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The Collector

Que empiece la cacería...

The Collector

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  • Título original: The Collector
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Marcus Dunstan
  • Guión: Marcus Dunstan/Patrick Melton
  • Intérpretes: Josh Stewart, Michael Reilly Burke, Madeline Zima
  • Argumento: Arkin roba una joya muy valiosa en casa de la familia para la que está haciendo un trabajo de cerrajería. Al llegar a la mansión, descubre que la familia ha sido secuestrada por un enmascarado y que la casa se ha convertido en una trampa mortal.

75 |100

Estrellas: 4

“De los escritores de Saw 4, 5 y 6 nos llega la nueva sensación: The collector” Uyuyuyuyuy! La premisa a la hora de enfrentarse a esta película no era buena. Ya estamos escarmentados de bodrios avalados por “de los guionistas de…”,“De los productores de …” y “De los chicos que aparecen en un segundo en una sola toma de…”, aun así dejé mis prejuicios a un lado (también porque sigo viendo todas las partes de Saw…) y comencé a ver The Collector tranquilamente… y la cosa no pudo ir mejor.

Comenzamos con los créditos iniciales, me empiezan a recordar a Seven, la música me resulta familiar (claro, claro, corre a cargo de Jerome Dillon, ex Nine Inch nails). Las imágenes son interesantes, chicos, chicas, ésto promete.
La accción comienza rápidamente: una caja sospechosa, un grito y lo que está por venir.
Nos ponemos en situación y encontramos a Arkin, ex convicto y amante de su familia, por la que lo daría todo. La situación parece perfecta, la familia adinerada no está. Arkin tiene toda la casa para él solo, es un experto cerrajero y tiene una caja de seguridad a su merced, pero en realidad no está solo…
Primera escena salvaje, el marido apaleado frente a Arkin, imagen del coleccionista, ahora la trama cambia, se trata de no ser cazado.

La película es una perfecta mezcla de suspense máximo y torture-porn, aderezado con trampas.
La diferencia entre The collector y la saga Saw es que en Saw las trampas estaban diseñadas para probar la voluntad de los “jugadores”, mientras que en The collector, las trampas están diseñadas para cazar. Las trampas están preparadas para matar, que es para lo que, en definitiva, están hechas las trampas en la realidad.
La casa entera es una sucesión de trampas construidas con elementos cotidianos y pensadas desde el punto de vista del humano que quiere cazar al animal.

El gore es notable y preciso, es real y es feo, muy feo. The collector es lo que yo llamo “película limón” (cada vez que se producía una muerte, yo arrugaba la cara y apretaba los dientes, como lo hago cuando como un limón).
La principal baza de The collector es la tensión. La película respira y suda tensión, el suspense no da tregua. Los movimientos de la cámara ayudan a acrecentar esa sensación de desasosiego y la experiencia es frenética.

El coleccionista tiene carisma y su atuendo responde perfectamente a las normas del slasher, pero en este caso, la película se acerca más al torure-pon que al mero slasher.
Las víctimas están estereotipadas, pero es lo lógico en este tipo de propuestas.

A simple vista, la película, dentro de su género debería haber obtenido una puntación más alta, pero la realidad es que la trama queda coja, y esa cojera te arrastra, lentamente, a hacerte una serie de preguntas sin respuesta.
Sólo se sabe que el coleccionista colecciona personas porque una de sus víctimas, ”la carnaza”, lo menciona.
¿Por qué esta víctima se autoproclama carnaza? Sin respuesta.
¿Cuáles son las características de selección del coleccionista? Sin respuesta.
¿Pudo el coleccionista armar él solo todas las trampas en unas pocas horas? Sin respuesta.
¿Cuál es el significado real de la caja? Sin respuesta.
Demasiadas preguntas sin respuesta para una película que podría haber sido más que notable si la hubieran meditado un poco más.
Está claro que el Sr. Dusntan y el Sr. Melton destacaron (y destacan) en la elaboración de trampas y torturas crueles, pero se olvidan un poco de explicar el porqué y el cómo.

Aún así, The collector es altamente recomendable, una experiencia angustiosa que no aburre ni un solo segundo.
El inicio de una nueva saga basada en The collector, para mí, es un hecho (aunque creo que será mucho menos existosa que Saw). Al menos, yo espero una segunda parte que revele la realidad de los temas pendientes de este film.

Lo mejor: La sensación continua de suspense y lo bien tratado que está el gore.

Lo peor: Deja demasiadas dudas.

Kill Theory

Matar o morir... esa es la cuestión

Kill Theory

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  • Título original: Kill Theory
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Chris Moore
  • Guión: Kelly C. Palmer
  • Intérpretes: Don McManus, Ryanne Duzich, Teddy Dunn
  • Argumento: Siete amigos están dispuestos a pasar un fin de semana en una casa junto a un lago. Un asesino les someterá a un experimento mortal. Un juego de supervivencia en el que tan sólo uno puede quedar vivo.

57 |100

Estrellas: 3

Hoy nos enfrentamos a un “sospechoso habitual”.
Noche cerrada, una casa aislada junto a la orilla de un lago, una camada de cachorros norteamericanos dispuestos a dejarse la piel en el intento, un asesino que en esta ocasión se ha dejado la máscara en casa, pero que para el caso da lo mismo, ya que nunca llegamos a contemplar su rostro; y una trama que se esfuerza lo indecible por resultar ingeniosa.

Así que la pregunta parece obvia: siendo este un cuadro que ya hemos contemplado en una infinidad de ocasiones, ¿vale la pena darle una nueva oportunidad a Kill Theory, la más tardía de las incorporaciones del Alter Dark HorrorFest 2010?

Siete amigos se disponen a pasar un divertido fin de semana en la casa del padre de uno de ellos. Al anochecer las cosas se complican cuando un asesino les acecha, proponiéndoles un juego mortal: únicamente verá la luz del nuevo día aquel que acabe con la vida del resto de sus compañeros.

Si al amanecer queda más de un habitante vivo, el asesino amenaza con matarlos a todos. La cuenta atrás se ha iniciado…

Matar o morir. Ellos o yo. Puesta en escena de uno de los instinto básicos de supervivencia. Si bien no se trata de un planteamiento estrictamente original (en realidad es algo parecido a un Battle Royale en “petit comité” adornado con unas pinceladas de Saw), sí que es cierto que buena parte del atractivo que se le pueda atribuir a Kill Theory depende, en gran medida, de nuestra predisposición a aceptar y disfrutar (o al menos intentarlo) del perverso juego propuesto por el asesino y de las consecuencias – en ocasiones excesivamente tópicas – que se derivan del mismo; y todo ello con la dificultad añadida de tener que superar el generoso número de “defectos de fábrica” que presenta el film y que procuraré mencionaros a continuación.

Desde el mismo instante en que el asesino destapa el tarro de las esencias (explica a sus potenciales víctimas las reglas del macabro juego que pretende demostrar su particular teoría), asistimos a un circo humano en el que cada protagonista deberá evaluar sus propias convicciones morales y poner, finalmente, sobre una balanza, la amistad y la fidelidad hacia sus compañeros y –supuestamente- amigos por un lado, y su propio instinto de conservación y supervivencia por el otro.

