
Basada libremente en la novela Les mères noires de Pascal Françaix, The Shadow Within es una producción italiana del 2007 dirigida por Silvana Zancolo, rodada en inglés, y que tras su paso por varios festivales especializados finalmente se distribuirá en el mercado DVD USA a partir del próximo 25 de Mayo.
The Shadow Within cuenta la historia Maria, una joven madre que vive recluida junto a su hijo Maurice, de nueve años. Jacques, hermano gemelo de Maurice, murió al nacer, lo que provocó en Maurice la capacidad de abrir canales a través de los cuáles comunicarse con los muertos.
Una extraña mujer llamada Madam Armand, convence a María para utilizar a Maurice como médium para ponerla en contacto con su hijo, también fallecido en trágicas circunstancias.
Otra propuesta que nos vuelve a poner en sintonía directa con el mundo de los muertos. Os dejo con el trailer de The Shadow Within.

Un grupo de jóvenes amigos descubre un misterioso ataúd fechado en el siglo XV dotado de un extraño mecanismo que les permite convertirse, momentáneamente, en fastamas, y viajar a través del tiempo. Sus primeras incursiones dentro del mundo de los espíritus son poco más que un juego inocente, pero el ataúd no tardará en sacar a flote sus impulsos y deseos más peligrosos. Finalmente, se encontrarán a sí mismos dentro de un mundo de maldad en el que aprenderán que la línea entre la vida y la muerte existe por una buena razón.
Mauro Borrelli, un reputado artista conceptual de orígen italiano que viajó hasta los USA para incoporarse, en su momento, al rodaje de Bram Stoker’s Dracula, de Francis Fod Coppola (y que, desde entonces, ha trabajado en producciones del calibre de El Planeta de los Simios, Los Piratas del Caribe, Godzilla, Hulk…), dirige este interesante Box of Shadows, una película que, en palabras del propio director, juega con los elementos clásicos del género de fantasmas anadiéndole otros elementos más actuales como pueden ser los deseos incontrolables y las adicciones.
Está previsto que Box of Shadows se estrene en los cines USA el próximo verano, posiblemente el mes de julio. El argumento puede recordar a la Línea Mortal (Flatliners, 1990) de Joel Schumacher, pero el trailer me ha resultado llamativo.
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 10/03/10 | CATEGORIAS: Noticias
Tags: fantasmas,
sobrenatural

Desde Hong Kong y dirigida por Dennis Law, nos llega el trailer de Womb Ghosths.
El feto que regresa tras su muerte en el interior de la madre, se conoce bajo el nombre genérico de Womb Ghost. Una interrupción brusca del embarazo y la posterior muerte del feto, convierte a éste en la clase de espíritu más diabólico que jamás haya existido.
Un hospital mental está tomado por los espíritus. El misterioso aborto espontáneo de una joven y bella interna provoca que las autoridades investiguen el caso.
Prefiero no desvelaros nada de lo que ocurre en el trailer. Tan sólo deciros que la cosa anda entre The Ring (o cualquier otra película que haga referencia a los fantasmas japoneses de pelo largo o yureis), y el Imprint (La Huella) que Takashi Miike dirigió para la primera temporada de Masters of Horror. No os lo perdais…
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 08/03/10 | CATEGORIAS: Noticias

LA VALORACIÓN:
50 |100
Estrellas: 3

Decía Alfred Hitchcock que era preferible partir de un tópico que acabar en uno. Tenía más razón que un santo, claro que también él era un privilegiado que podía permitirse decir eso, frente al resto de mortales que, lo más probable, es que acabemos en un tópico habiendo partido de uno. Dicha la cita culta del día, vamos a por “Reverb”, primera película de Eitan Arrusi.
Alex (Leo Gregory) y Maddy (Eva Birthistle) trabajan como teleoperadores en cualquier empresa de Londres; me refiero con lo de “cualquier empresa” a que, realmente, con verles el escaso minuto que les dedica el metraje a su manera de sobrevivir –todo un acierto- es suficiente para que entendamos que no les gusta su trabajo pero tienen que hacerlo, y que tienen otras inquietudes… (lamentablemente, esta historia es demasiado común); en el caso de Alex y Maddy, lo que los atrae es la música. Así que Maddy lleva a su amigo al estudio de grabación donde trabaja Dan (Luke de Woolfson) para pasar allí la noche. Dan les permite quedarse hasta las siete de la mañana, solos, por un precio por debajo del mercado; Alex quiere terminar una canción que, en sus propias palabras, puede darles fama y hacer que puedan dejar su trabajo.
El estudio de grabación es una maravilla: por fuera, es una vieja nave industrial inglesa; por dentro, una estancia moderna y sofisticada. Y, a los pocos minutos de estar allí, comienzas a tener miedo. Creo que, en este aspecto, Reverb hace suya una parte de la propuesta de House on Haunted Hill, de William Malone. Allí, se pretendía hacer una película de casa encantada a la vieja usanza pero en un entorno contemporáneo, pero creo que esta aspiración no estaba muy conseguida. En Reverb, sin embargo, el estudio moderno, el pasillo de moqueta con cristales translúcidos, la recepción vacía –agradable, con estilo, impersonal- se convierten en entornos hostiles y fantasmales donde es perfectamente posible que haya un morador sobrenatural… y es que, al poco de comenzar la sesión de grabación del nuevo tema de Alex, Maddy escucha algo en la pista original de audio. Gracias, por suerte, a la nueva tecnología del PC, consiguen aislar el sonido concreto y descifrarlo: una voz distorsionada grita “Ayuda”.
Comienza, así, el que sin duda es el mejor tramo de la película: ¿puede que la voz que pide ayuda no estuviera realmente en la pista original y se hubiera colado en la grabación? O sea: ¿hay alguien más en el edificio, a pesar de que Dan les dijo que se quedaban solos? Eitan Arrusi despliega, durante casi una hora de metraje, todos los recursos clásicos del cine de casa encantada, tópicos pero eficaces: sombras que acechan en las esquinas sin que los personajes se den cuenta, aparatos que se encienden solos, llamadas inquietantes, espacios indefinidos en penumbras, miradas sospechosas de los dos personajes… El tramo inicial, más de la mitad de la película, culmina bien con un descubrimiento igualmente inquietante. A su vez, ha dado las suficientes pistas como para que nos vayamos haciendo una idea de lo que puede estar sucediendo, todo ello narrado con bastante garra, estilo visual oscuro y brillante a la vez, y buenas interpretaciones por parte de los dos protagonistas. Es, sin lugar a dudas, un buen material el que se maneja a estas alturas de la película: historia clásica con las suficientes variaciones como para que parezca que está contando algo nuevo.
Mención aparte, por supuesto, merecen tanto fotografía como sonido. Sea porque Eitan Arrusi quisiera hacer una película con estilo, cool, contemporánea, sea porque esta historia en este entorno lo imponía –ojalá sea esto-, lo cierto es que fotografía y diseño de sonido están en consonancia absoluta con el lugar en el que se encuentran, y lo potencian. Creo, además, que esto es complicado: el interiorismo contemporáneo es bastante antiséptico y parece repeler cosas como humedades, telarañas o polvo, los elementos clásicos de este tipo de historia. En Reverb no los hay, y no se los hecha de menos. A fin de cuentas, estamos en un moderno estudio de sonido y, si hay algún espíritu, es el de un músico tipo Kurt Cobain. No tiene sentido ni cabida el castillo gótico. El montaje de sonido, por su parte, está plagado de zumbidos, ecos, bajos y altos bien colocados, levantando una planificación deudora –y mucho- del mejor Jaume Balagueró –y esto no es ninguna crítica ni ningún halago, sólo una constatación.
Reverb está organizada en dos noches en el estudio de grabación. La primera, casi una hora de metraje, ya ha terminado. Ahora llega la segunda.
Creo que en algunas historias hay que engañar. Con un poco de honestidad, pero hay que mentir, fingir que se va en una dirección para, llegado el momento, dar un giro y demostrar que se iba hacia otro lado. Esto no sucede en Reverb, y la sensación es muy frustrante. Todas las pistas que ha mostrado son correctas, todas las cartas –y algunas que no debía, porque revelan demasiado- estaban boca arriba desde el principio. No hay ningún as en la manga. En la segunda noche en el estudio de grabación ocurre exactamente lo que pensabas que iba a pasar. Rodado con mayor o menor fortuna, los acontecimientos se van sucediendo rutinariamente hasta llegar a un clímax facilón y previsible. Y, lo peor de todo, resuelto de un modo un poco ridículo. Realmente, cuando comienzan a aparecer los créditos de la película, tienes la sensación de que has perdido el tiempo; en ese sentido, me alegro sobremanera de haber hecho esta reseña. Así, he tenido que recordarla de principio a fin, repasando, por tanto, los buenos momentos –que los hay- y viendo, una vez más, cómo un mal final puede arruinar todo el trabajo que conlleva el hacer una hora y media de película.
