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Pandorum

Una nave espacial abandonada no es un buen sitio para pasar las vacaciones

Pandorum

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  • Título original: Pandorum
  • Nacionalidad: USA/Alemania | Año: 2009
  • Director: Christian Alvart
  • Guión: Travis Milloy
  • Intérpretes: Dennis Quaid, Ben Foster, Cam Gigandet
  • Argumento: La nave Elysium transporta a 60.000 personas en busca de la salvación. Destino final: el planeta Tanis. Tras una prolongada hibernación, un par de tripulantes despiertan para comprobar que las cosas no han ido bien durante el viaje.

54 |100

Estrellas: 3

Pandorum

Pandorum parecía reunir, a priori, todos los elementos necesarios para convencerme.
El claustrofóbico escenario de una nave espacial a la deriva (del que siempre he sido un adicto), una interesante historia no-lineal que se va construyendo a golpes de memoria, una heroína de armas tomar, una plaga de ¿alienígenas? caníbales, un mucho de ciencia-ficción, un poquito de terror, las dosis necesarias de acción, e incluso Dennis Quaid, un actor que siempre me ha caído en gracia.

En el año 2100 el planeta Tierra es un lugar inhóspito a consecuencia del agotamiento de los recursos naturales (cómo muy bien nos muestra una imagen que parece sacada directamente de Wall-E). 60.000 seres humanos son los escogidos para forman parte de la tripulación del Elysium, una gigantesca nave que pone rumbo hacia el planeta Tanis, cuyas condiciones de habitabilidad parecen ofrecer una promesa de supervivencia y perdurabilidad.

Las duras condiciones del viaje obligan a la tripulación a sumirse en un largo periodo de hibernación controlada. El sargento Bower y el teniente Payton parecen ser los primeros en despertar del largo sueño. Desorientados y con pérdidas de memoria, pronto se dan cuenta de que algo terrible ha sucedido en el interior de la nave. El Elysium se encuentra varado, y una tribu de monstruos caníbales está dando buena cuenta de los pocos supervivientes que quedan. La única salida es reactivar el generador central de la nave y volver a poner rumbo a Tanis.

El punto de partida es excelente, de lo más prometedor. Uno de esos argumentos comunes (que además esconde un par de giros realmente interesantes hacia el final), tan habituales en el cine de ciencia-ficción, pero que llevados a la pantalla con un mínimo de acierto y talento, suelen dar excelentes resultados y otorgar agradables sorpresas al aficionado.

Sin embargo Pandorum, dirigida por el alemán Christian Alvart (Antikorper, Expediente 39), y producida por el inefable Paul WS Anderson (un dato a tener muy en cuenta), conjuga demasiados factores en su contra cómo para acabar siendo el entretenimiento sencillito pero tremendamente efectivo que un servidor se esperaba.

Sería bastante asequible trocear Pandorum en varios trocitos y reconocer en cada pedazo la enorme influencia de diversos títulos de la ciencia-ficción y el terror (algunos de ellos muy relacionados con la filmografía de Paul WS Anderson) de los últimos años. Y dentro de este superfluo ejercicio de disección quirúrgica, hay pedazos de Pandorum que me gustaron, y otros en que una evidente sensación de déjà vú acabó resultándome molesta.

El escenario me parece fantástico. El interior del Elysium, repleto de tubos, pasadizos, conductos de aire, repentinas salas inundadas por una cegadora luz blanca… creo que seríamos capaces de recorrer el interior de dicha nave con los ojos cerrados. Nos la sabemos de memoria, y eso es precisamente lo que me encantó. Aunque también es cierto que a Christian Alvart le hubieran ido de maravilla un par de focos de más con los que iluminar un poquito algunos rincones de la nave y que las cosas quedasen algo más claras (y visibles) para todos.

