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Dark Souls

Petroleo, el desayuno de los campeones.

Dark Souls Poster

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  • Título original: Mørke sjeler
  • Nacionalidad: Noruega | Año: 2010
  • Director: César Ducasse, Mathieu Peteul
  • Guión: César Ducasse, Mathieu Peteul
  • Intérpretes: Morten Rudå, Kyrre Haugen Sydness, Ida Elise Broch
  • Argumento: Un padre se embarca en un viaje a través de recuerdos perdidos, conspiraciones, zombies y petróleo, encontrando las oscuras explicaciones al negro abismo que se ha llevado a su hija.

45 |100

Estrellas: 2

Dark Souls Grande

Johanna Ravn sale de casa para su “footing” mañanero, encontrándose en las afueras de Oslo con un hombre embutido en su mono naranja que solo desea saludarle el cráneo con un taladro eléctrico. Una vez saludada y enfundada en su nuevo traje modelo “bolsa para cadáveres”, decide abandonar la morgue que el estado noruego le ha concedido para saludar a su padre.

”Ring, ring”. “Sí, diga”. “Su hija, Johanna está muerta”… “¿Cómo? Pero si acaba de llegar a casa y ahora está chateando en el “feisbuk” ese”. Vaya día lleva el señor Ravn, por si fuera poco duro ser padre viudo, ahora le dicen que su hija está muerta. ¡Con el buen aspecto que luce! Miradla que maja, vomitando petróleo y con el encefalograma plano.

Parece que Oslo se llena de casos similares a los de Johanna. Alguien, o un grupo de dementes, están atacando con taladros a la población y llenando su cabeza de un espeso líquido negro. Las autoridades están tan desbordadas que el señor Ravn decide buscar sus propias respuestas al estado de su hija. La verdad lo llevará hasta algo peor que el fin del mundo.

Experimentos sí, pero con Coca-Cola.

Dark Souls supone un experimento arriesgado: desayunar varios litros de petróleo, por supuesto no refinado, y salir a la calle para reinterpretar la realidad con semejante viaje de crudo en el estómago. El resultado no podría ser otro que acabar en el hospital con la enfermera pechugona de turno regañándote por semejante estupidez. Este sería un buen resumen de la película si nuestras vidas fuese una “sitcom”, pero desgraciadamente el día a día es más banal y simplemente estamos ante una película con un planteamiento diferente, surrealista, original e intrigante, resuelto de la peor manera posible: sin desarrollarlo y a través de un melodrama algo apagado por la ausencia de acción y de explicaciones lógicas. Bueno, no todo es tan surrealista como nos propone su loca sinopsis. El final, donde se resuelve el meollo del asunto y descubrimos que hay detrás del hipnótico petróleo y sus distribuidores de naranja, nos da una pincelada bastante común como respuesta a todas las dudas que nos vamos planteando a la par que el metraje se desliza parsimonioso, justo como una sustancia negra aceitosa, hasta su repentino y desabrido final. Y creedme, las dudas serán constantes y molestas, no siendo recompensada la atención del espectador, que probablemente se sienta estafado con el rumbo que va tomando la película y su fría forma de mostrarlo en pantalla.

¿Pero de que nos extrañamos? No en vano estamos ante una producción noruega con dos expatriados galos, los desconocidos César Duchase y Mathieu Peteul detrás de las cámaras y el guión. De nuevo entramos en el terreno del experimento, porque el estilo cinematográfico del norte de Europa siempre ha estado marcado por unos tiempos más reflexivos, en esta ocasión olvidaos de pequeñas joyas como Dead Snow o la saga Cold Prey, y el cine galo por la búsqueda de un “sello de autor” que diferencia su cine de cualquier otro, chauvinismo cinematográfico, que dirían algunos. Si a todo ello le añadimos un presupuesto escaso, para nada enfocado hacia la representación gráfica de lo “extraño”, lo “morboso”, lo “macabro”, no podemos sorprendernos de que el resultado final sea un batiburrillo con dejes de originalidad que empalidece debido a una falta de dirección aplastante: un plato de cine fusión preparado con cariño pero sin el más mínimo criterio a la hora de mezclar ingredientes tan dispares, y, además, servido sobre un mantel de papel… ¡hombre, a este restaurante yo no vuelvo!

Cine Fusión: Añádale 50 gr. de salsa Fulci

Se publicitaba, tras su premiado – mediante sobornos pagados con barriles de petróleo – paso por distintos festivales especializados, que Dark Souls intentaba recorrer el camino abierto previamente por cineastas del (anti)prestigio de Lucio Fulci. Bueno, algo de explotation italiana se esconde entre líneas; tal vez por la mezcla de subgéneros a la que asistimos (“slasher”,”revenge”,”zombies”), pero sobre todo por la falta de presupuesto y la falta de estilo (otros dirán “vergüenza”) que muestras sus directores a la hora de lanzarnos cabos sueltos a la cara, como si fuesen cacahuetes y nosotros, el público, monos de feria. También refuerza este aroma a peperoni el profuso uso de sintetizadores en la banda sonora, siendo, probablemente, uno de sus mejores apartados. Sin embargo no os llevéis a engaño, la película se balancea sobre la cuerda del tedio y la sombra de un divertimento casposo se esfuma tras un prometedor arranque, dando paso a un lento melodrama que intenta repuntar al final pero sin las herramientas necesarias para despertar al espectador adormiladito en su sofá.
Esos interesantes quince primeros minutos plantean de manera minimalista, sin datos adicionales, un misterio tan atractivo como insólito: unos señores vestidos con un mono naranja entretienen sus ratos libres repartiendo por todo Oslo trepanaciones gratuitas que realizan con un taladro eléctrico; luego los trepanados, en lugar de quedarse tranquilitos en su bolsa para cadáveres, se alzan como peleles viviendo idiotizados y sin otra afición que vomitar oro líquido. “¡Ah! Que la película no es de zombies entonces.”, pensaréis algunos. Pues ya os digo que si es de zombies, aunque los primeros compases de la cinta no apunten exactamente en esa dirección. Como ya os digo, tras el impacto inicial de una hiperrealista fotografía, clara deudora de la citada italoexplotation y por ello bastante onírica, así como de lo raro de la historia inicial, nos encontramos un melodrama cargado sobre los hombros de un padre, el de Johanna que se toma la justicia por su mano y comienza a investigar por su cuenta, así como a cuidar a la chiquilla, las razones para que su hija se encuentre en ese estado semivegetativo incapaz más que de escupir petróleo. Y eso que mucho hablar de las bondades de la sanidad del norte de Europa, y son incapaces de tratar a una mujer que vomita crudo, ¡sí eso se cura con un miserable Gelocatil!