Es mejor empezar en un tópico que acabar en él. Claro.
Reverb es, lamentablemente, el caso contrario. Parte de una situación original –un fantasma en un estudio de grabación- y la explota con toneladas de estilo y clase, encuentra su propio lenguaje a la hora de imaginar cómo sería un “espectro” de ese tipo en un entorno como este, y se recrea el tiempo suficiente en ello para ir dando pistas de lo que está pasando, a la par que nosotros, como espectadores, nos divertimos (asustamos) durante el recorrido. Pero, luego, llega la hora de las sorpresas, de dinamitar las expectativas y sustituirlas por otras nuevas, de vibrar porque nos han dado con la puerta en las narices con el plan maestro que había delante nuestra pero ni nos hemos dado cuenta… y se instala el vacío y la decepción.
Lo mejor: Tiene estilo, clase, y un clima muy bien conseguido en su primera mitad.
Lo peor: El clímax, sin ninguna duda.
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Por Manu | manuelgaymoreno@yahoo.es
| El Teclado del Portátil
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LA VALORACIÓN:
70 |100
Estrellas: 4

5bia ó Phobia 2, es la segunda parte de 4bia ó Phobia. Antología tailandesa de terror filmada en 2008. A la antigua usanza, como en Creepshow, El gato Infernal ó Los Ojos del Diablo pero sin usar ninguna secuencia de enlace entre las historias; Phobia nos presentaba hace un par de años a los directores y guionistas más destacados del tan cacareado cine de terror tailandés. No es mi intención disertar sobre las bondades y fallos del cine oriental aquí, pero no puedo evitar señalar unos detalles de los que deberíamos aprender los occidentales:
En concreto y hablando de Tailandia, resulta que el cine de terror tiene unos resultados espectaculares en taquilla. Las estrellas locales no tienen ningún problema en prestar su cara a proyectos bien diseñados que hacen hincapié en ese horror directo y nada sucinto, el cual la cultura anglosajona, ha intentando relegar a un entretenimiento de segunda; mortaja de la que afortunadamente nos vamos desprendiendo con el paso del tiempo. Y este éxito anima a la realización de más cintas terroríficas con mayores presupuestos e incluso con mayor proyección internacional. Resulta divertido notar como Hollywood posó su mirada en tierras tan lejanas para nutrirse de ideas como inspiración, para finalmente realizar un expolio consentido de guiones directos a “remake”. Sin embargo, con la perspectiva que da la distancia, observamos que desde el lanzamiento mundial de Ringu (The Ring), se ha desarrollado una sinergia espontánea en el cine de terror oriental, no menos divertida. El mejor ejemplo de todo lo comentado es la tailandesa 4bia. Dado el éxito nacional e internacional de películas como Shutter, Alone ó Body 19; sus avispados productores decidieron reunir a las jóvenes promesas del cine fantástico de su país en una sola película, obviamente el formato obligado era la antología de cortos. Tailandia es uno de los países asiáticos con más capacidad de apertura. Expertos en la imitación y sin prejuicios a la hora de rodar. 4bia resultó un exitazo por su fuerte vocación comercial, a la vez que por unas cualidades técnicas que esta gente parece haber desarrollado de una forma innata. Nunca dejaré de maravillarme del uso de la fotografía que se hace en el este. Algo fría pero terriblemente eficaz a poco que cuenten con algo de presupuesto. Cuatro historias de terror orientales de fácil digestión europea algo similares al clásico arroz tres delicias que pedimos en nuestro restaurante chino favorito: está bueno, lo disfrutamos, no es exigente pero a las pocas horas nuestro estomago ya se ha olvidado del plato ingerido.
Cuando un país oriental alcanza el éxito con algún producto lo repite y potencia pero con más ahínco. Por muy increíble que resulte, esta gente supera en este aspecto a Estados Unidos, la nación de la secuela por excelencia. Con lo que 5bia es consecuencia lógica de todas estas elucubraciones. No ha pasado casi un año y tenemos, otra vez, al mismo equipo de los cortos originales creando otro producto visualmente colorista (con una historia más que su predecesora) y de fácil consumo; que como toda antología, sufre de lógicas fluctuaciones de calidad dependiendo del segmento que estemos viendo. Con ciento veinte minutos y cinco historias, es obvio que nos encontraremos de todo pero que nadie se desanime ni por su larga duración ni por los altibajos. Las historias no tienen nada que ver entre ellas lo más mínimo, con lo que el espectador cansado puede posponer el corto siguiente todo lo que quiera. Me resulta complicado considerar esta desconexión entre partes como un handicap puesto que la intención de esta recopilación no podría estar más lejos de un concepto de uniformidad. No obstante viendo los resultados de la bastante superior Trick or Treat, me he quedado con las ganas de saber como habrían reflejado un nexo de unión entre las distintas historias; gente de tanto talento como la que dirige 5bia.
En cuanto, a la calidad de cada segmento eso es harina de otro costal y más comprensible (aunque enormemente odioso) en una producción que junta cinco visiones del terror tan distintas en un mismo envase. Aunque la media de los segmentos da la nota proporcionada a la película, y esta es una valoración que espero os anime a disfrutar de la antología, que nadie se desanime mientras la visiona si en algún momento puntual las cosas parecen chirriar más de lo normal dentro de la pantalla. Por mucho que se haya realizado un esfuerzo de producción en pro del espectador occidental, 5bia no deja de ser un film netamente tailandés con todos esos tópicos que los amantes y detractores del cine “exótico” llevamos años debatiendo. Probablemente este debate se irá diluyendo, a medida que el nivel de globalización cultural que vivimos vaya aumentando.
Con todo lo comentando hasta ahora, parece necesario diseccionar la película historia a historia para ofrecer una perspectiva valida de la misma. Y es que, no en vano, cada una de las piezas que componen este puzzle del horror es una pequeña película con todos sus guiños y esfuerzos técnicos.
Novice
Un joven problemático es internado por su madre en un monasterio budista. Nuestro protagonista no esta a gusto entre sus compañeros monjes y sus tradiciones ancestrales. Agobiado empieza a planear su huida sin darse cuenta que la razón de su huida es su propio pasado.
Aunque no lo pueda parecer por su argumento, esta historia intenta dar una simplona vuelta de tuerca a la tradición karmica, esa creencia budista en la que cada acto bueno ó malo vuelve a ti. Teniendo en cuenta su escasa duración tampoco podemos pedirle demasiada profundidad al guión pero su intencionalidad terrorífica se pierde en algunas escenas lentas, así como en un actor protagonista muy jovencito y superficial. Aquí aclaró que los actores tailandeses nunca me han parecido especialmente expresivos, a pesar de superar con creces a los japoneses en expresividad emocional. De hecho pocas de las historias destacan por sus actores a excepción de la última. Sin ser ninguna maravilla entretiene y sobre todo resulta impactante por su escena final. Si en algo destaca dicho final, es en su crueldad y violencia. A parte de estos detalles, lo más destacables es una lograda ambientación gótica y la eficaz dirección de Paween Purijitpanya, director de la sobrevalorada Body 19, que en particular a mi me provocó excesivos bostezos.
Ward
Un motorista sufre un accidente y con la pierna rota pasa su convalecencia en un hospital aparentemente normal. Pronto empieza a sospechar que el anciano moribundo de la cama contigua esconde un siniestro secreto. Impedido junto a esa respiración ahogada, nuestro protagonista siente su habitación más como una prisión que como un refugio.
El segmento más breve con diferencia y el más equilibrado en argumento frente a acción. Con escasos elementos, pocos actores y diálogos inexistentes se crea una atmósfera opresiva y cuasi onírica que parte de un miedo muy humano: estar invalido en una cama de hospital con un compañero de habitación que no conoces. Esta mínima premisa cristaliza en un cuento de terror clásico a más no poder y muy satisfactorio por su falta de ambición; acorde al metraje usado. Como no puede ser de otra manera, estos breves minutos ofrecen secuencias planificadas a la perfección, así como planos que resultan envidiables por la soltura de cámara que reflejan. Como anécdota comentaros que Visute Poolvoralaks, director de Ward, tomo el rodaje de este corto ante la baja del director previsto debido a un accidente de coche. Todavía no se han demostrado fuerzas sobrenaturales detrás de este suceso.