¿El objetivo de todo este tinglado? Se supone que el objetivo a perseguir por Kill Theory es que nos hagamos preguntas del tipo de ¿cómo reaccionará cada uno de los protagonistas a la situación tan extrema que están viviendo? ¿qué decisiones tomarán? ¿seguirán unidos hasta el final o quizás alguno de ellos decidirá ir por libre y eliminar al resto de sus compañeros?

El principal problema de Kill Theory es que todos los protagonistas, sin excepción, están tan terriblemente estereotipados, que resulta sencillísimo adivinar el comportamiento de cada uno de ellos (a excepción de un par de sorpresas –previsibles- que suceden hacia el final de la película).

De esta forma sabemos perfectamente quién sucumbirá al pánico a la primera de cambio, quién se volverá un auténtico cabronazo dispuesto a no dejar títere con cabeza, y quién se mantendrá íntegro (y heróico) hasta las últimas consecuencias. Se les ve llegar desde muy lejos…

Y cómo también suele ocurrir en estas ocasiones, se nos ocurrirán mil y una opciones de salir del atolladero en el que se ven metidos los protagonistas de Kill Theory que, a ellos, ni siquiera se les pasa por la cabeza. O dicho de otra manera: en muchas ocasiones la lógica de sus actos queda en entredicho. Pero al fin y al cabo esto no es más que el penúltimo slasher juvenil “made in USA”, por lo que seguramente podríamos prescindir de la lógica en el comportamiento de unos personajes abocados, desde un inicio, al desastre… ¿o no?

Me reitero… Es tan sencillo como querer/poder entrar en el juego que nos propone Kill Theory o no hacerlo.
En el caso de no lograrlo supongo que Kill Theory está condenada a convertirse en un slasher del montón, repleto de tópicos, comportamientos ilógicos, malas interpretaciones, aburrido y del cual desearemos borrarnos.

Pero si conseguimos entrar en el juego (un servidor lo hizo), disfrutaremos de un slasher sencillo pero efectivo, con un ritmo excelente, buenas muertes, entretenido y que pasa en un suspiro. Eso sí, las malas interpretaciones seguirán estando ahí.

A la pregunta inicial de si vale la pena darle una oportunidad a Kill Theory, mi respuesta es SÍ. No se trata del mejor slasher que habéis visto en vuestra vida, ni siquiera estoy convencido de que permanezca en vuestra memoria durante mucho tiempo, pero qué demonios… los que amamos este subgénero estamos hartos de nutrirnos de productos similares a Kill Theory que no son ni la mitad de entretenidos que este último. Una digna adquisición para el Afeter Dark del 2010, aunque dudo muchísimo que la veamos alzarse con algún premio.

Lo mejor: Tiene un buen ritmo y no cansa.

Lo peor: Su falta de originalidad y las actuaciones.

Reverb

Algo pasa en el estudio de grabación

Reverb

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  • Título original: Reverb
  • Nacionalidad: UK | Año: 2008
  • Director: Eitan Arrusi
  • Guión: Eitan Arrusi
  • Intérpretes: Gregory, Eva Birthistle, Luke de Woolfson
  • Argumento: Maddy acompaña a Alex a terminar una canción en el estudio de grabación de un amigo. Pero en la pista de sonido, de repente, aparece un mensaje de auxilio...

50 |100

Estrellas: 3

Decía Alfred Hitchcock que era preferible partir de un tópico que acabar en uno. Tenía más razón que un santo, claro que también él era un privilegiado que podía permitirse decir eso, frente al resto de mortales que, lo más probable, es que acabemos en un tópico habiendo partido de uno. Dicha la cita culta del día, vamos a por “Reverb”, primera película de Eitan Arrusi.

Alex (Leo Gregory) y Maddy (Eva Birthistle) trabajan como teleoperadores en cualquier empresa de Londres; me refiero con lo de “cualquier empresa” a que, realmente, con verles el escaso minuto que les dedica el metraje a su manera de sobrevivir –todo un acierto- es suficiente para que entendamos que no les gusta su trabajo pero tienen que hacerlo, y que tienen otras inquietudes… (lamentablemente, esta historia es demasiado común); en el caso de Alex y Maddy, lo que los atrae es la música. Así que Maddy lleva a su amigo al estudio de grabación donde trabaja Dan (Luke de Woolfson) para pasar allí la noche. Dan les permite quedarse hasta las siete de la mañana, solos, por un precio por debajo del mercado; Alex quiere terminar una canción que, en sus propias palabras, puede darles fama y hacer que puedan dejar su trabajo.

El estudio de grabación es una maravilla: por fuera, es una vieja nave industrial inglesa; por dentro, una estancia moderna y sofisticada. Y, a los pocos minutos de estar allí, comienzas a tener miedo. Creo que, en este aspecto, Reverb hace suya una parte de la propuesta de House on Haunted Hill, de William Malone. Allí, se pretendía hacer una película de casa encantada a la vieja usanza pero en un entorno contemporáneo, pero creo que esta aspiración no estaba muy conseguida. En Reverb, sin embargo, el estudio moderno, el pasillo de moqueta con cristales translúcidos, la recepción vacía –agradable, con estilo, impersonal- se convierten en entornos hostiles y fantasmales donde es perfectamente posible que haya un morador sobrenatural… y es que, al poco de comenzar la sesión de grabación del nuevo tema de Alex, Maddy escucha algo en la pista original de audio. Gracias, por suerte, a la nueva tecnología del PC, consiguen aislar el sonido concreto y descifrarlo: una voz distorsionada grita “Ayuda”.

Comienza, así, el que sin duda es el mejor tramo de la película: ¿puede que la voz que pide ayuda no estuviera realmente en la pista original y se hubiera colado en la grabación? O sea: ¿hay alguien más en el edificio, a pesar de que Dan les dijo que se quedaban solos? Eitan Arrusi despliega, durante casi una hora de metraje, todos los recursos clásicos del cine de casa encantada, tópicos pero eficaces: sombras que acechan en las esquinas sin que los personajes se den cuenta, aparatos que se encienden solos, llamadas inquietantes, espacios indefinidos en penumbras, miradas sospechosas de los dos personajes… El tramo inicial, más de la mitad de la película, culmina bien con un descubrimiento igualmente inquietante. A su vez, ha dado las suficientes pistas como para que nos vayamos haciendo una idea de lo que puede estar sucediendo, todo ello narrado con bastante garra, estilo visual oscuro y brillante a la vez, y buenas interpretaciones por parte de los dos protagonistas. Es, sin lugar a dudas, un buen material el que se maneja a estas alturas de la película: historia clásica con las suficientes variaciones como para que parezca que está contando algo nuevo.

Mención aparte, por supuesto, merecen tanto fotografía como sonido. Sea porque Eitan Arrusi quisiera hacer una película con estilo, cool, contemporánea, sea porque esta historia en este entorno lo imponía –ojalá sea esto-, lo cierto es que fotografía y diseño de sonido están en consonancia absoluta con el lugar en el que se encuentran, y lo potencian. Creo, además, que esto es complicado: el interiorismo contemporáneo es bastante antiséptico y parece repeler cosas como humedades, telarañas o polvo, los elementos clásicos de este tipo de historia. En Reverb no los hay, y no se los hecha de menos. A fin de cuentas, estamos en un moderno estudio de sonido y, si hay algún espíritu, es el de un músico tipo Kurt Cobain. No tiene sentido ni cabida el castillo gótico. El montaje de sonido, por su parte, está plagado de zumbidos, ecos, bajos y altos bien colocados, levantando una planificación deudora –y mucho- del mejor Jaume Balagueró –y esto no es ninguna crítica ni ningún halago, sólo una constatación.