La cuestión es que el lento nudo de la película, está integrado de forma casi exclusiva por este drama – reconozco que con algún momento emotivo y con cierto aire simpático a una película cutre (ejem) de Charles Bronson – y más ataques por parte del ejercito de butaneros, convirtiéndose en un peñazo gracias a la falta de pulso, y de medios, para rodar con gracia ni siquiera una escena. Ya se empieza a revelar el percal, estamos ante una tomadura de pelo que no podrá ni resolver su conclusión. ¿Seguro? Mira que igual metiendo zombies de golpe, todo se torna más interesante… ¿los metemos? ¡Venga, sí! ¡Los metemos!

Así que al final era una película de zombies.

Está claro que César Duchase y Mathieu Peteul querían contar algo. No obstante no me preguntéis porque no me ha quedado claro del todo. Estaba luchando contra el insidioso sopor que me provocaban el drama de Padre Coraje, los asesinatos de “los butanitos” – a cada cual peor rodado – y los repetitivos vómitos de sus victimas, cuando algo sucede en pantalla. ¡Una explicación! Y no una cualquiera, ¡la madre de todas las explicaciones! ¡Ah! ¿Era eso? ¿Y era necesario empaquetar todo el metraje con tanto misterio y añadirle un toque humano merced a los desvelos del papi de Johanna? ¿Y ese señor mayor coleccionando líquido cefalorraquídeo? ¿Y de repente en Oslo…? Vale, vale. Ya vemos que nuestros queridos franceses, siempre tan cachondos, nos han dejado unos detallitos superfluos pensando que son las perlitas de todo trabajo de autor que se precie. ¡Pues sepan ustedes que a mi me parece que no tienen ni idea de explicar sus argumentos!

Todo lo comentado anteriormente, y como ha sido expresado, ralla la broma porque francamente esas son las sensaciones que transmite Dark Souls. No acaba de casar ese estilo de filmación tan norteuropeo, lento y frío, con la bizarra historia que se nos quiere vender, volviéndose hasta paródica. Ciertas decisiones que, obviamente, se tomaban en un principio en pro de dotar de más tensión y humanidad a la narración se convierten en elementos cómicos a causa del poco estilo para tratarlos. Así, el protagonismo del padre de Johanna en vez de convertirse en una fuerza (resulta potente alejarse de los clichés de otras cintas protagonizadas por actores más jóvenes y guapos) se transforma en un gag cuando asistimos a sus desventuras por la fabrica donde se revela todo el percal. A su vez, la traca final donde el elemento zombie por fin se airea, también resulta cómica por lo escueta, lenta y contenidamente que se retrata otro Apocalipsis de los muertos vivientes, y van…

Un proyecto fracasado, que merece la pena ver por lo curioso de su propuesta inicial, la forma de romper algunos clichés del cine de terror y la desvergüenza con que se trata el último tercio de una película independiente que tiene como gran enemigo el presupuesto, resultando sus efectos especiales escasos para lo que se quiere transmitir. El resto de factores, actuaciones principalmente, simplemente son funcionales, no aportando nada de valor a la ecuación. El mensaje ecológico me lo he dejado para el final, porque… ¿existe cierta metáfora pro-ecológica dentro del guión de Dark Souls? Me atrevería a decir que sí, pero tan mal acotada que todo queda en un mero “quiero y no puedo” que solo podrán degustar aquellos que agonicen por ver algo diferente que no mejor. Sí, mucha referencia cinéfila por aquí (The Driller Killer 1979 y por allí (The Stuff 1985), mucho tributo al estilo visual setentero de Brian De Palma pero poquito que rascar una vez desvirgada la insólita propuesta de sus quince primeros minutos…

Lo mejor: Una surrealista idea de base y sus sugerentes quince primeros minutos.

Lo peor: Una narración sin fuerza y un desarrollo inexistente de la idea base.

Sint

Estas Navidades carbón y cabezas cortadas

Sint Póster

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  • Título original: Sint
  • Nacionalidad: Holanda | Año: 2010
  • Director: Dick Maas
  • Guión: Dick Maas
  • Intérpretes: Huub Stapel, Egbert Jan Weeber, Caro Lenssen
  • Argumento: Cada 5 de Diciembre, si hay luna llena, el cadáver viviente, que es el verdadero “Sint Niklas”, se presenta por las calles de Ámsterdam para repartir sus particulares y sangrientos regalos.

66 |100

Estrellas: 3

Sint Grande

5 de Diciembre, luna llena, Ámsterdam, nieve. Y cuando todos los ciudadanos esperan la llegada de Santa Claus y sus regalos… ¿Todos? No, todos no. El detective Goert es el único que conoce, y de primera mano, la terrible maldición que se oculta tras la bucólica leyenda del gordo de rojo. Pronto las calles se tiñen de sangre, ni siquiera los niños están a salvo y es que el peaje por los pecados de la ciudad es un precio caro de pagar.

Sint representa el curioso regreso, al cine de terror, de uno de los escasos directores holandeses que se ha arriesgado sin prejuicios con el género. Estamos hablando de Dick Maas, un cineasta con clara vocación comercial y cuyos productos siempre han tenido los tres ojos puestos en la internacionalización. No en vano es responsable de la película de terror holandesa más exportable: Amsterdamned (1988), cinta que merece una revisión aunque solo sea por lo extraño de su desarrollo. Pero esa capacidad para crear obras terroríficas aptas para el público variado no se detiene aquí, Maas está detrás de otra obrita menor, pero nada desdeñable, como El Ascensor (1983) y la infame saga cómica de Los Flodder, un raro subproducto de paletos holandeses conocido a lo largo y ancho del planeta.

Como veis estamos ante una figura peculiar por su tendencia natural a realizar malabarismos tanto con el terror como con la comedia, incapaz de olvidar que el cine es negocio y que la patria vive en la sangre: creo que es destacable la influencia de los paisajes urbanos de Ámsterdam dentro de su filmografía, y Sint no es una excepción, es más, la famosa ciudad holandesa se convierte en parte integral de su avance siendo el “personaje” más destacable junto al cadavérico San Nicolás. Tampoco es un dato menor que el propio Maas se encargue de la redacción del libreto, de la banda sonora, de producir y de muchas cosas más; dándole esa obsesión por el control un remoto tono de autor, casposo – eso sí –, a todo el metraje.

Su regreso, tras años dando tumbos en proyectos intrascendentes, si bien no supone una salida triunfal por la puerta grande, representa una alegría y raro divertimento para los aficionados descerebrados y más apegados a lo que sería la serie B clásica con claras influencias de “la era del video-club”. Producto de consumo rápido que se nos vende como una comedia negra cargada de gore y humor ácido pero que finalmente se queda en una película de terror adolescente marcada por unos altibajos en el ritmo importantes.