Backpackers
Backpackers ó mochileros en castellano nos muestra a una pareja de jóvenes japoneses viajando a dedo hacia Bangkok. En un apartado camino rural un transportista y su sobrino deciden ganarse un sobresueldo llevando a los japoneses. Pero, ¿Qué macabra carga se oculta en la parte trasera del destartalado camión?
Esperaba este segmento con ansiedad, sin querer revelaros nada os diré que se vendía este fragmento de 5bia como una salvaje orgía zombie al más puro estilo tai. Su propio director, Songyos Sugmakanan autor de la galardonada, dramática e intensa “Dorm”, argumenta que cansado de plasmar las tradiciones de su país en la pantalla había querido trasladar a esta, elementos típicos de la cultura occidental como los zombies pero desde una perspectiva personal. Intención patente en la explicación del origen del ataque, que es de lejos lo más interesante de la historia. Lo que se prometía, al menos para mi, como un breve festival de acción y gore; se queda en un ejercicio interesante de tensión (estupendos los momentos previos a la aparición de los muertos vivientes) y en una traslación fallida de elementos de terror yankies mostrados en una carretera polvorienta de Tailandia. No vale solo con un buen maquillaje y escasas dosis de gore salpimentadas con crítica social intrascendente. La resolución de la historia tan apresurada me decepcionó, esperaba algo más que buena técnica.
Salvage
La dueña de un concesionario de coches usados no es muy escrupulosa con el origen de los coches que vende. Todo accidente puede ser disimulado en favor de conseguir mayor beneficio. Sin embargo, toda su avaricia se vuelve en su contra la noche que su hijo se pierde entre las filas y filas de coches almacenados.
Uno de los directores/escritores de las exitosas Shutter y Alone, Parkpoom Wongpoom, nos acerca un relato de terror urbano bastante tradicional y poseedor de las mejores bondades del cine de fantasmas oriental. Personajes que se dejan arrastrar por sus pecados en una espiral vengativa propiciada por unos espíritus muy reales y sin piedad. Haciendo uso de elementos modernos se va sucediendo susto tras susto, algunos muy predecibles y otro más sorprendentes y viscerales, a un ritmo cada vez más vertiginoso para terminar con una calma incomoda que asusta más que la aparición de los consabidos espectros. Es la historia que mas me ha gustado. Tras una hora y pico de 5bia tenía ganas de encontrar un segmento que se esforzase por ser generoso con las virtudes del cine de terror oriental más que con el desarrollo de elementos originales. Al fin y al cabo, acercarse a una cinta recopilatoria de estas características tan cerradas con intención de encontrar el futuro del cine de terror, me parece utópico hasta para mi. Estupendos encuadres explotando al máximo el escenario ofrecido por un sin fin de hileras de coches que acaban por generar la desagradable y esquiva sensación de: “una mano puede atraparme desde cualquier pequeño hueco”. Satisfactoria.
In the End
La famosa actriz tailandesa Marsha Wattanapanich, protagonista de Alone, está rodando su última película de terror cuando la actriz que interpreta al fantasma de pelos largos de turno, cae enferma y tiene que ser ingresada. Pero al poco tiempo y en medio del rodaje, la chica regresa misteriosamente. ¿Una actriz muerta qué desea terminar su papel a toda costa?
El otro director/escritor de Shutter y Alone, Banjong Pisanthanakum, nos ofrece el último segmento. Una comedia de terror con este toque de infantil tan típico del humor asiático. De hecho es una parodia de los tópicos del cine que practica el propio Banjong muy en la línea del corto que dirigiese para 4bia, In the Middle (incluso repite el cuarteto protagonista)
Para mi gusto, In the End es un segmento divertido que no casa muy bien con el espiritu de 5bia. Hubiese sido más interesante como segunda parte de un díptico junto a In the Middle, alargando su duración incluso.
Sin embargo lo que podría haber acabado como una historia humorística un poco bobona resulta finalmente un digno producto de entretenimiento gracias a los mohines, la belleza y la buena actuación de la señorita Wattanapanich, así como la ironía con la que se trata el mundo relativo a las producciones tailandesas de terror (genial las alusiones a los giros arguméntales, muy inteligente). Un final ligero a una buena colección de historias de terror
Yo destacaría especialmente el acabado técnico de 5bia (desde los títulos de crédito iniciales hasta los finales), que hace a esta cinta merecedora de ser exhibida en cines comerciales mucho antes que los productos vacuamente palomiteros que llenan nuestras salas de cine. Por lo menos Phobia 2 va directa a nuestro género favorito.
En resumen, tenemos dos horas de entretenimiento que muy difícilmente gustaran a los que ponen reparos a acercarse al terror oriental. Por el contrario, todos aquellos que disfrutan (y a veces sufren) este tipo de cine; encontraran interesante esta antología orientada al espectador poco exigente e incluso que no pierde de vista al espectador occidental buscador de terror de fácil consumo. Desde luego vemos un salto cualitativo con respecto la antología predecesora que es de agradacer.
Bueno, dado el éxito de esta saga no creo que tengamos que esperar mucho esa 6bia, tal vez con alguna historia que incluya al mismísimo cadáver de David Carradine.
Lo mejor: La variedad de las historias y el alto nivel técnico
Lo peor: El abuso de tópicos por y para una mayor comercialidad
¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Phobia 2” en VOSE.
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Por Bob Rock | bobrock@almasoscuras.com
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LA VALORACIÓN:
65 |100
Estrellas: 4

La historia de alguien – preferentemente, una mujer – asediado por una presencia sobrenatural en un entorno aislado no es nueva. Es el cuento gótico por excelencia. Por eso, el punto de partida de 100 Feet ya me parece interesante, pues consigue una variante original: Marny (Famke Jannsen) consigue conmutar el resto de su condena por arresto domiciliario, de manera que pasará los siguientes dos años de su vida encerrada en su casa. Para asegurarse de ello, le ponen un brazalete electrónico que comienza a pitar y manda una señal a la policía si ésta se sale de un radio de treinta metros (los 100 Feet del título, más o menos la extensión de su casa). Por tanto, está aislada, a pesar de encontrarse en el mismo centro de Nueva York.
Marny estaba en la cárcel por asesinar a su marido, Mike (Michael Paré), un policía que la maltrataba. De hecho, cuando vuelve a su casa, nadie ha limpiado una mancha de sangre en la pared, señal inequívoca de dónde se cometió el crimen. El policía que va a vigilar la casa y que acudirá en caso de que salte la alarma del dispositivo eléctrico es Shanks (Bobby Cannavale) que, además, era el compañero de Mike y uno de sus mejores amigos. Shanks se ha propuesto hacerle la existencia imposible a Marny, a modo de venganza.
La situación de esta mujer es, por tanto, bastante desafortunada: encerrada en su casa, sin apenas poder abrir la puerta –qué mala uva, no llega a bien a la manilla-, condenada por matar a un hijo de puta, vigilada por el mejor amigo de este, y sola pues, para más inri, su hermana tampoco quiere la menor relación con ella. Se insinúa que se echó una buena amiga en la cárcel, a la que llama en una ocasión. Por suerte, parece sentirse cómoda con Joey (Ed Westwick), un chavalito del barrio que va a hacerle la compra, que le atrae sexualmente pero, sobre todo, es alguien con quien hablar.
Creo que el personaje de Marny está bien construido. Tiene mucho que demostrarle al mundo – en su caso, a la justicia -, pero tiene miles de impedimentos. Es un personaje clásico, de manual de guión. Un buen momento para el recuerdo: la mujer se viste de Blanca Nieves por Halloween, abre la puerta de la casa y se sienta en su entrada, justo en el límite que le permite el brazalete electrónico para que no salte la alarma, con un cuenco de caramelos. Pero los niños no se atreven a entrar en una casa a por los caramelos, y menos en una noche como esa.
Bien, pues si la situación de Marny era chunga, se vuelve peor… porque entra en juego el fantasma de Mike, dispuesto a no dejar de darle palizas ni estando muerto. Lo mismo que en esta reseña, el fantasma tarda un poco en aparecer en 100 Feet, pero ni es un problema, porque la situación planteada hasta ese momento es interesante, y sobre todo que, esa primera aparición, es bastante sorprendente e imprevisible. Quizás, uno de las cosas que más me han gustado de esta película son los sustos repentinos que tanto se critican –demonios, ¡¡¡¿¿¿por qué???!!! No hay muchos, dos o tres a lo sumo, pero funcionan que da gusto.
