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La Horde (3)

Cada vez queda menos para la invasión zombi francesa

Supongo que somos unos cuantos (me atrevería a decir que muchos… la mayoría) los que, tras el esperado estreno de Bienvenidos a Zombieland, seguimos muy de cerca el rastro del que promete ser el más salvaje e impactante entreno zombi de la nueva temporada: La Horde.

Para los más desmemoriados recordaros que La Horde supone la apuesta de los franceses Yannick Dahan y Benjamin Rocher por el subgénero zombi mezclado con altas dosis de acción (ya sabéis que un servidor tan sólo necesita escuchar los términos francés y terror en una misma frase para llegar a unos niveles de excitación muy altos… y si encima le añadimos la palabra zombie… ohhhhhh).

Su argumento: “Norte de París. Con el objetivo de vengar el asesinato de uno de los suyos a manos de un grupo de gangsters, cuatro policias corruptos irrupen en un edificio abandonado en el que los delincuentes están refugiados. Atrapados y a punto de ser ejecutaods, los policias se encuentran con lo inimaginable: una horda de criaturas caníbales y sedientas de sangre invaden el edificio, atacando salvajemente a todo aquel que se encuentra en su interior. Inesperadas alianzas nacerán en búsqueda de la superviviencia.”

Os dejo con algunas imágenes y el nuevo trailer de La Horde.

Seventh Moon

La luna llena ilumina escenas confusas

Seventh_moon

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  • Título original: Seventh Moon
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Eduardo Sánchez
  • Guión: Eduardo Sánchez
  • Intérpretes: Amy Smart, Dennis Chan, Tim Chiou
  • Argumento: Una pareja de recién casados celebra su luna de miel en China. Desgraciadamente, una noche, se pierden en un páramo aislado e irónicamente, es la luna llena la que ilumina la persecución a la que son sometidos por las fuerzas del infierno que se levantan.

57 |100

Estrellas: 3

Julio, el séptimo mes del año. Melissa (Amy Smart) y Yul (Tim Chiou) son una pareja de recién casados pasando su luna de miel en la provincia de Sichuan, en el centro de China. En esas fechas se celebra un festival religioso, en el cual y por diversas creencias budistas, se ofrenda y venera a los espíritus con fiestas, comida y fuegos artificiales.
Yul esta exultante, su familia oriental va a conocer a su flamante y bella esposa. Ella también esta encantada y se deja llevar por la celebración. Bastante ebrios y enamorados vuelven al coche de su guía, el amable y eficiente Sr. Ping (Dennis Chan).
Mientras el traqueteo del coche los mece suavemente, ellos se sumergen en el sueño etílico, saben que la familia de Yul les espera cerca pero no tienen prisa en su viaje. Son jóvenes, están en un país exótico y la luna llena les sonríe desde el cielo.

Mel se despierta en el asiento de atrás, con la boca pastosa y se da cuenta de que están parados en ninguna parte. Un enorme páramo de alta vegetación los rodea y el único signo de civilización son unas viejas casas blancas que la observan en silencio. Siendo tan confusas las carreteras de la zona hasta su guía se ha perdido. Ping parte hacía las casas para pedir indicaciones, quedándose la pareja en el coche a la espera de reanudar el viaje. Sin embargo…el tiempo pasa, el conductor no regresa. Parece que la tierra se lo hubiese tragado. Si al menos sus móviles tuviesen cobertura. La pareja esta sumamente inquieta, no se sienten cómodos en un paraje tan agreste y aislado. Deciden ir a las casas a buscar a su guía. Nadie abre una puerta, ni siquiera una ventana; y todos los animales de las familias que presumiblemente viven allí se encuentran atados en las calles. ¿Una broma ó continuación de los ritos de celebración de esa noche mágica?

Desde las casas se empiezan a oír voces en chino. Dicen repetitivamente algo que ni siquiera Yul entiende. Asustada, la pareja decide volver al coche dejando atrás la letanía. Cansados de esperar, arrancan el motor del vehiculo con rumbo a ninguna parte. La resaca les pesa, el desconocimiento de su ruta los inquieta. Ya no se sienten tan afortunados. De repente salta algo ante los faros del coche. La luz ilumina la pálida forma. ¿Era un animal ó una persona? Saben que algo ha cambiado, los paramos nos están tan desiertos como parecía y una sensación de acoso se hace tangible hasta que finalmente detona con los ataques de una criaturas que vienen de cerca y de muy lejos a la vez…