No obstante, destaca la realización cuidada de Maas, muy enfocada de cara a la galería; entendiendo el cine de terror como un entretenimiento sangriento alejado de conceptos trascendentales o lecturas idólatras. Porque cuando destaca Sint, y únicamente lo hace en estos momentos, es cuando se centra en representar gráficamente los asesinatos y horrores que trae, cual presentes navideños, nuestro macabro “Papá Noel”; atrocidades hilvanadas a través de los consabidos interludios, bastante descafeinados y caóticos, protagonizados por jovencitos imbéciles, un detective atormentado y policías que de incrédulos resultan más tontos que los universitarios (¿?) a proteger. Y aunque se deje notar el humor ácido que tanto se ha publicitado, o bien no funciona o está tan plagado de tópicos (atención a ese final “conspiranoico”, ¿alguien se ha reído?) que de previsible aburre.

“Sint” (“Santo” en holandés) se titula la cinta que nos ocupa, en clara referencia a su figura principal: “San Nicolás”, que como muchos sabréis es parte fundamental, y origen, del mito (o como quieran venderlo las grandes corporaciones) de “Santa Claus”. En resumidas cuentas, no vaya usted de viaje turístico a Ámsterdam por Navidad y, tras salir de un “coffeeshop”, toque las narices a los lugareños señalando lo poco que se parece la figura de San Nicolás a la de Papá Noel. Y así, en base a este personaje histórico (acudan a su wikipedia más cercana para información adicional), Maas reinterpreta la leyenda aportándole los ingredientes necesarios para justificar la creación de una cinta de horror a la antigua usanza: Nuestro querido Santo ya no es el obispo que ayudaba a los pobres, si no un tipo con traje de prelado, eso sí, truculento y casi con tendencias pedófilas, el cuál junto a sus compinches españoles – los “hombres negros”… ¡pero cómo te lo fumas Dick! – se dedica a arrasar aldea tras aldea hasta que a unos pueblerinos medievales estándares se les hincha la aorta y deciden achicharrarlo, junto a sus alegres españolitos, dentro del barco pirata desde donde perpetra sus ataques a los poblados. Pero el mal no se erradica tan fácilmente, y la pira humana es solo el principio de una maldición que nos devuelve a San Nicolás, más cabreado a medida que pasan los siglos, cada 5 de Diciembre que hay luna llena.

Y tras la soberbia presentación de esta premisa, y un sub-prólogo, no menos soberbio, narrando la causa de la amargura que atenaza al detective Groer, nos encontramos con “otra película más de terror”. Esta frase aparentemente inocente esconde la verdad y nada más que la verdad de la serie B que hoy nos ocupa. Como ya comentaba previamente, casi todas las escenas donde los “hombres negros” (no afiliados a ninguna franquicia de Will Smith) o Sint Niklas no son los protagonistas, en primer plano u “off the record”, son bastante aburridas, todo gracias a unas actuaciones acordes con los personajes perpetrados por el guión: cartón piedra risible. Bueno, siendo justos no voy a negar que los actores maduros realizan interpretaciones acordes a su bagaje, siendo Bert Luppes (el detective Groer) uno de los pocos que de la talla por mucho que su personaje se vaya volviendo tan exagerado que pierda cualquier viso de realismo.

Así vivimos nuestra aventura en Ámsterdam: una breve escena de sádico asesinato /loca persecución/chimenea amenazante que entretiene lo suyo – gracias a un puesta en escena hábil y unos efectos especiales que comúnmente destacan para bien, a pesar de contener mucha infografía – para continuar con otra escena, desgraciadamente más larga, donde se intentan desarrollar unos personajes “indesarrollables” o avanzar la investigación de la policía o dar unas respuestas, de juzgado de guardia, a la presencia de nuestro “Papa Noel” cabreado. Todo esto hasta su inevitable conclusión, que afortunadamente llega bastante rápido dado lo ajustado del metraje, que en la más fiel tradición de la serie B resulta cutre y divertida a partes iguales, abonando el terreno para segundas partes.

No nos engañemos, Sint funciona porque el diseño de los malos de la función ha dado en la diana (para darle de comer a parte es lo del barco pirata, pero como forma parte de la leyenda de Sint Niklas, un servidor no dirá nada más al respecto) y porque los nudos de la trama se desenredan con decisiones dudosas o justificaciones tan traídas por los pelos (vale, había prometido no decir nada más, pero insisto en el explosivo desenlace náutico) que a los devoradores de basura fílmica nos es imposible no simpatizar con la propuestas de Maas. Amén de otros detalles de producción que están a la altura aun sufriendo altibajos constantes: ocasionalmente la dirección parece del propio David DeCoteau y, sin embargo, otras es espectacular (atención a la persecución que se marca Sint Niklas y su séquito de raperos… digo de “hombres negros”). Altibajos extrapolables a la música, la fotografía y hasta decorados.

Por todo lo comentado cuesta pronunciarse y recomendarla abiertamente, e imposible es definirla como una buena película; pero tiene algo: un desenfado, un malo cabrón al que se echa de menos en más escenas y eso que él y su “troupe” dejan victimas por doquier (decisión argumental acertada porque la dosificación de su figura la hace más especial), unos personajes principales ridículos (y graciosa carne de cañón por ende), una ambientación interesante (gracias a la de por si interesante Ámsterdam), la dosis suficiente de burradas y algún toquecillo de humor (anticristiano, por supuesto) que anima descaradamente el cotarro. Pero que nadie se deje engañar, el regusto agridulce es la sensación que nos deja al concluir su metraje.

En su sentido más amplio sería imposible aprobarla, pero su misma superficialidad la hace apetitosa desde el primero momento. ¿Qué más dan sus fallos arguméntales? Estamos ante una serie B, señores, y el séptimo arte se pervierte para un divertimento que hará las delicias, sin duda, de los afortunados que la puedan visionar en pantalla grande. Desde luego, frente a cintas de parecida intencionalidad, (a bote pronto diría – aunque os parezca cogido por los pelos del bigote – “Sé lo que hicisteis el último verano”) sale ganando sin lugar a dudas.

PD: No os preocupéis por los niños malos que han “desaparecido” a manos de San Nicolás. Según la leyenda, tiene planeado llevárselos a España, para lavar sus pecados en la próxima conferencia episcopal.

Lo mejor: Sint Niklas y sus "hombres negros made in Spain"

Lo peor: Un ritmo que sufre demasiados altibajos y unas actuaciones demasiado malas hasta para ser graciosas.

Bloodline

Imitando un estilo amado

Bloodline Poster

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  • Título original: Bloodline
  • Nacionalidad: Italia | Año: 2011
  • Director: Edo Tagliavini
  • Guión: Mario Calamita, Edo Tagliavini
  • Intérpretes: Francesca Faiella, Virgilio Olivari, Marco Benevento
  • Argumento: Sandra y su cámara Tony son obligados a preparar un reportaje en el set de rodaje de una película porno extrema. En las localizaciones de dicha película, es donde Sandra perdió de niña a su hermana gemela a manos del “Cirujano”.