Es en las secuencias de acción pura y dura dónde Pandorum muestra su peor cara. Con una heroína que parece sacada de la saga Resident Evil, un musculado superviviente que habla una extraña lengua, y un grupito de monstruos, expertos en artes marciales ¿?, que perfectamente podrían pasar por parientes, en primer grado, de las criaturas subterráneas de The Descent, o los Orcos de El Señor de los Anillos (incluso hay un monstruo-niño que me recordó a alguno de los infectados-poseídos de la reciente REC 2); Pandorum nos ofrece una serie de piezas de acción que en ningún momento lograron activar mi torrente adrenalítico. Los monstruos de marras pasan la mayor parte del tiempo corriendo de un lugar a otro sin que apenas haya un enfrentamiento directo. Y cuando finalmente lo hay, descubrimos a expertos karatekas lanzando patadas voladoras sin ton ni son. Todo ello me arrastró a la conclusión de que Pandorum, en cuanto a la acción que atesora, no cumple con los mínimos exigidos.

Y finalmente la historia. Es de agradecer (y alabar) que al menos Christian Alvart se esfuerce en contarnos una historia. Pandorum, efectivamente, tiene mucho que contar. En ocasiones demasiado… Utilizando el recurso (tampoco novedoso) de ir desgranando el argumento a medida que los protagonistas van recuperando su memoria, Pandorum nos cuenta una interesante historia, no exenta de un par de giros inesperados y muy acertados, pero que en ocasiones se dilata en exceso y sufre una sobrecarga de información. Consecuencia directa de esta excesiva necesidad por contarlo todo y dejarlo todo atado y bien atado, es un exceso de metraje bastante evidente. A Pandorum le sobran, fácilmente, unos quince o veinte minutos de metraje. Con todo me reitero en que la historia acaba siendo atractiva (pese a que a Christian Alvart le falta agilidad narrativa a la hora de contarla) y su culminación, en una sensacional y sorprendente secuencia final, es de lo mejorcito que nos depara Pandorum. En definitiva, Pandorum es un producto que probablemente logrará cautivar a los amantes del género de la ciencia-ficción (al fin y al cabo tampoco hay demasiadas oportunidades al año de disfrutar de películas adscritas a dicho género), pero que encuentra en la mediocridad de sus secuencias de acción y en su incapacidad para sintetizar de algún modo la historia que nos cuenta, un par de escollos difíciles de salvar y que provocan que no acabe siendo el magnífico espectáculo que todos esperábamos de ella. Pese a todo tampoco sería justo condenarla al fuego purificador. Pese a sus defectos logra resultar entretenida durante buena parte de su metraje.

Lo mejor: la historia y su final.

Lo peor: las secuencias de acción (sobre todo el enfrentamiento, cara a cara, entre uno de los protagonistas y un monstruo).

Grace

Nada más poderoso que el amor de una madre

Grace

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  • Título original: Grace
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Paul Solet
  • Guión: Paul Solet
  • Intérpretes: Jordan Ladd, Samantha Ferris, Gabrielle Rose
  • Argumento: Madeleine vive obsesionada por ser madre. Ni siquiera el accidente de tráfico que le cuesta la vida a su hija le impedirá seguir adelante con el embarazo. Lo daría todo por tener en su brazos a Grace.

62 |100

Estrellas: 4

Grace

Explorar el concepto de maternidad (hasta sus últimas consecuencias) e intentar definir los límites de los vínculos materno-filiales (empujándolos hacia los extremos) desde la perspectiva de una película de género, no se me antoja, a priori, una tarea sencilla.

Las preguntas que nos plantea Grace, debut en el largometraje de Paul Solet adaptando su propio cortometraje homónimo de 2006, son obvias, pero no por ello carentes de interés: ¿hasta dónde estaría dispuesta a llegar una madre para alimentar a su hijo?¿Qué límites estaría dispuesta a traspasar para mantenerlo con vida?

Madeleine (estupenda Jordan Ladd) desea, por encima de todo, tener entre sus brazos a su primer hijo (la primera secuencia que inaugura la película en la que vemos a Madeleine haciendo el amor con su marido en una actitud totalmente pasiva, es una plasmación perfecta de la determinación de la protagonista por ser madre –además de esconder alguna pista sobre su condición sexual-). Tras dos embarazos previos fallidos, parece ser que en esta ocasión las cosas van por buen camino. Sin embargo, tras ocho meses de cómodo embarazo, Madeleine y su marido sufren un accidente de tráfico. Madeleine sobrevive, pero tanto su marido como la hija que alberga en su vientre, mueren. En un acto de desesperación y respaldada por su comadrona, Madeleine decide seguir adelante con su embarazo y parir, de forma natural, a su hija sin vida. Ante el asombro y desconcierto de todos los asistentes al parto, la recién nacida emite su primer sollozo. La niña vive, y su nombre es Grace.