Vale, hasta aquí los diez primeros minutos, más ó menos, de Seventh Moon. Otra película más del responsable de una de las grandes decepciones ó producciones (depende de a quien le preguntes) de los noventa. Me refiero al director cubano Eduardo Sánchez y su película The Blair Witch Project (El proyecto de la bruja de Blair). Director y cinta que dinamitaron el género del terror en la antesala del siglo XXI. No creo que haya mucho que añadir a los ríos de tinta que han corrido sobre el falso documental. Solo dos notas personales:
Primero, para mi TBWP, sí que supuso una decepción de cierta envergadura aunque la considero de obligado visionado así como un entretenimiento muy influyente aún a dia de hoy (¡¿Alguien aun no ha visto [REC]?!)
Segundo, resultan curiosos los paralelismos que se producen entre Paranormal Activity y la opera prima de Sánchez diez años después. Resulta difícil negar que el cine de terror sea el más cíclico de todos.

Os pido disculpas por entretenerme con esta vieja película, pero Eduardo Sánchez empezó muy fuerte en esto del séptimo arte y es algo que todavía le lastra a mi forma de ver y, desde luego, deja sus huellas en la cinta de la reseña.
Este director también cuenta en su haber con Altered, una producción que cámara al hombro (y es que, finalmente, ese estilo de filmación va a ser la marca de la casa) narra las aventuras que viven un grupo de rústicos de la América profunda raptando a un alienígena. Película muy recomendable y que ojala hubiese servido como punto de referencia para esta Seventh Moon.

Así pues tenemos a la pareja de recién casados perdidos en medio de la nada, conduciendo un coche en la oscuridad. Solo han pasado diez minutos y ya comienza el horror. Como bien anuncia el prologo de la cinta y su estupendamente diseñado cartel: “En la luna llena del séptimo mes, las puertas del infierno se abren y los espíritus de los muertos son liberados para vagar entre los vivos”. Y no estamos hablando de publicidad engañosa, en cuanto Yul y Mel se montan en el coche intentado buscar el camino a casa de su familia, vemos a los muertos acosando a los vivos, sin ningún tipo de piedad (ni control), hasta el mismo final de la película por unos paisajes oscuros y bastante misteriosos. Esto es un acierto, muy en la línea de Altered, en seguida se nos sitúa en un contexto sencillo (China, sus leyendas y una pareja de americanos) y se inicia el bombardeo de imágenes frenéticas.
Ahora bien, no se puede esperar nada más allá de la frase promocional de la película. A Eduardo Sánchez, que firma el guión como en todas sus películas, pareció fascinarle la leyenda china sobre la séptima luna y luego decidió rellenar con su estilo propio hora y media para generar un cuento de terror de ideas muy tradicionales y, realmente, poco sanguinarias. Y es que quizá algo más de hemoglobina hubiese animado el conjunto general, dadas la escasa profundidad argumental.

Por supuesto que intenta explicar porque Yul y Mel están siendo sometidos al acoso de los demonios de los abismos infernales, pero es en ese preciso momento cuando la película termina por estallar en una burbuja de humo.

Antes de continuar hablando sobre el guión, me tengo que detener en el aspecto técnico más destacado/crticado/alabado de la película. Todas las escenas están rodadas con la cámara al hombro y en planos muy cerrados. Admito que hay que ensalzar el trabajo de planificación para que las imágenes nos lleguen tan naturales. La primera mitad de la película parece que la estemos viviendo con sus protagonistas “in situ”. La iluminación de la luna, los efectos de sonido (que me parecieron soberbios durante todo el metraje y luego al ver el número de responsables en este apartado me di cuenta de porque), el bamboleo de la cámara, las sombras desdibujadas y apenas vislumbradas de los demonios, las creíbles actuaciones de los tres protagonistas, especialmente precisa Amy Smart, que resulta muy auténtica durante casi la totalidad del film, y algún que otro detalle; todo eso nos traslada mágicamente a ese páramo chino para bien y para mal…

Para bien porque transmite sensaciones vividas e intensas, para mal porque rompe cualquier intento de narrativa. Es complicado ver claramente nada, incluso en las tomas estáticas parece que el objetivo tenga vida propia (y una vida muy epiléptica amigos). Con lo cual llegas a la mitad del metraje exhausto, algo mareado y muy confuso. Por mi parte no había ningún problema porque entendí que eso trataba Sánchez, pero cuando las (innecesarias) explicaciones se hicieron presentes, envueltas en unos aires místicos difíciles de creer y con una escena de sexo, que consigue confundirte aún más (tranquilos, no existe ningún enfoque jugoso), pues me sentí un poco estafado. En definitiva, la última media hora me sentí aburrido con ese intento de vuelta de tuerca y ya no me molesté en prestar atención a la confusión que se producía en pantalla.