Reverb está organizada en dos noches en el estudio de grabación. La primera, casi una hora de metraje, ya ha terminado. Ahora llega la segunda.

Creo que en algunas historias hay que engañar. Con un poco de honestidad, pero hay que mentir, fingir que se va en una dirección para, llegado el momento, dar un giro y demostrar que se iba hacia otro lado. Esto no sucede en Reverb, y la sensación es muy frustrante. Todas las pistas que ha mostrado son correctas, todas las cartas –y algunas que no debía, porque revelan demasiado- estaban boca arriba desde el principio. No hay ningún as en la manga. En la segunda noche en el estudio de grabación ocurre exactamente lo que pensabas que iba a pasar. Rodado con mayor o menor fortuna, los acontecimientos se van sucediendo rutinariamente hasta llegar a un clímax facilón y previsible. Y, lo peor de todo, resuelto de un modo un poco ridículo. Realmente, cuando comienzan a aparecer los créditos de la película, tienes la sensación de que has perdido el tiempo; en ese sentido, me alegro sobremanera de haber hecho esta reseña. Así, he tenido que recordarla de principio a fin, repasando, por tanto, los buenos momentos –que los hay- y viendo, una vez más, cómo un mal final puede arruinar todo el trabajo que conlleva el hacer una hora y media de película.

Es mejor empezar en un tópico que acabar en él. Claro.

Reverb es, lamentablemente, el caso contrario. Parte de una situación original –un fantasma en un estudio de grabación- y la explota con toneladas de estilo y clase, encuentra su propio lenguaje a la hora de imaginar cómo sería un “espectro” de ese tipo en un entorno como este, y se recrea el tiempo suficiente en ello para ir dando pistas de lo que está pasando, a la par que nosotros, como espectadores, nos divertimos (asustamos) durante el recorrido. Pero, luego, llega la hora de las sorpresas, de dinamitar las expectativas y sustituirlas por otras nuevas, de vibrar porque nos han dado con la puerta en las narices con el plan maestro que había delante nuestra pero ni nos hemos dado cuenta… y se instala el vacío y la decepción.

Lo mejor: Tiene estilo, clase, y un clima muy bien conseguido en su primera mitad.

Lo peor: El clímax, sin ninguna duda.

Phobia 2

Cinco terrores globalizados

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  • Título original: Phobia 2
  • Nacionalidad: Tailandia | Año: 2009
  • Director: Banjong Pisanthanakun, Parkpoom Wongpoom, Songyos Sugmakanan, Paween Purijitpanya, Visute Poolvoralaks
  • Guión: Sopana Chaowwiwatkul, Chantavit Dhanasevi, Nitis Napichayasutin...
  • Intérpretes: Marsha Wattanapanich, Charlie Trairat, Erika Toda
  • Argumento: Recopilatorio de cinco historias terrorificas dirigidas por los más prestigiosos directores tailandeses del género.

70 |100

Estrellas: 4

5bia ó Phobia 2, es la segunda parte de 4bia ó Phobia. Antología tailandesa de terror filmada en 2008. A la antigua usanza, como en Creepshow, El gato Infernal ó Los Ojos del Diablo pero sin usar ninguna secuencia de enlace entre las historias; Phobia nos presentaba hace un par de años a los directores y guionistas más destacados del tan cacareado cine de terror tailandés. No es mi intención disertar sobre las bondades y fallos del cine oriental aquí, pero no puedo evitar señalar unos detalles de los que deberíamos aprender los occidentales:

En concreto y hablando de Tailandia, resulta que el cine de terror tiene unos resultados espectaculares en taquilla. Las estrellas locales no tienen ningún problema en prestar su cara a proyectos bien diseñados que hacen hincapié en ese horror directo y nada sucinto, el cual la cultura anglosajona, ha intentando relegar a un entretenimiento de segunda; mortaja de la que afortunadamente nos vamos desprendiendo con el paso del tiempo. Y este éxito anima a la realización de más cintas terroríficas con mayores presupuestos e incluso con mayor proyección internacional. Resulta divertido notar como Hollywood posó su mirada en tierras tan lejanas para nutrirse de ideas como inspiración, para finalmente realizar un expolio consentido de guiones directos a “remake”. Sin embargo, con la perspectiva que da la distancia, observamos que desde el lanzamiento mundial de Ringu (The Ring), se ha desarrollado una sinergia espontánea en el cine de terror oriental, no menos divertida. El mejor ejemplo de todo lo comentado es la tailandesa 4bia. Dado el éxito nacional e internacional de películas como Shutter, Alone ó Body 19; sus avispados productores decidieron reunir a las jóvenes promesas del cine fantástico de su país en una sola película, obviamente el formato obligado era la antología de cortos. Tailandia es uno de los países asiáticos con más capacidad de apertura. Expertos en la imitación y sin prejuicios a la hora de rodar. 4bia resultó un exitazo por su fuerte vocación comercial, a la vez que por unas cualidades técnicas que esta gente parece haber desarrollado de una forma innata. Nunca dejaré de maravillarme del uso de la fotografía que se hace en el este. Algo fría pero terriblemente eficaz a poco que cuenten con algo de presupuesto. Cuatro historias de terror orientales de fácil digestión europea algo similares al clásico arroz tres delicias que pedimos en nuestro restaurante chino favorito: está bueno, lo disfrutamos, no es exigente pero a las pocas horas nuestro estomago ya se ha olvidado del plato ingerido.

Cuando un país oriental alcanza el éxito con algún producto lo repite y potencia pero con más ahínco. Por muy increíble que resulte, esta gente supera en este aspecto a Estados Unidos, la nación de la secuela por excelencia. Con lo que 5bia es consecuencia lógica de todas estas elucubraciones. No ha pasado casi un año y tenemos, otra vez, al mismo equipo de los cortos originales creando otro producto visualmente colorista (con una historia más que su predecesora) y de fácil consumo; que como toda antología, sufre de lógicas fluctuaciones de calidad dependiendo del segmento que estemos viendo. Con ciento veinte minutos y cinco historias, es obvio que nos encontraremos de todo pero que nadie se desanime ni por su larga duración ni por los altibajos. Las historias no tienen nada que ver entre ellas lo más mínimo, con lo que el espectador cansado puede posponer el corto siguiente todo lo que quiera. Me resulta complicado considerar esta desconexión entre partes como un handicap puesto que la intención de esta recopilación no podría estar más lejos de un concepto de uniformidad. No obstante viendo los resultados de la bastante superior Trick or Treat, me he quedado con las ganas de saber como habrían reflejado un nexo de unión entre las distintas historias; gente de tanto talento como la que dirige 5bia.

En cuanto, a la calidad de cada segmento eso es harina de otro costal y más comprensible (aunque enormemente odioso) en una producción que junta cinco visiones del terror tan distintas en un mismo envase. Aunque la media de los segmentos da la nota proporcionada a la película, y esta es una valoración que espero os anime a disfrutar de la antología, que nadie se desanime mientras la visiona si en algún momento puntual las cosas parecen chirriar más de lo normal dentro de la pantalla. Por mucho que se haya realizado un esfuerzo de producción en pro del espectador occidental, 5bia no deja de ser un film netamente tailandés con todos esos tópicos que los amantes y detractores del cine “exótico” llevamos años debatiendo. Probablemente este debate se irá diluyendo, a medida que el nivel de globalización cultural que vivimos vaya aumentando.