70 |100

Estrellas: 3

Bloodline Grande

Sara y Tony son reporteros para una cadena de televisión virtual, y sus reportajes siempre tratan sobre temas escabrosos, metiéndose así en más de un lío. Su último trabajo involucra la vida personal y pasada de Sandra: tendrán que realizar un reportaje sobre el rodaje de una película porno extrema, justo en el caserón y alrededores donde un psicópata, apodado “el Cirujano”, terminó con la vida de su hermana gemela. En el set de rodaje personas desaparecen, como si la tarea del “Cirujano” no hubiese sido completada, entre apariciones del fantasma de su hermana y la lujuria desatada del extraño equipo de producción, Sandra tendrá que enfrentarse a los temores de su pasado y a los ataques de los cuerpos redivivos de parte del reparto.

Bloodline es un homenaje, en toda regla, al cine que determinados autores editaban por Italia durante los lejanos años ochenta: D’Amato, Fragasso, Mattei, Fulci Se podría decir que estamos ante una explotación italiana, a la antigua usanza, de los sub-géneros “slasher” y “zombie”. Todo merced a una mezcla de elementos y conceptos bastante dispar y mostrada sin rubor ante problemas de continuidad o agujeros arguméntales; añadiendo una ambientación decadente y perversa a partes iguales, tan del gusto mediterráneo. Personajes que se antojan repulsivos, para cualquier espectador medianamente humano, nos acompañan en un desfile de efectos especiales gore muy bien dosificado; y aunque no resultan muy originales, conceptualmente hablando, casan a la perfección con el tufillo a serie-b desvergonzada de una simpática cinta que apela al tributo descarado, rápido y divertido solo apto para recalcitrantes de los bizarrismos italianos de los ochenta.

El autor del invento se llama Edo Tagliavini, que en su puesta de largo se acompaña, en varios apartados técnicos, de ya clásicos dentro del cine que el mismo homenajea: Claudio Simonetti y Sergio Stivaletti. El primero es el compositor de muchas de las obras maestras del giallo (Tenebre, Suspiria, Rojo Profundo), aunque a muchos de vosotros os sonará más por su nombre de guerra: Goblin. El segundo es un artesano de los FX que todos los aficionados, al género más casposo, cafre y lleno de látex, conocemos por su trabajo en clásicos como Demons o Mi novia es un zombie.
Aunque, todo hay que decirlo, la participación de estas bestias pardas de la industria únicamente se traduce en un par de apartados, la banda sonora y el diseño de efectos especiales, funcionales pero tampoco brillantes. Se nota mucho oficio pero algo de desgaste en el trabajo de dos “abueletes” que tiran más de manual que de imaginación a la hora de afrontar Bloodline. Lo que no quita para que la calidad esté garantizada en estas facetas y en otras tan importantes como la fotografía, la iluminación, vestuario y diseño de producción en general. Todo luce fantástico, cierto que recorremos muchos lugares comunes: fantasmas a la italiana con esos rostros incomprensiblemente desfigurados, caserones poblados de una sucia sensualidad, quirófanos médicos improvisados, zombies exageradamente violentos, laberintos de arbustos claustrofóbicos… y un largo etcétera de elementos tremendistas que buscan siempre llamar la atención sobre los principios más clásicos del cine de explotación italiano.

Uno de estos componentes, y que siempre ha provocado mucha simpatía al aficionado en general y a un servidor en particular, sería la definición de unos personajes bastante simples, pero con una dudosa capacidad para la toma de decisiones absurdas y los comentarios ilógicos. Un “cocktail” algo loco que suele empañar el desarrollo coherente de una trama (y es que en Bloodline cuesta bastante ubicarse dentro de los distintos avances arguméntales) y que, en esta ocasión, se nota forzado una vuelta de tuerca. Es decir, el espectador aficionado a la caspa italiana tendrá continuamente la sensación de haber visionado situaciones similares pero más “auténticas”. Obviamente, al estar rodada durante el siglo XXI, Bloodline contiene un acabado final estético más próximo a producciones recientes que a las homenajeadas. Por lo tanto, es fácil durante el metraje sentir que todo lo forzado, a nivel de guión y desarrollo de personajes, se vuelve hasta incongruente. Quizás este complicado equilibro entre lo moderno y lo tradicional se traduzca en impacto para el espectador más joven, añadiendo un valor añadido para las nuevas generaciones que no pudieron alquilar en su día, por ejemplo Demons… al menos eso quiero pensar para que nadie desahucie Bloodline solo porque me ha gustado.

Desgraciadamente, porque afea ligeramente el disfrute de las exacerbadas reacciones de los personajes, los actores no resuelven con acertada eficacia sus papeles. Un plantel bastante joven (y desconocido para el que suscribe) que se esfuerza, también se divierte, pero que no llega a resultar creíble – aquí entra de lleno esa artificialidad que comentaba – y ninguno de ellos proporciona el tono adecuado a su carácter, simplemente dejándose llevar por lo obvio. Sinceramente, para ambientarse en el set del rodaje de una porno, Bloodline se muestra floja con la sexualidad e, incluso, alguna actriz se ve falta de talento y “sex-appeal” – lo que no quiere decir que la proverbial belleza italiana esté ausente… en absoluto –. Un sabor picante necesario y que hubiera subido algún octano la primera mitad del metraje que, obviamente, se centra más en la problemática de los actores dentro del rodaje de una película pornográfica “avant-garde”. Lo cual me lleva a otra faceta del marcado estilo retro que se gasta Bloodline.

Atención los más impacientes, el film está concebido como un homenaje consciente a los formatos italianos de hace treinta años. Los tiempos, y las escenas con “chicha”, están distribuidos con esto en mente, de tal forma que la primera mitad de la cinta nos va metiendo en situación lentamente, entre los desmanes del “Cirujano” y los salvajes ataques de los zombies, desgranando las sorpresas necesarias (y justas, la verdad) para mantener el interés del espectador paciente. Puede que alguien acuda a Bloodline esperando un festival de gore, o un splatter descerebrado… pues no, el festival descerebrado se haya presente en la desvergüenza con que se desgrana el argumento y su falta de prejuicios a la hora de mezclar los fantasmas, los muertos vivientes y al asesino psicópata de turno. Y estoy siendo muy parco con respecto a este desarrollo para evitar aguaros el asombro que despiertan ciertos giros; igual no por su originalidad si no por el desparpajo con que se muestran en pantalla. De hecho, como en tantas otras cintas, recomiendo visionar Bloodline con poca información: para bien o para mal, que sea la misma obra la que hable y luego otros “juntaletras” ya divagaremos si es necesario.

Precisamente, el argumento es uno de los puntos fuertes – al menos para un servidor –. Es sencillo, bastante parco en cuanto a composición de diálogos, pero contiene las dos vueltas de tuerca justas, muy propias de un cine ya perdido, que nos llenaran de regocijo si comulgamos con las consabidas explicaciones a los misterios del “Cirujano” y su legado. También se consigue un mayor lucimiento del simple guión merced a un esfuerzo patente por crear una ambientación extraña y desasosegante; y aunque en la parte final del metraje, no sea tan fuerte dicha ambientación, un aire a pesadilla recorre cada fotograma de Bloodline, y esto es algo heredado directamente de obras italianas pretéritas. Ahora, quien necesite argumentos complejos y dinámicos, que abandone las intenciones de tragarse esta cinta entera, no podrá… claro que también le deseo suerte dentro del género terrorífico actual: en cuanto a complejidad narrativa y argumental va apañado.