A partir de la aparición de Mike, la película se centra en los esfuerzos de Marny primero para sobrevivir y después para acabar con un ente sobrenatural aunque sobradamente conocido para ella. Visualmente, el fantasma es bastante atractivo, y esto es otro de los puntos de la película. Cuando se hace una de monstruos, todo el mundo se fija en la criatura, pero los fantasmas se dan por hecho que son todos iguales. En 100 Feet hay un buen diseño del espíritu – digital -. Y es un fantasma con personalidad: cuando vivía, maltrataba a la mujer, y de muerto no hace algo muy distinto. Sus ataques y apariciones, hasta llegar al tramo final, están bien medidos y funcionan, y te hacen, como espectador, temer que vuelva a actuar. Es particularmente reseñable su penúltimo ataque, que sucede en la habitación de Marny, aunque en esta reseña contarlo sería destripar demasiado.
La figura del fantasma de Mike, sin embargo, también perjudica en parte a la película: cuando no ataca, su presencia roza, a veces, el ridículo –hablo del momento techo, y perdón por lo críptico- aunque nunca entra de lleno en él, lo cual, desde mi punto de vista, es un mérito a atribuir a la dirección de Eric Red, que no se ponía tras las cámaras desde el año 1996 con Luna Maldita (Bad Moon).
En el lado negativo de la balanza de 100 Feet habría que situar el clímax. Está bastante mal orquestado. Se llega de un modo muy precipitado – esto, quizás, se deba a temas de montaje, pues hay un par de momentos más en la película donde parece que nos escamotean escenas que teníamos que haber visto -, y se resuelve de una manera bastante gratuita y sin demasiado sentido. A nivel teórico, se siguen las reglas de la construcción clásica, pero a nivel práctico – o sea, dentro de esta historia concreta, con estos personajes – las cosas no funcionan como es debido, sobre todo porque si esa era la forma de acabar con el espíritu, Marny podía haberlo hecho antes, porque lo sabía – a este respecto, desde luego, es admirable cómo está resuelta la escena en la que descubre que lo que puede acabar con el espíritu está a su alcance: la convierte en una escena de terror y nos distrae para que no nos demos cuenta de que no tiene ninguna lógica lo que hace…
Por otra parte, aunque Famke Janssen es santa de mi devoción, no sé si era la actriz adecuada para el papel. Es evidente que teniéndola a ella, había más posibilidades de vender la película, pero viéndola… probablemente, esto es muy elemental, pero no me creo que una mujer con su aspecto acabe de salir de la cárcel, así de sencillo.
Parece que el objetivo principal que se marcaron a la hora de hacer 100 Feet fue el entretenimiento, y todo está orientado a esto. De manera que, si por un lado, consiguen que sea una peli de un visionado bastante placentero y que en ningún momento aburre, por otro da la sensación de que les dio miedo llevar hasta las últimas consecuencias el planteamiento inicial: es decir, una mujer sola en una casa asediada por un espíritu malvado. Por tanto, se intenta salpicar dicha estancia con irrupciones de personajes que no siempre son necesario –vease el cura, por ejemplo. La marcada vocación “clásica” de la película tampoco le hace ningún bien: la necesidad de que todo esté justificado, todo sembrado de antemano, la hace cargarse de cosas innecesarias. Ya se ha hablado de lo que puede acabar con Mike, pero hay más. El mismo personaje de Mike, por ejemplo: con saber que pegaba a Marny, valía para que le temiésemos como malo. ¿Hacía falta que, encima, fuera corrupto? Creo que no. Y, de paso, con el descubrimiento de esta nueva faceta suya, se intenta justificar la presencia –forzada- de un parte de la casa que su mujer no conocía ¿en serio es posible esto? y que, luego, será utilizada más adelante. Esta obligación autoimpuesta de justificarlo pretende convertir a 100 Feet en una obra bien construida pero, contra todo pronóstico, lo que hace es poner de relevancia lo artificioso de algunos de sus tramos. E impide deleitarse con lo más interesante: que ella está en manos de su marido muerto, y que eso es escalofriante.
Lo mejor: El penúltimo ataque de Mike.
Lo peor: Que se ve la construcción de la trama en la segunda mitad de la película.
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Por Manu | manuelgaymoreno@yahoo.es
| El Teclado del Portátil
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LA VALORACIÓN:
70 |100
Estrellas: 4

Entramos de lleno en la cuarta edición del After Dark Festival con Lake Mungo. Como todos sabréis, el After Dark es una “festival” norteamericano que comienza este próximo viernes 29 de Enero. No es un festival al estilo tradicional, digamos que básicamente es una distribución de ocho películas independientes de terror y de muy diversas nacionalidades. De tal forma, que se promueve su proyección en cines (solo en Estados Unidos), así como la distribución internacional en DVD. Una loable labor que año tras año va mejorando (a la vez que cobra más relevancia en los medios), aunque la calidad de las cintas muchas veces esté por debajo de lo esperado. Pero no olvidemos que hablamos de cine independiente siempre realizado con medios limitados y, cuando menos, este After Dark 2010 debería ser alabado por su intencionalidad y copiado en el resto de países del globo.
Por nuestra parte, podéis encontrar más noticias y reseñas relacionadas con estas distribuciones independientes, en la parte derecha de vuestro navegador, así como el resumen de la edición del año pasado en este link: After Dark Festival 2009
Para esta ocasión tenemos un falso documental, quizá más conocidos como “Mocumenataries” (otra muestra paralela de este estilo sería The poughkeepsie tapes la cual no he tenido el gusto de ver), desde el país de los canguros y koalas. A pesar de su procedencia, no esperéis una obra al estilo Braindead ó Ondead, todo lo contrario. Se podría decir, que más que antes un film de terror estamos antes un drama con ligeros toques sobrenaturales. No esperéis sangre, ni sustos fáciles, ni acción. En los puntos álgidos del metraje, como mucho, sentiréis un escalofrío en la columna vertebral provocado por la inquietud de algunas imágenes así como por la tristeza general que emanan los ambientes, los paisajes y las miradas de los personajes de la opera prima del prometedor Joel Anderson, que previamente solo había rodado, en 2002, un desconocido corto llamado “The Rotting Woman”.
Enciendo el televisor, emiten en antena un documental sobre los Palmer. Una clásica familia media australiana, envuelta en unas circunstancias nada normales.
En las vísperas de Navidad la familia Palmer disfruta de una mañana de relax a los pies de una presa cercana a su casa cuando, y casi de forma imperceptible, la hija pequeña desaparece en las aguas del lago. Russel (David Pledger), June (Rosie Traynor) quedan destrozados por la perdida de su hija. Su bella, amable y algo callada Alice. Su hermano Mathew (Martin Sharpe) no se queda menos afectado, no puede entender la muerte de su hermana pequeña. Catorce años, la flor de la vida y las tranquilas aguas de la presa se la han llevado sigilosamente.
La desaparición de su hija parece que solo fue la punta del iceberg. Al poco tiempo, en la casa de la familia se empiezan a registrar fenómenos paranormales, todos ellos, asociados con Alice: su imagen borrosa en una foto, sueños que atormentan continuamente a su madre, ruidos sordos en la habitación de la muchacha, una figura femenina en grabaciones caseras de video. El documental narra, con cierta parsimonia, la investigación de dichos fenómenos. Recurriendo a sus propios medios e incluso a la ayuda de un psíquico de cierto renombre en Australia: Ray Kemeny (Steve Jodrell), los Palmer van averiguando hechos sobre su pequeña, que lejos de aclarar las causas de ahogamiento, les llevan a hundirse en el pequeño y siniestro mundo de secretos adolescentes de Alice.
Apago la televisión y me quedo unos minutos en silencio, cuestionándome la veracidad de las imágenes ofrecidas en pantalla. Siendo un escéptico me cuesta aceptar la parte sobrenatural de la historia. Pero quitando los típicos efectismos de documental directo para el cable, me siento perturbado por lo que he visto. Al fin y al cabo el pequeño mundo interior de una chica de catorce años puede ser más inquietante que cualquier cara de Bélmez ó avistamiento OVNI. De todos modos, y desechando los cabos sueltos, me alegra que los Palmer encuentren el consuelo de conocerse y sentirse más unidos, a través de la muerte de su hija y sus supuestos mensajes desde la muerte.
Este último párrafo sería el que hubiese escrito de no haber sabido que Lake Mungo es una película de ficción. Y es que lo primero que destaca es el cuidado que se ha puesto para recrear un documental cualquiera que podrías visualizar en tu cadena favorita del cable. De hecho el título de la película esta tomado del lago que realmente existe en Nueva Gales del Sur, Australia. Y es, además, este lago Mungo el catalizador de toda la historia, introduciendo su incidencia en la trama de una forma natural y elegante, que será del agrado de la mayoría (de hecho hasta casi el final de la película os preguntareis porque decidieron llamarla de esta manera).