Con todo lo comentando hasta ahora, parece necesario diseccionar la película historia a historia para ofrecer una perspectiva valida de la misma. Y es que, no en vano, cada una de las piezas que componen este puzzle del horror es una pequeña película con todos sus guiños y esfuerzos técnicos.

Novice

Un joven problemático es internado por su madre en un monasterio budista. Nuestro protagonista no esta a gusto entre sus compañeros monjes y sus tradiciones ancestrales. Agobiado empieza a planear su huida sin darse cuenta que la razón de su huida es su propio pasado.

Aunque no lo pueda parecer por su argumento, esta historia intenta dar una simplona vuelta de tuerca a la tradición karmica, esa creencia budista en la que cada acto bueno ó malo vuelve a ti. Teniendo en cuenta su escasa duración tampoco podemos pedirle demasiada profundidad al guión pero su intencionalidad terrorífica se pierde en algunas escenas lentas, así como en un actor protagonista muy jovencito y superficial. Aquí aclaró que los actores tailandeses nunca me han parecido especialmente expresivos, a pesar de superar con creces a los japoneses en expresividad emocional. De hecho pocas de las historias destacan por sus actores a excepción de la última. Sin ser ninguna maravilla entretiene y sobre todo resulta impactante por su escena final. Si en algo destaca dicho final, es en su crueldad y violencia. A parte de estos detalles, lo más destacables es una lograda ambientación gótica y la eficaz dirección de Paween Purijitpanya, director de la sobrevalorada Body 19, que en particular a mi me provocó excesivos bostezos.

Ward

Un motorista sufre un accidente y con la pierna rota pasa su convalecencia en un hospital aparentemente normal. Pronto empieza a sospechar que el anciano moribundo de la cama contigua esconde un siniestro secreto. Impedido junto a esa respiración ahogada, nuestro protagonista siente su habitación más como una prisión que como un refugio.

El segmento más breve con diferencia y el más equilibrado en argumento frente a acción. Con escasos elementos, pocos actores y diálogos inexistentes se crea una atmósfera opresiva y cuasi onírica que parte de un miedo muy humano: estar invalido en una cama de hospital con un compañero de habitación que no conoces. Esta mínima premisa cristaliza en un cuento de terror clásico a más no poder y muy satisfactorio por su falta de ambición; acorde al metraje usado. Como no puede ser de otra manera, estos breves minutos ofrecen secuencias planificadas a la perfección, así como planos que resultan envidiables por la soltura de cámara que reflejan. Como anécdota comentaros que Visute Poolvoralaks, director de Ward, tomo el rodaje de este corto ante la baja del director previsto debido a un accidente de coche. Todavía no se han demostrado fuerzas sobrenaturales detrás de este suceso.

Backpackers

Backpackers ó mochileros en castellano nos muestra a una pareja de jóvenes japoneses viajando a dedo hacia Bangkok. En un apartado camino rural un transportista y su sobrino deciden ganarse un sobresueldo llevando a los japoneses. Pero, ¿Qué macabra carga se oculta en la parte trasera del destartalado camión?

Esperaba este segmento con ansiedad, sin querer revelaros nada os diré que se vendía este fragmento de 5bia como una salvaje orgía zombie al más puro estilo tai. Su propio director, Songyos Sugmakanan autor de la galardonada, dramática e intensa “Dorm”, argumenta que cansado de plasmar las tradiciones de su país en la pantalla había querido trasladar a esta, elementos típicos de la cultura occidental como los zombies pero desde una perspectiva personal. Intención patente en la explicación del origen del ataque, que es de lejos lo más interesante de la historia. Lo que se prometía, al menos para mi, como un breve festival de acción y gore; se queda en un ejercicio interesante de tensión (estupendos los momentos previos a la aparición de los muertos vivientes) y en una traslación fallida de elementos de terror yankies mostrados en una carretera polvorienta de Tailandia. No vale solo con un buen maquillaje y escasas dosis de gore salpimentadas con crítica social intrascendente. La resolución de la historia tan apresurada me decepcionó, esperaba algo más que buena técnica.

Salvage

La dueña de un concesionario de coches usados no es muy escrupulosa con el origen de los coches que vende. Todo accidente puede ser disimulado en favor de conseguir mayor beneficio. Sin embargo, toda su avaricia se vuelve en su contra la noche que su hijo se pierde entre las filas y filas de coches almacenados.

Uno de los directores/escritores de las exitosas Shutter y Alone, Parkpoom Wongpoom, nos acerca un relato de terror urbano bastante tradicional y poseedor de las mejores bondades del cine de fantasmas oriental. Personajes que se dejan arrastrar por sus pecados en una espiral vengativa propiciada por unos espíritus muy reales y sin piedad. Haciendo uso de elementos modernos se va sucediendo susto tras susto, algunos muy predecibles y otro más sorprendentes y viscerales, a un ritmo cada vez más vertiginoso para terminar con una calma incomoda que asusta más que la aparición de los consabidos espectros. Es la historia que mas me ha gustado. Tras una hora y pico de 5bia tenía ganas de encontrar un segmento que se esforzase por ser generoso con las virtudes del cine de terror oriental más que con el desarrollo de elementos originales. Al fin y al cabo, acercarse a una cinta recopilatoria de estas características tan cerradas con intención de encontrar el futuro del cine de terror, me parece utópico hasta para mi. Estupendos encuadres explotando al máximo el escenario ofrecido por un sin fin de hileras de coches que acaban por generar la desagradable y esquiva sensación de: “una mano puede atraparme desde cualquier pequeño hueco”. Satisfactoria.

In the End

La famosa actriz tailandesa Marsha Wattanapanich, protagonista de Alone, está rodando su última película de terror cuando la actriz que interpreta al fantasma de pelos largos de turno, cae enferma y tiene que ser ingresada. Pero al poco tiempo y en medio del rodaje, la chica regresa misteriosamente. ¿Una actriz muerta qué desea terminar su papel a toda costa?

El otro director/escritor de Shutter y Alone, Banjong Pisanthanakum, nos ofrece el último segmento. Una comedia de terror con este toque de infantil tan típico del humor asiático. De hecho es una parodia de los tópicos del cine que practica el propio Banjong muy en la línea del corto que dirigiese para 4bia, In the Middle (incluso repite el cuarteto protagonista)
Para mi gusto, In the End es un segmento divertido que no casa muy bien con el espiritu de 5bia. Hubiese sido más interesante como segunda parte de un díptico junto a In the Middle, alargando su duración incluso.
Sin embargo lo que podría haber acabado como una historia humorística un poco bobona resulta finalmente un digno producto de entretenimiento gracias a los mohines, la belleza y la buena actuación de la señorita Wattanapanich, así como la ironía con la que se trata el mundo relativo a las producciones tailandesas de terror (genial las alusiones a los giros arguméntales, muy inteligente). Un final ligero a una buena colección de historias de terror

Yo destacaría especialmente el acabado técnico de 5bia (desde los títulos de crédito iniciales hasta los finales), que hace a esta cinta merecedora de ser exhibida en cines comerciales mucho antes que los productos vacuamente palomiteros que llenan nuestras salas de cine. Por lo menos Phobia 2 va directa a nuestro género favorito.
En resumen, tenemos dos horas de entretenimiento que muy difícilmente gustaran a los que ponen reparos a acercarse al terror oriental. Por el contrario, todos aquellos que disfrutan (y a veces sufren) este tipo de cine; encontraran interesante esta antología orientada al espectador poco exigente e incluso que no pierde de vista al espectador occidental buscador de terror de fácil consumo. Desde luego vemos un salto cualitativo con respecto la antología predecesora que es de agradacer.