En resumen, un producto conscientemente casposo y bizarro que no renuncia a lo explicito, aunque sea mediante la ausencia muchas veces de lógica, ni a la faceta más gamberra del cine de los ochenta, usando también buenas dosis de terror moderno (esto último hace hincapié en el buen nivel del acabado técnico respecto a lo que sería esperable normalmente de una película de serie-b pura raza). Una ligera revitalización dentro del panorama fantástico italiano, junto a Ubaldo Terzani Horror Show o Eaters), que vuelve a traer una brisa de esperanza a los que no estamos muy conformes con el devenir del cine de terror actual. No es una obra de arte, ni siquiera una película formalmente buena, pero toda una delicia para los sentidos más básicos del espectador bizarro sin escrúpulos.

Una propuesta que siento más indicada para los fanáticos de lo retro, antes que para las nuevas generaciones criadas al amparo de Saw, sobre todo por el ejercicio de nostalgia que supone su planteamiento. No quiero decir con esto que un buen aficionado al cine de terror se aburriese con Bloodline, todo lo contrario, pero me da la sensación de que buena parte de público actual busca la reinvención de la rueda antes que eficacia y, además, reniega del terror sobrenatural o de películas (¡y poner las orejas trolls!) que expuestas antaño en las estanterías de cualquier videoclub, hoy serían cintas de culto.

Lo mejor: La ambientación, el suspense y misterio tras el personaje del “Cirujano”; la atmósfera decadente 100% italiana y el ritmo narrativo: muy acorde al estilo de cine que se practica en la cinta

Lo peor: El trabajo medio de los actores suspende. Durante el metraje será fácil sentir la engañosa sensación de “esto ya lo he vivido”.

Brain Damage

De penes-mojones agresivos y estanterías de video club

Brain Damage Poster

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  • Título original: Brain Damage
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 1988
  • Director: Frank Hennenlotter
  • Guión: Frank Hennenlotter
  • Intérpretes: Rick Hearst, Gordon MacDonald, Jennifer Lowry
  • Argumento: Un joven encuentra en su casa una extraña criatura que le suministra directo al cerebro una sustancia liquida. Dicha sustancia le hace entrar en éxtasis y disfrutar de todos los sentidos. El precio de la sustancia será ayudar a la criatura en feos asuntos

65 |100

Estrellas: 3

Brain Damage Grande

No se si os habréis fijado, pero ¿no os parece mejor el cine casposo de los setenta y ochenta que el de los noventa para arriba? Puede que sea una cuestión nostálgica, pues el que suscribe es uno de esos nacidos a principios de los ochenta al que le pillo de cerca la movida de las series b y z de video club en aquel mítico (no tanto añorado) VHS. Recuerdo, como recordareis los de mi quinta o anteriores, aquellas estanterías en las que podías encontrar roñosos subproductos que, nunca nos preguntamos el motivo, para el aficionado loco que llevábamos (y llevamos, quiero pensar) dentro, tenían encanto. Si, aquello de ir al video club del barrio y tirarte una hora mirando estanterías y hurgando en los carros donde metían la mugre que ya nadie alquilaba, en los que podías llevarte tres o cuatro películas por quinientas pesetas. Que tiempos. Snif, snif.

Todo esto viene a cuento porque la película que nos ocupa es una de las cumbres simbólicas de dicho periodo. No porque sea de las mejores, ni de las peores. No porque sea una maravilla o porque su culto actual sea injusto o merecido. Más allá de todas esas cosas, relativamente triviales, encontramos el verdadero quid de la cuestión: es una genuina película ochentera de carátula y video club. Es lo que los peli-birreros disfrutaban en aquella época y probablemente seguirán disfrutando ahora. Los peli-birreros más jovenzuelos de este nuevo siglo puede que encuentren más gracia y disfute parodiando a su modo las películas de Michael Bay o Roland Emmerich. Eso, creerme (los nuevos), no es nada en comparación con el sano ejercicio de tumbarte en el sofá y comprobar, sin juicios ni parodias, el delirius tremens que se marcaron algunos cutre-directores con cutre-presupuestos y, sin embargo, un talento inusual dentro de tanta miseria. Si no fuese así, si no tuviesen dicho talento, ¿se hablaría más de dos décadas después de algo como Brain Damage?

La peli tiene miga. Su director, Frank Henelotter, ya era de culto en 1982 cuando estrenó Basket Case, también conocida por estos lares como ¿Dónde te escondes, hermano? En realidad, aquella, su opera prima, quedo para siempre como su trabajo más recordado y apreciado. Incluso le salieron dos secuelas inferiores aunque no despreciables, estrenadas en 1990 y 1992. Con a penas unos miles de dólares (su presupuesto se estima en unos 35.000), Henelotter dejó claro que tenía papeletas para convertirse en un autor de lo que podríamos denominar la “caspa buena”. * Es decir, un cine casposo, cutre, pero creativo y con personalidad. De ahí el talento del que hablaba anteriormente. Ver hoy en día *Basket Case o la propia Brain Damage y compararlas con las muchas bazofias de dirección banal, atmosfera sintética e interpretaciones prefabricadas de la serie b y z moderna da una idea de por donde van los tiros; de por donde hay que hincar el diente a este director.

Desgraciadamente, su filmografía se ha quedado corta, y a parte de las citadas sólo podemos encontrar cosas como Frankeenhooker (1990) o la más reciente Bad Biology (2008). Pero nada que ver. Aunque el año pasado se marcó un homenaje a modo de documental para Herschell Gordon Lewis, el denominado “padre del gore”.

Brain Damage, en lo que a mi respecta, no es superior a *Basket Case. * Al menos, no en conjunto. Lo que sí tiene es, aunque dosificados, momentos más brillantes y también más hilarantes. Había más presupuesto (aunque tampoco mucho, unos 900.000 dólares) y su director había ganado madurez tras las cámaras. Seguía siendo cutre con encanto, pero algo más sofisticado.

Partamos del hecho de que Brain Damage nos cuenta una historia sobre la drogadicción camuflada de delirio fantástico-terrorífico lleno de humor negro y escatológico. No tengo ni idea sobre si Henelotter tuvo esa intención a la hora de realizarla, pero no hay que leer demasiadas líneas intermedias para darse cuenta. La historia es la de un jovenzuelo que se encuentra con un ser extravagante, mezcla de falo empalmado y mojón reseco. El chaval se pone a hablar con él y tiene una alucinación piscotronica. El falo con aspecto de caca se le pone a la altura de la nuca, abre la boca (aquí podemos ver que es un ser temible, pues su mandíbula consta de dientecillos agresivos y más instrumentos inclasificables) y le dispensa, directo al cerebro, un liquido que, parece ser, se lo funde. El chaval queda en éxtasis durante un rato, como si se hubiese tomado diez tripis o aquello que les gustaba tanto a los hippies. Lo que ocurre, claro, es que tal viaje dura poco y se queda con ganas de más. Es entonces cuando el bicho-pene le empieza a utilizar para sus matanzas a cambio de más sustancia.