Destacable la actuación de todos los actores, especialmente la falsa familia Palmer, que roza la perfección. Un trabajo de expresividad facial muy por encima de a lo que nos tiene acostumbrado Hollywood. Y las pausas en los testimonios que nos ofrecen, hacen patente el mimo del director por su primera producción. Comparado con los histerismos de Monstruoso, resulta relajante poder ver una cinta, que sin histrionismo, nos intenta contar algo aterrador a la par que realista.
En este punto es cuando yo empiezo a encontrar algunas pegas a la recreación de un documental al uso. Por un lado, pequeños defectos que restan inmersión a la experiencia. Es inevitable que estas pequeñas fallas ambientales destaquen más de lo deseado puesto que desde que pulsamos “play” sabemos que no estamos ante un verdadero reportaje. Estos fallos, para mi, han sido el uso de efectos de sonido y músicas demasiado “sobresaltantes” para unas escenas que, como bien podréis imaginar, invitaban a lo reflexivo más que a saltar del sofá. Si juntamos a lo fácil de la parte sonora, en algunos casos, con la edición más propia de una película tradicional que de una crónica televisiva; tenemos como resultado ese deterioro en la recreación del falso documental. Reconozco que tal vez solo sean manías mías, porque todas las imágenes, actuaciones, fotografía e iluminación son muy naturales y de hecho, ese realismo, me lleva a la parte más negativa de Lake Mungo, como cinta de terror.
¿Un documental es terrorífico? ¿De verdad alguien se ha asustado delante de Cuarto Milenio? Supongo que mi declarado escepticismo es el encargado de sesgar mi opinión, pero yo creo que la cinta que nos ocupa es solo un drama (intenso, eso sí) con elementos sobrenaturales ejerciendo de catalizadores para el desarrollo argumental. Más desasosiego me causó una grabación sobre cierta “afición” de Alice, que todas sus apariciones ultraterrenas. La pega que tiene el tratamiento de filtrar, con la subjetiva realidad, toda una historia de fantasmas es que, a mi parecer, pierde mucha intensidad. Y como las grabaciones y fotografías que se muestran con elementos sobrenaturales son muy realistas y se presentan con la fría formalidad de un reportero, me resultó imposible dejarme llevar por esa parte de la historia. Una muestra que marca lo mejor y lo peor en este aspecto: la fiesta grabada con móvil en el lago Mungo: Inquieta ligeramente, pero es tan oscura, difusa y “real” que no consiguió llegarme de forma alguna.
¿Por qué tiene entonces una valoración tan elevada?
El drama. Cuando la película está en su punto medio, comencé a oír al señor aburrimiento picando el timbre; ahora, cuando me quise dar cuenta el argumento había tomado unos tintes más oscuros y melancólicos de lo que podía imaginar. “Alice tenía un secreto y es que tenía secretos”. Gran frase que resume la melancolía a la que me refería y que funciona como piedra de toque para el desarrollo de todos los personajes del falso documental. No quiero ahondar en este tema más de lo necesario porque es la gran sorpresa del film y lo que creo le está dando la buena y justa fama labrada en la red. Pero el desarrollo de los sentimientos de cada personaje, que se produce delante de la cámara por su relación con Alice, y ese pequeño mundo oculto que poseía, es lo más logrado del film. Natural, profundo, real. Un dramón con mayúsculas en muchas de las confesiones de June, la madre de la Alice. Sobresaliente en la faceta que más han trabajado los autores de Lake Mungo. Habrá que estar atento a la trayectoria de Joel Anderson, porque tanto como director, como guionista, destaca por una efectividad impropia en un principiante.
Y de estos preceptos parte mi más sincera recomendación para aquellos espectadores que estén interesados en un drama emocional con tintes paranormales alejada relativamente de efectismos “fáciles” tipo Actividad Paranormal ó Monstruoso. Pero hay que ser muy conscientes de que el ritmo corresponde a un reportaje para la pequeña pantalla, no existe apenas acción.
Que nadie se decepcione ni se aburra si esperaba encontrarse un Posesión Infernal 4. Avisados estáis. A este respecto, que el poster usado para esta reseña no os lleve a engaño. Existen otros posters más aocrdes con la verdadera naturaleza de Lake Mungo
La verdad es que el After Dark 2010 está empezando con buen pie en Almas Oscuras, esperemos que no baje la calidad en el resto de películas que están pendientes. De momento y tomándose una piña colada a orillas del lago Mungo, se despide vuestro corresponsal de lo sobrenatural…Bob.
Lo mejor: Lograda recreación de un documental y el escalofrío triste que nos recorre continuamente en su tramo final.
Lo peor: Detalles sonoros impropios de un documental y demasiado efectistas. Si quieres ver terror esta no es la película adecuada.
¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Lake Mungo” en VOSE.
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Por Bob Rock | bobrock@almasoscuras.com
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LA VALORACIÓN:
50 |100
Estrellas: 2

¿Qué pasa si mezclas a jóvenes y guapos actores, curtidos en las series de televisión norteamericanas más estomagantes, con maldiciones fantasmales? Pues que tenemos la película de terror adolescente prototípica para esa nueva generación crecida al abrigo de Hannah Montana y las gemelas Olsen. Bienvenidos al reino de los cuerpos perfectos y los cerebros de todo a cien. Pasen, vean, rían y lloren con Forget me not (No me olvides).
De toda la vida me ha gustado este subgénero del terror por lo poco exigente que es y, sobre todo, por ver guapos adolescentes americanos siendo torturados de una forma u otra. Siempre he sentido que la realidad para un joven en un instituto está tan lejos de lo presentado en los Destino Final , que ver una película de estas características me parece un ejercicio de humor macabro bien sano. Si además los resultados son satisfactorios a nivel de FX, actuaciones, guión y, especialmente, humillaciones para los personajes arquetípicos que desfilan por pantalla; pues mucho mejor.
¿Qué tiene entonces que ofrecer Forget me not en este terreno? En el lado positivo contamos con ciertos detalles bien construidos, en concreto la línea argumental que aúna el terror “teen” con maldiciones fantasmagóricas, muy al estilo de las películas orientales de reciente cuño como La Maldición ó One Missed Call; línea que a pesar de no ser muy original tiene un puntito que llega a interesar al espectador. En el lado negativo tenemos unos personajes que van a provocar extrema vergüenza ajena en el 95% de los visionados, así como una desgana narrativa y una dirección anodina que quizá se pueda perdonar por ser la opera prima de su director, Tyler Oliver.
Entonces ubiquémonos y averigüemos un poco de lo que sucede a los jóvenes más guapos, salvajes y divertidos de una pequeña ciudad estadounidense:
Sandy (Carly Schroeder) y su hermano Eli (Cody Linley) por fin han terminado la secundaria y se han graduado. Un futuro de juergas interminables les espera como universitarios. Pero, ¿quién les impide ir calentando motores antes de que empiece el verano? Junto con los amigos de toda la vida, deciden dar una fiesta por todo lo alto: alcohol, trikinis, marihuana, sexo adolescente y nada de grasa.
Bien borrachos y no menos calientes, los jóvenes amigos de Sandy tienen la original idea de jugar a un juego en el cementerio de la ciudad. El juego de los fantasmas. Las chicas, convenientemente asustadas para que sus gallitos las achuchen, acceden picaras a dicho juego. Entre risillas y magreos se dirigen en sus cochazos, comprados por papa, al camposanto.
Ya en el cementerio, una vieja amiga huerfana de Sandy que reside en el orfanato cercano, quiere unirse al juego. Aunque la chica es un poco rara, como también es muy atractiva la dejan jugar sin problemas. El juego consiste en que uno de los chicos hace de fantasma y va pillando uno a uno a los otros jugadores que se pasan a su bando. El último que queda sin pillar es el que gana. Vamos, el típico juego del recreo para niños de doce años, pero jugado en un cementerio por pre-universitarios. ¡Un bravo por el futuro de los EEUU!
A todo esto, la amiga rara llamada Angela, sufre una ida de cabeza y se lanza por un precipicio delante de Sandy acusándola de olvidar. Y es que algo se cocía entre ellas dos. Algo que, al haberlo olvidado Sandy, provoca que el juego fantasmal se haga realidad.
A partir de esa noche, una fuerza sobrenatural vengativa se va llevando a todos los participantes en el juego. Los chicos desaparecidos se llevan consigo todo rastro de su existencia. Es decir, si los fantasmas se te llevan, pasas a engrosar sus filas y todo recuerdo de ti se borra en el mundo de los vivos.
Solo Sandy se acuerda de los amigos desaparecidos pero nadie la cree. Su única opción es desenmarañar poco a poco su pasado si quiere acudir a la universidad y poder ingresar en una de esas fraternidades famosas por sus fiestas.