Bueno, dado el éxito de esta saga no creo que tengamos que esperar mucho esa 6bia, tal vez con alguna historia que incluya al mismísimo cadáver de David Carradine.

Lo mejor: La variedad de las historias y el alto nivel técnico

Lo peor: El abuso de tópicos por y para una mayor comercialidad

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Phobia 2” en VOSE.

Sick Girl

¿Víctima o verdugo?

Sick Girl

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  • Título original: Sick Girl
  • Nacionalidad: USA | Año: 2007
  • Director: Eben McGarr
  • Guión: Eben McGarr
  • Intérpretes: Leslie Andrews, Charlie Trepany, Katherine Macanufo
  • Argumento: Izzy Shea, tras las pérdidas de sus padres y su hermano mayor, queda al cuidado de su hermano menor. Su vida está condicionada a unos terribles estallidos de violencia.

70 |100

Estrellas: 4

Tras la desaparición de sus padres, y la ausencia de su hermano mayor (por el que sentía algo más que un simple amor fraternal), la joven Izzy Shea se ve obligada a sacar adelante a la única familia que le queda: su hermano menor. Para ello tan sólo contará con la ayuda de un robusto y bonachón motorista amigo de su padre.

Semejante argumento podría dar tanto para una comedia sentimental protagonizada por una joven actriz emergente, especializada en este tipo de productos (no me obliguéis a dar nombres… me estanqué con Meg Ryan como reina absoluta de la comedia romántica); como para un melodrama “indie”, aderezado con un par de canciones pop resultonas y no muy comerciales, y dando la campanada en la próxima ceremonia de los Oscars, alzándose con la estatuilla al mejor guión original.

Pero nada de esto ocurre en la película que hoy nos ocupa. Si en lugar del romanticismo o el melodrama rural nos situamos en el terreno de la violencia, la escatología, las torturas, humillaciones, mutilaciones, violaciones y los asesinatos a sangre fría, el resultado final será algo parecido a Sick Girl, una de las películas independientes más extrañas e interesantes de los últimos años.

El gran acierto de Eben McGarr (director y guionista) consiste en no reducir Sick Girl a una simple sucesión o compendio de secuencias escabrosas y violentas (que las hay… y harán las delicias del aficionado), y tomar, en su lugar, la sabia decisión de presentarnos a un personaje complejo – la “chica enferma” a la que hace referencia el título de la película – cuya vida, lejos de la normalidad aparente, se encuentra decisivamente marcada por una serie de traumas familiares que, SUPUESTAMENTE, acaban definiendo una personalidad trastornada y con una insana tendencia a provocar el dolor y el sufrimiento ajeno.

Y ese “supuestamente” que establezco hace referencia a otro de los factores importantes que definen Sick Girl: su total ambigüedad en el mensaje que transmite.
Por un lado McGarr se esfuerza en hacernos creer que los actos violentos de Izzy responden a una serie de traumas sufridos por la protagonista en el pasado (la pérdida de sus padres y de su hermano mayor – del cual se desprende una presunta relación incestuosa –) y a la necesidad de sobreproteger a su hermano menor. Sin embargo, los brutales y exageradísimos estallidos de violencia a los que asistimos por parte de Izzy nos hacen pensar en una auténtica “Natural Born Killer” (una “asesina nata” a imagen y semejanza de la película de Oliver Stone), que disfruta y se relame con cada nueva tortura, cada nueva humillación, cada nuevo asesinato; y en los que muy poco tienen que ver, a modo de posible factor detonante, los problemas que haya tenido la protagonista siendo niña o los estrechos lazos que la unen a su hermano menor.

Como consecuencia de ello resultaría sencillo acusar a McGarr de manipulador, de impostor. De intentar camuflar la obscenidad y la violencia que desprenden algunas de las imágenes de Sick Girl bajo un irreal traje de denuncia social y drama familiar hecho a medida. De intentar hacernos creer que Sick Girl esconde algo más profundo cuando, en realidad, lo único que realmente tiene fuerza en la película son las secuencias de violencia. De intentar justificar el brutal comportamiento de Izzy mediante una inexistente e innecesaria coartada moral.
Sin embargo no seré yo quien vierta este tipo de acusaciones sobre Mr. McGarr, ¿por qué razón? Pues, sencillamente, porque esa contraposición entre los momentos familiares de Izzy (la relación con su hermano y con el fornido motorista) y los instantes de extrema violencia, me pareció fascinante. Acepto el presunto engaño de McGarr. Y lo acepto porque Sick Girl me atrae, me convence. Porque su ambigüedad moral me cautiva.

De ese contraste entre la vida familiar de Izzy y su apetito por consumir dolor ajeno, nace una de las películas más inclasificables que recuerdo. Por momentos un drama familiar y humano situado en un entorno rural, y por momentos un torture porn sangriento, escatológico, sexual y pasado de vueltas.

Todo ello provoca en Sick Girl la “extrañeza” a la que me refería al principio. Una extrañeza que viene resaltada por una espléndida fotografía, luminosa y gastada (deudora del cine de horror norteamericano de los setenta), una magnífica utilización del sonido (y también de la “carencia” de sonido: ver la secuencia de inicio), y la efectiva labor de todos los actores implicados, desde el niño, cuya presencia no se hace insoportable (lo cual ya de por sí es todo un logro), hasta el papel protagonista de la joven Leslie Andrews, una sick girl sobreactuada en muchos momentos, pero poseedora de un físico, y en especial un rostro, que nos empuja a plantearnos aquello de ¿ángel o demonio?

Incluso para todos aquellos a los que la historia personal y familiar de Izzy os traiga sin cuidado, apuntaros que Sick Girl tiene a su favor una secuencia final realmente perturbadora y radical en la que McGarr echa el resto.

Sick Girl es una excelente propuesta independiente. Una película atrevida y diferente. Que no pase desapercibida…

Lo mejor: esa convivencia entre drama familiar y humano y torture porn pasado de vueltas.

Lo peor: a quiénes tan sólo les interese la violencia les puede resultar aburrida. Que pase desapercibida…

100 Feet

Una clásica historia de fantasmas en pleno centro de Nueva York

100 Feet

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  • Título original: 100 Feet
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Eric Red
  • Guión: Eric Red
  • Intérpretes: Famke Jannsen, Ed Westwick, Bobby Cannavale.
  • Argumento: Marny consigue que le conmuten el resto de su condena por matar a su marido por arresto domiciliario. Para ello, le ponen un dispositivo electrónico que le impide salir de su casa y, por tanto, también escapar del fantasma de su marido.