Por tanto, se puede ver Brain Damage de dos formas. O de ambas a la vez. La del inicio, desarrollo y presunta salida de una adicción a las drogas, o la (más divertida aunque igual de delirante) de un adolescente que conoce un monstruito y se dedican a liarla por el vecindario. En este lado tenemos escenas tan grotescas como la felación con el pene-caca a la que es sometida una borracha, o los varios asesinatos con la cosa saltando, sin explicarnos como, a la cara o lo que se pueda de las victimas, siendo éstas mordisqueadas sin compasión. No es blanda ni tampoco excesivamente sangrienta; lo que impacta, si se puede definir de ese modo, es la atmosfera malsana y a la vez burlona que consigue el director. Lo sórdido, surrealista y cómico se mezclan sin respiro. Y eso, no todos saben cocinarlo sin pasarse o quedarse cortos con algún ingrediente que otro.

Lo mejor: El talento del director para crear una convincente unión entre lo macabro y sórdido con lo de cómico e hilarante. También, las dos formas en las que se puede leer un guión con más sustancia de lo que parece.

Lo peor: Algún tramo irregular en el que se pierde el ritmo y algunas interpretaciones poco menos que espantosas, aunque eso era de esperar.

The Graves

Dos malas actrices perdidas en el desierto

The_Graves_Poster

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  • Título original: The Graves
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Brian Pulido
  • Guión: Brian Pulido
  • Intérpretes: Clare Grant, Jillian Murray, Bill Moseley
  • Argumento: Las hermanas Graves se encuentran en medio de ninguna parte, concretamente en Skul City. Se han perdido de camino a la gran ciudad, ¿y qué mejor entretenimiento en pleno desierto de Arizona, qué visitar una mina encantada?

40 |100

Estrellas: 2

The Graves

Para bien ó para mal, en Almas Oscuras llegamos, con la reseña de The Graves, al final de la cobertura realizada al After Dark Festival 2010. Se podrían sacar muchas conclusiones, pero principalmente me quedo con el sabor agridulce que nos ha dejado todo este desfile de zombies, psicópatas, jóvenes disfuncionales y fantasmas. Buenas intenciones no le faltan al festival, ni en la difusión ni la selección de películas exhibidas. Un muestrario coherente con respecto al cine de horror independiente del 2010, pero como todos sabemos, la serie B no vive actualmente buenos tiempos; cuesta encontrar propuestas resolutivas. No abundan esas películas que impacten al espectador minimamente. Así pues, el After Dark es un buen ejemplo de ello, sus películas no son malas pero pasan sin pena ni gloria por nuestra pantalla. ¿Y es The Graves una excepción a este “quiero y no puedo”? Lamentablemente no, justamente es el paradigma perfecto de estas producciones independientes que, aun con ganas de ofrecer entretenimiento sin complejos, se ven lastradas por la incapacidad de sus directores en cristalizar las buenas ideas que manejan.

Megan y Abby Graves son dos hermanas huérfanas e inseparables que gastan su tiempo entre comics, garitos de mala muerte y mucha cultura basura. Megan, la hermana dura y atractiva, ha recibido una oferta de trabajo irrechazable en Nueva York; algo que probablemente obligue a las hermanas a separarse. Pero antes de que tan aciago momento llegue, deciden emprender un viaje por Arizona. Abby, la hermana sensible y atractiva, no las tiene todas consigo cuando llegan por accidente a Skull City; un pueblo minero de mala muerte donde todos sus habitantes parecen un poco extraños. Sin embargo, su viaje era una excusa para un fin de semana de aventuras, ¿y qué mejor aventura que visitar una mina abandonada supuestamente encantada?

Pero las descaradas jovencitas deberían haber aprendido más de todos los comics y películas de serie B que han consumido. En una mina abandonada y encantada, un par de chicas guapas solo pueden encontrar una cosa: muerte y terror

A estas alturas de la vida, con tantas reseñas escritas en Almas Oscuras sobre películas independientes, con guiones muy similares a The Graves, cuesta escribir algo nuevo ó inteligente sobre una película que es, precisamente, lo de siempre y muy tontorróna. Al leer el argumento, muchos habréis pensado de forma similar: “¡Qué argumento más soso! ¿Esta película no se ha hecho decenas de veces?”
¡Ah, amigos! Es que en el cine de terror está (casi) todo inventado, a mi particularmente no me importan los guiones repetitivos siempre que se lleve bien la historia y durante el metraje se produzca ese fenómeno extraño que tanto cine basura (entendido en el peor de los sentidos) está echando a perder. Hablo del interés, de la magia que ejerce el cine sobre el espectador, para que durante hora y media se sienta parte de lo que visualiza.

Brian Pulido, escritor y director de esta cinta, se demuestra con bastante poca experiencia en todos los aspectos técnicos y orgánicos. El guión es demasiado simple, apenas un esbozo, y cuando ya no tiene por donde salir, introduce una secta, adoradora de lo que demonios habite en la famosa mina abandonada, para justificar la última mitad de la película. Podríamos decir que las hermanas Graves encuentran en la mina un remedo de la familia de Leatherface con pinceladas sobrenaturales sobre sus cabezas. La influencia principal en el apartado sobrenatural, a mi modo de ver, sería Desesperación de la factoría Stephen King. Es obvio que Brian Pulido ha leído mucho comic y visto mucho terror de la vieja escuela, pero… ¿era necesario seguir punto por punto todos los cánones del género? Las chicas lanzadas y sexys, los pueblerinos chiflados, la posesión por un mal ancestral diseñado con CGI, las persecuciones a pie dando vueltas al mismo edificio….En fin, entramos en la misma dinámica. Si no te molestas en pulir un guión, cuando menos elige buenos actores, diseña buenos escenarios, imprime energía en las escenas… no sé, ¡haz algo! Parece que Pulido estuviese en la silla de director con el “six-pack” en mano y la cámara rodando, riendo las gracias a los actores y mirando el culo a las protagonistas.

La verdad que uno se podía esperar más de el creador de Evil Ernie y Lady Death, unos comics entre lo gótico, la comedia y el gore que no han tenido mucha difusión en España. Con tantos años de experiencia su guión me parece mediocre; y es que solo con el nombre, no se realiza una película. Al menos una buena.