Tópicos, tópicos y más tópicos. No quiero hacer mucha sangre con este tema porque es algo que el aficionado al terror sublima en pro de visionar las cintas de su género favorito sin darse mucho mal, pero…¡Dios mío, vaya hartazgo de clichés! Como español de treinta y pocos, no puedo dejar de sentir un distanciamiento abismal con Forget me not, tanto cultural como mental (algo que no me ha impedido disfrutar otras películas “teen”). Dejé la adolescencia hace mucho tiempo pero aun así soy capaz de disfrutar de las chorradas más adolescentes que te puedas echar a la cara. Siempre, claro, que tengan algo especial (ó al menos eso quiero pensar para no darme cuenta de que soy un poco gañan). En el caso de esta película, me vi superado totalmente. Los personajes son tan vomitivos, tan estupidos, tan norteamericanos; que superaron mi resistencia a este tipo de cine. Ni siquiera las peripecias que viven me llegaron a divertir (más que tenían que haber sufrido). Para resumirlo, solo tenemos gallitos y gallinitas durante más de hora y media. Una vez metidos en la trama terrorífica, parece que la protagonista se aleje un poco de los clichés de joven calentorra; pero el resto son unos completos gilipollas (muy guapos, eso sí) todo el metraje. Atención a esta perlita: ¿Quieres conseguir alcohol en una tienda y eres menor de edad? Lanza a tu amiga la tetona a que le haga una felación al dependiente mientras vosotros robáis una botellita del rico Jack Daniels. ¿Hacía falta tirarse a un tio con cara de lelo para conseguir unas copitas? Sin paños calientes. Mi abuela diría que esa chica es un poco ligera de cascos, yo no se que decir directamente.
Una vez superado el mal trago de unos personajes arquetípicos capaz de poner nervioso a un muerto (no me extraña que los persigan los fantasmas) podemos empezar a vislumbrar más detalles de la película. Ligados a los caracteres están los actores, toda una caterva de niñatos guapos que vienen de la televisión estadounidense. Pues, la verdad, no se si por extremo grado de afinidad con sus personajes, pero los muchachos no lo hacen mal. Aunque, con esto que he dicho, no se si les estoy haciendo un cumplido ó insultándolos directamente.
En cuanto al diseño de los fantasmas, surge una cuestión que me choco en cierta medida. Los espíritus resultan a veces cutres y con un aspecto que cuesta tomarse en serio (máscaras + CGI de campaña = resultón pero nada más), lo curioso es que el final de la película (sin mucha vuelta de tuerca) desvela porque tienen esas pintas de llevar disfraces de saldo. Un acierto es el uso de movimientos espasmódicos en su deambular, obviamente robado de las películas orientales de horror. Lo que falla estrepitosamente es el ritmo de sus apariciones: predecibles y provocando muertes del montón, sin nada de tensión. No es que estén mal, es que son algo visto cientos de veces.
Otro detalle, y esto ya tiene que ver con el guión, es que cuando un personaje muere; automáticamente su existencia desaparece de la memoria del mundo, incluso cambiando (ligeramente) el transcurso de los acontecimientos pasados. Algo que está muy bien pensado y que podría habernos proporcionado buenos momentos si se hubiese tratado con más profundidad y con más sosiego. Da pena ver como ese concepto se desaprovecha en pro de seguir con más muertes y jovencitos dando vueltas a diálogos que no llevan a ninguna parte. Se hace patente en seguida que el objetivo de Forget me not es satisfacer a adolescentes de una forma directa y, para ello, mejor no meterse en metafísica. Así mismo, el guión (firmado por el director y otro desconocido, llamado Jaime Stern) hace aguas en cuanto al desarrollo de la historia. Muy lineal y con falta de elegancia para presentar, por ejemplo, la razón de que el juego fantasmal se haga realidad. Nada que no podamos encontrar en cualquier otro DVD de videoclub, además sin pizca de ironía, la cual hubiese funcionado fenomenal con unos personajes tan planos.
El resto de la producción pasa por una normalidad aplastante dentro de su contexto de cinta de entretenimiento para gente joven: Una fotografía discreta, una banda sonora que nos regala de vez en cuando temas muy “cools” y un montaje algo chusco pero que al menos aporta ritmo a la película.
He de reconocer que su nota sube si te dejas llevar por la morbosidad de ver a caracteres tan patéticos haciendo el ridículo y gritando cuando aparecen los consabidos espectros. De lo mejor, es ver al ridículo hermano de Sandy contando como le gustaría ser pirata (sí sí, de los de parche y loro) en cuanto tiene ocasión. Con eso consigue que cuando llega su hora te alegres oscura y cruelmente. También podrá resultar apetecible a aquellos que quieran ver muchachitos y chavalitas de cuerpos perfectos, haciendo el golfo (en vez de comprarte el Primera Línea pues le echas un tiento a Forget me not) Si tampoco has visto muchas películas de terror y todavía no pasas de los veinticinco pues podrás transigir con la falta de cariño hacia el espectador que tiene este film (y que pese a lo que pueda parecer es apto para mayores de catorce años).
Al que busque algo más que cuerpos bonitos y sonrisas brillantes en una trama de dudoso valor como divertimento pero no quiera renunciar al espírtu American Teenager….os toca esperar a otra ocasión, ¿tal vez Scream 4? Ya se que los protagonistas de Scream están creciditos, pero sigue siendo terror adolescente ¿no?
Lo mejor: Dejarse llevar por el morbo y disfrutar viendo el sufrimiento de los protagonistas.
Lo peor: Con creces, los personajes estupidos y creidos.
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Por Bob Rock | bobrock@almasoscuras.com
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LA VALORACIÓN:
45 |100
Estrellas: 2

¿De qué va todo esto?
Unos militares empujan con violencia a una mujer esposada y con la cara cubierta. La llevan entre varios a la celda de un edificio que ha visto sus mejores años. La golpean, la torturan, la amenazan y en los fríos pasillos que rodean su celda solo se oyen sus gritos y lamentos.
9 años después…
El gobierno británico explota las nuevas tecnologías en una base secreta a las afueras de una pequeña ciudad irlandesa. Están usando un último sistema en realidad virtual para el entrenamiento de fuerzas especiales. Todo parece desarrollarse sin problemas hasta una típica noche de viernes. Tom (Sean Faris) es el jefe del proyecto experimental subvencionado por una corporación ajena a las fuerzas armadas, un hombre dedicado a su trabajo. Entre el y su ayudante Vic (Luke Ford) deciden probar, con un par de adictos a los videojuegos, el sistema a máximo rendimiento. Si de paso se corren una buena juerga mejor que mejor. No en vano es viernes y ellos son jóvenes promesas dentro de su empresa.
La fiesta se celebra lejos de la base, en la vieja prisión donde trabaja como guarda uno de los invitados. Los fríos pasillos reciben a los dos técnicos devolviéndoles el eco de sus chistes y bromas. Tras conectar los dispositivos y crear un soporte dentro del procesador central que replique la estructura del edificio, proceden a conectar a sus dos amigos para que comience el juego.
Durante los preparativos, Jess (Rachael Taylor), la novia de Vic, que entrena como marine en las mismas instalaciones de las que su pareja ha extraído el material de alta seguridad para sus juegos; ha dejado su camareta en busca de su chico. No debería haber dejado que se marchase con Tom tan alegremente porque saben de lo que son capaces. Por fortuna, ha descubierto en que prisión buscar.
La capacidad de las maquinas para emular un entorno real de combate son impresionantes. Sus sentidos están subyugados. El olor de la pólvora tras un disparo, el color de la sangre de los enemigos no jugadores…todo es tan real. Incluso esa sombra que perciben por el rabillo del ojo. Una figura negra, con el rostro embozado bajo un saco de tela vieja. Una silueta rodeada de cadenas. Un recuerdo del pasado que se aferrará a su venganza contra los vivos a cualquier precio…
¿Cómo llegué a ver todo esto?
Llegué hasta esta cinta por pura casualidad. Me intento patear todos los medios para descubrir una película de mi género favorito, terror, cuyo visionado no produzca una excesiva muerte de neuronas por simple tedio. Así que cuando me encontré con Ghost Machine, de un tal Chris Hartwill, cuya portada era más que horrible, con un argumento muy de serie B y con unos actores que ni me sonaban; pensé ensimismado: “¿Y si este es uno de los ‘sleepers’ del año?”. En el mundillo del videojuego se conoce como ‘sleeper’ a los juegos que sin hacer mucho ruido contienen una calidad y jugabilidad reconocida por los usuarios (dada la temática me parecía acertado usar el termino). Cierto que algunas críticas especializadas en Internet hicieron medrar esa sensación de estar ante una película entretenida, pero en mayor medida tenía la esperanza de que un film británico sobre realidad virtual y fantasmas podría ser un soplo de aire fresco a esta especie de fiebre del remake, olas de zombies y fantasías demasiado irrelevantes ó presuntuosas. Quizás el recuerdo de Dog Soldiers me empujo un poco hacia esta producción.