65 |100

Estrellas: 4

La historia de alguien – preferentemente, una mujer – asediado por una presencia sobrenatural en un entorno aislado no es nueva. Es el cuento gótico por excelencia. Por eso, el punto de partida de 100 Feet ya me parece interesante, pues consigue una variante original: Marny (Famke Jannsen) consigue conmutar el resto de su condena por arresto domiciliario, de manera que pasará los siguientes dos años de su vida encerrada en su casa. Para asegurarse de ello, le ponen un brazalete electrónico que comienza a pitar y manda una señal a la policía si ésta se sale de un radio de treinta metros (los 100 Feet del título, más o menos la extensión de su casa). Por tanto, está aislada, a pesar de encontrarse en el mismo centro de Nueva York.

Marny estaba en la cárcel por asesinar a su marido, Mike (Michael Paré), un policía que la maltrataba. De hecho, cuando vuelve a su casa, nadie ha limpiado una mancha de sangre en la pared, señal inequívoca de dónde se cometió el crimen. El policía que va a vigilar la casa y que acudirá en caso de que salte la alarma del dispositivo eléctrico es Shanks (Bobby Cannavale) que, además, era el compañero de Mike y uno de sus mejores amigos. Shanks se ha propuesto hacerle la existencia imposible a Marny, a modo de venganza.

La situación de esta mujer es, por tanto, bastante desafortunada: encerrada en su casa, sin apenas poder abrir la puerta –qué mala uva, no llega a bien a la manilla-, condenada por matar a un hijo de puta, vigilada por el mejor amigo de este, y sola pues, para más inri, su hermana tampoco quiere la menor relación con ella. Se insinúa que se echó una buena amiga en la cárcel, a la que llama en una ocasión. Por suerte, parece sentirse cómoda con Joey (Ed Westwick), un chavalito del barrio que va a hacerle la compra, que le atrae sexualmente pero, sobre todo, es alguien con quien hablar.

Creo que el personaje de Marny está bien construido. Tiene mucho que demostrarle al mundo – en su caso, a la justicia -, pero tiene miles de impedimentos. Es un personaje clásico, de manual de guión. Un buen momento para el recuerdo: la mujer se viste de Blanca Nieves por Halloween, abre la puerta de la casa y se sienta en su entrada, justo en el límite que le permite el brazalete electrónico para que no salte la alarma, con un cuenco de caramelos. Pero los niños no se atreven a entrar en una casa a por los caramelos, y menos en una noche como esa.

Bien, pues si la situación de Marny era chunga, se vuelve peor… porque entra en juego el fantasma de Mike, dispuesto a no dejar de darle palizas ni estando muerto. Lo mismo que en esta reseña, el fantasma tarda un poco en aparecer en 100 Feet, pero ni es un problema, porque la situación planteada hasta ese momento es interesante, y sobre todo que, esa primera aparición, es bastante sorprendente e imprevisible. Quizás, uno de las cosas que más me han gustado de esta película son los sustos repentinos que tanto se critican –demonios, ¡¡¡¿¿¿por qué???!!! No hay muchos, dos o tres a lo sumo, pero funcionan que da gusto.

A partir de la aparición de Mike, la película se centra en los esfuerzos de Marny primero para sobrevivir y después para acabar con un ente sobrenatural aunque sobradamente conocido para ella. Visualmente, el fantasma es bastante atractivo, y esto es otro de los puntos de la película. Cuando se hace una de monstruos, todo el mundo se fija en la criatura, pero los fantasmas se dan por hecho que son todos iguales. En 100 Feet hay un buen diseño del espíritu – digital -. Y es un fantasma con personalidad: cuando vivía, maltrataba a la mujer, y de muerto no hace algo muy distinto. Sus ataques y apariciones, hasta llegar al tramo final, están bien medidos y funcionan, y te hacen, como espectador, temer que vuelva a actuar. Es particularmente reseñable su penúltimo ataque, que sucede en la habitación de Marny, aunque en esta reseña contarlo sería destripar demasiado.

La figura del fantasma de Mike, sin embargo, también perjudica en parte a la película: cuando no ataca, su presencia roza, a veces, el ridículo –hablo del momento techo, y perdón por lo críptico- aunque nunca entra de lleno en él, lo cual, desde mi punto de vista, es un mérito a atribuir a la dirección de Eric Red, que no se ponía tras las cámaras desde el año 1996 con Luna Maldita (Bad Moon).

En el lado negativo de la balanza de 100 Feet habría que situar el clímax. Está bastante mal orquestado. Se llega de un modo muy precipitado – esto, quizás, se deba a temas de montaje, pues hay un par de momentos más en la película donde parece que nos escamotean escenas que teníamos que haber visto -, y se resuelve de una manera bastante gratuita y sin demasiado sentido. A nivel teórico, se siguen las reglas de la construcción clásica, pero a nivel práctico – o sea, dentro de esta historia concreta, con estos personajes – las cosas no funcionan como es debido, sobre todo porque si esa era la forma de acabar con el espíritu, Marny podía haberlo hecho antes, porque lo sabía – a este respecto, desde luego, es admirable cómo está resuelta la escena en la que descubre que lo que puede acabar con el espíritu está a su alcance: la convierte en una escena de terror y nos distrae para que no nos demos cuenta de que no tiene ninguna lógica lo que hace…

Por otra parte, aunque Famke Janssen es santa de mi devoción, no sé si era la actriz adecuada para el papel. Es evidente que teniéndola a ella, había más posibilidades de vender la película, pero viéndola… probablemente, esto es muy elemental, pero no me creo que una mujer con su aspecto acabe de salir de la cárcel, así de sencillo.

Parece que el objetivo principal que se marcaron a la hora de hacer 100 Feet fue el entretenimiento, y todo está orientado a esto. De manera que, si por un lado, consiguen que sea una peli de un visionado bastante placentero y que en ningún momento aburre, por otro da la sensación de que les dio miedo llevar hasta las últimas consecuencias el planteamiento inicial: es decir, una mujer sola en una casa asediada por un espíritu malvado. Por tanto, se intenta salpicar dicha estancia con irrupciones de personajes que no siempre son necesario –vease el cura, por ejemplo. La marcada vocación “clásica” de la película tampoco le hace ningún bien: la necesidad de que todo esté justificado, todo sembrado de antemano, la hace cargarse de cosas innecesarias. Ya se ha hablado de lo que puede acabar con Mike, pero hay más. El mismo personaje de Mike, por ejemplo: con saber que pegaba a Marny, valía para que le temiésemos como malo. ¿Hacía falta que, encima, fuera corrupto? Creo que no. Y, de paso, con el descubrimiento de esta nueva faceta suya, se intenta justificar la presencia –forzada- de un parte de la casa que su mujer no conocía ¿en serio es posible esto? y que, luego, será utilizada más adelante. Esta obligación autoimpuesta de justificarlo pretende convertir a 100 Feet en una obra bien construida pero, contra todo pronóstico, lo que hace es poner de relevancia lo artificioso de algunos de sus tramos. E impide deleitarse con lo más interesante: que ella está en manos de su marido muerto, y que eso es escalofriante.

Lo mejor: El penúltimo ataque de Mike.

Lo peor: Que se ve la construcción de la trama en la segunda mitad de la película.