Incluso las decisiones y actos de Amy, en el último tramo de película, no me parecieron ni lógicas ni amenas. Poco más que correr hacia el final de la película de forma patética. Lo peor con diferencia es la aparición estelar en escena de “un viejo amigo” en momentos claves de la trama para ayudar en su avance (porque si no se quedaba finalmente estancada, claro). En fin, esperaba más de un guionista que escribe cada cuatro años.

Pero no todo es negativo. Toda esa potencia sin control (rubricada con los dichosos movimientos espásticos del cámara) nos regala, cara al final, una escena un poco más pausada y que, en mi opinión, se quedará en la memoria colectiva de los fanáticos del terror sugerido. Pero mejor dejemos la escena en el aire y esperando que la disfrutéis, siempre hay que sacar algo bueno de hora y media delante de una pantalla. Aunque remarco que ni esta ni ninguna otra escena justifican por si solas el visionado integro de este cuento de ultratumba.

No me voy a extender con el resto de detalles. La película esta muy bien planificada y Eduardo Sánchez nos ha mostrado fielmente lo que quería; incluso los demonios navegan entre lo cutre intencional y el diseño realista, de tal forma que a ratos dan miedo y otros dan risa. Para nada es una película barata, los títulos de crédito finales son bastante largos y atestiguan el esfuerzo invertido en darle un “look” natural y amateur a Seventh Moon (insisto positivamante sobre los efectos de sonido, la banda sonora ambiental perfectamente entretejida en cada escena y el juego de luces y sombras constante), pero creo que ese estilo de filmación no permite narrar una historia intensa ni involucrarnos con los protagonistas. Al fin y al cabo no vemos lo que pasa en pantalla la mitad del tiempo, principalmente por los movimientos de cámara y uno termina la película casi suspirando aliviado por sus pobres ojos. Obviamente es lo que su director pretendía, aunque si una idea no da para más yo creo que mejor no rellenarla con imágenes ininteligibles.

Aplaudo las buenas y esforzadas intenciones que rodean todo este proyecto, pero no solo de buenas intenciones vive el cinéfago. Me resisto a considerarla una mala película pero por muy prevenido que estés, acabas enervado con una dinámica que supera en “temblores”, “saltos” y confusión a la mismísima Bruja de Blair. ¡Y sin tratarse de un falso documental!

Si finalmente os interesa verla, ser conscientes de que el grado de movimiento de las imágenes es mareante y si podéis lidiar con ello “disfrutareis” de un par de conceptos interesantes y de una de las pocas películas actuales, que basándose en siniestras leyendas orientales, se sale de la tónica del susto fácil.

Lo mejor: Una escena puntual que reúne todos los ingredientes que hacen grande al terror sobrenatural.

Lo peor: La cámara, capaz de provocarte una borrachera inducida.

Bienvenidos a Zombieland

Tierra de zombis, acción y carcajadas.

Bienvenidos a Zombieland

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  • Título original: Zombieland
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Ruben Fleischer
  • Guión: Rhett Reese, Paul Wernick.
  • Intérpretes: Woody Harrelson, Jesse Eisenberg, Emma Stone.
  • Argumento: Columbus, un joven universitario que sigue vivo gracias a sus reglas para sobrevivir al apocalipsis zombi, se une al duro Tallahassee, a la guapísima Wichita y a la hermana menor de esta, Little Rock, en un viaje plagado de zombis, romance y mucho humor.

78 |100

Estrellas: 4

Tras una ardua lucha por evitar la tentación de echarle un vistazo a Bienvenidos a Zombieland antes de tiempo, finalmente me encontraba frente a la entrada de la sala de cine, acompañado de una horda de adolescentes dispuestos a dar buena cuenta de los enormes cubos de palomitas caramelizadas que habían pagado a un precio desorbitado, y predispuesto (un servidor) a disfrutar de una entrañable velada navideña rodeado de risas, órganos internos y muertos vivientes.

En lo primero en que me fijé, antes de iniciarse la proyección, es en el magnífico aspecto que presentaba el aforo. Algo más de media entrada vendida, lo cual teniendo en cuenta que se trataba de una película de zombis estrenada el mismo día en que muchísima gente celebra el nacimiento de Jesucristo, y que justo al lado se proyectaba el nuevo milagro destroza-taquillas de ese otro semidios que responde al nombre de James Cameron (Avatar), me pareció una excelente noticia para Bienvenidos a Zombieland.