Como podéis comprobar el argumento de Grace dispone de una intensísima carga emocional. El principal reto de Grace (y de su director Paul Solet) era plasmar todo ese sustrato emocional asumiendo, en todo momento, que se trataba de una película de género, y evitando, en la medida de lo posible, ser engullido por la propia trascendencia o magnitud del mensaje que transmitía.

Y para llevar a cabo semejante tentativa de equilibrio, Paul Solet opta por dotar a su Grace de un tono frío, dramático, sobrio, grave; y acompañarla de un ritmo pausado, solemne y contemplativo (todo ello hasta llegar al tramo final de la película, en el que Solet rompe, con acierto, el ritmo narrativo imperante y convierte Grace en un espectáculo visceral y terrorífico de primer orden).
Su decisión trasciende de lo puramente formal, y acaba aportando tanto cosas positivas cómo negativas a la película.

Durante buena parte del metraje de Grace, ese ritmo pausado y contemplativo ayuda a crear una logradísima atmósfera de inquietud y subrayar los puntuales momentos de tensión que nos reserva la película. De esta manera Paul Solet aprovecha los instantes de calma aparente para insertar, a modo de cruel mazazo, secuencias de una tremenda angustia que logran estresar al espectador (el traslado al hospital, el momento del parto…). La fórmula, efectivamente, parece funcionar durante la mayor parte del tiempo.

Sin embargo, también hay momentos en que Grace parece languidecer, quedar suspendida en el tiempo, dando la impresión de que nada ocurre y corriendo el riesgo de caer en la fatiga. Son esos momentos en los que Solet más se acerca a los dos personajes principales (abusando, en ocasiones, del primerísimo primer plano) para intentar definir y estrechar los lazos psicológicos (y también físicos) que unen a esta madre con su hija. Son también esos instantes en los que vemos a la abuela de Grace haciendo gala de su obsesión por volver a sentirse útil como madre. O incluso son esos amagos de relación lésbica (uno de los puntos más desdibujados, fugaces y también desacertados de la trama) entre Madeleine y su comadrona.

Lo dije al principio de esta reseña: Paul Solet lo tenía realmente complicado. El bagaje emocional de Grace era muy firme, muy sólido. Batallar con semejante carga de profundidad e intentar quedar siempre adscrito al género terrorífico (y todo ello sin caer en la pedantería), estaba claro que le iba a traer a Paul Solet no pocas complicaciones.
Pese a que la inquietud, la ansiedad y la acongoja sobrevuelan prácticamente todo el metraje de Grace, su sosegado ritmo narrativo (una opción plenamente consciente del propio Paul Solet, quién considera que es el ritmo ideal para estrechar los vínculos entre madre e hija) puede dejar en la cuneta a más de un aficionado al terror.

Grace no es una película perfecta(tampoco sería justo pedirle algo así a un debutante como Paul Solet). Tiene altibajos en el ritmo y deja algunos cabos sueltos en su argumento (de nuevo ese intuido triángulo amoroso que forman Madeleine, su marido, y la parturienta).
No obstante sus aciertos superan con creces a sus defectos. El tratamiento visual que Solet lleva a cabo sobre la degradación física y psíquica de la protagonista es excepcional. La necesidad (la obsesión) de Madeleine por mantener a su lado a Grace queda perfectamente reflejada en la película. La determinación de la protagonista por derribar todos los muros (éticos, morales o legales) que sean necesarios para preservar la vida de su hija se materializa en un tramo final frenético y ciertamente turbador, en el que Paul Solet abandona definitivamente cualquier pretensión de trascendentalidad en el mensaje y abraza, de una vez por todas, las formas más plausibles del género, ofreciéndonos un colofón de quince minutos sobrados de tensión, nerviosismo, desolación y horror.

Grace es una buena película (con sus aciertos y sus imperfecciones) y un excelente debut de un director al que, sin duda alguna, habrá que seguirle la pista.

Lo mejor: La inquietud y el ambiente malsano que respira toda la película.

Lo peor: en ocasiones el ritmo es algo lento y cansino.