Thirst

La sed del vampiro según Park Chan-wook

Thirst

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  • Título original: La sed del vampiro según Park Chan-wook
  • Nacionalidad: Corea | Año: 2009
  • Director: Park Chan-wook
  • Guión: Park Chan-wook
  • Intérpretes: Song Kang-ho, Kim Ok Bin, Mercedes Cabral
  • Argumento: Song Kang, tras presentarse como voluntario a un experimento que intenta encontrar la cura para un devastador virus, se somete a una transfusión de sangre que le otorgará facultades sobrehumanas.

60 |100

Estrellas: 3

Park Chan-wook anunció que su próximo proyecto iba a estar protagonizado por un vampiro de colmillos afilados, y muchos de los que nos unimos a su vigorosa trilogía de la venganza (con la magistral Old Boy a la cabeza) y nos deleitamos con esa marcianada titulada I’m a Cyborg, But That’s OK, tuvimos la certeza (y la esperanza) de que Thirst no iba a ser una película más del género.

Song Kang es un hombre religioso que dedica la mayor parte de su tiempo al cuidado de los enfermos. Desolado por la incesante muerte de los pacientes del hospital en el que presta servicios, decide viajar hasta África para formar parte, junto a otros cincuenta voluntarios, de un controvertido estudio que busca la vacuna que combata un mortal virus.

Estando Song Kang a las puertas de la muerte (un fatídico destino que han seguido el resto de sus compañeros de fatigas), una transfusión de sangre consigue curarle – momentaneamente – las heridas provocadas por el virus y mantenerle con vida.

La sangre de un desconocido ha convertido a Song Kang en un vampiro. Pronto descubrirá que para sobrevivir deberá calmar su sed.

No sería apropiado afirmar que Park Chan-wook haya defraudado o haya fustrado, en modo alguno, las expectativas de quienes ansiábamos experimentar la personal mirada de este genial cineasta coreano puesta sobre el género vampírico.
Cómo no podía ser de otra manera, Park Chan-wook ha sido fiel a su modo de ver y entender el cine y también a su forma de ejecutarlo. Ha sabido llevar el género a su terreno, integrarlo en el seno de su particular universo y, como consecuencia de ello, Thrist deja de ser una película de vampiros al uso para convertirse en una película de autor. De un gran autor, un autor de envergadura (la filmografía de Park Chan-wook así lo constata).

Sin embargo, nada de esto nos asegura que Thirst pueda situarse entre las mejores obras de Park Chan-wook. Ni siquiera tenemos la garantía de que Thirst sea una gran película.

Los primeros veinte minutos de Thirst son espléndidos.
Pese al ritmo parsimonioso que Park suele imprimir al inicio de la mayoría de sus películas, el arranque de Thirst vuelve a dejar constancia del talento narrativo del director (también guionista) al presentarnos a un protagonista de fe, supuestamente inquebrantable, cuya existencia dará un vuelco a raiz de una transfusión de sangre que le proporcionará una serie de aptitudes sobrehumanas, pero que también le condenará a sufrir una “sed” eterna.

Pero no únicamente una “sed” de sangre. La sed a la que hace referencia Thirst (sed en inglés) va más allá del simple apego a la hemoglobina que han sobrellevado los vampiros durante cientos (¿miles?) de años. Song Kang sufre una sed de sensaciones, de deseos, de sexo, de instintos básicos que chocan frontalmente con sus creencias religiosas. Su nueva condición, su naturaleza vampírica, le empuja a la búsqueda desesperada de nuevas experiencias hasta entonces inexploradas. Experiencias que, al fin y al cabo, acaban difiniéndole como ser humano y que le alejan (a pesar del sentimiento de culpa que experimenta durante buena parte de la película) de la búrbuja mística-religiosa en la que había estado encerrado hasta entonces.

Es en este tipo de discurso metafórico que nos habla sobre la naturaleza del ser humano, sobre sus miserias, sus contradicciones, sus dilemas morales y religiosos; cuando Park Chan-wook, y por añadidura Thrist, parecen sentirse más a gusto, más seguros. Park Chan-wook nos está contando una historia que le es propia, que pertenece a su universo cinéfilo. Y lo hace, además, derrochando el talento visual y narrativo que se le presume. Las imágenes son bellas, los encuadres imaginativos y audaces, las pinceladas de humor, en ocasiones absurdo y surrealista, siguen siendo efectivas.

El único problema es que estamos hablando, solamente, de los primeros treinta minutos de Thirst. Y a estas alturas me veo en la obligación de afirmar algo que jamás creí que tuviera que decir al hablar sobre una película de Park Chan-wook: Thrist anda muy floja en cuanto a la construcción de la historia.

Park Chan-wook, además de destacar por su indiscutible talento visual, también se ha distinguido por su capacidad para crear historias sólidas, sin fisuras. Historias que atrapan al espectador hasta el final gracias a unos guiones calculados al milímetro y a la maestría narrativa de Park Chan-wook (ver Old Boy).

El inicio de Thirst parece devolvernos a la senda habitual del director coreano. La historia vuelve a atraparnos. El personaje principal es atractivo. Las situaciones planteadas captan nuestra atención y los discursos implícitos parecen surtir efecto. Y todo ello acompañado del fascinante envoltorio formal al que ya nos tiene acostumbrados Park Chan-wook.

Sin embargo, todos estos logros parecen diluirse en un segundo acto (Song Kang encontrando el amor en la sumisa esposa de un viejo amigo de infancia) en el que Park Chan-wook se harta de repetir conceptos (culpabilidad, lucha contra los instintos…) y se muestra inoperante a la hora de lograr que la historia adquiera un cierta coherencia interna y avance en un determinado sentido.
Hubo momentos en los que me encontré perdido. Tuve la sensación de que Park Chan-wook no tenía muy claro hacia dónde dirigir su película y se limitaba a dar vueltas, una vez tras otra, sobre una única idea (o un par de ellas).

Y esa misma sensación de desconcierto o desamparo me atenazó en el tercer y último acto de Thirst, en el que los roles de los protagonistas (Song Kang y su amante) se invierten, para ofrecernos una película totalmente distinta en la que la sangre y el surrealista humor del que suele hacer gala el director coreano, dan un paso hacia adelante.

Todas estas dificultades de Park Chan-wook para mantener en su punto más álgido el interés por la historia (o al menos conseguir que los baches en la narración no sean demasiado pronunciados) no hacen otra cosa que evidenciar el segundo de los grandes problemas de Thirst: su excesiva duración. Sus 140 minutos de duración son desmesurados. Quizás si la película no presentara las dudas en cuanto a la construcción de la historia antes mencionadas, esas casi dos horas y media hubieran pasado como un suspiro…. pero, desgraciadamente, no es el caso. Hay situaciones que se alargan en exceso, conceptos que se repiten, secuencias que se presumen prescindibles. Y todo ello redunda en la en la convicción, por parte de un servidor, de que precindir de treinta minutos de metraje hubiera sido, sin duda, una acertada decisión por parte de Chan-wook.

Pero pese a todo lo dicho hasta el momento, Thirst sigue siendo una película recomendable. ¿Por qué razón? Pues porque, cómo apuntaba al principio de esta reseña, Thirst es una película de vampiros distinta, original y que contiene buena parte de esa esencia que define a un cineasta tan destacado y genial en sus formas como Park Chan-wook.
No es la mejor de las películas del director coreano y quizás muchos esperábamos algo más… pero aún así sigue siendo una obra de visión casi obligatoria.