Tras los consabidos espacios publicitarios (menos cutres de lo habitual), un par de trailers (entre ellos el prometedor trailer de Legión) y la parejita que llegaba tarde a la sala y alumbraba el pasillo con un teléfono móvil con el objetivo de averiguar dónde demonios estaban las butacas que les habían asignado; por fin dio comienzo la proyección.

Y en esos instantes (segundos) previos al inicio de Bienvenidos a Zombieland, hizo acto de presencia mi “yo” más deprimente y pesimista, planteándome la posibilidad de que todo ese largo período de espera hubiera sido en vano y que la película acabara siendo una terrible decepción, algo bastante habitual cuando se barajan grandes expectativas.
¿Hubiera sido mejor gastarme la pasta en gozar del nuevo “juguetito tecnológico” de Cameron?

Gracias a Dios (me está saliendo una reseña de lo más devota… supongo que es una cuestión de las fechas en las que nos encontramos) todas las dudas se disiparon al dar comienzo la soberbia secuencia inicial que acompaña a los títulos de crédito de Bienvenidos a Zombieland.
Columbus, un escuálido universitario con cara de pasar hambre (sexualmente hablando), ha logrado sobrevivir al Apocalipsis zombi gracias a una serie de reglas que cumple con exhaustivo rigor. En la secuencia inicial de Bienvenidos a Zombieland, la voz en off del propio Columbus nos informa de cuáles son las más importantes de dichas reglas, mientras en pantalla observamos las delirantes consecuencias que para algunas víctimas tiene el no seguir diligentemente las mismas. Una secuencia de apertura simplemente genial, extraordinaria, y que marcará, en cierto modo, el estilo y el tono de Bienvenidos a Zombieland.

La película de Ruben Fleischer, director de Zombieland, es pura diversión.
Humor, acción, romance juvenil y zombis (por este orden). Sin embargo tampoco hay que dejarse engañar. La historia que subyace en Bienvenidos a Zombieland no cuenta absolutamente nada que no conozcamos ya o que implique una mínima innovación dentro del subgénero zombi: una típica epopeya de cuatro supervivientes deambulando de un sitio a otro con la vaga esperanza de encontrar un paraíso libre de escoria zombi.

A partir de aquí cabe preguntarse por aquellos elementos que logran hacer de Bienvenidos a Zombieland un entretenimiento de primer orden y apto para prácticamente todos los públicos.
En primer lugar cabe destacar el diseño de los personajes. Especialmente la extraordinaria química que surge entre dos personajes tan antagónicos y contrapuestos como son el de Tallahassee (genial Woody Harrelson), un tipo duro, armado hasta los dientes, que lo ha perdido absolutamente todo (atención al juego de flashbacks que involucran al personaje) y que centra todos sus esfuerzos en destrozar cráneos de zombis y buscar, desesperadamente, una muestra intacta y no caducada de su bollito favorito; y el propio Columbus (Jesse Eisenberg), un tierno y solitario antihéroe que sobrevive gracias a su ingenio y a una visión ciertamente pragmática de lo que significa el apocalipsis zombi.
El encuentro y la posterior relación que surge entre ambos da pie a algunas de las situaciones y diálogos más divertidos, e incluso hilarantes, de Bienvenidos a Zombieland.

Por otro lado tenemos a Wichita (Emma Stone) y Little Rock (una Abigail Breslin a la que supongo que muchos recordaréis como la dulce protagonista de Little Miss Sunshine), dos pícaras hermanas que se las apañan perfectamente entre tanto devorador de carne humana y superviviente sin escrúpulos.

Wichita es también la encargada de aportar el elemento romántico a la historia, estableciéndose entre ella y Columbus una relación afectiva que nos deparará algunos de los momentos más intrascendentes y menos disfrutables de Bienvenidos a Zombieland. Supongo que es el precio que hay que pagar en pro de la comercialidad de la película, al menos en el sentido que suele entenderlo el cine norteamericano (y este mismo sentido cabría añadir el discurso sobre la família que también encierra Zombieland).

Otro de los aspectos a destacar en Bienvenidos a Zombieland es su acertadísimo empaque visual. Su excelente fotografía, la magnífica recreación de las calles de Los Ángeles devastadas a consecuencia del Apocalipsis, el fabuloso diseño de los zombis, la ejecución de las secuencias de acción, e incluso unos efectos gore que, sin perder de vista que estamos ante una comedia pretendidamente comercial (y no hay nada de despectivo en este último comentario), resultan absolutamente efectivos y lo suficientemente explícitos cómo para arrancar alguna que otra expresión de asco entre el público asistente (supongo que poco habituado a este tipo de producciones).