Infestation

Una plaga de insectos de lo más recomendable

Infestation

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  • Título original: Infestation
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Kyle Rankin
  • Guión: Kyle Rankin
  • Intérpretes: Chris Marquette, Diane Gaeta, Deborah Geffner
  • Argumento: Cooper despierta envuelto en un capullo de seda. Junto a unos cuanto supervivientes deberán hacer frente a una terrible plaga de monstruosos insectos.

69 |100

Estrellas: 4

Infestation

Apenas cinco minutos de metraje (suficientes para facilitarnos una escueta carta de presentación del protagonista) ¡¡¡y empieza la acción!!!

Infestation, película independiente escrita y dirigida por Kyle Rankin, se suma así a la moda imperante de no facilitar ninguna información concluyente sobre las razones que nos conducen hasta el leit motiv de su trama: una delirante (y divertida) invasión de bichos mutantes que desprende un delicioso aroma a las lejanas y añoradas monster B-movies de los cincuenta (Them, Tarántula… con permiso de revisitaciones más actuales como la estupenda Arac Attack, 2002).

Cooper es un teleoperador con muy poco apego al trabajo. A punto de ser despedido por enésima vez, Cooper despierta en la oficina débil y envuelto en una especie de fina tela de seda. La ciudad (y quién sabe si el mundo entero…) ha sido tomado por unos insectos gigantes con aspecto de cucarachas. Nuestro héroe, junto a un reducido grupo de supervivientes, deberá hacer frente a la amenaza.

Siguiendo el ejemplo de Infestation, no me andaré por las ramas: la película de Kyle Rankin es una auténtica delicia. En una reciente entrevista, el director norteamericano declaró que su única intención al afrontar un proyecto como Infestation era la de crear una película de monstruos, al estilo de la vieja escuela, y que resultara lo más fresca, divertida y “cool” que fuera posible… Os puedo asegurar que, en buena parte, ha logrado su objetivo.

Infestation es una inteligente combinación de acción, horror (en menor medida), humor (en mayor medida), y nostalgia. Todo ello ejecutado bajo los estrictos límites impuestos por una producción de bajo costo, pero con un resultado final que destaca muy por encima de sus restricciones presupuestarias.

La historia es harto sencilla y abarca a un reducido número de supervivientes luchando por salir con vida del contratiempo que les ha supuesto encontrarse en mitad de una invasión de monstruos-insectos.

A partir de aquí, todos en Infestation tienen su parcela de protagonismo. Por supuesto los monstruos, una suerte de enormes cucarachas mutantes que son una mezcla de efectos CGI y fabricación artesanal, quedando el resultado final más cercano al cartón-piedra que a la última revolución en creación digital. Y esto último no es, ni mucho menos, una recriminación. Todo lo contrario. El diseño de los monstruos es magnífico, y su aire retro encaja a la perfección con ese homenaje a las viejas monster-movies de los 50 que señalaba al principio de esta reseña. Salvando las distancias, es algo similar a lo que hizo recientemente Frank Darabont en su espectacular adaptación de La Niebla, de Stephen King; y está en las antípodas de los desastrosos mutantes del Soy Leyenda, de Francis Lawrence.

Las secuencias de acción en las que participan los monstruos, sin llegar en ningún momento a ser espectaculares, sí mantienen un acertado ritmo y ofrecen suficientes alicientes como para no desmerecer al resto de la propuesta.
Una especial mención a los impresionantes bichos-humanos, una deforme criatura que nace a consecuencia de la picadura del bicho sobre un humano y que mezcla “lo mejor” de ambas razas en un único organismo. El bicho-humano supone la nota más terrorífica de Infestation, además de traernos ecos –de nuevo salvando las enormes distancias- de esa obra maestra que es La Cosa, de John Carpenter (The Thing, 1982).

Por otro lado los supervivientes, en cuya descripción individual y lazos que se establecen entre los mismos, Kyle Ranking fundamenta gran parte de la fuerza de Infestation.