Lo mejor: Una historia de vampirismo distinta y, en ocasiones, tocada por el genio de su creador, Park Chan-wook

Lo peor: No es, ni de lejos, lo mejor que ha hecho Park Chan-wook.

Deadly Little Christmas

Échale un vistazo a una película que he hecho con unos colegas

Deadly Little Christmas

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  • Título original: Deadly Little Christmas
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Novin Shakiba
  • Guión: Novin Shakiba y Jeremiah Campbell
  • Intérpretes: Felissa Rose, Monique La Barr, Leah Grimsson
  • Argumento: Quince años después de matar a su padre, Devin escapa del hospital psiquiátrico en el que está recluido en busca de su madre y sus dos hermanas.

20 |100

Estrellas: 1

Un día de navidad de quince años atrás, el pequeño Devin sale de su casa con un cuchillo y la cara ensangrentada; en el interior, su padre y la asistenta han sido brutalmente asesinados. Quince años después, su madre Mary (Felissa Rose) y sus dos hermanas, Taylor (Monique La Barr) y Noel (Leah Grimsson) han reconstruido sus vidas. Las dos hermanas están preparando, por Navidad, una representación de la última cena en el centro social del barrio. Sin embargo, Devin se escapa del hospital y comienzan los crímenes.

Si no fuera por los nombres de los protagonistas, desde luego, esto podría ser La Noche de Halloween sin ningún tipo de problema. Incluso, el plano de marras del niño con el cuchillo en la puerta de un dúplex americano está presente. Vale que hay quinientas películas que tienen este mismo argumento, pero en muy pocas el descaro llega hasta extremos como el del mencionado arranque, o al hecho de que Devin ha pasado sus quince años de internamiento psiquiátrico sin decir una sola palabra, por ejemplo.

Deadly Little Christmas es una película que, si te pilla de cero, sin saber absolutamente nada de ella, te puede cabrear muchísimo. No tiene ritmo ninguno, mucho menos clímax, los efectos de maquillaje son terribles, las interpretaciones también, el guión (por llamarlo de algún modo) torpe y aburrido, y los diálogos… madre mía, yo creo que se llevan la palma. La fotografía (hay planos quemados, e incluso un par de ellos mal enfocados), el montaje… todo huele a lo que es: algo muy barato y muy amateur.

Sin embargo, puede llegar a entenderse este despropósito. El primer cartel de los créditos de la película reza “David Sterling Entertainment Presents…”, y eso ya nos da una pista. Estaba deseando ver algo de la factoría de este buen hombre, puesto que parece ser que ha conseguido colocar bastantes títulos de su productora en los videoclubs americanos y, encima, obtener ganancias. Si uno se mete en su web, la primera frase que le salta también es muy reveladora: “You can make a movie too!”. La cita, debajo de la misma, varía según el día: “If Roger Corman had a spiritual son, it would be Dave Sterling”, o “If Roger Corman could, yo can too”. Pues sí, esto va de eso: David Sterling Entertainment produce pelis como roscas –mas de cincuenta, de hecho- directas a dvd (en Almas Oscuras, recientemente, se ha hablado de un par de lanzamientos suyos, Frankenstein Rising y H1N1: Virus X. No sólo eso: el tipo da cursos de cómo rodar una película con sólo 10.000 $ o menos – ¡y gana dinero! -, añade el eslogan de los seminarios).

A mí, personalmente, este tipo de propuestas me encantan. No sé qué hay en estas empresas que facturan pelis que copian descaramente a otras, pero me resultan atractivas. Debe ser algún bajo instinto, lo obsceno de no enmascarar un engaño, o algo similar. Pero lo cierto es que una película que fusila el argumento de otra de un modo tan explícito me parece una propuesta gamberra y cafre. A fin de cuentas, hay veces en que el argumento es sólo una excusa para llegar a los momentos divertidos (o sea, las escenas de terror), y cuanto antes se lo despachen, mejor.

Este, desde luego, no es el caso de Deadly Little Christmas. Ya se avanzaba al principio: los diálogos son de lo peorcito. No es sólo que sean descriptivos hasta decir basta, sino que pueden llegar a contarte la misma información hasta en cuatro ocasiones (a la tercera ya nos damos por informados de que Taylor y Noel están marcadas por el suceso trágico de sus infancias). Eso de saltarse lo que ya hemos visto, aquí no funciona. Si el policía, por ejemplo, tiene que informar a la madre, Mary, primero, y a las hijas, Taylor y Noel, después, de que su hermano se ha escapado del hospital, lo hace, y nosotros lo vemos, y la música acentúa el momento de pánico que deben sentir estas chicas ante tamaña noticia… a pesar de ser la segunda vez que nos lo cuentan –aparte, claro, del hecho de que hemos visto cómo Devin se escapa-.

Los crímenes de la película son bastante flojos. Es decir, como no se intenta crear ningún tipo de tensión, aquí el asunto se limita a personajes que van quedándose solos, oyen un ruido –normalmente; otras, vemos acercarse directamente al asesino enmascarado- contrastan que no es nada y mueren un segundo después. Todos con un cuchillo. Curiosamente, salvo en la escena inicial, en el resto de asesinatos nunca se ven las heridas. Y digo una cosa: para cómo se ven en el prólogo, hechas con látex de tienda de disfraces, casi mejor no enseñarlas. El resto, sangre, que siempre empieza a brotar después de un cambio de plano.

La sensación constante que acompaña al visionado de la película es la de que tres colegas se han juntado con una cámara y otros tantos colegas y han grabado el guión que uno de ellos tenía guardado en el armario de cuando estaba en el instituto. Pero sin retocarlo, para que no pierda frescura. Por tanto, es legítimo preguntarse: ¿se puede disfrutar con esto? Para mí, desde luego, sí. Lo primero y primordial: olvidarse de que es una película. Hay que tomársela como un video que te han pasado unos amigos para que veas a lo que dedicaron la última noche. Y, lo segundo, recrearse en algunos de los hallazgos, que los hay. Vale, soy consciente de que este comentario es demasiado indulgente, pero ya me he descubierto antes: me pueden este tipo de propuestas. Y hay algunos detalles divertidos, no sé si a conciencia o de casualidad. Por ejemplo, en un momento de la película, Noel ha hablado con su hermana sobre una caja que hay en el sótano de la casa, y cuando va a buscarla… aquello no es un sótano, y no se toman la molestia de no disimularlo; hubiera sido fácil cambiar la palabra sótano por “lavadero” o “alacena”, pero un sótano da más miedo. O los créditos: son como los de las películas porno, pero en vez de mostrarte entre nombre y nombre una escena sexual, te muestra un crimen de los que están por venir. La máscara del asesino, por otro lado, no está mal del todo.

… la pena es que, a estas alturas, está más que demostrado que con el dinero del que disponían para hacer Deadly Little Christmas se pueden ofrecer productos dignos. Ya no buenos, pero no sonrojantes. Y Deadly Little Christmas está muuuuuy lejos de esto. Intenta guardarse un as en la manga para el final, buscando una sensación de “no estaba tan mal”, pero es de estas veces en las que, al repensar en trayecto, se ven muchas más incongruencias de las que habías notado a primera vista. También es cierto que tampoco importa demasiado: es sólo un agujero más en un tejido lleno de agujeros.

Lo mejor: Los créditos, por ejemplo.

Lo peor: Como película, realmente es muy mala.