Bueno, en cuanto a eso de mi desconocimiento sobre el casting he estado un poco exagerado. Conocía a la guapa y rubísima actriz australiana Rachael Taylor, que aquí ejerce como co-protagonista mostrando esfuerzo en su trabajo pero pocas cualidades interpretativas. Exactamente igual que en otros proyectos en los que ha participado: Man-Thing, Transformers ó Shutter. Para mi solo es una guapa más de las tantas que pueblan la gran pantalla. Obviamente este factor no me influyo para decidirme por Ghost Machine.
Tenía por delante hora y media de apariciones espectrales y efectos especiales de bajo presupuesto pero bien conseguidos (según esas críticas bien intencionadas), un mínimo de interés y una predisposición sana a divertirme con poco. No creo que ningún director de serie B pudiese pedir un espectador mejor. Evidentemente, algún familiar hubiera estado más optimistamente predispuesto, pero no hay nada más enriquecedor para una manifestación artística como una opinión objetiva. Y aunque parezca un comentario baladí, tras leer más y más comentarios sobre proyectos independientes como este que nos ocupa, me doy cuenta de que la objetividad y la exigencia va siendo un bien escaso en la generación del microchip. El género fantástico padece de una condescendencia que nos debería sacar los colores a los aficionados. Después de esta perorata vamos al meollo del asunto.
¿Cómo me sentó todo esto?
El inicio, descrito profusamente en los primeros párrafos de esta reseña, no prometía ni mucho ni poco. Una mujer maltratada que sabemos, desde el segundo uno de proyección, va a ser un horrendo espíritu vengativo y, por ende, toda la madre del cordero. Luego, y a posteriori del manido letrero “9 years later”, vemos unos entrenamientos virtuales bien traídos y con unas dosis de acción acordes al binomio guerra/marines modernos. La fotografía convence, y sin ser nada especial denota una frialdad más europea que estadounidense; lo cual es un punto a su favor. Ya que el objetivo de la cinta es narrar venganzas espectrales a través de maquinas modernas. Vamos, que no es una comedia.
Continuo viendo la película y los jóvenes actores ya me empezaban a escamar: Ninguno conoce el significado de las palabras “casta” y “carácter”. Un sueldo, una película directa al videoclub y a dormir que mañana será otro día. Si tuviera que destacar a alguien sería a Sean Faris (Tom), aunque no se si por sus dotes interpretativas ó por su severo parecido con Tom Cruise. De hecho, el que su personaje se llame como el famoso actor no dejaba de resultarme gracioso, acabando por caerme simpático y todo.
Finalmente, al llegar la línea argumental hasta la prisión; la bomba marrón acaba por detonar. Los dos fenómenos que se disponen a probar el sistema, son dos viciados a los videojuegos que se ganaron mi odio nada más aparecer. ¡Favorezcamos los tópicos! Rodeados de marihuana, patatas fritas, cerveza y porno; ¿estos cabezas huecas se proponen probar la tecnología más cara y experimental de todo el imperio británico? Y por mucho que quieran colarnos un giro argumental al final de la película para hacernos creíble tamaña chorrada; la realidad es que desde el minuto quince hasta el final tenemos la sensación de ver bobada tras bobada con algún destello de calidad discutible. Desgraciadamente, no solo estos dos personajes me pusieron de los nervios. El jefe de los entrenamientos tiene un papel destacado en la trama como secundario, y es precisamente cuando se revela dicho papel con su aparición estelar en la prisión cuando ya la película se complace en dar lo peor y lo más tópico de la serie B terrorífica. No descarteis incluso referencias gratuitas a Guantanamo, una lastima.
Por resumirlo brevemente, los guionistas (Sven Hughes y M. Smyth) intentan reinsertar el clásico cuento gótico de fantasma vengativo, con cadenas incluidas, en la época actual a través de las nuevas tecnologías. En algún sitio he leído que el marco temporal del film es un futuro cercano, bueno como no quiero cabrearme solo diré que a día de hoy los modelos de PSP que se pueden comprar son más modernos que los mostrados en Ghost Machine.
Retornando a los destellos de calidad, destacar las transiciones entre realidad e irrealidad que sufren los protagonistas, no estando mal del todo. Dado el ajustado presupuesto con el que se realizaron me parecen más que decentes; salvo algún CGI ocasional que hace que te chirríen las pestañas.
Los otros puntos destacables son los escenarios (y bien saben cientos de películas lo resultonas que son las prisiones abandonadas) y el final que navega entre lo cómico y lo siniestro, con un uso del croma que de haberse extendido a todo el metraje y no solo a los últimos segundos hubiese dado un empujón hacia arriba a la falta de ritmo de la que adolece toda la película.
Como veis, lo rescatable se acaba pronto; y en el otro lado de la balanza pues todo lo demás que compone una película. Especialmente hiriente es la precariedad de la historia, la uní dimensionalidad de los personajes y la dinámica de tortuga que lastra un título que primordialmente debería ahondar en la tensión y en la acción.
Me he visto cientos de veces delante de la estantería de un videoclub formulándome la pregunta acerca del probable “sleeper”, delante de una carátula similar a la de Ghost Machine; y como todas esas veces he acabado viendo una película de segunda fila que sin ser lamentable, es demasiado mediocre en todos sus aspectos como para siquiera divertirte. ¡Ni tan solo la banda sonora llega a salvar el día! Como el resto de la cinta: mediocre.
Me extrañan mucho esos comentarios positivos sobre el diseño del fantasma y las muertes tan sangrientas. Excepto segundos aislados, la cinta es bastantes ligera en cuanto a sangre y el dichoso espectro es bastante grimoso y no logra dar miedo, ni pena, ni “na” de “na”..
¿Y en conclusión?
No recomiendo la película. No es tan mala como alguno de los últimos bodrios de Charles Band y desde luego tiene intenciones más serias, pero el infierno esta pavimentado de intenciones como esas. Tal vez si en lugar de reinventar el cuento romántico de fantasmas con adictos a los videojuegos fumetas, hubiesen ahondado en la dicotomía realidad/simulación con visceralidad y honestidad; estaríamos hablando de otra forma bien distinta. Se ha sacado un gran partido técnico del escaso presupuesto sí, pero ¿en pro de qué?.
Más suerte la próxima vez a un equipo que orientó la producción a los jóvenes adolescentes que han crecido con los “shooters” en primera persona, sin dar un paso más allá…y que conste que yo he jugado a muchísimos “shooters”.
Lo mejor: Su final simpático y oscuro; y unos escenarios simples pero con capacidad de sugerir.
Lo peor: Un nivel general que la hace justa merecedora de un puesto secundario en las estanterías de cualquier videoclub
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Por Bob Rock | bobrock@almasoscuras.com
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LA VALORACIÓN:
57 |100
Estrellas: 3

Julio, el séptimo mes del año. Melissa (Amy Smart) y Yul (Tim Chiou) son una pareja de recién casados pasando su luna de miel en la provincia de Sichuan, en el centro de China. En esas fechas se celebra un festival religioso, en el cual y por diversas creencias budistas, se ofrenda y venera a los espíritus con fiestas, comida y fuegos artificiales.
Yul esta exultante, su familia oriental va a conocer a su flamante y bella esposa. Ella también esta encantada y se deja llevar por la celebración. Bastante ebrios y enamorados vuelven al coche de su guía, el amable y eficiente Sr. Ping (Dennis Chan).
Mientras el traqueteo del coche los mece suavemente, ellos se sumergen en el sueño etílico, saben que la familia de Yul les espera cerca pero no tienen prisa en su viaje. Son jóvenes, están en un país exótico y la luna llena les sonríe desde el cielo.
Mel se despierta en el asiento de atrás, con la boca pastosa y se da cuenta de que están parados en ninguna parte. Un enorme páramo de alta vegetación los rodea y el único signo de civilización son unas viejas casas blancas que la observan en silencio. Siendo tan confusas las carreteras de la zona hasta su guía se ha perdido. Ping parte hacía las casas para pedir indicaciones, quedándose la pareja en el coche a la espera de reanudar el viaje. Sin embargo…el tiempo pasa, el conductor no regresa. Parece que la tierra se lo hubiese tragado. Si al menos sus móviles tuviesen cobertura. La pareja esta sumamente inquieta, no se sienten cómodos en un paraje tan agreste y aislado. Deciden ir a las casas a buscar a su guía. Nadie abre una puerta, ni siquiera una ventana; y todos los animales de las familias que presumiblemente viven allí se encuentran atados en las calles. ¿Una broma ó continuación de los ritos de celebración de esa noche mágica?