Pese a que al sobrevolar por las distintas personalidades que se dan cita en Infestation uno pueda pensar que la totalidad de los personajes de la película no hacen más que responder a gastados clichés y arquetipos incapaces de despertar el menor interés (la chica guapa pero estúpida, la chica menos guapa pero mucho más inteligente, el forzudo de buen corazón…), a poco que nos esforcemos un poquito en darles una oportunidad a cada uno de ellos, seremos recompensados con divertidísimos instantes que van desde las ansias de sexo de una de las chicas (cómo único medio a su alcance para sobrellevar el miedo) hasta un severo padre eternamente decepcionado por la actitud de su despreocupado hijo.

A destacar el trabajo del actor Christopher Marquette, quién tiene a su cargo uno de esos papeles (Cooper) susceptibles de convertirse en una auténtica carga difícil de soportar para el espectador (suyas son el 90% de las frases ocurrentes del guión de Infestation), pero que finalmente supera el trance con una naturalidad pasmosa, dibujando a un personaje que no solamente se esfuerza por parecer gracioso, sino que, en muchas ocasiones, acaba siéndolo.

Infestation es un sencillo pero ineludible ejercicio de diversión Serie B plagado de acción, humor, personajes entrañables y monstruos añejos. Cine de doble sesión de un viernes noche, acompañada de palomitas, un “refresco de cola” (un eufemismo para evitar hacerle publicidad a coca-cola… soy adicto), y buena compañía. Bienvenida sea la plaga…

Lo mejor: la sencillez de la propuesta, en este caso, juega a su favor. Simple entretenimiento de serie B con magníficos monstruos y divertidos protagonistas. Nada más… y nada menos.

Lo peor: quizás su falta de pretensiones acabe jugando en su contra. Para algún aficionado puede resultar “demasiado” simple.

¿Dónde conseguirla?
GoreNation: "Infestation" en VOSE.

Feast 3 The Happy Finish

¿Tenemos un final feliz para la saga Feast?

Feast 3 The Happy Finish

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  • Título original: Feast 3 The Happy Finish
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: John Gulager
  • Guión: Marcus Dunstan y Patrick Melton
  • Intérpretes: Craig Henningsen, Hanna Putnam, Jenny Wade
  • Argumento: Los supervivientes de Feast 2, con la ayuda de un misterioso profeta que parece controlar la voluntad de los monstruos y un experto karateka llamado Jean Claude Seagal, intentarán escapar hacia la gran ciudad.

40 |100

Estrellas: 2

Feast 3 The Happy Finish

John Gulager me tuvo desconcertado durante un tiempo. En Feast 2: Sloopy Seconds llegué a creer que, sencillamente, había dado un paso en falso. Le atribuí la responsabilidad de haberse desconectado de la trama principal de la historia (magníficamente planteada en la genial Feast: Atrapados) en favor de una sucesión de escenas extremas que no tenían un hilo conductor demasiado claro y que no tenía ni idea de hasta dónde me llevarían. Finalmente no me llevaron a ningún sitio, y lo único con lo que pude quedarme de Feast 2 fue, precisamente, con el vigoroso divertimento de esas mismas escenas inconexas e incluso ilógicas, pero plagadas de sangre, tripas, y humor negro que salpicaban, sin ningún remordimiento por parte de Gulager, toda la película.

Pude perdonar los pecados veniales de Feast 2 (gracias a que, en definitiva, logré pasar un buen rato con sus salvajadas) a la espera de que "Feast 3 The Happy Finish" profundizara algo más en la historia de los monstruos que acosaron primero la Beer Trap Tavern, para después sembrar el pánico en las calles de Smalltown.

Pero de nuevo (y ya van…) me equivocaba. Lo de "Feast 2: Sloopy Seconds" no tiene absolutamente nada que ver con un paso en falso por parte de Gulager. No se trata de que sacrificase la historia en favor de situaciones más o menos extremas; lo que sucede, en realidad, es que tras Feast, la saga, no hay historia alguna. Y "Feast 3 The Happy Finish" es la confirmación definitiva de que todos los que esperábamos de la saga una cierta continuidad argumental y una cierta lógica en todo lo que estaba a punto de suceder, cometíamos un terrible error.

"Feast 3 The Happy Finish" multiplica todos los aciertos/desaciertos de su predecesora: más muertes, más monstruos, más sangre, más vísceras, más escatología, más personajes estrafalarios,… más de todo. Gulager lo tiene muy claro y sabe que la saga no es más que una montaña rusa que siempre va hacia arriba y a toda velocidad.