A todo el festival de esta dirección sin pulso, se une un elenco de actores, que pese a contar con algún icono del género fantástico, está muy pode debajo del aprobado. Mención especial a la pareja protagonista: Jillian Murray (A la que pudimos ver en la prescindible Forget me not) y Clare Grant (Recién casada con Seth Green, sí, el que hace de Scott Maligno en la saga de Austin Powers. Con mucha envidia, te deseamos lo mejor desde Almas Rosas, digo…Oscuras)
Estas entrañables mujeres que interpretan a las hermanas Graves, acaparando un 80% de las escenas, bordan la inapetencia y la desgana con sus actuaciones. Vale que no se puede hacer mucho cuando tu guión hace aguas y solo te ofrece diálogos mediocres y estereotipados; pero chicas…cuando os ruedan en un garito con los Calabrese (grupo de horropunk que son de lo mejor en la película aunque no le llegan ni a la suela de los zapatos a The Misfits) ponéis todas las ganas del mundo, ¿pero cuando las cámaras os enfocan en el desierto? Ya no están en su salsa las pobres.

Ni siquiera los citados iconos del fantástico consiguen levantar un poquito el desarrollo de un proyecto destinado, al parecer, al sector más “emo” de la juventud estadounidense. Estos iconos son ni más ni menos que Bil Moseley y Tony Todd (psicópata a secas y cura sectario psicópata, respectivamente), los cuales no necesitan mucha presentación. Sin embargo, y en contra de todo lo que dice su bagaje como actores, aquí están totalmente sobreactuados y sometidos, quiero creer, a una dirección artística “de comic”. Estas sobreactuaciones, en el caso de Tony Todd, hacen a The Graves insoportable en sus apariciones. Sus personajes son planos y los veo fuera de cualquier contexto, meras excusas para llevar la aventura de las hermanas Graves a su final.

Si a todo esto (ya veis que me he quedado a gusto) le añadimos unos efectos especiales que mejor ahorrárselos, una edición deficiente, un ritmo anodino y un final digno de otro tebeo (pero de Zipi y Zape), donde las heridas mortales no son más que rasguños para aguerridas treintañeras…¿qué tenemos? Un desatino que no recomendaría a nadie de cultura castellana ó latina. Simplemente evitable, estáis avisado, puede sacar lo peor de vosotros. Vale, el cine es una cuestión de gustos y puede haber gente que disfrute con esta producción, pero su banalidad está a la altura de sus múltiples defectos. Cojea por todas las patas este perro. Mucho tiene que mejorar Brian Pulido en su próximo proyecto para que, si quiera, me moleste en verlo. Por cierto, ¿os he dicho que ese próximo proyecto esta en pre-producción y se llama The Graves 2? …

“¡¡Ja, ja, ja, ja!!”, se oyeron unas risas resonantes en la entrañas de la mina que nunca debió abrirse.

Lo mejor: La mezcla de elementos sobrenaturales con el típico ambiente slasher-hillbilly; así como la belleza de las hermanas Graves

Lo peor: Las actuaciones son merecedoras, en general, de una lluvia de tomates, los efectos especiales son muy primitivos, tanto los artesanos como los CGI y el guión carece de sustancia alguna

The Telling

Terror en la mansión Playboy

The Telling

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  • Título original: The Telling
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Nicholas Carpenter
  • Guión: Joe Lessard
  • Intérpretes: Holly Madison, Lola Labelle, Nicole Zeoli
  • Argumento: Tres chicas deberán contar una terrorífica historia para lograr ingresar en la hermandad femenina más popular de su Universidad.

10 |100

Estrellas: 1

The Telling

La serie B terrorífica siempre ha hecho gala de una festiva tendencia a mostrar, en ocasiones sin demasiada justificación (y quién la necesita…), las sinuosas curvas y carnes apretadas de bellas señoritas decididas a abrirse camino (al precio que sea) en el mundo de la interpretación.
Recordemos el caso de Linnea Quigley, la célebre scream-queen que debutó en la genial "El Retorno de los Muertos Vivientes" (The Return of the Living Dead, 1985) con el personaje de una zombi punk con una clarísima predisposición a desnudarse a la menor oportunidad.

- Disculpa… ¿y la película?

No seré yo quién me queje o me esfuerce en buscarle algún tipo objeción moral al asunto. Si un director de serie B decide que una chica ligera de ropa es un elemento importante para el desarrollo de la trama de su película de terror, a mí no me queda otra cosa que agradecérselo (esta reseña me está quedando de un tono machista que tira de espaldas…).

"The Telling" está protagonizada, casi en exclusiva, por un elenco de chicas cuyo pasado reciente está ligado a la mansión Playboy de Hugh Hefner. Rubias generosas en implantes mamarios que juegan a ser actrices de Hollywood.
Entre ellas la (por lo visto) célebre Holly Madison, una de las exnovias oficiales de Hefner, lo cual viene a significar que la susodicha rubia compartía habitación (y cama) con el magnate del sexo.

Si hay por ahí algún seguidor del reality “The Girl Next Door”, que posiblemente se emita por el canal Playboy, podrá reconocer a la mencionada Holly Madison, y quizás también a sus compañeras de reparto Bridget Marquardt y Sara-Jean Underwood.

- Pero… ¿qué hay sobre "The Telling"? ¿Vale la pena?

Parece obvio decir que una película de terror protagonizada por playmates siliconadas y filmada en los interiores de la mansión Playboy tiene un principal (¿y único?) aliciente: los desnudos.

- Me estás poniendo nervioso. ¿Es "The Telling" una buena película o no lo es?

Llevo tres párrafos hablando de conejitas playboy, implantes mamarios y curvas de infarto. Efectivamente, "The Telling" no es una buena película. En realidad es una pésima película. Una de las peores que he visto en mucho tiempo.

Concebida como una película de episodios (al estilo de la añorada Creepshow), "The Telling" cuenta la historia de tres estudiantes universitarias que deberán superar una última prueba para ingresar en la más famosa y elitista hermandad femenina de su facultad. Dicha prueba consiste en contar, cada una de ellas, una historia terrorífica.

En "The Telling" no hay sexo, ni sangre, ni horror. No hay nada. Tan sólo tres esperpénticas historias, supuestamente terroríficas y sexys (y subrayo lo de “supuestamente”), plagadas de clichés e incapaces de despertarnos cualquier sensación que vaya más allá de la repulsa o incluso la vergüenza ajena (en especial una disparatada secuencia onírica en el segundo segmento, a la postre, el peor de todos).

Lo que podría haber sido un sencillo pero apetecible divertimento, combinación de terror chusco y modelos de playboy ligeritas de ropa, acaba convirtiéndose en una penitencia insoportable y dolorosa a modo de castigo por nuestras ansias de sexo fácil y seguro.

"The Telling" es indefendible. Hasta el punto de que resulta absurdo hablar de lo malas que son las interpretaciones, o la insipidez demostrada por Nicholas Carpenter, director de la película, en la puesta en escena.
"The Telling" es tan increíblemente aburrida y sin sustancia, que todos sus posibles defectos de forma acaban siendo lo de menos. Es insoportable… en su conjunto.