Desde las casas se empiezan a oír voces en chino. Dicen repetitivamente algo que ni siquiera Yul entiende. Asustada, la pareja decide volver al coche dejando atrás la letanía. Cansados de esperar, arrancan el motor del vehiculo con rumbo a ninguna parte. La resaca les pesa, el desconocimiento de su ruta los inquieta. Ya no se sienten tan afortunados. De repente salta algo ante los faros del coche. La luz ilumina la pálida forma. ¿Era un animal ó una persona? Saben que algo ha cambiado, los paramos nos están tan desiertos como parecía y una sensación de acoso se hace tangible hasta que finalmente detona con los ataques de una criaturas que vienen de cerca y de muy lejos a la vez…
Vale, hasta aquí los diez primeros minutos, más ó menos, de Seventh Moon. Otra película más del responsable de una de las grandes decepciones ó producciones (depende de a quien le preguntes) de los noventa. Me refiero al director cubano Eduardo Sánchez y su película The Blair Witch Project (El proyecto de la bruja de Blair). Director y cinta que dinamitaron el género del terror en la antesala del siglo XXI. No creo que haya mucho que añadir a los ríos de tinta que han corrido sobre el falso documental. Solo dos notas personales:
Primero, para mi TBWP, sí que supuso una decepción de cierta envergadura aunque la considero de obligado visionado así como un entretenimiento muy influyente aún a dia de hoy (¡¿Alguien aun no ha visto [REC]?!)
Segundo, resultan curiosos los paralelismos que se producen entre Paranormal Activity y la opera prima de Sánchez diez años después. Resulta difícil negar que el cine de terror sea el más cíclico de todos.
Os pido disculpas por entretenerme con esta vieja película, pero Eduardo Sánchez empezó muy fuerte en esto del séptimo arte y es algo que todavía le lastra a mi forma de ver y, desde luego, deja sus huellas en la cinta de la reseña.
Este director también cuenta en su haber con Altered, una producción que cámara al hombro (y es que, finalmente, ese estilo de filmación va a ser la marca de la casa) narra las aventuras que viven un grupo de rústicos de la América profunda raptando a un alienígena. Película muy recomendable y que ojala hubiese servido como punto de referencia para esta Seventh Moon.
Así pues tenemos a la pareja de recién casados perdidos en medio de la nada, conduciendo un coche en la oscuridad. Solo han pasado diez minutos y ya comienza el horror. Como bien anuncia el prologo de la cinta y su estupendamente diseñado cartel: “En la luna llena del séptimo mes, las puertas del infierno se abren y los espíritus de los muertos son liberados para vagar entre los vivos”. Y no estamos hablando de publicidad engañosa, en cuanto Yul y Mel se montan en el coche intentado buscar el camino a casa de su familia, vemos a los muertos acosando a los vivos, sin ningún tipo de piedad (ni control), hasta el mismo final de la película por unos paisajes oscuros y bastante misteriosos. Esto es un acierto, muy en la línea de Altered, en seguida se nos sitúa en un contexto sencillo (China, sus leyendas y una pareja de americanos) y se inicia el bombardeo de imágenes frenéticas.
Ahora bien, no se puede esperar nada más allá de la frase promocional de la película. A Eduardo Sánchez, que firma el guión como en todas sus películas, pareció fascinarle la leyenda china sobre la séptima luna y luego decidió rellenar con su estilo propio hora y media para generar un cuento de terror de ideas muy tradicionales y, realmente, poco sanguinarias. Y es que quizá algo más de hemoglobina hubiese animado el conjunto general, dadas la escasa profundidad argumental.
Por supuesto que intenta explicar porque Yul y Mel están siendo sometidos al acoso de los demonios de los abismos infernales, pero es en ese preciso momento cuando la película termina por estallar en una burbuja de humo.
Antes de continuar hablando sobre el guión, me tengo que detener en el aspecto técnico más destacado/crticado/alabado de la película. Todas las escenas están rodadas con la cámara al hombro y en planos muy cerrados. Admito que hay que ensalzar el trabajo de planificación para que las imágenes nos lleguen tan naturales. La primera mitad de la película parece que la estemos viviendo con sus protagonistas “in situ”. La iluminación de la luna, los efectos de sonido (que me parecieron soberbios durante todo el metraje y luego al ver el número de responsables en este apartado me di cuenta de porque), el bamboleo de la cámara, las sombras desdibujadas y apenas vislumbradas de los demonios, las creíbles actuaciones de los tres protagonistas, especialmente precisa Amy Smart, que resulta muy auténtica durante casi la totalidad del film, y algún que otro detalle; todo eso nos traslada mágicamente a ese páramo chino para bien y para mal…
Para bien porque transmite sensaciones vividas e intensas, para mal porque rompe cualquier intento de narrativa. Es complicado ver claramente nada, incluso en las tomas estáticas parece que el objetivo tenga vida propia (y una vida muy epiléptica amigos). Con lo cual llegas a la mitad del metraje exhausto, algo mareado y muy confuso. Por mi parte no había ningún problema porque entendí que eso trataba Sánchez, pero cuando las (innecesarias) explicaciones se hicieron presentes, envueltas en unos aires místicos difíciles de creer y con una escena de sexo, que consigue confundirte aún más (tranquilos, no existe ningún enfoque jugoso), pues me sentí un poco estafado. En definitiva, la última media hora me sentí aburrido con ese intento de vuelta de tuerca y ya no me molesté en prestar atención a la confusión que se producía en pantalla.
Incluso las decisiones y actos de Amy, en el último tramo de película, no me parecieron ni lógicas ni amenas. Poco más que correr hacia el final de la película de forma patética. Lo peor con diferencia es la aparición estelar en escena de “un viejo amigo” en momentos claves de la trama para ayudar en su avance (porque si no se quedaba finalmente estancada, claro). En fin, esperaba más de un guionista que escribe cada cuatro años.
Pero no todo es negativo. Toda esa potencia sin control (rubricada con los dichosos movimientos espásticos del cámara) nos regala, cara al final, una escena un poco más pausada y que, en mi opinión, se quedará en la memoria colectiva de los fanáticos del terror sugerido. Pero mejor dejemos la escena en el aire y esperando que la disfrutéis, siempre hay que sacar algo bueno de hora y media delante de una pantalla. Aunque remarco que ni esta ni ninguna otra escena justifican por si solas el visionado integro de este cuento de ultratumba.
No me voy a extender con el resto de detalles. La película esta muy bien planificada y Eduardo Sánchez nos ha mostrado fielmente lo que quería; incluso los demonios navegan entre lo cutre intencional y el diseño realista, de tal forma que a ratos dan miedo y otros dan risa. Para nada es una película barata, los títulos de crédito finales son bastante largos y atestiguan el esfuerzo invertido en darle un “look” natural y amateur a Seventh Moon (insisto positivamante sobre los efectos de sonido, la banda sonora ambiental perfectamente entretejida en cada escena y el juego de luces y sombras constante), pero creo que ese estilo de filmación no permite narrar una historia intensa ni involucrarnos con los protagonistas. Al fin y al cabo no vemos lo que pasa en pantalla la mitad del tiempo, principalmente por los movimientos de cámara y uno termina la película casi suspirando aliviado por sus pobres ojos. Obviamente es lo que su director pretendía, aunque si una idea no da para más yo creo que mejor no rellenarla con imágenes ininteligibles.
Aplaudo las buenas y esforzadas intenciones que rodean todo este proyecto, pero no solo de buenas intenciones vive el cinéfago. Me resisto a considerarla una mala película pero por muy prevenido que estés, acabas enervado con una dinámica que supera en “temblores”, “saltos” y confusión a la mismísima Bruja de Blair. ¡Y sin tratarse de un falso documental!
Si finalmente os interesa verla, ser conscientes de que el grado de movimiento de las imágenes es mareante y si podéis lidiar con ello “disfrutareis” de un par de conceptos interesantes y de una de las pocas películas actuales, que basándose en siniestras leyendas orientales, se sale de la tónica del susto fácil.
Lo mejor: Una escena puntual que reúne todos los ingredientes que hacen grande al terror sobrenatural.
Lo peor: La cámara, capaz de provocarte una borrachera inducida.
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Por Bob Rock | bobrock@almasoscuras.com
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