¿La historia? ¿el argumento? ¿la racionalidad? No existen. No las busquéis en Feast 3. Gulager vuelve a deleitarnos/aburrirnos con un tour de force atiborrado de momentos repugnantes, excesos gore, efluvios varios, humor cafre, y situaciones exageradamente extremas que desafían cualquier atisbo de razón.

Las novedades de "Feast 3 The Happy Finish" son escasas. Desde el punto de vista argumental prácticamente no existen. De nuevo retomamos a los protagonistas de "Feast 2" (los que lograron mantenerse en pie) en su continua lucha por sobrevivir a las constantes envestidas de los monstruos. En teoría, el objetivo final de todos ellos es lograr escapar del pueblo y dirigirse a la gran ciudad (que, por supuesto, seguimos sin tener ni idea de qué ciudad se trata); pero en realidad, su única meta en la película es la de sucumbir de la forma más desagradable, infecta, sangrienta e inverosímil a los ataques de las bestias.

Un par de personajes nuevos: un estúpido predicador que cree tener el poder de dominar la voluntad de los monstruos, y un marine experto en artes marciales llamado Jean-Claude Seagal –sic- que tiene en su haber algunas de las escenas más divertidas de la película.
Ninguno de los dos añade nada nuevo a la trama. Sencillamente entran a formar parte de la extravagante galería de personajes que deambulan por las calles de SmallTown empeñados en ingresar en la escala alimenticia de los monstruos.

También tenemos a un grupo de criaturas-zombie infectadas por la mordedura de los monstruos y deseosos de probar carne humana fresca; e incluso un nuevo héroe con un destino final ciertamente gracioso (aunque ya hubiéramos visto algo parecido en Feast.).

¿Y de los monstruos? ¿del origen de la amenaza? Pues prácticamente nada.

Poco más se puede añadir de "Feast 3 The Happy Finish". Me quedo con lo único que ofrece: una serie de escenas que logran ser divertidas (unas más que otras) por su exceso y exageración.
Por cierto, exceso por exceso, prefiero los de "Feast 2". Esta última entrega tiene el inconveniente de que gran parte de la acción sucede en el interior de unas cloacas y totalmente a oscuras, por lo que, en ocasiones, uno debe esforzarse para saber qué demonios está ocurriendo en pantalla. Por el contrario, en "Feast 2" todas las escenas de acción ocurrían a plena luz del día, algo que se agradece.
Fuera de estas escenas (entres las que destacan el destino final de Honey Pie y el del vendedor de coches)… el vacío más absoluto.

La prueba concluyente de que el director John Gulager no se toma nada en serio es el absurdo y surrealista final de la película (y, por extensión, de la saga). Y no me refiero al divertidísimo mariachi con tupé a lo Elvis Presley –genial-, sino a la forma en que muere la última de las víctimas de la película (en cuanto la veáis sabréis de qué os hablo…).

A modo de conclusión deciros que esperaba algo más de la saga. Quizá fui un ingenuo y me dejé llevar por las excelentes sensaciones que tuve con "Feast: Atrapados", la película que dio origen a la trilogía. Esperaba una historia de monstruos repleta de gore y humor negro, pero con cierta lógica y sensatez en su desarrollo, conceptos estos últimos inéditos en Feast 2 y Feast 3.

Con todo, "Feast 3 The Happy Finish" sigue siendo una propuesta radical que en absoluto defraudará a todos aquellos que disfrutaron de "Feast 2", pero que odiarán todos aquellos que no soportaron la segunda entrega. Yo me quedo en tierra de nadie. Disfruté –aunque menos que en las entregas anteriores- de algunas de las salvajadas de "Feast 3 The Happy Finish", pero acabé desesperado por no encontrar en la película nada nuevo que no hubiera visto ya en "Feast 2".

Al final resulta que el auténtico lastre de la saga es “Feast: Atrapados”, la extraordinaria película con la que se inició y que elevó demasiado unas espectativas que, finalmente, no se han visto cumplidas.

Lo mejor: el destino de algunos de los protagonistas: Honey Pie, el vendedor de coches, Jean-Claude Seagal…

Lo peor: es lo mismo que Feast 2. No hay nada nuevo.

