Noel con una fiesta por todo lo alto. Sin embargo no es un día típico de diciembre en California: Las temperaturas son extremadamente altas, se producen continuos temblores de tierra y las señales de radio y televisión fallan por momentos. En este ambiente nada halagüeño, la fiesta parece discurrir con normalidad hasta que un temblor deja al edificio sin luz y a los invitados atrapados en el edificio junto a unas criaturas monstruosas salidas de las entrañas del edificio en busca de sangre humana.

Como veis no se puede presumir de mucha originalidad argumental. He leído decenas de relatos con un argumento similar pero con un acabado muy distinto (y abismalmente superior). Lo que en seguida nos choca en los primeros compases de la película es lo en serio que se toman los implicados en The Blackout su propia película. Otro elemento destacable, para mal, es la banda sonora y los efectos de sonido (responsabilidad también de Robert Sanders).
El primer punto es el ejemplo perfecto de porque esta producción es el polo opuesto a Feast. Muchas películas de serie B tienden a no tomarse en serio a si mismas para superar otras limitaciones como el bajo presupuesto con el que cuentan. No digo que sea la solución definitiva ni la panacea para los productos directos a DVD, pero es innegable, que cuando el humor funciona una película modesta puede ganar muchos enteros (por ejemplo Terroríficamente muertos). Insisto, no quiero decir que con humor se salve todo de una mala producción. En este caso, se optó por dotar toda la cinta con un aire de seriedad que visto lo pobre de otros elementos, especialmente los actores, no ayuda a remontar un escaso metraje (75 minutos) que se hacen eternos. Donde en Feast encontrábamos personajes histriónicos bien interpretados, aquí tenemos personajes clichés que ni llegan a ser interpretados (más bien acribillados). Y no es que la historia sea un desperdicio total, sin ser un dechado de virtudes, la seriedad impuesta en el guión da como resultado una coherencia general que se agradece. Puesto que el argumento no da para mucho, no esperéis un final que arregle el desaguisado montado por los actores, ni nada sorprendente pero si una conclusión consecuente que en ningún caso indigna como el final de esa reciente película de ángeles estilo Terminator.
El segundo punto que he comentado es bastante molesto. Todos entendemos que esta película se ha hecho con pocos recursos y mucho esfuerzo; pero, ¿era necesario crear una banda sonora sintética tan rimbombante, insertarla a tanto volumen en los momentos menos propicios y, por si fuera poco, rematarla con cientos de sonidos misteriosos generados por ordenador? En mi opinión logra descentrar al espectador de una película ya de por sí poco interesante. Muy poco estilo.

Digamos que los dos elementos cinematográficos anteriores son la punta visible del iceberg pero a medida que avanza el metraje muchas otras aristas se hacen visibles, demasiado visibles y demasiado rápidamente:

Siento ser cruel, pero los actores elegidos no se merecen ese nombre. Como todos sabréis Los Angeles es un hervidero de gente con poco talento intentando ser alguien en el mundo del espectáculo. Dentro de ese “mar de mierda” se pueden encontrar destellos de genialidad en algunos aspirantes a actor con verdadera chispa. Desgraciadamente las personas elegidas para dar vida a unos personajes y diálogos de poca profundidad son la escoria típica de Hollywood: verás más expresión en los ojos de un cordero. Mal, muy mal; no hacen ni gracia. No existe credibilidad en absoluto, haciendo aun más molesta la seriedad del guión. El padre protagonista me puso especialmente de los nervios con su cara de americano progre blanda e impasible aun creyendo muertos a sus hijos.

Los efectos especiales son bienintencionados pero incapaces de crear ningún tipo de clima ó tensión: Destellos sanguinolentos gratuitos introducidos timoratamente como recurso desesperado, abundancia de CGI barata que en ningún momento da el pego y unos monstruos que podrían haber salido de la serie Bioman. Vamos, plasticote barato y efectos pixelazos que molestan por su excesiva abundancia (si no tenéis dinero aprended a ocultar las carencias y no ha demostrarlas). ¡Los bichos no pueden estar peor diseñados y ser más cutres! Me resultaron como una mezcla entre la hormiga atómica, Venom y un escorpión desnutrido. Se ve que invirtieron todos los esfuerzos en el diseño del poster.

El resto de elementos técnicos y humanos que componen The Blackout están a la altura de lo expuesto. Sinceramente, he visto telefilmes infames protagonizados por Michale Ironside, que al lado de esta película parecen obras maestras de la planificación y la fotografía. Podríamos perdonar muchas cosas a una producción modesta siempre que otros factores equilibrasen el resultado final. Pero os aseguro que nada es rescatable de esta obra primeriza, torpe y olvidable.

No se la recomiendo a nadie, ni siquiera a esos insomnes irredentos capaces de tragarse cualquier cosa en la tele. The Blackout estará en breves siendo emitida por los canales temáticos de la televisión digital, así que os daré un consejo que espero se convierta en reflejo pavloviano cuando llegue la ocasión: cambiad de canal, arrancaos los ojos, tomad un sedante…lo que sea, pero no os sometáis a la tortura de este subproducto que no se arregla ni con buenas intenciones.

NOTA: Observad que tiene la misma nota que Legion. Que nadie se escandalice, son igual de malas pero no exactamente por los mismos motivos

Lo mejor: Es corta y el final no provoca nauseas.

Lo peor: Los efectos de sonido cutres, los actores cutres, los CGI cutres, los decorados cutres, la edición cutre, la fotografía cutre...