Y sin duda, el último aspecto que me gustaría mencionar es su frenético ritmo. Zombieland se sabe en todo momento conocedor de su estatus de honesto entretenimiento cuyo único objetivo es hacernos pasar unos ajustadísimos (y acertadísimos) 88 minutos de irresistible diversión; razón por la cual Fleischer tiene muy claro que el ritmo no puede decaer en ningún momento. A cada secuencia de acción le sigue un diálogo gracioso, a cada diálogo con gracia le sigue la irrupción repentina de un zombi hambriento, a cada zombi hambriento le sigue alguna divertidísima payasada de Tallahassee (Woody Harrelson), alguna ocurrencia de Columbus (Jesse Eisenberg), o incluso un jugoso cameo que no conviene desvelar; y así hasta llegar al final y darnos cuenta de que apenas ha habido espacio para que el aburrimiento asome su temida cabecita en Zombieland.

Para finalizar romperé una regla que me había interpuesto a mí mismo al hablar de comedias con zombis (el tercio final de Zombieland demuestra que es recomendable saltarse las reglas de vez en cuando). En muchos sitios se ha hablado de Bienvenidos a Zombieland como la alternativa Hollywoodiense a Zombies Party (Shaun of the Dead, 2004), la genial comedia británica dirigida por Edgar Wright. No es un comentario fuera de lugar. Al fin y al cabo Bienvenidos a Zombieland me parece la mejor comedia zombi norteamericana desde El Regreso de los Muertos Vivientes, así que hasta cierto punto es lógico que se la compare con la que, para muchos, es la mejor comedia zombi de la historia del subgénero. Así que para todos aquellos que queráis saber mi opinión al respecto, ahí va: Zombies Party / Shaun of the Dead sigue siendo, para un humilde servidor, la mejor comedia zombi de la historia del género.

Pero esto no significa, ni mucho menos, que Bienvenidos a Zombieland sea una comedia zombi de segunda fila… ni hablar. Bienvenidos a Zombieland es una gran película, un entretenimiento de primera, y una excelente comedia. Divertida de principio a fin, con algunos momentos que invitan a la carcajada, y con una acción y ritmo trepidantes que la convierten en un excelente espectáculo apto para todo tipo de público (no solamente el público devoto del cine de zombis).

Lo mejor: entretenimiento zombi de principio a fin.

Lo peor: el corto recorrido de la historia y ciertos mensajes que son prescindibles (amor juvenil, la importancia de la familia…).

Giallo

Amarillo Pálido

Giallo

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  • Título original: Giallo
  • Nacionalidad: Italia/USA | Año: 2009
  • Director: Dario Argento
  • Guión: Jim Agnev, Sean Keller, Dario Argento.
  • Intérpretes: Adrien Brody, Emanuel Seigner, Elsa Pataky.
  • Argumento: Cuando un asesino psicópata secuestra a Celine, su hermana Linda se alía con el comisario Enzo para intentar rescatarla...

40 |100

Estrellas: 2

Después de El Sídrome de Stendhal (1996), cada vez que Dario Argento se sitúa tras algún proyecto, siempre alguna voz clama: por fin, el regreso del auténtico Dario Argento. Exceptuando su versión de El Fantasma de la Ópera (1998) –esa no había por dónde cogerla-, esto ha sucedido con Insomnio (2001), en El Jugador (2004), los dos capítulos que dirigió para Masters of Horrors, La Terza Madre (Mother of Tears, 2007) y, ahora, en Giallo. Son demasiados títulos dudosos, ¿no?, y más teniendo en cuenta que, en la mayoría de ellos, la supuesta recuperación se basa en destellos brillantes aislados. A estas alturas, a alguien que nos ha entregado películas tan válidas y absorbentes como Inferno o Tenebre no se le exculpa por detalles: se le exigen, como mínimo.

Giallo arranca bien: dos chicas japonesas van a la ópera pero, como es su última noche en Turín y les aburre un poco la representación, deciden irse de juerga. En una discoteca, una de ellas conoce a un chico y la otra decide volverse al hotel. Para ello, pilla un taxi… y ese es el comienzo de su final. Es una escena bien narrada, con clase si me apuras, algo de lo que Argento no suele hacer gala demasiado a menudo. Así, mientras descubrimos que el conductor de ese vehículo no es, precisamente, un taxista, conocemos a Celine (Elsa Pataky) en mitad de un pase de modelos, y a su hermana Linda (Emmanuelle Seigner), que acaba de llegar a la ciudad y se va al piso de la primera a esperar a que termine el desfile.