Feast 3 The Happy Finish

¿Dónde conseguirla?
Feast 3. The Happy Finish. DVD-Rip. Formato rmvb

Jack Brooks: monster slayer

Ha nacido un nuevo heroe... y está muy cabreado

Jack Brooks: monster slayer

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  • Título original: Jack Brooks Monster Slayer
  • Nacionalidad: Canadá | Año: 2007
  • Director: Jon Knautz
  • Guión: John Ainslie, Jon Knautz, Trevor Matthews
  • Intérpretes: Robert Englund y Trevor Matthews
  • Argumento: Jack Brooks vive torturado por la muerte de su familia a manos de un monstruo. Víctima de unos ataques de ira incontrolables, encuentra un nuevo sentido a su vida cuando tiene la oportunidad de convertirse en: ¡Jack Brooks, asesino de monstruos!

59 |100

Estrellas: 3

Jack Brooks era un niño feliz hasta que, en una aciaga noche de acampada en el bosque, fue testigo de cómo su familia fue asesinada y devorada por un salvaje monstruo, mientras el se limitaba a escapar del lugar sin echar la vista atrás.

Jack ha llegado a la treintena, y su vida está marcada por aquel trágico acontecimiento vivido en el bosque. A causa del sentimiento de culpa que le invade por no haber hecho nada por su familia, Jack experimenta unos constantes ataques de ira que no puede reprimir de modo alguno.

Su vida es un auténtico desastre. Constantes visitas a un psicólogo que no le proporciona ninguna solución a sus problemas, una novia a la que no ama, unas clases nocturnas a las que odia asistir..., y esa maldita rabia interior que no hace otra cosa que meterle en serio apuros.
Pero todo cambiará cuando Jack encuentre la verdadera razón de su existencia (y una forma inmejorable de canalizar su ira): ¡Aniquilar monstruos!

Jack Brooks: monster slayer

La carta de presentación es inmejorable: una monster movie que nos embarca en un viaje temporal hacia las producciones más representativas del género realizadas en los años 80: “Evil Dead”, “Demons”, “Re-Animator”, etcétera.

Sin embargo, el sabor de boca que me ha dejado “Jack Brooks: monster slayer” es, cuanto menos, agridulce.

Frente a sus muchos aciertos (que a continuación os mencionaré), presenta un defecto grave que no me permitió disfrutar de ella como, probablemente, se merecía.
“Jack Brooks” tarda demasiado tiempo en ir al grano. Un primer acto alargado en exceso nos impide disfrutar durante más tiempo de la vorágine de monstruos de látex, tentáculos, sangre, y un anti-heroe de pura antología en que se convierte la película en sus últimos treinta minutos.

No estoy diciendo que ese primer acto sea desechable en su totalidad.
Pese a que cuenta con algunos momentos cercanos al aburrimiento más absoluto, también contiene pasajes realmente interesantes, como por ejemplo las sucesivas visitas de Jack a la consulta de su psicólogo, que constituyen una estupenda y divertidísima forma de desvelarnos el complicado carácter del protagonista principal.
Y también disfrutamos en este primer acto de la excelente interpretación –esta vez sí- del actor Robert Englund (“Pesadilla en Elm Street”), encarnando a un profesor de ciencias que desencadena –sin pretenderlo- una milenaria maldición que acaba convirtiéndole en una mole de carne monstruosa y con ciertas similitudes al “Jabba el Hut” de “Star Wars”

Pero, sin duda alguna, los momentos más gozosos de la función los encontramos en su tercio final, el cual se nos hace, decididamente, muy corto.
Cuando el abominable monstruo en el que se ha convertido el profesor de ciencias –Robert Englund- decide reclutar a sus alumnos para la causa, Jack Brooks comprenderá, al fin, que toda su rabia acumulada debe servir para algo.
Es entonces cuando unos monstruos abonados al recuerdo, diseñados por un competente equipo de maquillaje y efectos –surtidos, para el evento, con una buna provisión de látex-, y alérgicos al frío de los ordenadores y los efectos CGI; cobran la relevancia necesaria y convierten “Jack Brooks: monster slayer” en una auténtica fiesta gore, de ritmo frenético, plagada de referentes ochenteros y plenamente disfrutable por el aficionado más curtido y nostálgico.