Y por si todavía hay alguien que pueda llegar a pensar, “pero salen playmates ¿no?... entonces me apunto”; os advierto que no es una buena idea. Por si no ha quedado bastante claro todavía, en "The Telling" no hay sexo. Es cierto que algunas de sus protagonistas no tienen reparos en enseñar sus pechos (faltaría más, son conejitas playboy), pero os aseguro que no es motivo suficiente para tragarse el despropósito que viene a continuación.

Supongo que si quereis ver a las chicas de "The Telling" en todo su esplendor, con un poquito de esfuerzo quizás podáis localizar el típico videoclip promocional de Playboy en el que probablemente aparezcan ataviadas con un sombrero de paja y un mini short tejano, peinadas con un par de coletas a los lados y contándonos que sus sueños pasan por tener una granja y acoger en su seno a una numerosísima familia. Estoy seguro de que será una experiencia mucho más divertida –e instructiva- que ver "The Telling".
Quedáis avisados.

Lo mejor: Hubo un chiste a costa de las rubias que me hizo gracia.

Lo peor: Es TAN mala...

From Within

En tierra de nadie...

From Within

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  • Título original: From Within
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Phedon Papamichael
  • Guión: Brad Keene
  • Intérpretes: Thomas Dekker, Elizabeth Rice, Adam Goldberg
  • Argumento: Lindsay ha sido educada con firmeza en el cristianismo en un pequeno pueblo en que la gente comienza a morir en extrañas circunstancias. Todo apunta a un caso de suicidio colectivo… pero algo terrible se esconde tras las muertes.

49 |100

Estrellas: 2

En tierra de nadie... ahí es dónde se queda From Within, una película correcta, que no logró desesperarme en ningún momento (como si hicieron "The Broken" o "Slaughter"), pero que tampoco supone la relativa sorpresa de títulos como "Autopsy" o "Perkins 14".

From Within

After Dark HorrorFest posterHe tardado más tiempo del que creía en completar la reseña de "From Within", el debut en la dirección del director de fotografía Phedon Papamichael.
La razón no tiene nada que ver con que "From Within" haya provocado en mi mente un torrente de ideas, conclusiones, puntos de vista… ni nada por el estilo. En realidad se trata de todo lo contrario. Al analizar determinados aspectos de la película advertí que un único adjetivo acudía a mi cabeza: correcta. ¿Es esta una buena señal? Veamos…

"From Within" es una película correcta en prácticamente todos los aspectos.
El guión de Brad Keene (guionista de “The Gravedancers”) nos cuenta una historia sobrenatural sobre suicidios sistemáticos en una pequeña localidad norteamericana caracterizada por el fanatismo religioso de la gran mayoría de sus habitantes.

La trama, sin ser del todo original y transcurrir sin demasiados sobresaltos, logra mantener viva nuestra atención sin demasiado esfuerzo. La historia es sencilla y directa, y se hace valedora del ritmo pausado y la gélida fotografía que Phedon Papamichael imprime a toda la película. El tema de la exaltación religiosa, y como ésta desemboca en la intolerancia exacerbada, e incluso en la violencia, como únicos medios para combatir a lo desconocido e inexplicable, están bien tratados (aunque, sin duda, muy lejos de la excelencia de propuestas conceptualmente similares, como puede ser “La Niebla” (2008), de Frank Darabont – pero que muy, muy lejos).

Incluso cuando "From Within"juega peligrosamente con el aburrimiento en determinados diálogos (demasiado dilatados en el tiempo) entre los dos personajes protagonistas, mi interés por la historia no acabó perdiéndose por completo. La película no cansa, algo que sí me ocurrió con "The Broken", la otra gran apuesta del Alter Dark HorrorFest de este año por el terror sobrenatural.

Las interpretaciones de los principales actores son todas ellas acertadas (nuevo sinónimo de “correcto”). "From Within", siendo una película protagonizada por adolescentes, tiene la rarísima cualidad (en el cine norteamericano de terror) de presentarnos a unos jóvenes independientes, que luchan, algunos, por imponerse a la segregación e intransigencia religiosas que les rodea, y otros por llevar esos mismos niveles de intolerancia religiosa hacia límites que los adultos no se atreven a cruzar. Jóvenes, de uno y otro bando, que demuestran su capacidad para decidir por ellos mismos de forma, más o menos, lógica y sin cometer estupideces de bulto.

Dentro de su aséptica corrección, es en los momentos de tensión y horror en los que "From Within" se queda a medio camino y acabamos echando de menos un mayor riesgo y osadía por parte de Phedon Papamichael a la hora de diseñar las diversas escenas de suicidio. No estoy solicitando más sangre, ni más gore, ni más movimientos alocados de cámara. Sencillamente reclamo algo más de intensidad y un suspense más efectivo en dichas escenas. Mayor contundencia. Una mayor capacidad a la hora de provocar miedo (algo que parece tan sumamente complicado en el cine de terror de los últimos tiempos).
Phedon Papamichael se limita a reutilizar clichés mil veces vistos (directores de películas de terror del mundo: olvidaros de una vez por todas de los malditos espejos) para intentar lograr el impacto directo sobre el espectador. Y la peor noticia que podía obtener es que ese impacto directo, apenas llega a producirse.

"From Within" es una película de terror neutra (e intentaré explicarme, porque realmente, dicho así, de buenas a primeras, lo cierto es que no tiene ningún sentido).
De la misma forma que resulta muy complicado, por lo menos para un servidor, destacar ningún aspecto de "From Within" que pueda disgustar a nadie de forma exagerada; tampoco soy capaz de señalar ningún matiz que, probablemente, llegue a entusiasmar al aficionado.

Sin duda, a los amantes de las emociones fuertes y la hemoglobina "From Within" les sabrá a poco. Para los que prefieran el terror psicológico y sobrenatural, no dudaría en recomendarles la película (el mercado actual de películas de terror sobrenatural se caracteriza por una escasez de títulos tal, que sería absurdo prescindir de una película como "From Within").

Por mi parte, lo mejor que puedo decir de "From Within" es que no me arrepiento de haberla visto. Me quedo con una película que se sigue con un mínimo de interés, una historia con cierto atractivo y un final (atención a los títulos finales de crédito) que no insulta la inteligencia de nadie.
Estoy seguro que a lo largo de este año la lista de títulos mucho más interesantes que "From Within" será muy larga. Pero también estoy convencido de que acabaré viendo un altísimo número de películas con muchos menos atractivos de los que presenta esta película.

La neutralidad como bandera (o como diría mi querido abuelo, “ni fu, ni fa”).

Lo mejor: los títulos de crédito al final y que la historia se sigue con cierta comodidad.

Lo peor: que no asuma más riesgos y, por lo tanto, acabe dando la impresión de ser un producto demasiado aséptico e inofensivo.