Inevitablemente, sucede lo que tiene que pasar: Celine, para llegar antes a casa y que su Linda no pase demasiado tiempo sola, coge un taxi, ése taxi, y nunca llega al piso. A la mañana siguiente, Linda denuncia su desaparición y entra en contacto con el detective Enzo Avolfi (Adrien Brody), que lleva tiempo encerrado –literal y metafóricamente- en la investigación que concierne a las chicas guapas que, últimamente, aparecen brutalmente mutiladas en varios puntos de la ciudad. Entre los dos, se lanzan a una investigación contrarreloj para que el psicópata no acabe con Celine.

Y aquí, que estaremos rondando el minuto quince o veinte de la película, se estanca. Y no pasa nada más hasta el final. En serio, no exagero. Nada de lo que averiguan Linda y Enzo sirve, realmente, para nada –y con esto no estoy desvelando nada, lo nota el que ve la película. Más allá de otra cuestión, este es el principal problema que tiene Giallo. *En ocasiones anteriores, Dario Argento ha aprovechado esta nadería narrativa para adentrarse en el mundo escalofriante y fascinante de las pesadillas. Fue el caso de la mencionada Inferno, donde el argumento era una mera excusa para desarrollar fabulosos crímenes y enigmáticas escenas nocturnas embrujadas. O la archifamosa “Suspiria” donde el nivel del guión era reamente ínfimo, pero el potencial visual e imaginativo de Argento la hacía remontar el vuelo, convirtiéndola casi en el clásico de culto de su filmografía.

En Giallo, este vacío narrativo está aprovechado para adentrarse en un torture porn bastante light. Gran parte de la película es el asesino torturando primero a la chica japonesa y luego a Elsa Pataki. No es especialmente violento, ni chocante, ni nada de nada. Lo que este torturador hace son cosquillas preparatorias, si acaso, de lo que sucedía en los sótanos de la fábrica en Hostel, por no poner, ni siquiera, un ejemplo muy extremo. Y, ¡maldita sea, es Darío Argento!, el retorcido personaje que pegó alfileres con papel adhesivo en los ojos de Christina Marsillach en “Terror en la Ópera”, o que dejó que un perturabado Thomas Kretschmann besara a su hija Asia con una cuchilla en los labios en El Síndrome de Stendhal… sabe de torture porn, claro que sí.

Giallo es el primer guión que dirige no escrito por él mismo. Cuidado, que los escriba él no es sinónimo de calidad: tanto Insomnio como El Jugador son suyos, y son un desastre. De hecho, en los créditos finales se ve que el propio Argento ha colaborado en el mismo. Pero, ¿por qué embarcarse en esta historia cuando cualquiera se da cuenta de que algo no funciona en “Giallo”, ya sobre el guión?

En algún momento, parece empeñado en recordar formalmente sus giallos clásicos, quizás como homenaje a sí mismo y al título que tiene entre manos. Pero Giallo no es un giallo. No tengo ni la más remota idea de lo que define en concreto a este subgénero pero, desde luego, esta película no está dentro de él, y basta verla para darse cuenta. Elsa Pataki empieza bien: su personaje es una mujer guapa pero guerrera. Después, pierde toda entidad: está presa, no puede contraatacar y es una víctima más. Hay un momento en que se insinúa que ella puede llegar a manejar al psicópata sólo con la palabra, debido a la debilidad/predilección que éste siente por la belleza, pero es sólo un detalle que se deja pasar de largo. Emmanuelle Seigner es, con su perturbadora presencia, quizás lo mejor del film. Aunque su personaje prácticamente no exista, no tenga nada a lo que agarrarse para interpretarlo, su sola presencia lo justifica. Y Adrien Brody tiene personaje, tiene pasado, pero es víctima del desorden caótico y de otro de los males endémicos que aquejan a toda la película. Cuando nosotros llegamos, las cosas ya han pasado, y nos las cuentan. Y Adrien Brody se limita a contarnos su pasado, sin que haya una repercusión, un eco, una consecuencia determinante en esta investigación que está llevando a cabo, en su presente. Esto acentúa mucho más la sensación de que en Giallo no pasa nada.