Otro de los grandes aciertos de la película es su personaje principal: el Jack Brooks del título (al que algunos ya se han apresurado a comparar con el mítico Ash –Bruce Campbell- de la saga Evil Dead). El actor Trevor Matthews interpreta magistralmente a un perdedor aquejado de constantes ataques de ira, que encontrará su auténtica vocación en la caza y destrucción de monstruos a lo largo y ancho del mundo.
La construcción del personaje, tanto a nivel interpretativo como a nivel de guión, es impecable. Las visitas de Jack a su psicólogo, en las que aprovecha la menor oportunidad para desatar toda su ira ante la impasibilidad de aquel, son una fuente constante de divertidos diálogos que, además, contribuyen de manera ejemplar a la creación del personaje.
El carisma y la fuerza de Jack Brooks –el personaje- invitan a pensar que pronto tendremos una secuela que nos deleite con sus nuevas aventuras.

"Jack Brooks: monster slayer" es una comedia de horror, que rememora con gusto y acierto tiempos pasados, y que es especialmente recomendable en su tramo final.
Si la fiesta hubiera tardado menos en empezar, seguramente estaríamos hablando de un nuevo clásico moderno (aunque de un delicioso sabor añejo).

Lo mejor: Cuando Jack Brooks empieza a matar monstruos la película se vuelve terriblemente divertida.

Lo peor: Tarda demasiado en animarse.

Feast 2: Sloopy Seconds

Más sangre, más vísceras, más muertes, más humor negro...

Feast 2. Sloopy Seconds

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  • Título original: Feast 2. Sloopy Seconds
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: John Gulager
  • Guión: Marcus Dunstan y Patrick Melton
  • Intérpretes: Clu Gulager, Diane Goldner, Josh Zuckerman y Krista Allen.
  • Argumento: La amenaza de los monstruos se cierne ahora sobre una pequeña población cercana al "The Beer Trap Tavern".

59 |100

Estrellas: 3

Poco ha tardado el bueno de John Gulager en ofrecernos la continuación de su estupenda “Feast (Atrapados)”.
Bajo una misma base argumental (la de los monstruos salidos de no se sabe bien dónde, y dedicados a destrozar, fornicar y devorar a cualquier ser vivo –hombre o animal- que se les ponga por delante), Gulager tiene el talento y el acierto de construir una película de un tono radicalmente opuesto a su antecesora.

Feast 2. Sloopy Seconds

“Feast 2: Sloopy Seconds” esconde un inmisericorde monumento a la miseria y repulsa de la condición humana, forjado a través de una concatenación de escenas destinadas a reventar los límites de lo moral y lo políticamente correcto. Así, escenas como la del bebé o la catapulta humana, nos hacen aborrecer la estupidez y la maldad innata del hombre ante situaciones que superan su acomodado estatus en el mundo actual.
Los supervivientes de “Feast 2: Sloopy Seconds” se sienten presas, víctimas de una situación límite; y su respuesta natural es la de velar por su seguridad individual, sin que exista conciencia alguna de grupo, y dispuestos a sacrificar al prójimo para lograr su propia subsistencia.

En este sentido, Gulager baraja las cartas del exceso y la radicalidad más absoluta (más sangre, más vísceras, más muertes, más humor negro…), hasta el punto de que, en ocasiones, lo grotesco y reprobable de determinadas situaciones originan una cierta desconexión con la trama principal de la película. El devenir lógico de la historia se tambalea ante la aparición de determinados tour de force que parecen destinados únicamente a superar, con creces, el impacto del film original.

Las comparaciones entre ambas películas son inevitables, y “Feast 2: Sloopy Seconds” sale claramente perjudicada. Sin embargo, el esfuerzo del director por servirnos un producto tan distinto al original, nos empuja a considerar cualquier comparación como injusta, y a disfrutar de los excesos de “Feast 2: Sloopy Seconds” sin pensar demasiado en lo que pudo ser y finalmente no fue.

Lo mejor: Una propuesta radical y divertida repleta de crueldad y sadismo.

Lo peor: Que la historia no enganche tanto como la primera parte. Y una abusiva escena de disección salpicada de eflubios varios.