El final ofrece, contra todo pronóstico, dos últimas escenas interesantes y que encierran parte de la poesía malsana de la que Argento ha hecho gala en otras –y pasadas- ocasiones. La última escena, que no cierra del todo la película, tiene ese algo, ese aroma de posiblidad, de puerta abierta, que a fin de cuentas es el suspense, que no tiene toda la película anterior, pese a ser una escena cerrada y pequeña. Y la penúltima, la última conversación que mantiene Brody y Seigner… me encanta: es dolorosa, poética y negramente romántica. A mí me gusta pensar que pequeñas perlas como ésta son las que realmente ha incorporado Argento al guión, y que en realidad el productor o los guionistas son los malos de todo este circo y le han obligado a hacer una película así para hundirle la carrera. Sería tan bonito…

Lo mejor: breves destellos... sniff.

Lo peor: la desgana y apatía que destila el resto de la cinta.

Esperando al tren

En estas fechas festivas y con el clima descontrolado al que estamos sometidos, me vienen a la cabeza imágenes estáticas, que tengo grabadas en la mente, de mis viajes en tren. Por así decirlo, postales navideñas melancólicas. En concreto, de las estaciones abandonadas que han ido quedando a la vera de raíles oxidados. ¿Qué mejor ubicación para una breve historia de fantasmas?

Espero que os inquiete ó, en todo caso, haga que miréis más atentamente por las ventanillas cuando viajéis en tren…

I Sell the Dead

El fatídico negocio de los muertos

I Sell the Dead

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  • Título original: I Sell the Dead
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Glenn McQuaid
  • Guión: Glenn McQuaid
  • Intérpretes: Dominic Monaghan, Ron Perlman, Larry Fessenden
  • Argumento: Dos pillos que malviven profanando tumbas, descubren que hay un tipo muy especial de muertos que pueden reportar mayores benficios a su negocio.

62 |100

Estrellas: 4

Viendo la película es fácil imaginarse lo mucho que llegó a disfrutar el irlandés Glenn McQuaid escribiendo, en primer lugar, y dirigiendo finalmente la comedia I Sell The Dead.
Es más, no tengo el placer de conocer personalmente al bueno de Glenn McQuaid, pero tras disfrutar de su segunda película como director (la primera se tituló The Resurrection Apprentice, 2005) podría apostar mi cuello (algo que encaja perfectamente con el espíritu de la película), a que es un enorme aficionado a la serie B terrorífica, a los monstruos de la Universal, a las maravillas de la Hammer, a los comics de la EC… en definitiva, y tal y como gritarían los entrañables seres deformes de La Parada de los Monstruos (Freaks, 1931): “uno de los nuestros”.

Ambientada en la segunda mitad del siglo XIX, I Sell The Dead (algo así como “Vendo la Muerte”) cuenta la historia de un par de delincuentes de baja estofa cuyo principal medio de subsistencia es la profanación de tumbas. Por desgracia para ellos viven a expensas de un médico que experimenta con los cadáveres y al que se ven obligados a vendérselos a un precio irrisorio, bajo amenaza de aquel de ser denunciados a la policía por sus actividades delictivas.

Una afortunada noche descubren que existe una clase muy especial de muertos que podrían aumentar considerablemente las expectativas de beneficios de su particular negocio.

A partir de una línea argumental tan sencillita como la que os acabo de describir, Glenn McQuaid se saca de la chistera una demencial mezcla de géneros repleta de guiños al aficionado al terror. Fantasmas, muertos vivientes, vampiros, mad-doctors, asesinos, cadáveres, tumbas… todos tienen su minuto de gloria en I Sell the Dead. Incluida una desternillante aparición especial susceptible de provocarle un intenso orgasmo al mismísimo Fox Mulder de Expediente X.

La vida de estos dos pillastres se cuenta a través de una serie de flashbacks que, en la mayoría de ocasiones, funcionan como historias totalmente independientes las unas de las otras, lo cual facilita enormemente a Glenn McQuaid la posibilidad de ir incluyendo toda una galería de variopintos personajes, extravagantes situaciones y elementos sobrenaturales que, en un estilo narrativo más lineal, difícilmente hubieran podido compartir un mismo espacio.

El resultado, en la práctica, es que asistimos a una experiencia muy similar a una antología de episodios (tomemos como referencia el Creepshow de George A. Romero) en el que el único punto de conexión entre las distintas historias es nuestra estrafalaria y torpe pareja de protagonistas.
Y como suele ocurrir en toda antología de episodios, en I Sell The Dead conviven momentos de un más que satisfactorio sentido del humor (ver la divertidísima secuencia del vampiro o la reacción de un zombi al contemplar la cara desfigurada de un miembro de la banda rival), junto a otros mucho menos inspirados, carentes de sofisticación, y en los que el exceso de diálogos intrascendentes y sin gracia logran despistar al espectador al tiempo que suponen un duro lastre para el ritmo de la película.

Pero si como comedia I Sell The Dead resulta tremendamente irregular y echamos decididamente en falta un puntito extra de locura y gamberrismo; como ejercicio formal y de estilo la película de Glenn McQuaid no tiene desperdicio alguno. Pese a contar con un presupuesto de guerrilla, I Sell the Dead hace gala de una excelente ambientación que nos transporta, sin aparente esfuerzo, a las añejas, góticas, coloristas y deliciosas piezas de la Hammer británica. E incluso cuando la película, en su recta final, nos transporta a una isla abandonada de largas palmeras y arenas blancas, tenemos la firme impresión de haber cruzado el umbral de la Isla del Tesoro de Stevenson y asistir a un delirante espectáculo de aventuras, piratas y tesoros ocultos (aunque en esta ocasión el tesoro oculto tenga los rasgos de un par de estúpidos muertos vivientes). En este sentido, la labor de Glenn McQuaid resulta impecable.

De la misma manera que también resulta sobresaliente el esfuerzo de todos los actores que forman parte del elenco de I Sell The Dead, desde la imponente presencia del siempre resolutivo Ron Perlman (Hellboy, 2004), pasando por las divertidas y revitalizantes interpretaciones del dúo protagonista, Dominic Monaghan (El Señor de los Anillos, 2001) y Larry Fessender (The Last Winter, 2006), y culminando con la enigmática y disfrutable participación de Angus Scrimm, al que los más viejos del lugar recordamos como el mítico Hombre Alto de la saga Phantasma.

No es una película para reír a mandíbula batiente ni tampoco creo que vaya a pasar a la historia como una de las mejores mezclas de comedia y horror. Pero tan sólo por recompensar la desfachatez y el atrevimiento mostrados por Glenn McQuaid al reunir en una película de época tal cantidad de monstruos y elementos sobrenaturales, sin que el experimento nunca llegue a descarrilar, y logrando que la cosa tenga su gracia en determinados momentos, vale la pena darle una oportunidad a este I Sell the Dead.

Una comedia simpática, amena, perfectamente ambientada, con grandes interpretaciones, alguna que otra sorpresa y, en definitiva, un ligero soplo de aire fresco para todos aquellos que deseéis descansar, durante unos instantes, de tanta sangre, tripas y horror.

Lo mejor: La acertada mezcla de subgéneros, monstruos y elementos sobrenaturales. Determinadas secuencias realmente graciosas.

Lo peor: Determinados momentos lastrados por el exceso de diálogos que no acaban de funcionar.

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “I Sell the Dead” en VOSE.

Writing off de Zoombi

Los secretos más recónditos de la autoedición

A la espera de que Dolmen publique Zoombi: el apocalipsis zombi con denominación de orígen, su autor, Alberto Bermúdez, nos ofrece la oportunidad de conocer las entrañas de su obra.

Una lectura ideal para todos aquellos que en alguna ocasión os hayáis planteado la posibilidad de autoeditar alguno de vuestros textos.

Alberto nos habla de inspiración, de hábitos de escritura, de las dificultades cotidianas que a las que debe enfrentarse el escritor novel, de los secretos de la autoedición, de cómo enviar tu obra a las editoriales…

Además lo hace con un estilo siempre ameno y divertido (el mismo estilo que ya pudimos experimentar quienes leimos Zoombi). Y por si esto no fuera suficiente, este particular Write Off también contiene suculentas reseñas de las películas que trataron el fenómenos zombi con anterioridad a La Noche de los Muertos Vivientes de George A. Romero. Para los interesados, descargad el archivo pdf del Writing Off en Zoombi.es.

2084

Instrucciones para superar el apocalipsis en familia

Los amantes del género post-apocalíptico en su versión pandemia vírica estamos de enhorabuena. Tras el buen sabor de boca que nos dejó a muchos de nosotros el Infectados (Carriers) de los hermanos Pastor, ahora le toca el turno a la película independiente 2084, dirigida por George Blumetti.

2084 vuelve a echar mano de un argumento universal para situarnos en un panorama post-apocalíptico, provocado por un agente altamente infeccioso, y en el que los gobiernos de todo el mundo han aconsejado a las famílias que se refugien en sus casa y no salgan al exterior bajo ninguna circunstancia.

Pero el tiempo pasa, los gobiernos se desploman y la comida y el agua empiezan a escasear. La supervivencia no será fácil.
Todavía no se conoce fecha de estreno para 2084.